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Sin duda alguna, al llegar a la ciudad de Oaxaca, la curiosidad aumenta cuando uno camina entre sus calles y se encuentra galerías y mercados que nos hacen darnos un tiempo en nuestro camino para descubrir lo que esconden. Muchas de las veces no nos resistimos a salir con las manos vacías.

1. Alebrijes

Los básicos, son lo primero que uno ve al pasearse entre las galerías de la ciudad de Oaxaca, no sólo por sus llamativos colores, sino por sus formas fantásticas. Son fáciles de encontrar en esta ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero vale la pena una escapada a los pequeños poblados de los alrededores, en los talleres donde estas figurillas de madera ven la luz.

Dónde comprarlos

Casa de las Artesanías
Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
Oaxaca, Oaxaca
Tel. 01 (951) 516 5062
infoarte@casadelasartesanias.com.mx

San Martín Tilcajete
Consulta más información aquí.

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1. Alebrijes

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Los básicos, son lo primero que uno ve al pasearse entre las galerías de la ciudad de Oaxaca, no sólo por sus llamativos colores, sino por sus formas fantásticas. Son fáciles de encontrar en esta ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero vale la pena una escapada a los pequeños poblados de los alrededores, en los talleres donde estas figurillas de madera ven la luz.

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Casa de las Artesanías
Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
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San Martín Tilcajete
Consulta más información aquí.

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Sin duda alguna, al llegar a la ciudad de Oaxaca, la curiosidad aumenta cuando uno camina entre sus calles y se encuentra galerías y mercados que nos hacen darnos un tiempo en nuestro camino para descubrir lo que esconden. Muchas de las veces no nos resistimos a salir con las manos vacías.

1. Alebrijes

Los básicos, son lo primero que uno ve al pasearse entre las galerías de la ciudad de Oaxaca, no sólo por sus llamativos colores, sino por sus formas fantásticas. Son fáciles de encontrar en esta ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero vale la pena una escapada a los pequeños poblados de los alrededores, en los talleres donde estas figurillas de madera ven la luz.

Dónde comprarlos

Casa de las Artesanías
Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
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San Martín Tilcajete
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Una elegante prenda de herencia prehispánica. Los hay de muchos precios y diseños, desde informales hasta elegantes. Un huipil seguro será una bella artesanía para llevar a casa o incluso para regalar.

Dónde comprarlo

Museo Textil de Oaxaca
Hidalgo 917, Centro.
C.P. 68000, Oaxaca, Oaxaca.
Tel. 01 (951) 501 1104 y 501 1617.

Casa de las Artesanías
Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
Oaxaca, Oaxaca
Tel. 01 (951) 516 5062
infoarte@casadelasartesanias.com.mx

Huipil Oaxaca

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Una elegante prenda de herencia prehispánica. Los hay de muchos precios y diseños, desde informales hasta elegantes. Un huipil seguro será una bella artesanía para llevar a casa o incluso para regalar.

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Tel. 01 (951) 501 1104 y 501 1617.

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Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
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Una elegante prenda de herencia prehispánica. Los hay de muchos precios y diseños, desde informales hasta elegantes. Un huipil seguro será una bella artesanía para llevar a casa o incluso para regalar.

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Museo Textil de Oaxaca
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Tel. 01 (951) 501 1104 y 501 1617.

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Huipil Oaxaca

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Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
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Dónde comprarlo

En la calle Flores Magón, muy cerca del Zócalo de la ciudad de Oaxaca, encontrarás varios locales y mezcalerías.

Mezcalería Benevá
www.mezcalbeneva.com

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Este tipo de café gourmet es considerado de los mejores del mundo, incluso los productores buscan la Denominación de Origen para esta bebida de primera calidad.

Dónde comprarlo
En el municipio de Pluma Hidalgo, aproximadamente a una hora y media de Huatulco, existen diversas fincas cafetaleras, una de ellas es la Finca El Pacífico donde no sólo es posible adquirir y probar el Café Pluma, sino observar y aprender del delicado y laborioso proceso por el que pasan los granos para adquirir el mejor café.
Carretera Oaxaca-Puerto Ángel, Km 204. C.P. 70960, Pluma Hidalgo, Oaxaca.

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En el municipio de Pluma Hidalgo, aproximadamente a una hora y media de Huatulco, existen diversas fincas cafetaleras, una de ellas es la Finca El Pacífico donde no sólo es posible adquirir y probar el Café Pluma, sino observar y aprender del delicado y laborioso proceso por el que pasan los granos para adquirir el mejor café.
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Dónde comprarlo

Casa de las Artesanías
Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
Oaxaca, Oaxaca
Tel. 01 (951) 516 5062
infoarte@casadelasartesanias.com.mx

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Casa de las Artesanías
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Junto con los alebrijes, el barro negro es de las artesanías más notorias del estado de Oaxaca. Vasijas, ollas y demás figurillas de alfarería negra elaboradas en los poblados aledaños de la ciudad, son de los imprescindibles para llevar a casa y precios accesibles.

Dónde comprarlo

Casa de las Artesanías
Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
Oaxaca, Oaxaca
Tel. 01 (951) 516 5062
infoarte@casadelasartesanias.com.mx

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Es otra de las artesanías más tradicionales de Oaxaca. Los bordados son artículos de origen prehispánico cuya elaboración aún es posible observar. Por fortuna existen poblados circundantes de la ciudad de Oaxaca en donde las mujeres están dedicadas al telar de cintura y comprarlos a buenos precios.

Dónde comprarlo

Santo Tomás Jalieza, a 29 km al sur de la ciudad de Oaxaca
Mitla, a 47 km al sureste
Santa Ana del Valle, a 34 km al este
Teotitlán del Valle, a 28 km al sureste

Museo Textil de Oaxaca
Hidalgo 917, Centro.
C.P. 68000, Oaxaca, Oaxaca.
Tel. 01 (951) 501 1104 y 501 1617.

Casa de las Artesanías
Matamoros 195, Centro. C.P. 68000
Oaxaca, Oaxaca
Tel. 01 (951) 516 5062
infoarte@casadelasartesanias.com.mx

Mercados 20 de Noviembre y Benito Juárez, sobre la calle Flores Magón, a unos pasos del Zócalo.

En tu próxima visita a Oaxaca lleva suficiente espacio para regresar con todos estos productos de calidad. ¿Nos faltó mencionar alguno? ¿Cuál otro comprarías?

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Es otra de las artesanías más tradicionales de Oaxaca. Los bordados son artículos de origen prehispánico cuya elaboración aún es posible observar. Por fortuna existen poblados circundantes de la ciudad de Oaxaca en donde las mujeres están dedicadas al telar de cintura y comprarlos a buenos precios.

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Mercados 20 de Noviembre y Benito Juárez, sobre la calle Flores Magón, a unos pasos del Zócalo.

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Oaxaca es de los estados para encontrar el mejor chocolate. Elaborado artesanalmente o industrialmente, te puedes ir con la certeza de que tu compra fue acertada al llevar una buena ración de chocolate amargo, semi amargo, almendrado o con canela.

Dónde comprarlo

Mercados 20 de Noviembre y Benito Juárez, sobre la calle Flores Magón, a unos pasos del Zócalo.

Chocolate El Mayordomo
www.chocolatemayordomo.com

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Aunque el estado de Puebla es pionero en la elaboración de este rico platillo, Oaxaca no se queda atrás. Aquí encontrarás gran variedad de moles en pasta o en polvo para llevar a casa. ¡Pruébalos y lleva los más sabrosos!

Dónde comprarlo

En los mercados 20 de Noviembre y Benito Juárez, sobre la calle Flores Magón, a unos pasos del Zócalo.

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La capital oaxaqueña. En esta hermosa ciudad se entremezclan etnias y culturas, que dan vida a tradiciones, artesanías y sabores únicos en el mundo.

Fundada en el siglo XVI, sus edificios son grandiosos ejemplos del barroco novohispano: por doquier aparecen iglesias y capillas, la mayoría de ellas levantadas en cantera verde, siendo quizás el Templo de Santo Domingo de Guzmán la muestra más soberbia de su arquitectura.

Pero hoy Oaxaca es también una ciudad cosmopolita, con restaurantes de alta cocina mexicana, mezcalerías y boutiques de exquisito arte popular (entre alebrijes, bordados y barro negro). Además, en sus alrededores se descubren misteriosas zonas arqueológicas y la maravilla naturale de Hierve el Agua.  

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Pero hoy Oaxaca es también una ciudad cosmopolita, con restaurantes de alta cocina mexicana, mezcalerías y boutiques de exquisito arte popular (entre alebrijes, bordados y barro negro). Además, en sus alrededores se descubren misteriosas zonas arqueológicas y la maravilla naturale de Hierve el Agua.  

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POR CARRETERA

El modo más directo de llegar a la ciudad de Oaxaca desde el Distrito Federal es por medio de la autopista de cuota México-Puebla-Oaxaca (carreteras: 150D de México a Puebla y 130D de Puebla a Oaxaca). El trayecto es de aproximadamente 5 horas y la distancia a recorrer es de 470 kms. Otra opción es utilizar la carretera Federal 1 (carretera libre), pero el trayecto será de aproximadamente 9 horas.

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EN AUTOBUS

El tiempo aproximado de viaje, saliendo de la Ciudad de México, es de 6 horas (aplica para vijae sin escalas). Los autobuses salen de la Terminal TAPO (Calzada Zaragoza 200, Tel. (55) 5784 3077) y el servicio es ofrecido por diversas líneas de primera y de segunda). Los precios del pasaje varían según la línea que se contrate.

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POR AVIÓN

El Aeropuerto Internacional Xoxocotlán recibe vuelos nacionales procedentes de la Ciudad de México, Acapulco, Guadalajara, Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa, Mérida y Cancún. Los vuelos desde y hacia la Ciudad de México son diarios y en varios horarios. Dirección: Carretera Oaxaca-Puerto Angel Km 7.5, Oaxaca, Edo. de Oaxaca. Teléfono: (52) 95-1511-5088.

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Centro Histórico

Declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO (1987), el Centro es hogar de joyas coloniales. El Zócalo (Plaza de la Constitución) está rodeado por edificios antiguos y por los portales, donde abundan restaurantes y cafés. En el extremo noroeste está la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, con una exquisita fachada en cantera verde; a un lado de ella está La Alameda, donde se reúnen los lugareños a descansar o escuchar música y a un costado está el Museo de los Pintores Oaxaqueños. Otros recintos museísticos que vale la pena conocer son: el Museo Textil de Oaxaca y el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo.

Andador Macedonio Alcalá

Se trata de una elegante avenida plagada de librerías, restaurantes, tiendas de artesanías y cafés. En el camino seguramente te encontrarás con exposiciones artísticas (formales y callejeras), mujeres que venden maravillosas artesanías como alebrijes y bordados y puestos de comida (¡prueba el tejate!). También es probable que en tu andar te veas inmerso en un desfile, comparsa o festejo de una boda.

Mercados 

Al sur del Zócalo se ubican los famosos mercados Benito Juárez, donde se venden desde flores y frutas frescas hasta artesanías, y 20 de Noviembre, en el que encontrarás mole, chapulines, tlayudas, tamales y chocolate, entre otros productos oaxaqueños.

Centro Cultural Santo Domingo

Este excelso espacio está compuesto por el Templo de Santo Domingo de Guzmán, de hermosa fachada de cantera verde y con un interior admirable que constituye una de las muestras más valiosas de arte barroco religioso en el mundo; y el Ex Convento de Santo Domingo, que alberga el Jardín Etnobotánico, el magnífico Museo de las Culturas de Oaxaca y la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa.

Basílica de Nuestra Señora de la Soledad

Al poniente de la ciudad se alza este templo de impresionante fachada en forma de biombo. Está enmarcada por el Jardín Sócrates, donde se venden nieves exóticas, y la extensa Plaza de la Danza.

Zonas arqueológicas

A 10 kilómetros de la Antigua Antequera se localiza Monte Albán, ciudad zapoteca suspendida entre las montañas. Aquí podrás observar la Gran Plaza, la Plataforma (mayor construcción, con 40 metros de altura), juegos de pelota y el Edificio de los Danzantes, que destaca por sus glifos y personajes en posturas sugerentes.

Muy cerca está Mitla, un impresionante sitio arqueológico mixteco que destaca por sus templos decorados con finas grecas. Otras ciudades prehispánicas en Oaxaca que debes visitar son Zaachila, Dainzú, Yagui y Lambityeco.

El árbol del Tule

Muy cerca de Oaxaca se ubica Santa María del Tule, un poblado cuyo atractivo principal es un legendario ahuehuete de enormes proporciones y más de 2 mil años de antigüedad.

Hierve el Agua

Es la maravilla natural más impresionante de la entidad oaxaqueña, ubicada a unos 70 km de la capital. Se trata de un balneario natural formado por un conjunto de manantiales efervecientes que han labrado la roca de la sierra, dando como resultado cascadas petrificadas y extrañas figuras.

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Declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO (1987), el Centro es hogar de joyas coloniales. El Zócalo (Plaza de la Constitución) está rodeado por edificios antiguos y por los portales, donde abundan restaurantes y cafés. En el extremo noroeste está la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, con una exquisita fachada en cantera verde; a un lado de ella está La Alameda, donde se reúnen los lugareños a descansar o escuchar música y a un costado está el Museo de los Pintores Oaxaqueños. Otros recintos museísticos que vale la pena conocer son: el Museo Textil de Oaxaca y el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo.

Andador Macedonio Alcalá

Se trata de una elegante avenida plagada de librerías, restaurantes, tiendas de artesanías y cafés. En el camino seguramente te encontrarás con exposiciones artísticas (formales y callejeras), mujeres que venden maravillosas artesanías como alebrijes y bordados y puestos de comida (¡prueba el tejate!). También es probable que en tu andar te veas inmerso en un desfile, comparsa o festejo de una boda.

Mercados 

Al sur del Zócalo se ubican los famosos mercados Benito Juárez, donde se venden desde flores y frutas frescas hasta artesanías, y 20 de Noviembre, en el que encontrarás mole, chapulines, tlayudas, tamales y chocolate, entre otros productos oaxaqueños.

Centro Cultural Santo Domingo

Este excelso espacio está compuesto por el Templo de Santo Domingo de Guzmán, de hermosa fachada de cantera verde y con un interior admirable que constituye una de las muestras más valiosas de arte barroco religioso en el mundo; y el Ex Convento de Santo Domingo, que alberga el Jardín Etnobotánico, el magnífico Museo de las Culturas de Oaxaca y la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa.

Basílica de Nuestra Señora de la Soledad

Al poniente de la ciudad se alza este templo de impresionante fachada en forma de biombo. Está enmarcada por el Jardín Sócrates, donde se venden nieves exóticas, y la extensa Plaza de la Danza.

Zonas arqueológicas

A 10 kilómetros de la Antigua Antequera se localiza Monte Albán, ciudad zapoteca suspendida entre las montañas. Aquí podrás observar la Gran Plaza, la Plataforma (mayor construcción, con 40 metros de altura), juegos de pelota y el Edificio de los Danzantes, que destaca por sus glifos y personajes en posturas sugerentes.

Muy cerca está Mitla, un impresionante sitio arqueológico mixteco que destaca por sus templos decorados con finas grecas. Otras ciudades prehispánicas en Oaxaca que debes visitar son Zaachila, Dainzú, Yagui y Lambityeco.

El árbol del Tule

Muy cerca de Oaxaca se ubica Santa María del Tule, un poblado cuyo atractivo principal es un legendario ahuehuete de enormes proporciones y más de 2 mil años de antigüedad.

Hierve el Agua

Es la maravilla natural más impresionante de la entidad oaxaqueña, ubicada a unos 70 km de la capital. Se trata de un balneario natural formado por un conjunto de manantiales efervecientes que han labrado la roca de la sierra, dando como resultado cascadas petrificadas y extrañas figuras.

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La Guelaguetza

Es la celebración más importante en la ciudad de Oaxaca. Es una fiesta colorida que se realiza en julio en el Cerro del Fortín (en un auditorio especial para el evento), donde los pobladores hacen gala de sus bailes y atuendos típicos.

La Noche de Rábanos

Se celebra un día antes de Nochebuena y consiste en una exposición de figuras de rábanos elaboradas por artesanos locales, que van desde vírgenes y nacimientos hasta escenas de la vida cotidiana. Al día siguiente se realizan las Calendas, desfiles con carros alegóricos, acompañados con música, faroles de colores y silbatos.

Día de Muertos

El 1 y 2 de noviembre se elaboran tapetes de flores, ofrendas y altares. 

Semana Santa

Se organiza la Procesión del Silencio.

 

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La gastronomía oaxaqueña vale por sí misma la visita. Aquí podrás comer mole (de distintas variedades), tlayudas (tortilla delgada de gran tamaño, con asiento de cerdo, frijoles y lechuga), tamales en hoja de plátano, chapulines y bebidas como el agua de calabaza o chilacayota, tejate, chocolate y mezcal.

Casa Oaxaca
Constitución 104 - 4, Oaxaca

Pitiona
Allende 108, Oaxaca

Zandunga
García Vigil 512, Oaxaca

Los Danzantes
Macedonio Alcalá 403, Oaxaca

El Biche Pobre
Calzada de la República

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Hacienda Los Laureles

www.haciendaloslaureles.com

Hotel Azul Oaxaca

www.hotelazuloaxaca.com/

Quinta Real Oaxaca

www.quintareal.com/oaxaca

Palacio Borghese

www.palacioborghese.com/

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Monte Albán es un sitio arqueológico que se encuentra a 10 km de la ciudad de Oaxaca. Fue nombrado por los zapotecos como “Dani Baá” o Montaña Sagrada y, posteriormente, “Yucucui” o Cerro Verde, por los indígenas mixtecos que la habitaron hacia el siglo XII.

Como sucedió con varias metrópolis prehispánicas, Monte Albán fue habitada por más de una cultura. El origen de los primeros habitantes es motivo de debate, ya que los arqueólogos no han podido precisarlo. Posteriormente, la ciudad fue habitada por los zapotecos y, finalmente, por los mixtecos. Además, estudiando la arquitectura, los especialistas encontraron que Monte Albán tuvo contacto con otras culturas, principalmente con los habitantes de la poderosa Teotihuacán, en el centro de México.

En Monte Albán, los visitantes pueden encontrar tres estructuras principales, todas con funciones primordialmente ceremoniales: la Plataforma Sur, el Juego de Pelota Grande y el edificio de los Danzantes (o Edificio L).

La Plataforma Sur es una construcción de dos cuerpos y la más alta de la ciudad; desde ahí, podrás observar el resto del sitio. El Juego de Pelota Grande se llama así pues junto a la Tumba 105 se encuentra una estructura similar pero más pequeña. Y, finalmente, la Plaza de los Danzantes es una construcción sui generis en la que destacan diversas estelas con glifos calendáricos y antropomórficos.

[summary] => Sitio arqueológico que se encuentra a 10 km de la ciudad de Oaxaca, México. Fue la capital indígena más importante de la región de los valles de Oaxaca durante el llamado periodo clásico (400–800 d.C.) cuando fue habitada por la cultura zapoteca. [format] => filtered_html [safe_value] =>

Monte Albán es un sitio arqueológico que se encuentra a 10 km de la ciudad de Oaxaca. Fue nombrado por los zapotecos como “Dani Baá” o Montaña Sagrada y, posteriormente, “Yucucui” o Cerro Verde, por los indígenas mixtecos que la habitaron hacia el siglo XII.

