Siete días y 700 kilómetros de pedaleo separaban a los competidores de dos puertos: Veracruz y Huatulco. El reto fue concluir la Carrera Transmexicana en su primera edición.
Fue un viaje poco ordinario, una competencia emocionante que atravesó México por una de sus zonas más estrechas, cercana al Istmo de Tehuantepec. La aventura fue una competencia contra el tiempo, en la que sólo los más fuertes pudieron completar el recorrido. La cita fue en el puerto de Veracruz, donde un día antes del arranque se organizó un “ciclotón”, los habitantes del puerto fueron invitados a sacar sus bicicletas para dar una vuelta por el malecón.
Día uno. Banderazo de salida
En Alvarado se dio el banderazo de salida. Los primeros 20 kilómetros
de rodada se hicieron en pavimento y sirvieron como calentamiento para aguantar los siguientes 81 de senderos, terracería, carretera, una parte de autopista y hasta el cruce en balsa de uno de los brazos del río Papaloapan.
La ciudad meta del primer día fue Cosamaloapan. La jornada fue en general de entrenamiento, aunque a la sombra la temperatura alcanzó los 32ºC. Prácticamente fue a nivel del mar, entre plantaciones de caña de azúcar, pasando por uno de los famosos pueblos de Veracruz, Tlacotalpan.
Día dos
La segunda etapa fue de 150 kilómetros, con un desnivel que iba de los cinco a los 175 msnm. Fue el día en el que los ciclistas cambiaron de estado, atravesaron el río Papaloapan, por el puente del mismo nombre, del lado veracruzano hacia el oaxaqueño. A diferencia del resto de los puentes que cruzaron, éste fue construido para el paso del ferrocarril, una estructura a 30 metros de altura, por donde pasa el tren varias veces al día.
Lo que inició ese día entre plantaciones de caña, se convirtió en caminos de terracería. Los baños de tierra terminaron hasta llegar a una región semiselvática, donde las plantaciones de hule provocaron que hasta el más rápido ciclista bajara la velocidad. En Ayotzintepec la gente ya esperaba a los participantes con tamales de frijol y de maíz tierno y totopos. La noche llegó y con ella una lluvia torrencial que convirtió a las casas de campaña en albercas de pernocta.
Día tres
Aunque algunos competidores no estuvieron de acuerdo, pues querían continuar el recorrido en bicicleta, tuvieron que viajar en autobús hasta Ixtlán de Juárez porque de los 175 msnm se debía llegar hasta los 3,000 msnm, un desnivel sumamente complicado para cualquiera que debía hacerse en un sólo día. El resto del día los participantes lo aprovecharon para conocer la cueva del centro ecoturístico Ecoturixtlán, donde se hospedaron; hubo tiempo para visitar el pueblo.
Día cuatro
La sierra fue el escenario de inicio. En un bosque de pinos y encinos, donde la temperatura puede rayar los cero grados durante la noche, se reanudó la carrera. Fue en esta parte de la ruta donde se notó más entusiasmo y apoyo de los habitantes. Bastaba con que alguien del staff gritara: “El puntero es mexicano”, para despertar la euforia.
Después de un par de horas, esquivando coníferas y uno que otro guajolote en el camino, el bosque empezó a convertirse en un sitio más árido, las hojas se tornaron en espinas hasta llegar a un panorama de semidesierto, producto obviamente de un desnivel que iba desde los 3,000 msnm, en Ixtlán, hasta los 1,800 msnm, en Díaz Ordaz, donde terminó esta etapa de la carrera.
Día cinco
Fue uno de los más demandantes, prácticamente no hubo dónde guarecerse del intenso calor del desierto, que superó los 40ºC. Aunque el terreno es completamente desértico, algunas poblaciones han logrado domar el suelo con sistemas de riego, por lo que es posible encontrar plantaciones de plátano y papaya. Aunque el tiempo promedio de pedaleo por día fue de siete horas, en esta etapa aumentó considerablemente. Gran parte del contingente llegó al campamento de San Luis Amatlán cuando el sol ya había caído, hecho que muchos celebraron con una probadita de mezcal, pues el pueblo es famoso por la producción de este destilado de agave.
Día seis
El penúltimo día de competencia llegó. Aunque el sitio de salida está a 2,800 msnm y San Mateo Piñas (el de llegada), a 2,600 msnm, en realidad es un camino repleto de subidas y bajadas, para terminar con un desnivel de sólo 200 metros. La variedad de climas fue todavía más evidente, en tan sólo una hora de camino se atraviesan cinco microclimas, desde el selvático hasta un bosque de oyameles, pasando por pequeños humedales. Los ciclistas tuvieron uno de los pasos más interesantes de todo el recorrido: cruzar el río Copalita, famoso por los rápidos en uno de sus sectores. La etapa concluyó, no así la fiesta que el pueblo organizó en honor de los visitantes, quienes hacían suertes con sus bicicletas en las escaleras del auditorio de la localidad.
Día siete... el último jalón
La última etapa: sólo 70 kilómetros. Aunque se iniciaba a 2,600 msnm para terminar junto a la playa, las pendientes fueron mayores de lo que se esperaba, lo que alargó el recorrido. Los últimos kilómetros fueron de bosque hasta llegar a la selva baja y semidesierto que conviven en Oaxaca. Lo que inició en Alvarado, Veracruz, terminaba en la playa de Santa Cruz, en Huatulco, Oaxaca.