Como sucedió con varias metrópolis prehispánicas, Monte Albán fue habitada por más de una cultura. El origen de los primeros habitantes es motivo de debate, ya que los arqueólogos no han podido precisarlo. Posteriormente, la ciudad fue habitada por los zapotecos y, finalmente, por los mixtecos. Además, estudiando la arquitectura, los especialistas encontraron que Monte Albán tuvo contacto con otras culturas, principalmente con los habitantes de la poderosa Teotihuacán, en el centro de México.

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POR CARRETERA

Monte Albán se encuentra 10 km al oeste de la ciudad de Oaxaca (a 15 min aproximadamente), por la carretera s/n Oaxaca-Monte Albán.

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EN AUTOBÚS

En la ciudad de Oaxaca sale un autobús especial que lleva a Monte Albán. Lo puedes abordar sobre calle Mina núm. 508, en el Interior del Hotel Mesón del Angel. Las salidas son cada 20 minutos.

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EN AVIÓN

Para llegar por la vía aerea, el aeropuerto más cercano a Monte Albán es el de la ciudad de Oaxaca, que se encuentra en el kilómetro 7.5 de la carretera Oaxaca-Puerto Ángel. Ahí operan varias líneas comerciales. Tel.: (52) 95 1511 5088.

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Monte Albán es un sitio arqueológico amplio y constituye el centro ceremonial más grande e importante de la cultura zapoteca. Se encuentra sobre un cerro cuya cima fue aplanada por la primera cultura que la habitó. La mayoría de los templos y edificios existentes son pertenecientes a la época en la que la habitaron los zapotecos.

Entre sus construcciones más importantes destacan:

La Gran Plaza

Está ubicada en el corazón del antiguo centro ceremonial. De acuerdo con los especialistas fungía también como una explanada para montar un mercado. A su alrededor se encuentran varios templos y algunas residencias reservadas para la clase social gobernante.

Plataforma Sur

Es la construcción más alta de Monte Albán con 40 m de altura, y se identifica facilmente por sus dos cuerpos. En la parte inferior de la construcción se encuentran estelas con diversos glifos zapotecos.

Juego de Pelota Grande

En este espacio se llevaba a cabo el tradicional juego de pelota, mismo que se efectuaba, ante la supervisión de los sacerdotes o gobernantes, siempre con fines ceremoniales.

Edificio de los Danzantes

Ésta es una de las construcciones más antiguas de la ciudad. Lo más destacado de la misma son las estelas, colocadas a un lado del recinto, que presentan glifos y personajes en posiciones sugerentes. Hoy se sabe que los glifos se grabaron como representación del poderío militar de la ciudad. Junto a éstas también se encuentran algunas otras solamente con glifos numéricos y calendáricos.

Otras edificaciones de interés en Monte Albán son El Palacio, un edificio con 13 habitaciones; el Edificio P, desde el cual se hacían observaciones astronómicas y las Tumbas 103 y 104.

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La Guelaguetza es sin duda el evento festivo más importante de la región. Consiste en una serie de bailables que identifican a cada una de las regiones que conforman el estado de Oaxaca donde se encuentra Monte Albán. Es el resultado del sincretismo entre las culturas prehispánicas y la tradición española. Su nombre significa “intercambio recíproco de regalos”, lo que resalta el aspecto comunitario de esta fiesta que se ralzia cada año, en el mes de julio.


Oaxaca es una de las ciudades más recomendables para vivir el Día de Muertos, pues aquí, aún no se ha incorporado aquellos elementos que identifican al Halloween (de origen norteamericano). Además de poder observar los tradicionales altares dedicados a los muertos, aquí podrás conseguir y probar el delicioso pan de muerto, la calabaza en conserva y las manzanitas de tejocote, así como el nicuatole.


La Noche de Rábanos se celebra el 23 de diciembre en la Plaza de la Constitución de la ciudad de Oaxaca. En el marco de esta celebración se presentan los mejores trabajos de escultura en rábanos. Después de la premiación el evento culmina con una presentación de juegos pirotécnicos.

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La gastronomía oaxaqueña es reconocida en el mundo por su inconfundible sazón. Claro sincretismo entre las recetas de origen prehispánico y la sazón de los platillos españoles, esta cocina resulta en una de las ofertas más saborsas del país. En esta ciudad y sus alrededores no puedes dejar de probar sus distintos tipos de moles: el verde, amarillo, negro y rojo. Además del delicioso quesillo (queso Oaxaca), los chiles y el orégano regional. Los tres son parte esencial en la preparación de sus deliciosos platillos.

Los tamales oaxaqueños o las memelas con asiento son otros de los antojitos más populares. Mientras que los gusanos de maguey y los chapulines dorados son exquisitos antes de una buena comida, aunque también se pueden disfrutar en tacos y ensaladas.

Una bebida tradicional es el chocolate caliente y, para quienes tienen una afición a lo dulce, Oaxaca es reconocida por sus deliciosas nieves. ¡No dejes de saborearlas!

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Esta antigüedad viviente continúa creciendo. Su edad aproximada es de 2000 años; tiene un peso cercano a las 550 toneladas, un volumen de 705 m3, un diámetro de 42 m y una altura de 40 m. Al paso de los siglos, sus ramas y corteza han creado formas caprichosas en las que, con un poco de imaginación, se pueden ver en la textura de su corteza los perfiles de personas, animales y hasta seres fantásticos.

El árbol del Tule en todo su espelndor.

A 12 km al este de la ciudad de Oaxaca, por la carretera núm. 190.

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El árbol del Tule en todo su espelndor.

A 12 km al este de la ciudad de Oaxaca, por la carretera núm. 190.

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El legendario ahuehuete impresiona a quien lo visita te contamos un poco más en torno a él.

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Aunque hay divergencias con relación al significado de Ixtepec, la mayoría coincide en que significa "Cerro de ixtle". El ixtle es una variedad de agave parecida al maguey, cuyas fibras se utilizan para hacer mecates.

Gracias a su ubicación geográfica y a que servía de acceso a los pueblos de la Sierra al norte de Oaxaca hacia el Istmo, desde el siglo XIX inversionistas extranjeros se interesaron en la construcción de un ferrocarril interoceánico que sería muy importante dado que todavía no se construía el Canal de Panamá. El ferrocarril Panamericano se inauguró en 1907 y partía de Ixtepec rumbo a Chiapas, en la frontera con Guatemala. Sin embargo, pronto empezó la decadencia con la construcción del Canal de Panamá en 1914. Esta efímera bonanza provocó la migración de un gran número de extranjeros a la región.

Hasta hace poco, en Ixtepec aún era posible ver antiguas figurillas de barro zapotecas anteriores a la conquista, sobre todo en el barrio Huana-Milpería y cerca del río Los Perros que atraviesa la comunidad.

SUS FIESTAS

Ixtepec ha sabido conservar sus tradiciones y costumbres y hoy son admiradas y respetadas en todo el estado: trajes, velas, calendas, Tiradas de Fruta, el Paseo Convite y bailes.

Sin lugar a dudas la Feria del Santo Patrón San Jerónimo Doctor, que se celebra del 20 de septiembre al 4 de octubre, es la más importante y colorida de toda la región.

Para el festejo la mayordomía se compromete con la comunidad a cuidar del Santo Patrón, de que no falten flores y velas en su altar, además organizará la fiesta patronal.

El 29 de septiembre, víspera del “Día del Santo Patrón”, se efectúa por la tarde el Paseo Convite y la Tirada de Frutas por las calles de la ciudad hasta culminar frente a la iglesia.

La capitana porta el estandarte con todas sus acompañantes que a su vez llevan velas, flores, frutas, telas, banderitas de papel y juguetes que obsequian a los visitantes. Después desfilan los carros alegóricos donde bellas jóvenes ataviadas con sus mejores galas regionales y con espléndidas joyas de oro hacen el recorrido.

En las “calendas”, desfiles nocturnos que parten de la casa del mayordomo hacia el templo, la gente lleva carrizos verdes, ocotes encendidos, sombreros de palma, faroles hechos con carrizo y papel de china multicolor, toritos de petate, fuegos artificiales y, por supuesto, la infaltable banda de música del pueblo. El desfile lo cierra un grupo de jóvenes jinetes que hacen gala de sus habilidades hípicas.

Acto seguido se efectúa la famosa “Vela”, baile que se celebra al amparo de dos inmensos telones e inicia cuando llega la capitana con su grupo de invitados. Se bailan sones tradicionales: “La Sandunga”, “La llorona, “La Petrona”, “La tortuga” y “La tortolita”. El baile termina hasta las primeras horas del día siguiente.

Durante la fiesta se designa entre las jóvenes a la nueva reina de la “Vela” y a sus princesas, acto al que asisten autoridades de la región.

El 30 de septiembre el capitán de toros organiza “la toma de agua” de los toros que habrán de lidiarse el 1 y el 2 de octubre.

Es importante mencionar que desde una semana antes se organizan, como parte de los preparativos, “Calendas y Velas”, como la “Vela Ixtepecana” (25 de septiembre), la “Vela de San Jerónimo” (27 de septiembre) y la popular “Vela de Didxazá” (20 y 23 de septiembre) que se realiza desde 1990, y que pretende rescatar y preservar las tradiciones zapotecas. También a partir del año 2000 se incluyó “La Guelaguetza” con grupos regionales del estado.

OTRAS RIQUEZAS

Pero Ixtepec también cuenta con una enorme riqueza natural y arqueológica.

Nizanda, a poca distancia de la comunidad, es un verdadero paraíso. Aún se ve la vieja estación de ferrocarril del pueblo y las casas que se componen de dos habitaciones de adobe y teja sostenidas por orcones de madera redondeada.

Con indicaciones de los lugareños llegamos al manantial e iniciamos el recorrido por una vereda de exuberante vegetación. A lo largo de ésta corre un pequeño río, lleno de lirios, que luego da lugar a pozas de agua limpia y cristalina. Más adelante encontramos un enorme cañón con una poza de agua tibia y una pequeña playa.

Según avanzamos por el río aparecen brotes de aguas termales que se mezclan con el agua que baja del río. Por todo ello y mucho más, Nizanda es una visita obligada para los amantes de la naturaleza.

Más cerca a Ixtepec se encuentra Tlacotepec, cuyo ojo de aguas templadas y transparentes es el balneario preferido por los lugareños, y cuenta, además, con una interesante capilla del siglo XVI.

En la cima del Cerro de Zopiluapam, a cinco kilómetros de Ixtepec, nos sorprenden unas magníficas pinturas rupestres de color rojo que están sobre rocas de tipo pizarra con caras semiplanas. En ellas se ven personajes ricamente ataviados; uno muestra máscara de felino con la boca abierta con colmillos de serpiente; otro porta tocado de plumas, y uno más lleva diadema, rodilleras y el cuerpo, al igual que los otros personajes, está pintado con rayas rojas.

Las pinturas pertenecen al Posclásico, así lo confirma la cerámica encontrada en el cerro. La protección de las pinturas es urgente, ya que se están deteriorando a ritmo acelerado.

Ixtepec es, además de tradiciones y lugares naturales, gente de trato amable, amistosa y hospitalaria. Su excelente comida, dulces, licores, la casa de la cultura, la hermosa iglesia de San Jerónimo Doctor, sus barrios antiguos, en fin, todo invita a visitar este rico y hermoso rincón de nuestro país.

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Hasta hace poco, en Ixtepec aún era posible ver antiguas figurillas de barro zapotecas anteriores a la conquista, sobre todo en el barrio Huana-Milpería y cerca del río Los Perros que atraviesa la comunidad.

SUS FIESTAS

Ixtepec ha sabido conservar sus tradiciones y costumbres y hoy son admiradas y respetadas en todo el estado: trajes, velas, calendas, Tiradas de Fruta, el Paseo Convite y bailes.

Sin lugar a dudas la Feria del Santo Patrón San Jerónimo Doctor, que se celebra del 20 de septiembre al 4 de octubre, es la más importante y colorida de toda la región.

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Durante la fiesta se designa entre las jóvenes a la nueva reina de la “Vela” y a sus princesas, acto al que asisten autoridades de la región.

El 30 de septiembre el capitán de toros organiza “la toma de agua” de los toros que habrán de lidiarse el 1 y el 2 de octubre.

Es importante mencionar que desde una semana antes se organizan, como parte de los preparativos, “Calendas y Velas”, como la “Vela Ixtepecana” (25 de septiembre), la “Vela de San Jerónimo” (27 de septiembre) y la popular “Vela de Didxazá” (20 y 23 de septiembre) que se realiza desde 1990, y que pretende rescatar y preservar las tradiciones zapotecas. También a partir del año 2000 se incluyó “La Guelaguetza” con grupos regionales del estado.

OTRAS RIQUEZAS

Pero Ixtepec también cuenta con una enorme riqueza natural y arqueológica.

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Los impresionantes paisajes de la sierra sorprenden gratamente a quien decide internarse en la mixteca. Se mezclan una gran variedad de colores: múltiples variaciones de verdes, amarillos, cafés, terracotas; y los azules, cuando son visitados por el blanco, anuncian la lluvia que nutre a toda la región. Esta belleza visual es el primer regalo con el cual los visitantes son agasajados.

Tomamos dirección rumbo a Santiago Pinotepa Nacional; en la parte más alta de la sierra están las ciudades de Tlaxiaco y Putla, puertas de entrada a muchas comunidades mixtecas y triquis. Seguimos nuestra ruta bajando hacia la costa, unos kilómetros antes de alcanzarla llegamos a San Pedro Amuzgos, que en su idioma original se llama Tzjon Non (también se escribe como Tajon Noan) y significa “pueblo de hilados”: es la cabecera municipal amuzga por el lado de Oaxaca.

Allí, como en los lugares que visitaríamos después, nos sorprendió la nobleza de su gente, su vitalidad y el trato cordial. Al recorrer sus calles, llegamos hasta una de las cuatro escuelas que ahí existen; nos llamó la atención cómo decenas de niñas y niños, entre risas y juegos, participaban en la construcción de un nuevo salón de clases; su labor consistía en transportar agua para la mezcla, en botes según el tamaño de cada quien. Uno de los maestros nos explicó que ellos acostumbran a hacerse cargo de las tareas pesadas o complejas entre todas las que realizaba la comunidad; en este caso el trabajo de los pequeños era esencial, pues traían el agua de un pequeño riachuelo. “Hay seguía y el agua la cuidamos mucho”, nos dijo. Mientras los pequeños se divertían con su tarea y hacían competencias de rapidez, los maestros y algunos padres de los chicos llevaban a cabo las faenas destinadas a levantar la nueva parte de la escuela. Así todos colaboran en una labor importante y “por ellos se aprecia más”, señaló el maestro. La costumbre de realizar el trabajo de manera colectiva para lograr un objetivo común es muy habitual en Oaxaca; en el istmo se conoce comoguelaguetza, y en la mixteca lo llaman tequio.

Los amuzgos o amochcos son un pueblo peculiar. Si bien han sufrido influencias de sus vecinos los mixtecos, con quienes están emparentados, sus costumbres y su propia lengua permancen vigentes y en algunos aspectos se han fortalecido. Son famosos en la región de la mixteca baja y de la costa por sus conocimientos sobre plantas silvestres con usos terapéuticos, y también por el gran desarrollo alcanzado en la medicina tradicional, en la cual tiene mucha confianza, pues aseguran que resulta mucho más efectiva.

Para conocer algo más de este pueblo intentamos acercarnos a su historia: descubrimos que la palabra amuzgo viene de la voz amoxco (del náhuatl amoxtli, libro, y co, locativo); por tanto, amuzgo significaría: “lugar de libros”.

Según los indicadores socioeconómicos del censo realizado por el INI en 1993, este grupo étnico estaba formado por 23 456 amuzgos en el estado de Guerrero y 4 217 en Oaxaca, todos hablantes de su lengua nativa. Sólo en Ometepec se maneja más el español que el amuzgo; en las demás comunidades los habitantes hablan su lengua y hay pocas personas que dominan bien el español.

Posteriormente seguimos rumbo a Santiago Pinotepa Nacional y de ahí tomamos la carretera que va al puerto de Acapulco, en busca de la desviación que sube hacia Ometepec, el mayor de los pueblos amuzgos. Tiene características de ciudad pequeñas, hay un part de hoteles y de restaurantes, y es el descanso obligado antes de subir a la sierra por el lado de Guerrero. Visitamos el mercado del día domingo, donde vienen desde las comunidades amuzgas más apartadas a vender o hacer trueque por sus productos y conseguir lo necesario para llevar a sus hogares. Ometepec es mayoritariamente mestizo y cuenta con población mulata.

En la madrugada tomamos rumbo a la sierra. Nuestro objetivo era llegar a las comunidades de Xochistlahuaca. El día estaba perfecto: despejado, y desde temprano el calor se hacía sentir. El camino estaba bien hasta cierta parte; luego parecía de arcilla. En una de las primeras comunidades nos encontramos con una procesión. Preguntamos cuál era el motivo y nos indicaron que había sacado a San Agustín para pedirle que lloviera, debido a que la sequía les hacía mucho daño. Sólo ahí nos dimos cuenta de un fenómeno curioso: arriba en la sierra habíamos visto llover, pero en la zona costera y baja el calor era agobiante y efectivamente no se veía ninguna señal de que fuera a caer algo de agua. En la procesión, los hombres al centro cargaban al santo, y las mujeres, que eran la mayoría, iban formando una especie de escolta, cada una con un ramo de flores en sus manos, y rezaban y cantaban en amuzgo.

Más adelante nos encontramos con un funeral. Los hombres de la comunidad sacaron en silencio y con mucha calma los féretros y nos pidieron que no tomáramos fotografías. Caminaron lentamente hacia el panteón y nos indicaron que no podíamos acompañarlos; vimos que un grupo de señoras esperaba la llegada del cortejo con ramos de flores similares a los que habíamos visto en la procesión. Ellas se situaron delante y el grupo caminó por la cañada.

Si bien los amuzgos son mayoritariamente católicos, combina sus practicas religiosas con ritos de origen prehispánico dedicados principalmente a lo relacionado con la agricultura; hacen rezos para recibir abundantemente cosecha e invocan la protección de la naturaleza, de las barrancas, de los ríos, del monte, de la lluvia, por supuesto del rey sol y de otras manifestaciones naturales.

Al llegar a Xochistlahuaca encontramos un pueblo hermoso de casas blancas y techos de teja roja. Nos sorprendió la impecable limpieza de sus calles empedradas y banquetas. Al recorrerlas conocimos el taller comunitario de bordado e hilado que coordina Evangelina, quien habla algo de español y por ello es la representante y encargada de atender a los visitantes que llegan a conocer el trabajo que allí realizan.

Compartimos con Evangelina y otras señoras mientras trabajan; nos contaron cómo hacen todo el proceso, desde cardar el hilo, tejer la tela, confeccionar la prenda y finalmente bordarla con ese buen gusto y prolijidad que las caracteriza, habilidad que se transmite de madres a hijas, durante generaciones.

Visitamos el mercado y reímos con elcuetero, un personaje que recorre los pueblos de la zona llevando los imprescindiblescuetespara la fiestas. También platicamos con el vendedor de hilos, que los trae de otra comunidad más apartada, para las señoras que no desean o no pueden producir sus propios hilos de bordar.

La principal actividad económica de los amuzgos es la agricultura, que solamente les permite una vida modesta, como a la mayoría de las pequeñas comunidades agrícolas de nuestro país. Sus cultivos principales son: maíz, frijol, chile, cacahuate, calabaza, camote, caña, jamaica, jitomate y otros de menor relevancia. Poseen gran variedad de frutales, entre los que destacan mangos, naranjos, papayos, sandías y piñas. También se dedican a la cría de ganado vacuno, porcino, caprino y caballar, además de aves de corral y asimismo colectan miel de abeja. En las comunidades amuzgas es común ver a las mujeres portando cubetas en la cabeza, en las cuales llevan sus compras o los productos destinados a la venta, si bien entre ellos es más habitual el trueque que el intercambio en dinero.

Los amuzgos viven en la parte baja de la Sierra Madre del Sur, en la frontera de los estados de Guerrero y Oaxaca. El clima en su región es semicálido y está regido por los sistemas de humedad que llegan desde el Océano Pacífico. Es común en la zona ver suelos rojizos, debido al alto grado de oxidación que presentan.

Las principales comunidades amuzgas en Guerrero son: Ometepec, Igualapa, Xochistlahuaca, Tlacoachistlahuaca y Cosuyoapan; y en el estado de Oaxaca: San Pedro Amuzguso y San Juan Cacahuatepec. Viven en una altitud que va de los 500 msnm, donde se ubica San Pedro Amuzgos, a los 900 m de altura, en los lugares más escarpados de la porción serrana en la que están asentados. Esta cadena montañosa es la llamada sierra de Yucoyagua, que divide las cuencas formadas por los ríos Ometepec y La Arena.

Una de sus actividades más importantes, como pudimos corroborar en nuestro viaje, es desarrollada por las mujeres: nos referimos a los hermosos vestidos bordados que confeccionan para su propio uso y para venderlos a otras comunidades –si bien es poco lo que ganan por ellos, ya que, como dicen, es muy “laborioso” el bordado a mano y no pueden cobrar los precios que realmente valen, pues resultarían muy caros y no podrían venderlos-. Los lugares donde se hacen la mayor parte de los vestidos y blusas son Xochistlahuaca y San Pedro Amuzgos. Señoras, niñas, jóvenes y ancianas llevan diariamente y con gran orgullo sus trajes tradicionales.

Caminar por esas calles de tierra rojiza, con casas blancas de techos rojos y abundante vegetación, respondiendo al saludo de todo aquel que pasa, tiene un agradable encanto para los que vivimos la vorágine citadina; nos transporta a tiempos remotos donde, como ahí sucede, el hombre solía ser más humano y cordial.

LOS AMUZGOS: SU MÚSICA Y DANZA

Dentro de las tradiciones oaxaqueñas, resaltan con un sello peculiar la multitud de danzas y bailes ejecutados, ya sea en ciertos actos sociales o con motivo de la celebración de alguna festividad de la iglesia. El sentido del rito, de ceremonial religioso en torno al cual el hombre crea la danza desde los tiempos primitivos, es el que informa y anima el espíritu de la coreografía indígena.

Sus bailes cobran un perfil ancestral, heredado de prácticas que la Colonia no pudo desterrar.

En casi todas las regiones del estado las manifestaciones bailables presentan características diversas y la “danza del tigre” ejecutada por los amuzgos de Putla no es una excepción. Se baila en cuclillas y parece haber sido inspirada en un motivo de caza, según se deduce del acoso mutuo del perro y el jaguar, representados por los “güenches” que llevan los disfraces de estos animales. La música es una mezcla de sones costeños y de trozos originales apropiados para los demás pasos: además de los zapateados y las contravueltas del son, tiene evoluciones peculiares, como los balanceos laterales y flexiones del tronco hacia delante, que ejecutan los danzantes con las manos colocadas en la cintura, las vueltas completas sobre sí mismo, en esta posición, y los ágiles movimientos de inclinación hacia delante, en actitud como de barrer el suelo con los pañuelos que llevan en la diestra. Los danzantes se sientan en cuclillas al finalizar cada sección de la danza.

Es común la presencia de uno o dos sujetos de vestimenta estrafalaria. Son los “güenches” o “campos”, encargados de divertir al público con sus chistes y extravagancias. En cuanto al acompañamiento musical de las danzas, se utilizan variados conjuntos: de cuerda o de viento, un simple violín y una jarana o, como acontece en algunas danzas villaltecas, instrumentos muy antiguos, como la chirimía. Goza de merecida fama en toda la región el conjunto de chirimiteros de Yatzona.

SI USTED VA A SAN PEDRO AMUZGOS

Si usted sale desde Oaxaca con rumbo a Huajuapan de León por la carretera 190, a 31 km delante de Nochixtlán se encuentra el entronque con la carretera 125 que une el altiplano con la costa; toma dirección sur rumbo a Santiago Pinotepa Nacional, y faltando 40 km para llegar a esa ciudad, nos encontraremos con el pueblo de San Pedro Amuzgos, Oaxaca.

Pero si usted quiere llegar a Ometepec (Guerrero) y se encuentra en Acapulco, a unos 225 km, tome la carretera 200 hacia el oriente y encontrará una desviación de 15 km a partir del puente sobre el río Quetzala; así llegará al mayor de los pueblos amuzgos.

Fuente:
México desconocido No. 251 / enero 1998

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Los impresionantes paisajes de la sierra sorprenden gratamente a quien decide internarse en la mixteca. Se mezclan una gran variedad de colores: múltiples variaciones de verdes, amarillos, cafés, terracotas; y los azules, cuando son visitados por el blanco, anuncian la lluvia que nutre a toda la región. Esta belleza visual es el primer regalo con el cual los visitantes son agasajados.

Tomamos dirección rumbo a Santiago Pinotepa Nacional; en la parte más alta de la sierra están las ciudades de Tlaxiaco y Putla, puertas de entrada a muchas comunidades mixtecas y triquis. Seguimos nuestra ruta bajando hacia la costa, unos kilómetros antes de alcanzarla llegamos a San Pedro Amuzgos, que en su idioma original se llama Tzjon Non (también se escribe como Tajon Noan) y significa “pueblo de hilados”: es la cabecera municipal amuzga por el lado de Oaxaca.

Allí, como en los lugares que visitaríamos después, nos sorprendió la nobleza de su gente, su vitalidad y el trato cordial. Al recorrer sus calles, llegamos hasta una de las cuatro escuelas que ahí existen; nos llamó la atención cómo decenas de niñas y niños, entre risas y juegos, participaban en la construcción de un nuevo salón de clases; su labor consistía en transportar agua para la mezcla, en botes según el tamaño de cada quien. Uno de los maestros nos explicó que ellos acostumbran a hacerse cargo de las tareas pesadas o complejas entre todas las que realizaba la comunidad; en este caso el trabajo de los pequeños era esencial, pues traían el agua de un pequeño riachuelo. “Hay seguía y el agua la cuidamos mucho”, nos dijo. Mientras los pequeños se divertían con su tarea y hacían competencias de rapidez, los maestros y algunos padres de los chicos llevaban a cabo las faenas destinadas a levantar la nueva parte de la escuela. Así todos colaboran en una labor importante y “por ellos se aprecia más”, señaló el maestro. La costumbre de realizar el trabajo de manera colectiva para lograr un objetivo común es muy habitual en Oaxaca; en el istmo se conoce comoguelaguetza, y en la mixteca lo llaman tequio.

Los amuzgos o amochcos son un pueblo peculiar. Si bien han sufrido influencias de sus vecinos los mixtecos, con quienes están emparentados, sus costumbres y su propia lengua permancen vigentes y en algunos aspectos se han fortalecido. Son famosos en la región de la mixteca baja y de la costa por sus conocimientos sobre plantas silvestres con usos terapéuticos, y también por el gran desarrollo alcanzado en la medicina tradicional, en la cual tiene mucha confianza, pues aseguran que resulta mucho más efectiva.

Para conocer algo más de este pueblo intentamos acercarnos a su historia: descubrimos que la palabra amuzgo viene de la voz amoxco (del náhuatl amoxtli, libro, y co, locativo); por tanto, amuzgo significaría: “lugar de libros”.

Según los indicadores socioeconómicos del censo realizado por el INI en 1993, este grupo étnico estaba formado por 23 456 amuzgos en el estado de Guerrero y 4 217 en Oaxaca, todos hablantes de su lengua nativa. Sólo en Ometepec se maneja más el español que el amuzgo; en las demás comunidades los habitantes hablan su lengua y hay pocas personas que dominan bien el español.

Posteriormente seguimos rumbo a Santiago Pinotepa Nacional y de ahí tomamos la carretera que va al puerto de Acapulco, en busca de la desviación que sube hacia Ometepec, el mayor de los pueblos amuzgos. Tiene características de ciudad pequeñas, hay un part de hoteles y de restaurantes, y es el descanso obligado antes de subir a la sierra por el lado de Guerrero. Visitamos el mercado del día domingo, donde vienen desde las comunidades amuzgas más apartadas a vender o hacer trueque por sus productos y conseguir lo necesario para llevar a sus hogares. Ometepec es mayoritariamente mestizo y cuenta con población mulata.

En la madrugada tomamos rumbo a la sierra. Nuestro objetivo era llegar a las comunidades de Xochistlahuaca. El día estaba perfecto: despejado, y desde temprano el calor se hacía sentir. El camino estaba bien hasta cierta parte; luego parecía de arcilla. En una de las primeras comunidades nos encontramos con una procesión. Preguntamos cuál era el motivo y nos indicaron que había sacado a San Agustín para pedirle que lloviera, debido a que la sequía les hacía mucho daño. Sólo ahí nos dimos cuenta de un fenómeno curioso: arriba en la sierra habíamos visto llover, pero en la zona costera y baja el calor era agobiante y efectivamente no se veía ninguna señal de que fuera a caer algo de agua. En la procesión, los hombres al centro cargaban al santo, y las mujeres, que eran la mayoría, iban formando una especie de escolta, cada una con un ramo de flores en sus manos, y rezaban y cantaban en amuzgo.

Más adelante nos encontramos con un funeral. Los hombres de la comunidad sacaron en silencio y con mucha calma los féretros y nos pidieron que no tomáramos fotografías. Caminaron lentamente hacia el panteón y nos indicaron que no podíamos acompañarlos; vimos que un grupo de señoras esperaba la llegada del cortejo con ramos de flores similares a los que habíamos visto en la procesión. Ellas se situaron delante y el grupo caminó por la cañada.

Si bien los amuzgos son mayoritariamente católicos, combina sus practicas religiosas con ritos de origen prehispánico dedicados principalmente a lo relacionado con la agricultura; hacen rezos para recibir abundantemente cosecha e invocan la protección de la naturaleza, de las barrancas, de los ríos, del monte, de la lluvia, por supuesto del rey sol y de otras manifestaciones naturales.

Al llegar a Xochistlahuaca encontramos un pueblo hermoso de casas blancas y techos de teja roja. Nos sorprendió la impecable limpieza de sus calles empedradas y banquetas. Al recorrerlas conocimos el taller comunitario de bordado e hilado que coordina Evangelina, quien habla algo de español y por ello es la representante y encargada de atender a los visitantes que llegan a conocer el trabajo que allí realizan.

Compartimos con Evangelina y otras señoras mientras trabajan; nos contaron cómo hacen todo el proceso, desde cardar el hilo, tejer la tela, confeccionar la prenda y finalmente bordarla con ese buen gusto y prolijidad que las caracteriza, habilidad que se transmite de madres a hijas, durante generaciones.

Visitamos el mercado y reímos con elcuetero, un personaje que recorre los pueblos de la zona llevando los imprescindiblescuetespara la fiestas. También platicamos con el vendedor de hilos, que los trae de otra comunidad más apartada, para las señoras que no desean o no pueden producir sus propios hilos de bordar.

La principal actividad económica de los amuzgos es la agricultura, que solamente les permite una vida modesta, como a la mayoría de las pequeñas comunidades agrícolas de nuestro país. Sus cultivos principales son: maíz, frijol, chile, cacahuate, calabaza, camote, caña, jamaica, jitomate y otros de menor relevancia. Poseen gran variedad de frutales, entre los que destacan mangos, naranjos, papayos, sandías y piñas. También se dedican a la cría de ganado vacuno, porcino, caprino y caballar, además de aves de corral y asimismo colectan miel de abeja. En las comunidades amuzgas es común ver a las mujeres portando cubetas en la cabeza, en las cuales llevan sus compras o los productos destinados a la venta, si bien entre ellos es más habitual el trueque que el intercambio en dinero.

Los amuzgos viven en la parte baja de la Sierra Madre del Sur, en la frontera de los estados de Guerrero y Oaxaca. El clima en su región es semicálido y está regido por los sistemas de humedad que llegan desde el Océano Pacífico. Es común en la zona ver suelos rojizos, debido al alto grado de oxidación que presentan.

Las principales comunidades amuzgas en Guerrero son: Ometepec, Igualapa, Xochistlahuaca, Tlacoachistlahuaca y Cosuyoapan; y en el estado de Oaxaca: San Pedro Amuzguso y San Juan Cacahuatepec. Viven en una altitud que va de los 500 msnm, donde se ubica San Pedro Amuzgos, a los 900 m de altura, en los lugares más escarpados de la porción serrana en la que están asentados. Esta cadena montañosa es la llamada sierra de Yucoyagua, que divide las cuencas formadas por los ríos Ometepec y La Arena.

Una de sus actividades más importantes, como pudimos corroborar en nuestro viaje, es desarrollada por las mujeres: nos referimos a los hermosos vestidos bordados que confeccionan para su propio uso y para venderlos a otras comunidades –si bien es poco lo que ganan por ellos, ya que, como dicen, es muy “laborioso” el bordado a mano y no pueden cobrar los precios que realmente valen, pues resultarían muy caros y no podrían venderlos-. Los lugares donde se hacen la mayor parte de los vestidos y blusas son Xochistlahuaca y San Pedro Amuzgos. Señoras, niñas, jóvenes y ancianas llevan diariamente y con gran orgullo sus trajes tradicionales.

Caminar por esas calles de tierra rojiza, con casas blancas de techos rojos y abundante vegetación, respondiendo al saludo de todo aquel que pasa, tiene un agradable encanto para los que vivimos la vorágine citadina; nos transporta a tiempos remotos donde, como ahí sucede, el hombre solía ser más humano y cordial.

LOS AMUZGOS: SU MÚSICA Y DANZA

Dentro de las tradiciones oaxaqueñas, resaltan con un sello peculiar la multitud de danzas y bailes ejecutados, ya sea en ciertos actos sociales o con motivo de la celebración de alguna festividad de la iglesia. El sentido del rito, de ceremonial religioso en torno al cual el hombre crea la danza desde los tiempos primitivos, es el que informa y anima el espíritu de la coreografía indígena.

Sus bailes cobran un perfil ancestral, heredado de prácticas que la Colonia no pudo desterrar.

En casi todas las regiones del estado las manifestaciones bailables presentan características diversas y la “danza del tigre” ejecutada por los amuzgos de Putla no es una excepción. Se baila en cuclillas y parece haber sido inspirada en un motivo de caza, según se deduce del acoso mutuo del perro y el jaguar, representados por los “güenches” que llevan los disfraces de estos animales. La música es una mezcla de sones costeños y de trozos originales apropiados para los demás pasos: además de los zapateados y las contravueltas del son, tiene evoluciones peculiares, como los balanceos laterales y flexiones del tronco hacia delante, que ejecutan los danzantes con las manos colocadas en la cintura, las vueltas completas sobre sí mismo, en esta posición, y los ágiles movimientos de inclinación hacia delante, en actitud como de barrer el suelo con los pañuelos que llevan en la diestra. Los danzantes se sientan en cuclillas al finalizar cada sección de la danza.

Es común la presencia de uno o dos sujetos de vestimenta estrafalaria. Son los “güenches” o “campos”, encargados de divertir al público con sus chistes y extravagancias. En cuanto al acompañamiento musical de las danzas, se utilizan variados conjuntos: de cuerda o de viento, un simple violín y una jarana o, como acontece en algunas danzas villaltecas, instrumentos muy antiguos, como la chirimía. Goza de merecida fama en toda la región el conjunto de chirimiteros de Yatzona.

SI USTED VA A SAN PEDRO AMUZGOS

Si usted sale desde Oaxaca con rumbo a Huajuapan de León por la carretera 190, a 31 km delante de Nochixtlán se encuentra el entronque con la carretera 125 que une el altiplano con la costa; toma dirección sur rumbo a Santiago Pinotepa Nacional, y faltando 40 km para llegar a esa ciudad, nos encontraremos con el pueblo de San Pedro Amuzgos, Oaxaca.

Pero si usted quiere llegar a Ometepec (Guerrero) y se encuentra en Acapulco, a unos 225 km, tome la carretera 200 hacia el oriente y encontrará una desviación de 15 km a partir del puente sobre el río Quetzala; así llegará al mayor de los pueblos amuzgos.

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En cambio, otros grupos como los zapotecos de la sierra, los chontales y especialmente los mixes resistieron y protagonizaron una secuela de rebeliones. A su triunfo y todavía en el siglo XVI, los españoles despojaron a los naturales de sus tierras legalizando esta acción a través de encomiendas, mercedes y repartimientos otorgados por el rey, perfilándose así, desde el inicio de la conquista española, el desequilibrio y la desigualdad que imperaría entre la sociedad española y la indígena.

Fueron tan abundantes los abusos de los colonizadores que buena parte de los trabajos que realizaron las dos Audiencias y el virrey Antonio de Mendoza estuvieron encaminados a limitar el poder del Marqués de Valle de Oaxaca, Hernán Cortés, y el de los encomenderos. Se proponían así fortalecer la autoridad Real y por eso se promulgaron las Leyes Nuevas (1542) y se creó una compleja administración. La tarea de evangelización en la zona mixteca y zapoteca fue obra de la orden de los dominicos quienes construyeron, con trabajo indígena básicamente, suntuosas iglesias y conventos en los lugares donde se concentraban los grandes núcleos de población como la Ciudad de Antequera, Yanhuitián y Cuilapan.

La conquista espiritual fue más radical y violenta que la conquista militar. Para mantener el control de la población los conquistadores mantuvieron, con modificaciones, ciertas estructuras indígenas de manera que algunos de los caciques del Valle de Oaxaca y de la Mixteca Alta lograron preservar antiguos privilegios y propiedades; en cambio, para convertir al cristianismo a los pueblos de América, los misioneros se esforzaron en destruir cualquier indicio de la religión del mundo prehispánico.

A pesar del descenso demográfico de la población nativa, provocado por las epidemias y los malos tratos, el siglo XVI fue de crecimiento económico debido a la introducción de nuevas técnicas, cultivos y especies. En la Mixteca, por ejemplo, se obtuvieron buenas ganancias de la explotación del gusano de seda, el ganado y el trigo. El desarrollo del mercado urbano y las minas contribuyeron a este crecimiento.

Sin embargo, esta prosperidad se vio interrumpida por los problemas que desde 1590 enfrentó la minería. El comercio entre Sevilla y América disminuyó y el descenso de la población provocó que el consumo de los pueblos decayera y la fuerza de trabajo se redujera a su mínima expresión.

En el siglo XVII, el de la depresión económica fue cuando definieron las estructuras coloniales, se consolidó el esquema de dominación, y se establecieron los mecanismos de una economía dependiente. La aplicación de un esquema comercial monopolista y centralizado obstaculizó el desarrollo económico regional, provocando que zonas tan ricas como el Valle de Oaxaca orientaran su economía hacia la autosuficiencia a pesar de la importancia que tenía la producción y el comercio de cacao, añil y grana cochinilla.

Ya en la segunda mitad del siglo XVII, la economía novohispana comienza a mejorar: la producción minera tuvo un repunte, se permitió nuevamente el comercio con Centroamérica y el Perú, y la población indígena empezó a recuperarse. Para esta época los españoles avecindados en la Mixteca y en el Valle de Oaxaca se dedicaron a la ganadería en grandes proporciones y las haciendas combinaron con éxito la producción de trigo y maíz con la cría de ganado. La economía de la Colonia se reestructuró entre 1660 y 1692, sentando las bases para el siglo de la Ilustración.

La Nueva España crece y prospera en el Siglo de las Luces. El territorio se dobla, la población se triplica y el valor de la producción económica se sextuplica. El mejor ejemplo de estos avances se observa en la minería, eje económico central que, sin dejar de ser esclavizante, pasó de labrar 3,300,000 pesos en 1670 a 27,000,000 en 1804.

La opulencia de la Nueva España se manifiesta en la intensa actividad constructiva y se desborda en la magnificencia del barroco, fue entonces que en la Antequera se construyeron, entre otras cosas, la Capilla del Rosario de la iglesia de Santo Domingo, la Iglesia de la Soledad, la de San Agustín y la de Consolación.

El siglo XVIII fue la centuria de las reformas políticas y económicas modernizadoras emprendidas por los reyes borbones.

Para 1800, México se había convertido en un país de extraordinaria riqueza pero también de extrema pobreza, la mayoría de la población estaba adscrita a las haciendas y comunas, era maltratada en los obrajes, esclavizada en las minas e ingenios, sin libertad, sin dinero y sin ninguna posibilidad para mejorar.

Los españoles peninsulares monopolizaban el poder político y económico; tales condiciones de desigualdad social, económica y política, acumularon tensiones y descontento. Por otra parte, el impacto de acontecimientos como la Revolución Francesa, la independencia de los Estados Unidos y la Revolución Industrial Inglesa sacude las conciencias americanas y se empieza a gestar en los criollos la idea de la Independencia de la Nueva España.

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La conquista espiritual fue más radical y violenta que la conquista militar. Para mantener el control de la población los conquistadores mantuvieron, con modificaciones, ciertas estructuras indígenas de manera que algunos de los caciques del Valle de Oaxaca y de la Mixteca Alta lograron preservar antiguos privilegios y propiedades; en cambio, para convertir al cristianismo a los pueblos de América, los misioneros se esforzaron en destruir cualquier indicio de la religión del mundo prehispánico.

A pesar del descenso demográfico de la población nativa, provocado por las epidemias y los malos tratos, el siglo XVI fue de crecimiento económico debido a la introducción de nuevas técnicas, cultivos y especies. En la Mixteca, por ejemplo, se obtuvieron buenas ganancias de la explotación del gusano de seda, el ganado y el trigo. El desarrollo del mercado urbano y las minas contribuyeron a este crecimiento.

Sin embargo, esta prosperidad se vio interrumpida por los problemas que desde 1590 enfrentó la minería. El comercio entre Sevilla y América disminuyó y el descenso de la población provocó que el consumo de los pueblos decayera y la fuerza de trabajo se redujera a su mínima expresión.

En el siglo XVII, el de la depresión económica fue cuando definieron las estructuras coloniales, se consolidó el esquema de dominación, y se establecieron los mecanismos de una economía dependiente. La aplicación de un esquema comercial monopolista y centralizado obstaculizó el desarrollo económico regional, provocando que zonas tan ricas como el Valle de Oaxaca orientaran su economía hacia la autosuficiencia a pesar de la importancia que tenía la producción y el comercio de cacao, añil y grana cochinilla.

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Al principio, el calendario y el sistema de escritura se reducían a un conjunto elemental de símbolos que se usaban para contar y nombrar las cosas, como vemos en las llamadas estelas 12 y 13 de Monte Albán, donde el número 5 se representa como un dedo humano y el uno como un primitivo punto. Desde entonces, hace 25 siglos, se asociaban los números a símbolos (glifos), rostros y figuras humanas, para dar nombre a las personas y a los lugares, y para marcar las fechas de los sucesos. Así, por ejemplo, el nombre de una persona se componía de un número y un glifo, dependiendo del mes, día y año en que le había tocado nacer.

Ése es el caso de las lápidas más antiguas de Monte Albán, que se conocen popularmente como Los Danzantes. En ellas los glifos designan con un nombre a los personajes. Don Alfonso Caso, el famoso arqueólogo que exploró Monte Albán, también descubrió que había una correlación entre esos símbolos representados en las estelas y los sucesos ocurridos en ciertas fechas, por eso se dio a la tarea de identificar tanto los glifos como a los personajes, tarea que después le proporcionó una serie de asociaciones que le permitieron acercarse a desentrañar el significado de los mensajes escritos en las lápidas y las estelas, que habían sido empotradas en los muros de los grandes edificios, o bien clavadas en los pisos para que el público las viera, conmemorando algunos de los templos más importantes.

En una época más tardía, alrededor dei año 100 de nuestra era y en adelante, ser un huezeequichi, escribano o escritor, un huecaayye, pintor, o un tocaayayye, escultor, era una gran empresa intelectual a la que podían dedicarse sólo unos cuantos. Los que escribían, pintaban o esculpían tenían que haber recibido una rigurosa educación desde su nacimiento; sus padres generalmente eran huezeequichi que los habían instruido en las artes y en el conocimiento de los glifos y la escritura. Con mucha disciplina aprendían desde muy jóvenes, pero sólo los escribanos maduros y ancianos tenían permitido grabar las imágenes que serían expuestas en la Gran Plaza de Monte Albán y en los edificios más importantes de la ciudad.

La tarea de estos escribanos era asistida por algunos jóvenes aprendices que se encargaban de pulir las piedras para que el maestro pudiese trabajar en sus diseños; también eran los responsables de proveer al maestro de suficiente agua, elemento central en el proceso del tallado y pulido de la piedra, así como de cuidar que las herramientas de piedra, como martillos, picos, raspadores, pulidores y punzones hechos de cantos de río, estuvieran correctamente afiladas para que el escribano no tuviera queja. Como se puede ver, ser aprendiz era una gran responsabilidad.

EI sistema calendárico era una convención de símbolos asociados al ciclo solar, el cual se compartía con otros pueblos mesoamericanos. Los zapotecos también tenían un calendario ritual o sagrado (piye) que comprendía el año de 260 días, donde se combinaban 20 días con 13 numerales que daban como resultado los 260 nombres diferentes; y un calendario solar de 365 días (yza), de 18 meses de 20 días y 5 días adicionales; ambos calendarios derivaban de los que habían inventado en sus orígenes.

Como en el resto de las culturas mesoamericanas, en el sistema de calendarios zapotecos también coincidían las cuentas ritual y solar cada 52 años, y de esta manera se completaban los siglos, que indicaban el momento de la renovación total de la vida de la gente y de las ciudades, era el momento deI Nuevo Sol. Los glifos eran los símbolos que permitían reconocer los elementos fijos de la memoria colectiva, como los nombres de los pueblos, los grandes guerreros, los parajes y eventos importantes. Así, por ejemplo, nombres como Yopaá (Mitla), que significa “lugar de descanso”, Guichibaa (Tlacolula), “la casa de tum- bas”,y Quetetoni (Yatareni) “tortilla de sangre”, son glifos reconocidos por todos los zapotecos deI Valle de Oaxaca.

Las estelas del Mogote, grabadas alrededor de 600 a 800 años antes de nuestra era, y las primeras de Monte Albán, realizadas por el 1500, también antes de nuestra era, son muy complicadas de descifrar porque combinan personajes, fechas y glifos en acontecimientos importantes. En ellas se representan conquistas, entrega de tributos, entronizaciones, ritos de iniciación y otros eventos de suma trascendencia para el pueblo zapoteco.

Algunas de estas estelas se integraban a la arquitectura, lo que de alguna manera ayudaba a identificar ciertos edificios con actividades fundamentales, como la agricultura, las conquistas guerreras, los ritos religiosos, los cambios del poder político, los avisos de los consejeros a los gobernantes y las acciones de autosacrificio. Todas estas representaciones eran cuidadosamente colocadas a la vista de todos, en las fachadas de los edificios, con el objeto de que el pueblo pudiese compartir los sucesos, recordar sus orígenes y admirar el poder de sus gobernantes en las campañas de conquista de otros pueblos.

Cuando un edificio era ampliado, como sucedía regularmente cada siglo de 52 años, las estelas o lápidas grabadas quedaban protegidas por la nueva construcción, es decir que se guardaba con mucho celo el significado ritual y la historia que representaban. Esto nos demuestra que tanto la escritura en las estelas como la arquitectura misma eran también objeto de veneración. Al iniciarse un nuevo ciclo mediante la celebración del fuego nuevo, en toda Mesoamérica se procedía a dejar plasmadas las evidencias de los hechos más relevantes de la historia local en estelas que perdurarían por siempre.

El calendario era calculado con base en los movimientos de los principales astros, el Sol y la Luna, porque regían todos los destinos y eran los más seguros. Era importante, por lo tanto, tener un sistema de observación astronómica muy bien diseñado, que le diera a los sacerdotes la precisión necesaria para medir los eventos anuales y para de- terminar la orientación de las construcciones.

Como los principios básicos del calendario se compartían con los otros pueblos, a veces era preciso ajustar sobre todo los días extraordinarios de los años bisiestos, para que el calendario no perdiera la secuencia original ante los cambios de estación. Con este objetivo se celebró una importante reunión en Xochicalco, a la que asistieron los sacerdotes científicos para acordar el ajuste de los calendarios. En ese evento estuvo presente una comisión de zapotecos de Monte Albán, otra de los señores del Mayab y otras más del Altiplano. Las discusiones duraron varios días y al término de las mismas los sacerdotes dejaron plasmada en la piedra del edificio central la conmemoración de tal encuentro. Se habían hecho coincidir las cuentas calendáricas de los pueblos mesoamericanos.

El concepto dei tiempo era muy importante porque representaba los ciclos de la vida, de la agricultura, de los días aciagos y de los tiempos de guerra. El ciclo de la vida humana era una manera de calcular el tiempo, de allí la importancia de celebrar los diferentes momentos del desarrollo de los individuos. Así, había el tiempo de concebir, de nacer, de aprender, de reproducirse y de morir. El paso de una etapa a otra era, con justa razón, un evento mayor que debía festejarse ante el pueblo con júbilo. Se celebraba el nacimiento con la presencia de los adivinos que leían el futuro deI recién nacido y le escogían su tona, o acompafiante protector, que lo resguardaría de las cosas malas con que pudiera tropezar en su vida.

El convertirse en adolescente también era motivo de alegría. En una ceremonia se presentaba al nuevo joven con sus armas y objetos de trabajo, y se le reconocía como un nuevo integrante de la vida social y miembro del ejército. Siendo adulto el individuo debía casarse para asegurar la compafiía, el trabajo, los herederos de la tierra, pero sobre todo para ser reconocido como un hombre de bien en la sociedad. Finalmente, la muerte se celebraba para asegurar la vida póstuma del individuo, terminando así el ciclo mundano e iniciando el ciclo permanente de la vida espiritual.

Otro ciclo de igual importancia era el agrícola, porque de éste dependía el sustento. En este caso, primero había que realizar ofrendas al campo, que consistían de sangre para fertilizarlo y de figurillas de mujeres, porque éstas, como la tierra, representaban la fecundidad.

La tierra se preparaba con mucho trabajo, con el esfuerzo de todos y con la colaboración de los sacerdotes, quienes decían las oraciones y sahumaban con copal. Después llegaba el momento de sembrar, acción que necesariamente hacían los hombres; todos iban al campo con su bastón plantador, o coa, y con su ayate lleno de semillas; antes habían ayunado para evitar cualquier influencia negativa sobre la tierra. El mejor momento del ciclo agrícola indudablemente era el de cosechar, esto se hacía en medio dei júbilo de todos; allí sí participaban las mujeres y los niños. Con la cosecha se renovaba la vida y se podía iniciar todo una vez más.

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Ése es el caso de las lápidas más antiguas de Monte Albán, que se conocen popularmente como Los Danzantes. En ellas los glifos designan con un nombre a los personajes. Don Alfonso Caso, el famoso arqueólogo que exploró Monte Albán, también descubrió que había una correlación entre esos símbolos representados en las estelas y los sucesos ocurridos en ciertas fechas, por eso se dio a la tarea de identificar tanto los glifos como a los personajes, tarea que después le proporcionó una serie de asociaciones que le permitieron acercarse a desentrañar el significado de los mensajes escritos en las lápidas y las estelas, que habían sido empotradas en los muros de los grandes edificios, o bien clavadas en los pisos para que el público las viera, conmemorando algunos de los templos más importantes.

En una época más tardía, alrededor dei año 100 de nuestra era y en adelante, ser un huezeequichi, escribano o escritor, un huecaayye, pintor, o un tocaayayye, escultor, era una gran empresa intelectual a la que podían dedicarse sólo unos cuantos. Los que escribían, pintaban o esculpían tenían que haber recibido una rigurosa educación desde su nacimiento; sus padres generalmente eran huezeequichi que los habían instruido en las artes y en el conocimiento de los glifos y la escritura. Con mucha disciplina aprendían desde muy jóvenes, pero sólo los escribanos maduros y ancianos tenían permitido grabar las imágenes que serían expuestas en la Gran Plaza de Monte Albán y en los edificios más importantes de la ciudad.

La tarea de estos escribanos era asistida por algunos jóvenes aprendices que se encargaban de pulir las piedras para que el maestro pudiese trabajar en sus diseños; también eran los responsables de proveer al maestro de suficiente agua, elemento central en el proceso del tallado y pulido de la piedra, así como de cuidar que las herramientas de piedra, como martillos, picos, raspadores, pulidores y punzones hechos de cantos de río, estuvieran correctamente afiladas para que el escribano no tuviera queja. Como se puede ver, ser aprendiz era una gran responsabilidad.

EI sistema calendárico era una convención de símbolos asociados al ciclo solar, el cual se compartía con otros pueblos mesoamericanos. Los zapotecos también tenían un calendario ritual o sagrado (piye) que comprendía el año de 260 días, donde se combinaban 20 días con 13 numerales que daban como resultado los 260 nombres diferentes; y un calendario solar de 365 días (yza), de 18 meses de 20 días y 5 días adicionales; ambos calendarios derivaban de los que habían inventado en sus orígenes.

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Cuando un edificio era ampliado, como sucedía regularmente cada siglo de 52 años, las estelas o lápidas grabadas quedaban protegidas por la nueva construcción, es decir que se guardaba con mucho celo el significado ritual y la historia que representaban. Esto nos demuestra que tanto la escritura en las estelas como la arquitectura misma eran también objeto de veneración. Al iniciarse un nuevo ciclo mediante la celebración del fuego nuevo, en toda Mesoamérica se procedía a dejar plasmadas las evidencias de los hechos más relevantes de la historia local en estelas que perdurarían por siempre.

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Cualquier época es buena para pasar un fin de semana en Oaxaca: desde marzo se viste de jacaranda, resaltando el verdor de su característica cantera. En junio vendrá al relevo el flamboyán, cubriendo de rojo a esta ciudad fundada hace 470 años a escondidas de Cortés que logró hacerse dueño del Valle pero no de la ciudad.

VIERNES

Para aprovechar el sábado desde tempranito, nos organizamos de tal manera para llegar en viernes, aunque un poco tardezón. Damos una vuelta por el centro, que aún se ve animado; tomamos un sorbete y nos dirigimos a dejar el equipaje en el Hotel Trébol, que se ubica enfrente del mercado. Casualmente, a unas cuantas puerta, se encuentra La Casa del Mezcal, animado centro de convivencia que generosamente aportará su granito de arena para asegurarnos un buen sueño.

SÁBADO

Aunque Oaxaca ahora cuenta con un mall y un súper de esos para socios, allá por el rumbo del aeropuerto, su mercado–en el mero centro– aún es la espléndida galería de colores, aromas y sabores que, como en pocas otras ciudades, no sólo nos muestra lo que los oaxaqueños reciben del campo para llevarlo a la cocina, sino todo un conjunto de artesanías que abarcan la manufactura de huipiles, hamacas y piezas de barro. Si a eso se suman las artes de la cocina regional y un agradable entorno, se entenderá por qué somos tantos los que a esta hora estamos aquí sentados esperando el desayuno. Y ahí les va: primero chocolate y una rebanada de marquesote, y luego, simplemente, huevos con un chorizo que les va a hacer darse cuenta de lo que se habían perdido, acompañados con frijoles y totopos untados con asiento.

Diez kilómetros al sur de la ciudad floreció hace 1,200 años la capital zapoteca, cuyos restos ocupan 40 000 m2 de una planicie habilitada por sus constructores en la punta de un cerro que domina los Valles Centrales. Monte Albán es uno de los más impresionantes y famosos sitios arqueológicos del país, tanto por su estratégico emplazamiento y sus señoriales construcciones en las que se mezclan influencias olmecas y mayas, como por el descubrimiento, en 1932, de los tesoros de la Tumba 7 que hoy podemos admirar en diferentes museos. Iniciar la visita por el museo de sitio le dará un panorama general de lo que tendrán oportunidad de apreciar en ese majestuoso sitio.

Nos encontramos ahora al poniente de la ciudad para visitar uno de sus templos emblemáticos, el de su santa patrona, Nuestra Señora de la Soledad, muy cerca del puesto de avanzada que los aztecas tuvieron en el Valle. Cuenta la leyenda que la imagen que allí se venera apareció milagrosamente en el sitio a lomos de una mulita, lo que dio lugar a sucesivas remodelaciones de la ermita que allí se encontraba, originalmente consagrada a San Sebastián. La actual construcción se remonta al siglo XVII y ostenta la más bella fachada barroca de la ciudad, en forma de biombo, presidida por un bajorrelieve de la Virgen a los pies de la cruz. Una hermosa tradición dicta que para pedir su protección, los fieles pasen por debajo del elegante manto negro de la Virgen de la Soledad.

Completamos la visita con un recorrido por el museo, donde se exhibe parte de las numerosas ofrendas dejadas por los fieles, entre las que sobresalen los exvotos.

Para llegar a El Biche Pobre, en Jalatlaco, al otro extremo del centro histórico, tomamos un taxi que nos cobra 15 pesos. No se lo pierdan. Es un lugar de comida típica excelente y con precios accesibles, donde se abre boca con unos chapulines y un mezcal, y si uno es capaz de seguir más allá de la botana puede saborear uno de los siete moles que distinguen al estado. Y es que la botana incluye chorizos y quesillo, tasajo, chicharrón, y ya no me acuerdo qué otras cosas, además, por supuesto, de salsa y tortillas recién hechas.

Una breve caminata hacia donde el sol se oculta nos lleva al Templo y Ex Convento de Santo Domingo (en foto), el conjunto arquitectónico más importante de la ciudad. El templo, y su anexo, la Capllia de Rosario, son obras maestras del barroco mexicano, cuyos interiores, profusamente decorados de oro y yeso policromado, al mismo tiempo nos apabullan y nos transportan a los mundos que imaginaron y vivieron sus creadores. Todo empieza con la bóveda por donde se entra a la iglesia, donde encontramos un árbol genealógico de Santo Domingo. Saliendo del templo, en lo que fue el convento, se encuentran el Museo de las Culturas, el Jardín Etnobotánico y Biblioteca Francisco de Burgoa. Además del templo, cuyo rescate y restauración es ejemplo de lo que puede hacer la sociedad civil, en el museo hay que detenerse en la sala donde se exhiben las piezas encontradas en la Tumba 7 de Monte Albán. No dejen de visitar la biblioteca, que reúne una colección única de incunables.

Imagen del Ex Convento de Santo Domingo en Oaxaca.

Avanzando hacia el centro por el andador Macedonio Alcalá, llegamos al Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, conocido como MACO, que este año celebra su décimo aniversario con un intenso programa que abarca exposiciones, conferencias, conciertos y ediciones. El museo fue fundado por Francisco Toledo y cumple con creces el objetivo central de mostrar al mundo la obra de los jóvenes pintores locales, al mismo tiempo que muestra a los oaxaqueños la obra de los artistas jóvenes del mundo.

Ahora nos asomamos a una joyería en la que tenemos oportunidad de ver cómo los artesanos trabajan en la reproducción de algunas de las piezas halladas en Monte Albán. El andador termina en la Av. Independencia, donde se encuentra el antiguo edificio de la Universidad, que alguna vez fue el Instituto de Ciencias y Artes del Estado en el que estudió Benito Juárez. Doblamos hacia la izquierda y a una cuadra encontramos el Teatro Macedonio Alcalá, bella muestra de la arquitectura porfiriana. Por cierto, hay que anotar que Macedonio es nada menos que el autor del Dios nunca muere, que en Oaxaca es tanto o más que un himno.

Cae la noche. Caminamos hacia el norte hasta Abasolo, donde está lo que fuera el Convento de Santa Catalina de Siena y hoy es un exclusivo hotel, que supo habilitar patios y refectorios para la instalación de alberca y comedores, manteniendo la famosa estructura de sus lavaderos. En la antigua capilla se ha acondicionado una especie de foro y restaurante en donde se escenifica la fiesta de la Guelaguetza ante un auditorio que mayormente paga en dólares. Como se sabe, la Guelaguetza es una fiesta que se inició en 1932, cuando la ciudad de Oaxaca cumplía 400 años, en la que se presentan atuendos y bailes de las diferentes regiones del estado y que –hay que reconocerlo– se ha convertido en una verdadera tradición.

DOMINGO

Aunque la zona de los Portales del Zócalo de la ciudad se ha vuelto muy exclusiva, aún es posible encontrar sitios donde tomar un buen café y unos tamales, para no perder nuestra tradición de desayunos céntricos.

Como de cualquier manera vamos por ese rumbo, y todos van a preguntar si vimos el Árbol del Tule cuando sepan que estuvimos en Oaxaca, hacemos una breve escala para rendir tributo a este monumento de la naturaleza cuya visita consiste en una vuelta guiada por niños acreditados por el municipio para mostrarnos las figuras que la imaginación popular ha venido descubriendo entre sus ramas: el cocodrilo, la cola del pavo real, etcétera.

A un lado del Tule hay un mercado donde, ahora sí, desayunamos más en forma: tlayudas y una refrescante jícara de tejate, bebida preparada con maíz, cacao y pixtle (semilla de mamey molida) disueltos a mano en agua.

Teotitlán, comunidad donde se elaboran tapetes y sarapes, es otra escala obligada, y no de gratis. En efecto, aquí pueden visitarse numerosos talleres donde nos enseñan el proceso de producción desde el borrego hasta la cajuela del carro: cómo se trasquila, se carda, se hila, se tiñe y se teje reproduciendo lo mismo grecas de Mitla que dibujos de Max Escher, que aquí se llama Picasso.

Después de una larga jornada, llegamos a Cuajimoloyas, que forma parte de un importante proyecto de ecoturismo que desarrolla la Organización de Pueblos Mancomunados. Hay que decir que para llegar aquí, después de Teotitlán, se regresa a la carretera núm. 190, y al llegar a Tlacolula se desvía hacia la izquierda, tomando un camino de terracería por donde se sube durante una hora. En Cuaji nos recibe Esteban, quien se encargará de guiarnos por una ruta que nos lleva por bosques de pinos a parajes que ofrecen vistas memorables de valles y montañas, como el Cañón del Coyote, las Gateras y El Calvario. Durante el recorrido, Esteban nos muestra ejemplares de la flora de la región, y nos explica sus usos y tradiciones: el sauce salix, del que se extrae la aspirina; el chichicaxtle, cuyas hojas rozó algún despistado que aún no se quita el coraje y la comezón, y el aromático poleo, una variedad de menta que sirve lo mismo como afrodisíaco que para curar la cruda.

Aunque se supone que la travesía era leve, de repente alguien se rezagaba, así que estamos comiendo una hora después de lo planeado, en la Comunidad de Benito Juárez. Después de una rica sopa de chícharo, un guisado de pollo y unos frijoles molidos sazonados con poleo, el comisariado de bienes comunales nos cuenta cómo se mancomunaron estos pueblos y cómo ahora cuentan con cabañas construidas con materiales de la región, programas de convivencia con los habitantes de las comunidades, rutas para ciclismo de montaña, observación de aves, guías entrenados, una oficina en Oaxaca y servicio de transporte cómodo hasta la ciudad.

De regreso, agotados, vemos cómo los últimos rayos del sol llegan hasta esta Sierra Norte. Alguien se queja de que realmente estuvimos en peligro; y no falta la que se jacte de haber regresado sin romperse las uñas. Otros hacemos planes para regresar siquiera por unos cuatro días para aprovechar el frío, las cabañas con chimenea y los paisajes donde uno puede quedarse durante horas leyendo, oyendo música o simplemente conviviendo con la naturaleza.

[summary] => Oaxaca es mágica. En ella contrastan vestigios de majestuosas ciudades prehispánicas que cohabitan con imponentes conventos y edificios virreinales. ¡Descúbrela este fin de semana! [format] => filtered_html [safe_value] =>

Cualquier época es buena para pasar un fin de semana en Oaxaca: desde marzo se viste de jacaranda, resaltando el verdor de su característica cantera. En junio vendrá al relevo el flamboyán, cubriendo de rojo a esta ciudad fundada hace 470 años a escondidas de Cortés que logró hacerse dueño del Valle pero no de la ciudad.

VIERNES

Para aprovechar el sábado desde tempranito, nos organizamos de tal manera para llegar en viernes, aunque un poco tardezón. Damos una vuelta por el centro, que aún se ve animado; tomamos un sorbete y nos dirigimos a dejar el equipaje en el Hotel Trébol, que se ubica enfrente del mercado. Casualmente, a unas cuantas puerta, se encuentra La Casa del Mezcal, animado centro de convivencia que generosamente aportará su granito de arena para asegurarnos un buen sueño.

SÁBADO

Aunque Oaxaca ahora cuenta con un mall y un súper de esos para socios, allá por el rumbo del aeropuerto, su mercado–en el mero centro– aún es la espléndida galería de colores, aromas y sabores que, como en pocas otras ciudades, no sólo nos muestra lo que los oaxaqueños reciben del campo para llevarlo a la cocina, sino todo un conjunto de artesanías que abarcan la manufactura de huipiles, hamacas y piezas de barro. Si a eso se suman las artes de la cocina regional y un agradable entorno, se entenderá por qué somos tantos los que a esta hora estamos aquí sentados esperando el desayuno. Y ahí les va: primero chocolate y una rebanada de marquesote, y luego, simplemente, huevos con un chorizo que les va a hacer darse cuenta de lo que se habían perdido, acompañados con frijoles y totopos untados con asiento.

Diez kilómetros al sur de la ciudad floreció hace 1,200 años la capital zapoteca, cuyos restos ocupan 40 000 m2 de una planicie habilitada por sus constructores en la punta de un cerro que domina los Valles Centrales. Monte Albán es uno de los más impresionantes y famosos sitios arqueológicos del país, tanto por su estratégico emplazamiento y sus señoriales construcciones en las que se mezclan influencias olmecas y mayas, como por el descubrimiento, en 1932, de los tesoros de la Tumba 7 que hoy podemos admirar en diferentes museos. Iniciar la visita por el museo de sitio le dará un panorama general de lo que tendrán oportunidad de apreciar en ese majestuoso sitio.

Nos encontramos ahora al poniente de la ciudad para visitar uno de sus templos emblemáticos, el de su santa patrona, Nuestra Señora de la Soledad, muy cerca del puesto de avanzada que los aztecas tuvieron en el Valle. Cuenta la leyenda que la imagen que allí se venera apareció milagrosamente en el sitio a lomos de una mulita, lo que dio lugar a sucesivas remodelaciones de la ermita que allí se encontraba, originalmente consagrada a San Sebastián. La actual construcción se remonta al siglo XVII y ostenta la más bella fachada barroca de la ciudad, en forma de biombo, presidida por un bajorrelieve de la Virgen a los pies de la cruz. Una hermosa tradición dicta que para pedir su protección, los fieles pasen por debajo del elegante manto negro de la Virgen de la Soledad.

Completamos la visita con un recorrido por el museo, donde se exhibe parte de las numerosas ofrendas dejadas por los fieles, entre las que sobresalen los exvotos.

Para llegar a El Biche Pobre, en Jalatlaco, al otro extremo del centro histórico, tomamos un taxi que nos cobra 15 pesos. No se lo pierdan. Es un lugar de comida típica excelente y con precios accesibles, donde se abre boca con unos chapulines y un mezcal, y si uno es capaz de seguir más allá de la botana puede saborear uno de los siete moles que distinguen al estado. Y es que la botana incluye chorizos y quesillo, tasajo, chicharrón, y ya no me acuerdo qué otras cosas, además, por supuesto, de salsa y tortillas recién hechas.

Una breve caminata hacia donde el sol se oculta nos lleva al Templo y Ex Convento de Santo Domingo (en foto), el conjunto arquitectónico más importante de la ciudad. El templo, y su anexo, la Capllia de Rosario, son obras maestras del barroco mexicano, cuyos interiores, profusamente decorados de oro y yeso policromado, al mismo tiempo nos apabullan y nos transportan a los mundos que imaginaron y vivieron sus creadores. Todo empieza con la bóveda por donde se entra a la iglesia, donde encontramos un árbol genealógico de Santo Domingo. Saliendo del templo, en lo que fue el convento, se encuentran el Museo de las Culturas, el Jardín Etnobotánico y Biblioteca Francisco de Burgoa. Además del templo, cuyo rescate y restauración es ejemplo de lo que puede hacer la sociedad civil, en el museo hay que detenerse en la sala donde se exhiben las piezas encontradas en la Tumba 7 de Monte Albán. No dejen de visitar la biblioteca, que reúne una colección única de incunables.

Imagen del Ex Convento de Santo Domingo en Oaxaca.

Avanzando hacia el centro por el andador Macedonio Alcalá, llegamos al Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, conocido como MACO, que este año celebra su décimo aniversario con un intenso programa que abarca exposiciones, conferencias, conciertos y ediciones. El museo fue fundado por Francisco Toledo y cumple con creces el objetivo central de mostrar al mundo la obra de los jóvenes pintores locales, al mismo tiempo que muestra a los oaxaqueños la obra de los artistas jóvenes del mundo.

Ahora nos asomamos a una joyería en la que tenemos oportunidad de ver cómo los artesanos trabajan en la reproducción de algunas de las piezas halladas en Monte Albán. El andador termina en la Av. Independencia, donde se encuentra el antiguo edificio de la Universidad, que alguna vez fue el Instituto de Ciencias y Artes del Estado en el que estudió Benito Juárez. Doblamos hacia la izquierda y a una cuadra encontramos el Teatro Macedonio Alcalá, bella muestra de la arquitectura porfiriana. Por cierto, hay que anotar que Macedonio es nada menos que el autor del Dios nunca muere, que en Oaxaca es tanto o más que un himno.

Cae la noche. Caminamos hacia el norte hasta Abasolo, donde está lo que fuera el Convento de Santa Catalina de Siena y hoy es un exclusivo hotel, que supo habilitar patios y refectorios para la instalación de alberca y comedores, manteniendo la famosa estructura de sus lavaderos. En la antigua capilla se ha acondicionado una especie de foro y restaurante en donde se escenifica la fiesta de la Guelaguetza ante un auditorio que mayormente paga en dólares. Como se sabe, la Guelaguetza es una fiesta que se inició en 1932, cuando la ciudad de Oaxaca cumplía 400 años, en la que se presentan atuendos y bailes de las diferentes regiones del estado y que –hay que reconocerlo– se ha convertido en una verdadera tradición.

DOMINGO

Aunque la zona de los Portales del Zócalo de la ciudad se ha vuelto muy exclusiva, aún es posible encontrar sitios donde tomar un buen café y unos tamales, para no perder nuestra tradición de desayunos céntricos.

Como de cualquier manera vamos por ese rumbo, y todos van a preguntar si vimos el Árbol del Tule cuando sepan que estuvimos en Oaxaca, hacemos una breve escala para rendir tributo a este monumento de la naturaleza cuya visita consiste en una vuelta guiada por niños acreditados por el municipio para mostrarnos las figuras que la imaginación popular ha venido descubriendo entre sus ramas: el cocodrilo, la cola del pavo real, etcétera.

A un lado del Tule hay un mercado donde, ahora sí, desayunamos más en forma: tlayudas y una refrescante jícara de tejate, bebida preparada con maíz, cacao y pixtle (semilla de mamey molida) disueltos a mano en agua.

Teotitlán, comunidad donde se elaboran tapetes y sarapes, es otra escala obligada, y no de gratis. En efecto, aquí pueden visitarse numerosos talleres donde nos enseñan el proceso de producción desde el borrego hasta la cajuela del carro: cómo se trasquila, se carda, se hila, se tiñe y se teje reproduciendo lo mismo grecas de Mitla que dibujos de Max Escher, que aquí se llama Picasso.

Después de una larga jornada, llegamos a Cuajimoloyas, que forma parte de un importante proyecto de ecoturismo que desarrolla la Organización de Pueblos Mancomunados. Hay que decir que para llegar aquí, después de Teotitlán, se regresa a la carretera núm. 190, y al llegar a Tlacolula se desvía hacia la izquierda, tomando un camino de terracería por donde se sube durante una hora. En Cuaji nos recibe Esteban, quien se encargará de guiarnos por una ruta que nos lleva por bosques de pinos a parajes que ofrecen vistas memorables de valles y montañas, como el Cañón del Coyote, las Gateras y El Calvario. Durante el recorrido, Esteban nos muestra ejemplares de la flora de la región, y nos explica sus usos y tradiciones: el sauce salix, del que se extrae la aspirina; el chichicaxtle, cuyas hojas rozó algún despistado que aún no se quita el coraje y la comezón, y el aromático poleo, una variedad de menta que sirve lo mismo como afrodisíaco que para curar la cruda.

Aunque se supone que la travesía era leve, de repente alguien se rezagaba, así que estamos comiendo una hora después de lo planeado, en la Comunidad de Benito Juárez. Después de una rica sopa de chícharo, un guisado de pollo y unos frijoles molidos sazonados con poleo, el comisariado de bienes comunales nos cuenta cómo se mancomunaron estos pueblos y cómo ahora cuentan con cabañas construidas con materiales de la región, programas de convivencia con los habitantes de las comunidades, rutas para ciclismo de montaña, observación de aves, guías entrenados, una oficina en Oaxaca y servicio de transporte cómodo hasta la ciudad.

De regreso, agotados, vemos cómo los últimos rayos del sol llegan hasta esta Sierra Norte. Alguien se queja de que realmente estuvimos en peligro; y no falta la que se jacte de haber regresado sin romperse las uñas. Otros hacemos planes para regresar siquiera por unos cuatro días para aprovechar el frío, las cabañas con chimenea y los paisajes donde uno puede quedarse durante horas leyendo, oyendo música o simplemente conviviendo con la naturaleza.

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Oaxaca es mágica. En ella contrastan vestigios de majestuosas ciudades prehispánicas que cohabitan con imponentes conventos y edificios virreinales. ¡Descúbrela este fin de semana!

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En el contexto social representó un resumen de las condiciones tanto materiales, como! filosóficas de la ciencia de todauna época.   

El hallazgo de la Tumba 7 fue espectacular, sobre todo por la magnífica ofrenda, compuesta por más de 400 piezas de materiales tan variados como oro, plata, cobre, obsidiana, turquesa, coral, hueso y cristal de roca, utilizados como materia prima para realizar collares, pendientes, narigueras, orejeras, pectorales, mosaicos, diademas, cráneos decorados y huesos tallados al estilo códice.  La narración del momento del hallazgo hecha por Alfonso Caso, afirma el carácter romántico y aventurero de los inicios de la arqueología mexicana, y nos hacen envidiarle el hecho de "haber encontrado su tesoro". 

La difusión que se le dio a este magnífico hallazgo trascendió las fronteras nacionales para darse a conocer en todo el orbe. Esta difusión se apoyó en los nuevos avances tecnológicos: la radio, el telégrafo, y los ferrocarriles, medios relevantes de toda una época ubicada entre las dos guerras mundiales.  El ambiente social que se vivía en el mundo de la ciencia arqueológica indudablemente influyó en el éxito de la expedición encabezada por don Alfonso Caso. Testimonio de éste es el telegrama que envió notificando el hallazgo y solicitando a la vez ayuda en los siguientes términos: 

Asunto: descubierta tumba más importante América, enviaré detalles. Urge salgan hoy, si es posible, Marquina, Borbolla y Eulalia Guzmán. C. Alfonso Caso. Arqueólogo. 13 de enero, 1932  El ingeniero Ignacio Marquina pasó a la historia como una pieza clave en la historia de la arquitectura y urbanismo mesoamericanos; a él le debemos el único intento que se ha hecho por recopilar toda la arquitectura prehispánica en una sola obra. Daniel Rubín de la Borbolla fue uno de los primeros antropólogos físicos de México. 

Eulalia Guzmán, la constante asistente profesional de Caso, nos legó, no sólo un entusiasmo innato por el trabajo de campo en condiciones sumamente adversas, sino el ejemplo de que la arqueología no debía ser considerada como una actividad eminentemente masculina. La presencia de Eulalia Guzmán en el mundo de la arqueología de Mesoamérica, y particularmente la de María Lombardo, esposa de Alfonso Caso, en la exploración de la Tumba 7 de Monte Álbán, reivindicaron muy tempranamente la importancia de la participación de la mujer en los equipos arqueológicos. El llamado de Caso a estos renombrados colegas nos permite entender que el mundo de la arqueología de los años treinta en México estaba conformado por un pequeño círculo de prestigiados estudiosos que estaban muy al tanto de los escasos proyectos que se desarrollaban en el momento y que se mostraban además siempre dispuestos para auxiliar al colega que lo necesitara. 

El proyecto de Monte Albán reunió así al equipo más sólido de arqueólogos, arquitectos y dibujantes que se haya dado en la historia de la arqueología mexicana.  Contó entre sus asistentes, además de los ya mencionados a Jorge R. Acosta, Ignacio Bernal, Juan Valenzuela y José Reygadas Vértiz.  Tanto Acosta como Bernal, principales discípulos de Caso, se convirtieron a la postre en representantes de la arqueología mexicana por haber sido los más prominentes restauradores de la arqueología monumental mesoamericana durante toda esa época.   

En el momento del descubrimiento de la Tumba 7, en Monte Albán, el quehacer del arqueólogo era reconocido y apoyado como un verdadero compromiso nacional. Así lo demuestran las constancias de presentación que le eran otorgadas a don Alfonso Caso, mismas que iban dirigidas a las autoridades civiles y militares”...a fin de que se sirvan prestarle la protección y ayuda necesarias para su labor". Esta actitud significa que el arqueólogo llevaba consigo todo el apoyo que podía otorgar el gobierno federal y que además, disponía de importantes presupuestos para explorar, consolidar y restaurar, sin tener que preocuparse por el fin del sexenio presidencial. 

El ejemplo específico de la exploración de la Tumba 7 y el resto de la ciudad prehispánica de Monte Albán trascendió varios sexenios, habiendo durado 18 temporadas anuales. Se inició en el difícil período de la recesión económica internacional aprovechando el hecho de que México era un país no desarrollado, el gobierno federal, en especial el de Lázaro Cárdenas, invirtió durante los años cuarenta, importantes recursos en el desarrollo de centros culturales como Monte Albán, mientras que los países ricos gastaban en armamento y en tecnología de guerra. 

El hecho de haber sido el descubridor del invaluable tesoro de la Tumba 7, obligó a Alfonso Caso a dar una interpretación oficial de su contenido. Atreverse a sugerir tempranamente que el contenido de la tumba era en realidad un enterramiento y una ofrenda mixtecos le acarrearon severas críticas, no sólo entre la población común, sino también en el sector académico. En un ambiente acostumbrado al histórico centralismo azteca, maya y tolteca, ¿cómo podía alguien atreverse a afirmar que una cultura menor fuera capaz de desarrollar tal perfección? Al respecto, Thomas Atole del Museo Británico de Londres consideró a las manifestaciones mixteco-zapotecas como de “...una fuerte y permeable influencia maya primitiva”. 

A través de la radio, los periódicos y aún a través de cartas personales, Caso recibió el rechazo a sus hipótesis, se le calificó de mentiroso y hasta de haber falsificado y traficado con las joyas. Su obstinación por afiliar el tesoro a esa “cultura menor” le costó un largo proceso de descrédito del que sólo su incuestionable rigor académico lo salvó.  Caso repetía entre sus amigos que el descubrimiento de la Tumba 7 se debió a un mero accidente, ya que una vaca hundió su pata trasera en la misma, y por tanto, en el hallazgo no había razón para buscar el mérito científico. La labor del arqueólogo se revela, decía, cuando logra explicar lo que ha encontrado. Esta explicación le tomó a Caso treinta largos años de análisis y estudios, tras los cuales ofreció al mundo las pruebas contundentes del origen mixteco de los vestigios descubiertos. 

Así, debemos entender también que el descubrimiento de la Tumba 7, no únicamente le acarreó a Alfonso Caso fama internacional y renombre científico, también le granjeó una serie de problemas personales. Aunque siempre se distinguió por ser un colega cordial y generoso, la sombra de la Tumba 7 lo aisló en un reto personal que tardó muchos años en resolver.  Las muertes prematuras de sus principales colaboradores lo dejaron solo con el problema; sin embargo, su inquebrantable disciplina científica lo llevó a analizar milímetro a milímetro los detalles de cada pieza y descifrar cabalmente la iconografía mixteca. Así el mundo tuvo que esperar más de tres décadas antes de conocer la real riqueza del descubrimiento.  En su libro El tesoro de Monte Albán, en el que finalmente describe el contenido de la Tumba 7, Alfonso Caso nos enseña, sobre todo, que el valor del hallazgo arqueológico se manifiesta exclusivamente a través del ejercicio científico de la interpretación.   

Fuente: México en el Tiempo No. 23. Marzo-abril 1998

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En el contexto social representó un resumen de las condiciones tanto materiales, como! filosóficas de la ciencia de todauna época.   

El hallazgo de la Tumba 7 fue espectacular, sobre todo por la magnífica ofrenda, compuesta por más de 400 piezas de materiales tan variados como oro, plata, cobre, obsidiana, turquesa, coral, hueso y cristal de roca, utilizados como materia prima para realizar collares, pendientes, narigueras, orejeras, pectorales, mosaicos, diademas, cráneos decorados y huesos tallados al estilo códice.  La narración del momento del hallazgo hecha por Alfonso Caso, afirma el carácter romántico y aventurero de los inicios de la arqueología mexicana, y nos hacen envidiarle el hecho de "haber encontrado su tesoro". 

La difusión que se le dio a este magnífico hallazgo trascendió las fronteras nacionales para darse a conocer en todo el orbe. Esta difusión se apoyó en los nuevos avances tecnológicos: la radio, el telégrafo, y los ferrocarriles, medios relevantes de toda una época ubicada entre las dos guerras mundiales.  El ambiente social que se vivía en el mundo de la ciencia arqueológica indudablemente influyó en el éxito de la expedición encabezada por don Alfonso Caso. Testimonio de éste es el telegrama que envió notificando el hallazgo y solicitando a la vez ayuda en los siguientes términos: 

Asunto: descubierta tumba más importante América, enviaré detalles. Urge salgan hoy, si es posible, Marquina, Borbolla y Eulalia Guzmán. C. Alfonso Caso. Arqueólogo. 13 de enero, 1932  El ingeniero Ignacio Marquina pasó a la historia como una pieza clave en la historia de la arquitectura y urbanismo mesoamericanos; a él le debemos el único intento que se ha hecho por recopilar toda la arquitectura prehispánica en una sola obra. Daniel Rubín de la Borbolla fue uno de los primeros antropólogos físicos de México. 

Eulalia Guzmán, la constante asistente profesional de Caso, nos legó, no sólo un entusiasmo innato por el trabajo de campo en condiciones sumamente adversas, sino el ejemplo de que la arqueología no debía ser considerada como una actividad eminentemente masculina. La presencia de Eulalia Guzmán en el mundo de la arqueología de Mesoamérica, y particularmente la de María Lombardo, esposa de Alfonso Caso, en la exploración de la Tumba 7 de Monte Álbán, reivindicaron muy tempranamente la importancia de la participación de la mujer en los equipos arqueológicos. El llamado de Caso a estos renombrados colegas nos permite entender que el mundo de la arqueología de los años treinta en México estaba conformado por un pequeño círculo de prestigiados estudiosos que estaban muy al tanto de los escasos proyectos que se desarrollaban en el momento y que se mostraban además siempre dispuestos para auxiliar al colega que lo necesitara. 

El proyecto de Monte Albán reunió así al equipo más sólido de arqueólogos, arquitectos y dibujantes que se haya dado en la historia de la arqueología mexicana.  Contó entre sus asistentes, además de los ya mencionados a Jorge R. Acosta, Ignacio Bernal, Juan Valenzuela y José Reygadas Vértiz.  Tanto Acosta como Bernal, principales discípulos de Caso, se convirtieron a la postre en representantes de la arqueología mexicana por haber sido los más prominentes restauradores de la arqueología monumental mesoamericana durante toda esa época.   

En el momento del descubrimiento de la Tumba 7, en Monte Albán, el quehacer del arqueólogo era reconocido y apoyado como un verdadero compromiso nacional. Así lo demuestran las constancias de presentación que le eran otorgadas a don Alfonso Caso, mismas que iban dirigidas a las autoridades civiles y militares”...a fin de que se sirvan prestarle la protección y ayuda necesarias para su labor". Esta actitud significa que el arqueólogo llevaba consigo todo el apoyo que podía otorgar el gobierno federal y que además, disponía de importantes presupuestos para explorar, consolidar y restaurar, sin tener que preocuparse por el fin del sexenio presidencial. 

El ejemplo específico de la exploración de la Tumba 7 y el resto de la ciudad prehispánica de Monte Albán trascendió varios sexenios, habiendo durado 18 temporadas anuales. Se inició en el difícil período de la recesión económica internacional aprovechando el hecho de que México era un país no desarrollado, el gobierno federal, en especial el de Lázaro Cárdenas, invirtió durante los años cuarenta, importantes recursos en el desarrollo de centros culturales como Monte Albán, mientras que los países ricos gastaban en armamento y en tecnología de guerra. 

El hecho de haber sido el descubridor del invaluable tesoro de la Tumba 7, obligó a Alfonso Caso a dar una interpretación oficial de su contenido. Atreverse a sugerir tempranamente que el contenido de la tumba era en realidad un enterramiento y una ofrenda mixtecos le acarrearon severas críticas, no sólo entre la población común, sino también en el sector académico. En un ambiente acostumbrado al histórico centralismo azteca, maya y tolteca, ¿cómo podía alguien atreverse a afirmar que una cultura menor fuera capaz de desarrollar tal perfección? Al respecto, Thomas Atole del Museo Británico de Londres consideró a las manifestaciones mixteco-zapotecas como de “...una fuerte y permeable influencia maya primitiva”. 

A través de la radio, los periódicos y aún a través de cartas personales, Caso recibió el rechazo a sus hipótesis, se le calificó de mentiroso y hasta de haber falsificado y traficado con las joyas. Su obstinación por afiliar el tesoro a esa “cultura menor” le costó un largo proceso de descrédito del que sólo su incuestionable rigor académico lo salvó.  Caso repetía entre sus amigos que el descubrimiento de la Tumba 7 se debió a un mero accidente, ya que una vaca hundió su pata trasera en la misma, y por tanto, en el hallazgo no había razón para buscar el mérito científico. La labor del arqueólogo se revela, decía, cuando logra explicar lo que ha encontrado. Esta explicación le tomó a Caso treinta largos años de análisis y estudios, tras los cuales ofreció al mundo las pruebas contundentes del origen mixteco de los vestigios descubiertos. 

Así, debemos entender también que el descubrimiento de la Tumba 7, no únicamente le acarreó a Alfonso Caso fama internacional y renombre científico, también le granjeó una serie de problemas personales. Aunque siempre se distinguió por ser un colega cordial y generoso, la sombra de la Tumba 7 lo aisló en un reto personal que tardó muchos años en resolver.  Las muertes prematuras de sus principales colaboradores lo dejaron solo con el problema; sin embargo, su inquebrantable disciplina científica lo llevó a analizar milímetro a milímetro los detalles de cada pieza y descifrar cabalmente la iconografía mixteca. Así el mundo tuvo que esperar más de tres décadas antes de conocer la real riqueza del descubrimiento.  En su libro El tesoro de Monte Albán, en el que finalmente describe el contenido de la Tumba 7, Alfonso Caso nos enseña, sobre todo, que el valor del hallazgo arqueológico se manifiesta exclusivamente a través del ejercicio científico de la interpretación.   

Fuente: México en el Tiempo No. 23. Marzo-abril 1998

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El descubrimiento de la Tumba 7 en Monte Albán, Oaxaca, el 9 de enero de 1932, es indudablemente un marcador temporal de la arqueología mexicana que significó, entre otras cosas, el inicio de la exploración de la arquitectura: arqueológica monumental en México.

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A partir de la prohibición de la caza de tortugas, los habitantes de Mazunte encontraron alternativas que les han permitido crear fuentes de trabajo para la mayoría de ellos

Estar en Mazunte durante el verano es como penetrar en un sueño profundo de un paraíso rico en color y sonido. El mantra de las olas del océano. El mantra de las olas del océano que se apresuran para alcanzar la orilla de la playa, acompaña un oculto coro de grillos que cantan para exaltar la puesta de sol. La oscuridad llega muy lentamente. La luz tiene una cualidad lírica creando poesía visual más allá de lo que pudiera tocar. muchachos jugando fútbol en un campo polvoroso y la sombreada huerta atrás de ellos, nubes borrascosas formando caprichosas figuras sobre las frondosas y verdes montañas, una hilera de palapas de palma mirando hacia una playa casi desierta. Ubicado en la costa de Oaxaca, entre Puerto Escondido y Puerto Angel, el pueblo de Mazunte es una joya poco conocida. En 1990, debido a presiones internacionales para poner un hasta aquí a la matanza de tortugas de mar, el gobierno de México aprobó una ley que prohíbe indefinidamente la caza de tortugas de cualquier especie. No obstante haber sido reconocido mundialmente como una victoria ecológica, este hecho causó efectos devastadores en esta pequeña comunidad, cuya economía se desarrollaba alrededor de la industria de la tortuga; en consecuencia, de la noche a la mañana las familias se separaron, ya que los hombres tuvieron que salir en busca de empleo.

Las iniciativas de la comunidad y la participación de Ecosolar, una organización ambiental fundada en la Ciudad de México, hicieron posible el desarrollo de un plan de educación ambiental, reforestación y ecoturismo. Así a finales de 1993, residentes del lugar con el apoyo de esta organización y del Programa de Acción Forestal Tropical, habían plantado cerca de 6 000 árboles de diversas clases y variedades; diez familias habían construido un bungalow modelo con materiales tradicionales de la región como palma y adobe, destinado a los visitantes.

De esta manera, los viajeros aventureros pronto comenzaron a gozar de la hospitalidad de la gente de Mazunte, pues fácilmente podían alojarse con una familia, deleitarse con comida casera y salir al mar con pescadores del lugar.

Ese mismo año, Anita Roddick, fundadora y ejecutiva de The Body Shop (cuarta empresa más importante de Inglaterra, según Forbes) fue invitada a visitar el lugar. Impresionada por los esfuerzos de la comunidad expresó en aquella ocasión: "Nosotros (The Body Shop) tenemos la firme creencia de que la fuerza de la iniciativa económica de la comunidad puede influir y cambiar vidas, nuestra participación en estas comunidades consiste en alentar estas iniciativas", dice.

Al principio se pensó en hacer de Mazunte un socio mercantil, proveyendo a The Body Shop con materiales orgánicos para sus productos de baño y cuerpo. Eventualmente la idea se transformó en la creación de Cosméticos Naturales de Mazunte, una empresa cooperativa de 15 familias locales que producirían y negociarían su propia línea de cosméticos; así nació un ejemplo extraordinario de cooperación internacional conocido con el nombre de "El Milagro de Mazunte".

Para algunos pobladores, el Mazunte de hoy no se asemeja en nada al Mazunte de 1990, ya que "todos tienen un trabajo que desempeñar," dice Laurentino Mendoza, presidente de la asociación civil de Desarrollo Turístico. Patricia está de acuerdo al afirmar, "todos nosotros tenemos ahora trabajo.

Muchos de mis parientes que se fueron hace algunos años no pueden creer este cambio, ellos quieren regresar."

Cosméticos Naturales de Mazunte comenzó, en junio de 1996, la producción de su primera línea de shampú, acondicionador, aceite para el cuerpo, crema y desodorante, y muy pronto esperan tener productos nuevos como repelente contra mosquitos a base de plantas naturales, "cintronela" y varios aceites esenciales. Dentro de dos años empezarán a usar extractos de plantas locales sembradas específicamente para este fin. Hoy en día, el visitante de Mazunte puede conocer la fábrica, echar una ojeada por los enormes ventanales que miran los cuartos donde laboran los trabajadores/dueños [nuevamente uniformados], y después pasar por la pintoresca tienda donde venden todos sus productos.

Justo al final del camino de la fábrica, se encuentra el centro de información donde le dirán qué hacer y ver en el área; por ejemplo, se puede nadar, practicar snorquel y pasear por el prístino cabo en Punta Cometa. El Centro Mexicano de la Tortuga, abierto en 1994 por la Secretaría de Recursos Ambientales y cuyo objetivo es la investigación y conservación de la tortuga de mar, está a solo un paso. También vale la pena una visita a la Laguna de Tonamec y a la planta de procesamiento de café Rincón Alegre, conocido como la unión de comunidades indígenas "Cien Años de Soledad". Actualmente existe un ambicioso proyecto por realizarse en cuatro años que consistirá en hacer recorridos por los manglares de la región con fines de educación ambiental y de conservación.

De la variadísima cantidad de destinos de "ecoturismo" que están surgiendo a nivel popular, Mazunte realmente es un lugar aparte. A cada paso del largo camino hacia la reconstrucción económica y social, ellos han visto con buenos ojos el ideal divulgado por la Sociedad de Ecoturismo: "viajar con responsabilidad para conservar el medio ambiente y mantener el bienestar de la gente de la localidad." La gente de la región reconoce que todavía hay mucho por hacer, pero los proyectos comunitarios como los de ellos deben ser manejados con mucho cuidado. Hacer mucho y muy rápido no es la clave del éxito.

Al enfrentarse a la idea moderna del progreso, la mayor parte de los residentes de Mazunte están de acuerdo con que la medida del éxito en el futuro dependerá de su buena voluntad para determinar ciertas restricciones sobre crecimiento. La asociación civil, encabezada por don Laurentino, está haciendo proyectos para la elaboración de reglamentos de construcción que limiten lo que se puede construir, dónde y cómo. Sin embargo, esto sería un impedimento si se aplicara solo a terrenos propiedad de la comunidad. La llamada de atención es para muchas personas que quieren vender sus parcelas a urbanizadores externos por una fuerte suma de dinero. Aunque todo indica que, en el transcurso de seis años, esto no será muy probable.

Dada la determinación y carácter de esta gente respaldada por un impresionante reparto de actores internacionales, Mazunte parece estar destinado a seguir siendo un escaparate idóneo para el ecoturismo. ¡Dejemos que los grillos canten!

SI USTED VA A MAZUNTE

De Oaxaca tome la carretera núm. 175 hacia Puerto Ángel, antes de llegar siga por la carretera núm. 200 hacia Mazunte. También puede viajar a Puerto Escondido vía aérea y de ahí, por la carretera núm. 200, tomar hacia el sur y llegar a Mazunte.

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Estar en Mazunte durante el verano es como penetrar en un sueño profundo de un paraíso rico en color y sonido. El mantra de las olas del océano. El mantra de las olas del océano que se apresuran para alcanzar la orilla de la playa, acompaña un oculto coro de grillos que cantan para exaltar la puesta de sol. La oscuridad llega muy lentamente. La luz tiene una cualidad lírica creando poesía visual más allá de lo que pudiera tocar. muchachos jugando fútbol en un campo polvoroso y la sombreada huerta atrás de ellos, nubes borrascosas formando caprichosas figuras sobre las frondosas y verdes montañas, una hilera de palapas de palma mirando hacia una playa casi desierta. Ubicado en la costa de Oaxaca, entre Puerto Escondido y Puerto Angel, el pueblo de Mazunte es una joya poco conocida. En 1990, debido a presiones internacionales para poner un hasta aquí a la matanza de tortugas de mar, el gobierno de México aprobó una ley que prohíbe indefinidamente la caza de tortugas de cualquier especie. No obstante haber sido reconocido mundialmente como una victoria ecológica, este hecho causó efectos devastadores en esta pequeña comunidad, cuya economía se desarrollaba alrededor de la industria de la tortuga; en consecuencia, de la noche a la mañana las familias se separaron, ya que los hombres tuvieron que salir en busca de empleo.

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De esta manera, los viajeros aventureros pronto comenzaron a gozar de la hospitalidad de la gente de Mazunte, pues fácilmente podían alojarse con una familia, deleitarse con comida casera y salir al mar con pescadores del lugar.

Ese mismo año, Anita Roddick, fundadora y ejecutiva de The Body Shop (cuarta empresa más importante de Inglaterra, según Forbes) fue invitada a visitar el lugar. Impresionada por los esfuerzos de la comunidad expresó en aquella ocasión: "Nosotros (The Body Shop) tenemos la firme creencia de que la fuerza de la iniciativa económica de la comunidad puede influir y cambiar vidas, nuestra participación en estas comunidades consiste en alentar estas iniciativas", dice.

Al principio se pensó en hacer de Mazunte un socio mercantil, proveyendo a The Body Shop con materiales orgánicos para sus productos de baño y cuerpo. Eventualmente la idea se transformó en la creación de Cosméticos Naturales de Mazunte, una empresa cooperativa de 15 familias locales que producirían y negociarían su propia línea de cosméticos; así nació un ejemplo extraordinario de cooperación internacional conocido con el nombre de "El Milagro de Mazunte".

Para algunos pobladores, el Mazunte de hoy no se asemeja en nada al Mazunte de 1990, ya que "todos tienen un trabajo que desempeñar," dice Laurentino Mendoza, presidente de la asociación civil de Desarrollo Turístico. Patricia está de acuerdo al afirmar, "todos nosotros tenemos ahora trabajo.

Muchos de mis parientes que se fueron hace algunos años no pueden creer este cambio, ellos quieren regresar."

Cosméticos Naturales de Mazunte comenzó, en junio de 1996, la producción de su primera línea de shampú, acondicionador, aceite para el cuerpo, crema y desodorante, y muy pronto esperan tener productos nuevos como repelente contra mosquitos a base de plantas naturales, "cintronela" y varios aceites esenciales. Dentro de dos años empezarán a usar extractos de plantas locales sembradas específicamente para este fin. Hoy en día, el visitante de Mazunte puede conocer la fábrica, echar una ojeada por los enormes ventanales que miran los cuartos donde laboran los trabajadores/dueños [nuevamente uniformados], y después pasar por la pintoresca tienda donde venden todos sus productos.

Justo al final del camino de la fábrica, se encuentra el centro de información donde le dirán qué hacer y ver en el área; por ejemplo, se puede nadar, practicar snorquel y pasear por el prístino cabo en Punta Cometa. El Centro Mexicano de la Tortuga, abierto en 1994 por la Secretaría de Recursos Ambientales y cuyo objetivo es la investigación y conservación de la tortuga de mar, está a solo un paso. También vale la pena una visita a la Laguna de Tonamec y a la planta de procesamiento de café Rincón Alegre, conocido como la unión de comunidades indígenas "Cien Años de Soledad". Actualmente existe un ambicioso proyecto por realizarse en cuatro años que consistirá en hacer recorridos por los manglares de la región con fines de educación ambiental y de conservación.

De la variadísima cantidad de destinos de "ecoturismo" que están surgiendo a nivel popular, Mazunte realmente es un lugar aparte. A cada paso del largo camino hacia la reconstrucción económica y social, ellos han visto con buenos ojos el ideal divulgado por la Sociedad de Ecoturismo: "viajar con responsabilidad para conservar el medio ambiente y mantener el bienestar de la gente de la localidad." La gente de la región reconoce que todavía hay mucho por hacer, pero los proyectos comunitarios como los de ellos deben ser manejados con mucho cuidado. Hacer mucho y muy rápido no es la clave del éxito.

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Si me dijeran pide un deseo, preferiría ir a Oaxaca. La tierra que ilumina los caminos –siempre ancestrales– que nunca olvidas. Lugar de ilusiones que conquistan corazones. Espacio todo cultura. Tiempo permanente de fecunda savia creadora. Ir a Oaxaca es regresar a la semilla, al ideal del hombre y de la naturaleza, reencuentro movilizador de nuestras vidas. Contacto real de la historia no sólo hecha de héroes y mitos, sino de voluntades en vencer miserias humanas junto al reto de existir.

Los hilos ligan entre ellos estados de existencia. La urdimbre une mundos y la trama, desarrollo. Estar en Oaxaca, entre telares, es hilar el tiempo o el destino de un territorio único también, como viajero.

Les cuento que cuando pedí un deseo, se me dio Oaxaca; busqué un transporte cómodo, rápido y económico; busqué dónde quedarme y elegí el Hostal de La Noria, hermoso caserón de principios del siglo pasado, de estilo colonial oaxaqueño, refugio para el más exigente viajero. Reconocido como uno de los hoteles más bonitos y confortables del Centro Histórico, el hostal está a sólo dos cuadras del zócalo de la ciudad. Lugar para el descanso como antaño, al pie de enormes columnatas con bella herrería y muebles antiguos, de ensueño. Desayunar en el patio central no tiene precio, y más, cuando descubrí a escasos 20 metros, el lugar que da comienzo a esta aventura. Justo enfrente, está ubicado el Museo Textil de Oaxaca. Pero todo tiene su principio.

La personalidad del recinto

El edificio que alberga el museo fue parte del antiguo convento de Santo Domingo Soriano, la segunda fundación dominica en América, establecida en 1529. En el siglo XVII, debido a los continuos sismos, la construcción sufrió graves daños; para costear su reconstrucción, los dominicos vendieron parte de sus terrenos a Don Miguel de Bustamante. Entre 1764 y 1771, la propiedad pasó a manos del comerciante y hacendado español Ángel de Antelo y Bermúdez, exportador, nada más y nada menos que de grana, la tinta textil oaxaqueña por excelencia. Don Miguel construyó en esos terrenos su residencia de dos pisos, con fachada de cantera verde y una tremenda puerta labrada. Tiempo después, la casa pasó a las manos de la orden de los betlemitas, de ahí al señor Simeón Martínez –que por poco la destruye– y en 2002, una inmobiliaria con las mismas intenciones que Martínez, la retuvo, hasta que la Fundación Alfredo Harp Helú compró el área del Ex convento de San Pablo y la casa Antelo. Pero todo tiene un propósito...

Universo armónico

Se realizó una extraordinaria restauración para recuperar, conservar y consolidar las edificaciones antiguas que se mantenían en pie; al final se integró al conjunto la Capilla del Rosario, que formó parte del antiguo convento de San Pablo. El patrimonio arquitectónico virreinal se pudo rescatar y en este nuevo espacio recuperado se instaló un flamante museo contemporáneo.

Entrar al Museo Textil de Oaxaca transporta al pasado y eso vivifica. Estamos tan llenos de ideas prefiguradas, de supuestas verdades, que creemos saberlo todo y al final, son puras imaginaciones enmascaradas de conocimiento y niebla. Este viaje por la historia del vestuario a través de las colecciones del museo, rompe cualquier estereotipo; vemos, in situ, un universo de colores, texturas, formas de estar cerca de la naturaleza, y sin querer, comenzamos a convivir armónicamente con la trama universal de ser todos en uno. Testigos y cómplices de nuevas rutas de existir gracias a los recintos sagrados del tejido.

Entre telares y lienzos fuimos descubriendo los espacios: taller de restauración, bodega de textiles, biblioteca, tienda y un centro de enseñanza. Sus exposiciones, memorables, por ejemplo:

– Pinthila, pinturas bordadas por la juchiteca Natividad Amador, que surgen al integrar su hilar y la obra de artistas plásticos oaxaqueños como José Villalobos, Francisco Toledo, Gabriel Macotela, Luis Zárate y Demián Flores, por citar algunos. Impresionante.

– Disfrutamos también de las fibras que atan a México: Izote, del Colectivo de Arte Textil Contemporáneo. El conjunto de obras es el resultado de la combinación de materiales orgánicos: fibra de izote, algodón, plátano, bugambilia, ixtle, alpaca, lana, coyuche, semillas, cáñamo, papel de china, henequén, maíz, bejuco, sanseviera, flor de pitaya, palos de Campeche y Brasil; todo en teñido natural. En este lugar se mezclan no sólo fibras textiles, sino tradición y actualidad, artista rural y urbano, tejido oaxaqueño y otras culturas.

Cuando viajamos, debemos recuperar intuición y olfato, no sólo de pan vive el hombre. Para no perder el aliento textil, me fui rumbo a Teotitlán del Valle –espacio sagrado zapoteco–. Aquí viven maestros tejedores que traman tradición y modernidad, sueños y realidades en espléndidos tapetes. Encontré un artista especial, hijo de artesanos. Pero todo tiene su génesis...

Entre sueños y nahuales

Había una vez una de tantas familias, fundadoras de riqueza cultural,formada por Estanislao e Isabel padres de Soledad, Mario, Zoila y un niño especial que aprendió rápidamente a tejer y solito comenzó a diseñar sus sueños y juegos infantiles, Pantaleón Ruiz se llama. No voy a contarles una historia de príncipes y rosas, sino de voluntad de construir destinos creadores a pesar del abandono. Aquí en Teotitlán, de 2,000 años de vida, también llegó la necesidad de emigrar a Estados Unidos para trabajar y ayudar a la familia; sucedió con los bisabuelos, abuelos, y el propio Estanislao, hasta que le llegó a su hijo Pantaleón que se fue de bracero con la cabeza llena de duendes y se llevó el río y los fantasmas zapotecos. Este hombre además de buscar el dinero necesario para el hogar, encontró “del otro lado”, la necesidad de pintar, estudiar y combinar telar y lienzo. Fuimos a su casa-taller y encontramos a una familia como en los buenos tiempos, aquellos que vivían artísticamente nuestros abuelos; ustedes pueden ser testigos pues este hogar recibe a cuantos estén interesados en la artesanía y el arte que se respira por los cuatro costados. Aquí se funde el misterio zapoteca y la practicidad posmoderna de hilvanar pasados con presentes, sobre cualquier superficie inspiradora.

Pantaleón trabaja desde el cuerpo, literalmente. Me cuenta que abandonó los pinceles por sus manos y pies, dejó la academia y regresó a la fuente salvaje –de ser libre– retomando a sus ensoñados espíritus. Ha expuesto su obra en San Rafael y San Francisco California, Texas, Oregon, Oaxaca, y la Ciudad de México; este año vuela a Europa lleno de sueños y nahuales. Entré a Teotitlán del Valle admirando sus creaciones textiles y salí fascinado con Pantaleón y sus visitaciones profanas de auténticas rupturas.

Siempre hay un regreso, depende del viaje inicial, y Oaxaca regalará transformaciones, detonará nuevos caminos espirituales.  No dejen pasar una experiencia semejante, siempre les estará esperando.

Si me dijeran una vez más pide un deseo, desearía ir a Oaxaca, tierra de fina trama.

Cómo llegar

Para Teotitlán del Valle desde Oaxaca de Juárez, toma la carretera Panamericana y en el Km 11, hacia el este, en dirección al Istmo de Tehuantepec, encontrarás esta maravilla.

Contactos

Hostal de La Noria
Av. Hidalgo 918, esquina Fiallo, Centro Histórico.
Tels. 01 (951) 501 5400 y 01 800 202 3920.

Museo Textil de Oaxaca
Calle Hidalgo 917, esquina Fiallo.
Tel. 01 (951) 501 1104.

¿Conoces el Museo Textil de Oaxaca? Cuéntanos tu experiencia... ¡Comenta esta nota!

[summary] => Descubre en la ciudad de Oaxaca, el fantástico universo tejido de Natividad Amador, artista cuya original obra está inspirada en los famosos diseños de Francisco Toledo. ¡Admírala en un singular museo! [format] => filtered_html [safe_value] =>

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Los hilos ligan entre ellos estados de existencia. La urdimbre une mundos y la trama, desarrollo. Estar en Oaxaca, entre telares, es hilar el tiempo o el destino de un territorio único también, como viajero.

Les cuento que cuando pedí un deseo, se me dio Oaxaca; busqué un transporte cómodo, rápido y económico; busqué dónde quedarme y elegí el Hostal de La Noria, hermoso caserón de principios del siglo pasado, de estilo colonial oaxaqueño, refugio para el más exigente viajero. Reconocido como uno de los hoteles más bonitos y confortables del Centro Histórico, el hostal está a sólo dos cuadras del zócalo de la ciudad. Lugar para el descanso como antaño, al pie de enormes columnatas con bella herrería y muebles antiguos, de ensueño. Desayunar en el patio central no tiene precio, y más, cuando descubrí a escasos 20 metros, el lugar que da comienzo a esta aventura. Justo enfrente, está ubicado el Museo Textil de Oaxaca. Pero todo tiene su principio.

La personalidad del recinto

El edificio que alberga el museo fue parte del antiguo convento de Santo Domingo Soriano, la segunda fundación dominica en América, establecida en 1529. En el siglo XVII, debido a los continuos sismos, la construcción sufrió graves daños; para costear su reconstrucción, los dominicos vendieron parte de sus terrenos a Don Miguel de Bustamante. Entre 1764 y 1771, la propiedad pasó a manos del comerciante y hacendado español Ángel de Antelo y Bermúdez, exportador, nada más y nada menos que de grana, la tinta textil oaxaqueña por excelencia. Don Miguel construyó en esos terrenos su residencia de dos pisos, con fachada de cantera verde y una tremenda puerta labrada. Tiempo después, la casa pasó a las manos de la orden de los betlemitas, de ahí al señor Simeón Martínez –que por poco la destruye– y en 2002, una inmobiliaria con las mismas intenciones que Martínez, la retuvo, hasta que la Fundación Alfredo Harp Helú compró el área del Ex convento de San Pablo y la casa Antelo. Pero todo tiene un propósito...

Universo armónico

Se realizó una extraordinaria restauración para recuperar, conservar y consolidar las edificaciones antiguas que se mantenían en pie; al final se integró al conjunto la Capilla del Rosario, que formó parte del antiguo convento de San Pablo. El patrimonio arquitectónico virreinal se pudo rescatar y en este nuevo espacio recuperado se instaló un flamante museo contemporáneo.

Entrar al Museo Textil de Oaxaca transporta al pasado y eso vivifica. Estamos tan llenos de ideas prefiguradas, de supuestas verdades, que creemos saberlo todo y al final, son puras imaginaciones enmascaradas de conocimiento y niebla. Este viaje por la historia del vestuario a través de las colecciones del museo, rompe cualquier estereotipo; vemos, in situ, un universo de colores, texturas, formas de estar cerca de la naturaleza, y sin querer, comenzamos a convivir armónicamente con la trama universal de ser todos en uno. Testigos y cómplices de nuevas rutas de existir gracias a los recintos sagrados del tejido.

Entre telares y lienzos fuimos descubriendo los espacios: taller de restauración, bodega de textiles, biblioteca, tienda y un centro de enseñanza. Sus exposiciones, memorables, por ejemplo:

– Pinthila, pinturas bordadas por la juchiteca Natividad Amador, que surgen al integrar su hilar y la obra de artistas plásticos oaxaqueños como José Villalobos, Francisco Toledo, Gabriel Macotela, Luis Zárate y Demián Flores, por citar algunos. Impresionante.

– Disfrutamos también de las fibras que atan a México: Izote, del Colectivo de Arte Textil Contemporáneo. El conjunto de obras es el resultado de la combinación de materiales orgánicos: fibra de izote, algodón, plátano, bugambilia, ixtle, alpaca, lana, coyuche, semillas, cáñamo, papel de china, henequén, maíz, bejuco, sanseviera, flor de pitaya, palos de Campeche y Brasil; todo en teñido natural. En este lugar se mezclan no sólo fibras textiles, sino tradición y actualidad, artista rural y urbano, tejido oaxaqueño y otras culturas.

Cuando viajamos, debemos recuperar intuición y olfato, no sólo de pan vive el hombre. Para no perder el aliento textil, me fui rumbo a Teotitlán del Valle –espacio sagrado zapoteco–. Aquí viven maestros tejedores que traman tradición y modernidad, sueños y realidades en espléndidos tapetes. Encontré un artista especial, hijo de artesanos. Pero todo tiene su génesis...

Entre sueños y nahuales

Había una vez una de tantas familias, fundadoras de riqueza cultural,formada por Estanislao e Isabel padres de Soledad, Mario, Zoila y un niño especial que aprendió rápidamente a tejer y solito comenzó a diseñar sus sueños y juegos infantiles, Pantaleón Ruiz se llama. No voy a contarles una historia de príncipes y rosas, sino de voluntad de construir destinos creadores a pesar del abandono. Aquí en Teotitlán, de 2,000 años de vida, también llegó la necesidad de emigrar a Estados Unidos para trabajar y ayudar a la familia; sucedió con los bisabuelos, abuelos, y el propio Estanislao, hasta que le llegó a su hijo Pantaleón que se fue de bracero con la cabeza llena de duendes y se llevó el río y los fantasmas zapotecos. Este hombre además de buscar el dinero necesario para el hogar, encontró “del otro lado”, la necesidad de pintar, estudiar y combinar telar y lienzo. Fuimos a su casa-taller y encontramos a una familia como en los buenos tiempos, aquellos que vivían artísticamente nuestros abuelos; ustedes pueden ser testigos pues este hogar recibe a cuantos estén interesados en la artesanía y el arte que se respira por los cuatro costados. Aquí se funde el misterio zapoteca y la practicidad posmoderna de hilvanar pasados con presentes, sobre cualquier superficie inspiradora.

Pantaleón trabaja desde el cuerpo, literalmente. Me cuenta que abandonó los pinceles por sus manos y pies, dejó la academia y regresó a la fuente salvaje –de ser libre– retomando a sus ensoñados espíritus. Ha expuesto su obra en San Rafael y San Francisco California, Texas, Oregon, Oaxaca, y la Ciudad de México; este año vuela a Europa lleno de sueños y nahuales. Entré a Teotitlán del Valle admirando sus creaciones textiles y salí fascinado con Pantaleón y sus visitaciones profanas de auténticas rupturas.

Siempre hay un regreso, depende del viaje inicial, y Oaxaca regalará transformaciones, detonará nuevos caminos espirituales.  No dejen pasar una experiencia semejante, siempre les estará esperando.

Si me dijeran una vez más pide un deseo, desearía ir a Oaxaca, tierra de fina trama.

Cómo llegar

Para Teotitlán del Valle desde Oaxaca de Juárez, toma la carretera Panamericana y en el Km 11, hacia el este, en dirección al Istmo de Tehuantepec, encontrarás esta maravilla.

Contactos

Hostal de La Noria
Av. Hidalgo 918, esquina Fiallo, Centro Histórico.
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Museo Textil de Oaxaca
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1. Admira la arquitectura religiosa de la ciudad

El edificio religioso más importante de la ciudad es, sin duda, la Catedral. Su fachada está construida en cantera verde y sobre ella luce una docena de finísimas esculturas y estupendos relieves en tonos rojizos (el más espectacular es el relieve central, dedicado a la Virgen de la Asunción). Otro magnífico conjunto eclesial de la capital oaxaqueña es la Iglesia de la Compañía de Jesús, robusto edificio de fines del siglo XVI, dotado con imponentes portadas barrocas. Finalmente, sobre la avenida Independencia, no dejes de admirar la increíble Basílica de la Soledad, considerada por muchos especialistas como la obra maestra del barroco mexicano en la región sur del país. ¡Simplemente te encantará!

2. Conoce el Ex Convento de Santo Domingo

Este magnífico conjunto, edificado entre 1555 y 1666, alberga dos áreas: el templo y el convento. La fachada del templo es una obra renacentista. En el interior, los decorados barrocos son una explosión de forma y colores. El convento actualmente aloja al Centro Cultural Santo Domingo, donde residen el Museo de la Culturas de Oaxaca, la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, la Hemeroteca Pública de Oaxaca y el Jardín Etnobotánico. ¡No dejes de conocerlos!

3. Pasea por la Plaza de la Constitución

Sembrada con fresnos en el siglo XVIII, la Plaza de la Constitución es un hermoso conjunto enmarcado por elegantes portales construidos en 1529. Durante la época de Maximiliano se sabe que se mandó levantar en ella un curioso quiosco que sería sustituido por otro durante el Porfiriato. En la Plaza de la Constitución o Plaza central, te podrás sentar a tomar un chocolate, un café o una cerveza y disfrutar de los deliciosos platillos que se ofrecen en cualquiera de los restaurantes que se alojan en los portales. ¡Una apacible experiencia que debes vivir!

4. Prueba el sabor de los mercados

El Mercado Benito Juárez está ubicado a una cuadra al sur del zócalo. Además de nieves y aguas frescas, encontrarás productos artesanales de cuero, sombreros y cuchillería. El Mercado 20 de Noviembre es mejor conocido como el “mercado de comida” por sus puestos que son prácticamente fondas. Los imperdibles: tlayudas con tasajo, enchiladas de mole, pan de yema, chocolate con agua, chapulines, queso fresco y quesillo.

5. Visita el Andador Macedonio Alcalá

Es el núcleo turístico de la ciudad de Oaxaca. En este hermoso rincón de Oaxaca encontrarás museos, galerías de arte, boutiques, hoteles, restaurantes, centros de estudio, tiendas de artesanías (no dejes de comprar el típico alebrije o una deliciosa botella de mezcal) y mucho más.

¿Has visitado la capital de Oaxaca? Cuéntanos tu experiencia... ¡Comenta esta nota!

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Este magnífico conjunto, edificado entre 1555 y 1666, alberga dos áreas: el templo y el convento. La fachada del templo es una obra renacentista. En el interior, los decorados barrocos son una explosión de forma y colores. El convento actualmente aloja al Centro Cultural Santo Domingo, donde residen el Museo de la Culturas de Oaxaca, la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, la Hemeroteca Pública de Oaxaca y el Jardín Etnobotánico. ¡No dejes de conocerlos!

3. Pasea por la Plaza de la Constitución

Sembrada con fresnos en el siglo XVIII, la Plaza de la Constitución es un hermoso conjunto enmarcado por elegantes portales construidos en 1529. Durante la época de Maximiliano se sabe que se mandó levantar en ella un curioso quiosco que sería sustituido por otro durante el Porfiriato. En la Plaza de la Constitución o Plaza central, te podrás sentar a tomar un chocolate, un café o una cerveza y disfrutar de los deliciosos platillos que se ofrecen en cualquiera de los restaurantes que se alojan en los portales. ¡Una apacible experiencia que debes vivir!

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El Mercado Benito Juárez está ubicado a una cuadra al sur del zócalo. Además de nieves y aguas frescas, encontrarás productos artesanales de cuero, sombreros y cuchillería. El Mercado 20 de Noviembre es mejor conocido como el “mercado de comida” por sus puestos que son prácticamente fondas. Los imperdibles: tlayudas con tasajo, enchiladas de mole, pan de yema, chocolate con agua, chapulines, queso fresco y quesillo.

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¿Piensas viajar a esta capital colonial, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO? Aquí te dejamos cinco básicos para disfrutar de su arquitectura, cultura y deliciosa gastronomía.

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¡La ciudad de Oaxaca es un destino muy completo! Es de esos lugares que, aunque ya hayas ido alguna vez, no dudas en regresar. No sabes en realidad, qué es lo que más te atrapa de ella… los impresionantes sitios arqueológicos tan cercanos, su centro histórico -Patrimonio de la Humanidad-, el ambiente cosmopolita de sus calles peatonales, la hospitalidad de su gente, la creatividad y refinamiento de sus artesanías, sus colores o acaso también su excelsa gastronomía.

Como en muchas partes de México se puede comer bien casi en cada esquina. Ya lo sabíamos, pero nos dimos una vuelta para hacer una pequeña ruta gastronómica que aquí te detallamos.

Mucho más que mole

La cocina oaxaqueña, hermanada a las fiestas y a su calendario, se ha ido enriqueciendo a través del tiempo con una enorme variedad de platillos, y de éstos, los moles representan la expresión más acabada de su refinamiento. Hubo de transcurrir mucho tiempo para que las circunstancias amalgamaran la herencia de latinos y arábigos, traída de España. A partir de la Conquista se inició el matrimonio entre el ajo y el chile mulato; el aceite y el miltomate; el anís y el jitomate; los cacahuates y las almendras tostadas; las hojas de aguacate asadas y la pizca de comino; la mejorana y el chocolate, y la hoja santa y el tomillo. Aunque haya mucho más que mole y eso lo sabemos bien, no puede evitarse estar en una mesa del Mercado 20 de noviembre y pedir un poco de los siete famosos: negro, colorado, coloradito, chichilo, verde, amarillo y mancha mantel. Al probarlos habrás descubierto, sin proponértelo, uno de los íntimos secretos del pueblo oaxaqueño. Por supuesto, las compras en el mercado no pueden fallar. Tu bolsa se llenará de pasta de al menos cuatro variedades de mole, de algunas barras de chocolate, pan tradicional y algunos dulces típicos como el jamoncillo de Juquila, que es una mezcla de piloncillo y corozo. Busca el puesto de Jaqueline Sánchez, una experta en ingredientes, es de esas personas que no se guardan las recetas, al contrario comparten, como todos los oaxaqueños lo hacen y bien.

Ya que estando en el mercado, nos llevan casi de la mano a probar las aguas frescas de Casilda. Este puesto tiene nada menos que 81 años y es toda una experiencia. Nada más de ver cómo preparan esas bebidas regionales que salen de enormes ollas de barro de 180 litros. En un gran vaso ponen un poco de aguamiel, trocitos de melón, horchata de almendra, tuna batida y para terminar, nuez. Además tienen de chilacayota, horchata de arroz con chía, con kiwi, con guanábana y muchas otras. Platicamos un rato con las nietas de doña Casilda, Berta y Socorro, quienes nos contaron que el busto de su emprendedora abuela está en la Casa de Cultura, junto con otras mujeres importantes de Oaxaca como María Sabina y doña Rosa, quien inventó el fluido con el que se bruñe el barro negro para que brille.

Qué bien hacía mi papá cuando decía que la visita obligada a un lugar es el mercado, ya que ahí se te da, como bien resumido, mucho de lo que es su gente y costumbres. Platica siempre con la gente, te dejará más que una guía turística de bolsillo.

Dando unos pasos, el delicioso olor nos llevó hasta un humeante pasillo. Los tenderetes de carnes, entre ellos el famoso tasajo (corte oaxaqueño de pulpa de res ligeramente salado), no son como en otros mercados, ya que junto a cada uno hay un fogón prendido con una parrilla. Eliges tu carne y ahí mismo te la asan. ¡Imagínate ese olor! También hay chorizo, longaniza y otros cortes. Te lo dan en una canasta con enormes y delgadas tortillas de maíz, hechas a mano, por supuesto, y se puede comer en unas mesitas que están ahí junto. El puesto de Legumbres Michelle te da lo único que podría hacer falta: salsas de todas, aguacate y ensaladas. ¡Una comida completa y apenas era mediodía!

Saliendo del mercado pasamos a la iglesia de San Juan de Dios, la primera catedral que tuvo Oaxaca, que casualmente estaba de fiesta, así que nos tocó una procesión. Tan sólo en el centro de esta ciudad hay 29 iglesias, no capillas, iglesias. Esto es impresionante. La suma a nivel de estado es de mil y muchas de ellas son verdaderos tesoros de diferentes épocas y estilos arquitectónicos.

Cacao en la venas

Las regiones que produjeron cacao fueron en las que se desarrollaron importantes centros ceremoniales como Veracruz, Tabasco, Chiapas, Morelos, Guerrero, Michoacán y por supuesto, Oaxaca. El cacao estaba presente en cada aspecto de su vida, ya que aparte de ser alimento, se usaba como medicina y sus semillas fueron utilizadas como monedas en el sistema de trueque.

El centro huele a muchas cosas ricas, entre ellas, a chocolate. Por eso nos metimos a uno de los lugares donde se puede ver cómo muelen el cacao con canela, almendra y azúcar. Lo especial de este lugar, Chocolate el Mayordomo, es que puedes pedir tu mezcla según para que vayas a utilizarlo, para el mole, para repostería, para tomarlo con agua, con leche, en fin, así vimos a las personas sentadas en banquitas esperando su pedido, frente a esos aromáticos molinos. También venden sus productos en diferentes presentaciones y se puede degustar en pasta (aún calientita) y en malteada. Todo delicioso.

Después los portales nos invitaron a sentarnos para tomar un refrigerio y disfrutar de la música que nunca falta a cualquier hora del día y la noche. Los oaxaqueños tienen vena artística para todo. Platicamos un ratito con el señor Luis Arellano, natural de la Mixteca, de San Pedro Teozacoalco. Él toca la trompeta frente a los portales desde hace varios años y lo hace estupendamente. Se pasa un rato muy agradable tomando una cerveza, observando a la gente que disfruta de la plaza principal, buscando la sombra de sus hermosos laureles de la india.

No se siente uno aún en Oaxaca, si no va al Templo de Santo Domingo de Guzmán, conjunto arquitectónico monumental realizado por los dominicos (de 1555 hasta la segunda mitad del siglo XVIII). Sin duda es una de las más bellas muestras del barroco en México. La mejor hora para tomarle fotos es a partir de las 17:00 horas hasta el anochecer, ya que está bellamente iluminado.

Cocina abierta

Ya teníamos varias horas en Oaxaca y aún no habíamos probado las tlayudas. Era imperdonable. Nuestros anfitriones nos recomendaron el restaurante La Capilla, en Zaachila, a 25 minutos de la ciudad. Es uno de esos lugares que agradeces que existan. De verdad. Es tan cómodo, relajado, agradable y diferente. El tema principal es la cocina abierta. Es decir, tú ves cómo te preparan tu platillo, en una cocina tradicional oaxaqueña, con sus hornos, comales, grandes ollas de barro con los siete tipos de mole. Todo en un espacio enorme con mesas de tronco de árbol y bancas que invitan a convivir con los demás comensales. La bienvenida se da con mezcal, la primera va por cuenta de la casa. Ahí vimos cómo hacen la tortilla utilizada para las tlayudas, y luego cómo eran embadurnadas del famoso asiento, que es manteca de cerdo no refinada con trozos de fritura de chicharrón y carnitas de cerdo. Ya después se le agrega quesillo, aguacate y salsa. O si se quiere algo más completo, puede ponérsele lo que se quiera: tasajo, chorizo, entre otras delicias.

En este restaurante campestre que tiene ya 30 años, hay muchos platillos, pero pedimos el Platón Especial la Capilla que tiene tasajo, costilla, cecina, viuces (víceras de puerco), chile relleno, chorizo, carne frita, memelitas, chapulines, quesillo, salchicha roja, manitas en vinagre, chicharrón y frijoles. Mucho de esto, resultado de la aportación hispánica en la cocina regional. ¡Como para un regimiento! Fueron tan amables que querían que probáramos más platillos, pero nos fue imposible, por obvias razones.

Al regresar a la ciudad tuvimos que caminar un buen rato para hacer bien la digestión, cosa que fue por demás apacible. Por la noche le recomendamos recorrer las calles peatonales que adquieren nueva vida, sobre todo los fines de semana.

Más maíz y la bebida de los dioses

Para continuar esta experiencia gastronómica salimos de la ciudad rumbo a Santa María el Tule, el tradicional paseo dominguero de quienes viven cerca de ahí. Además de tener el ahuehuete con el diámetro del tronco más grande del mundo, tiene un mercado de antojitos muy recomendable donde probamos las memelas y la barbacoa.

Después nos fuimos al mercado de Tlacolula, algarabía pública, más que tianguis, es una fiesta indígena. No sabíamos ni para dónde voltear. Hay tanto que ver, oler, sentir, comprar… Ahí probamos por fin el tejate, bebida de los dioses y preferida por los oaxaqueños. Un detalle que nos gustó es que lo sirven en jícaras, donde se bebe más fresco. Está preparado con maíz, cacao, flor de cacao y almendra de mamey. Todo va tostado y molido. Al igual que otras bebidas oaxaqueñas, el aguamiel se sirve de un recipiente aparte. Al primer trago se siente un sabor extraño, para el tercero ya comienzas a disfrutarlo. En el puesto nos contaron que esto se hace a diario, ya que se agria de un día para otro. Los clientes no dejaban de llegar y mejor nos fuimos a buscar un lugar en la placita a la sombra de los árboles, junto con muchos locales que hacían lo propio.

Mezcal y chapulines

Para tomar muy buen mezcal nos fuimos a comer a otro restaurante en la carretera Oaxaca-Itsmo, en el entronque del crucero Mitla-Matatlán. Se llama Rancho Zapata. También te dan la bienvenida con bebida representativa de la entidad, el mezcal Benevá, 100% natural. Tiene una carta muy extensa y deliciosa con creaciones muy propias, como la sopa Monte Albán que es un potaje de frijoles, epazote, arroz y cebolla. Pruebe el queso fresco tapizado de chapulines, buenísimo para botanear con el mezcal de la casa. La excelente atención y la vista de la sierra hacen de la estadía en este lugar memorable. ¡Se va la tarde entera!

Nueva cocina oaxaqueña

Ya para terminar con nuestro viaje, buscamos a Alejandro Ruiz, el chef del hotel y restaurante Casa Oaxaca para que nos platicara su experiencia como innovador y precursor de esta nueva corriente oaxaqueña. Hace diez años que comenzó su carrera como chef y ahora es quien en cierta forma dicta las tendencias culinarias de su comunidad. Oriundo de Zimatlán, fue a dar hasta Berlín para extraer todos los secretos de las grandes cocinas gourmet. Amante de su tierra, usa todos los productos regionales con creatividad, pero sobre todo, con mucho respeto y amor. Mientras platicábamos con él, nos ofrecieron unos taquitos hechos con jícama ultra delgada rellenos de chapulines, huitlacoche y quesillo con salsa de miltomate; chile de agua relleno de ceviche con mango bañados en salsa de maracuyá; un filete de huachinango con mermelada de tomate, salsa de limón y alcaparras; y para terminar la degustación nos ofrecieron unas costillitas de cordero con puré de chayote y plátano.

Además de poder paladear las creaciones de Alejandro en Casa Oaxaca –hotel, restaurante y café, todos en diferentes direcciones-, si se es huésped del hotel, tiene la posibilidad de tomar clases de cocina oaxaqueña de uno y dos días con él, cosa que se nos hizo por demás divertida e interesante. El hombre no para y nosotros no parábamos de sorprendernos por lo mucho que Oaxaca sigue y sigue ofreciendo al visitante mexicano y extranjero, que busca de nuevas formas de disfrutar de ciertos destinos como éste que como dijimos, tiene de todo, pero que siempre es bueno regresar y vivir nuevas experiencias, no sólo la cultural o arqueológica, también ahora el turismo culinario ha dado paso a una nueva forma de viajar y de convivir con la gente local que es la que al fin y al cabo la que le da ese valor agregado a los paseos. Una sonrisa, una receta, una explicación de cómo y dónde crece cierta planta que ves en tu plato, se aprecia más que una estadía en una gran cadena internacional, sin duda alguna.

Dónde dormir

Hotel Casa Oaxaca
García Vigil 407, Centro Histórico.
Tel.: 01 (951) 514 4173

Hostal de La Noria
Av. Hidalgo 918 esquina Fiallo, Centro Histórico.
Tel.: 01 (951) 501 5400.

Dónde comer

Casa Oaxaca el Restaurante
Constitución 104-A, Centro Histórico.
Tel.: 01 (951) 516 8889

La Capilla
Carretera Oaxaca-Zaachila km 14.5

Rancho Zapata
Km. 42 Carretera Oaxaca-Istmo.
Entronque crucero Mitla-Matatlán. Mitla, Oaxaca.

Contactos

Chocolate Mayordomo de Oaxaca
Fray Bartolomé de las Casas 777, Centro.
Tel.: 01 (951) 516 1619

Agencia Transportador Turística Ayuso
5 de Mayo 215, Centro
Tel.: 01 (951) 514 0055
www.viajesoaxaca.com

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¡La ciudad de Oaxaca es un destino muy completo! Es de esos lugares que, aunque ya hayas ido alguna vez, no dudas en regresar. No sabes en realidad, qué es lo que más te atrapa de ella… los impresionantes sitios arqueológicos tan cercanos, su centro histórico -Patrimonio de la Humanidad-, el ambiente cosmopolita de sus calles peatonales, la hospitalidad de su gente, la creatividad y refinamiento de sus artesanías, sus colores o acaso también su excelsa gastronomía.

Como en muchas partes de México se puede comer bien casi en cada esquina. Ya lo sabíamos, pero nos dimos una vuelta para hacer una pequeña ruta gastronómica que aquí te detallamos.

Mucho más que mole

La cocina oaxaqueña, hermanada a las fiestas y a su calendario, se ha ido enriqueciendo a través del tiempo con una enorme variedad de platillos, y de éstos, los moles representan la expresión más acabada de su refinamiento. Hubo de transcurrir mucho tiempo para que las circunstancias amalgamaran la herencia de latinos y arábigos, traída de España. A partir de la Conquista se inició el matrimonio entre el ajo y el chile mulato; el aceite y el miltomate; el anís y el jitomate; los cacahuates y las almendras tostadas; las hojas de aguacate asadas y la pizca de comino; la mejorana y el chocolate, y la hoja santa y el tomillo. Aunque haya mucho más que mole y eso lo sabemos bien, no puede evitarse estar en una mesa del Mercado 20 de noviembre y pedir un poco de los siete famosos: negro, colorado, coloradito, chichilo, verde, amarillo y mancha mantel. Al probarlos habrás descubierto, sin proponértelo, uno de los íntimos secretos del pueblo oaxaqueño. Por supuesto, las compras en el mercado no pueden fallar. Tu bolsa se llenará de pasta de al menos cuatro variedades de mole, de algunas barras de chocolate, pan tradicional y algunos dulces típicos como el jamoncillo de Juquila, que es una mezcla de piloncillo y corozo. Busca el puesto de Jaqueline Sánchez, una experta en ingredientes, es de esas personas que no se guardan las recetas, al contrario comparten, como todos los oaxaqueños lo hacen y bien.

Ya que estando en el mercado, nos llevan casi de la mano a probar las aguas frescas de Casilda. Este puesto tiene nada menos que 81 años y es toda una experiencia. Nada más de ver cómo preparan esas bebidas regionales que salen de enormes ollas de barro de 180 litros. En un gran vaso ponen un poco de aguamiel, trocitos de melón, horchata de almendra, tuna batida y para terminar, nuez. Además tienen de chilacayota, horchata de arroz con chía, con kiwi, con guanábana y muchas otras. Platicamos un rato con las nietas de doña Casilda, Berta y Socorro, quienes nos contaron que el busto de su emprendedora abuela está en la Casa de Cultura, junto con otras mujeres importantes de Oaxaca como María Sabina y doña Rosa, quien inventó el fluido con el que se bruñe el barro negro para que brille.

Qué bien hacía mi papá cuando decía que la visita obligada a un lugar es el mercado, ya que ahí se te da, como bien resumido, mucho de lo que es su gente y costumbres. Platica siempre con la gente, te dejará más que una guía turística de bolsillo.

Dando unos pasos, el delicioso olor nos llevó hasta un humeante pasillo. Los tenderetes de carnes, entre ellos el famoso tasajo (corte oaxaqueño de pulpa de res ligeramente salado), no son como en otros mercados, ya que junto a cada uno hay un fogón prendido con una parrilla. Eliges tu carne y ahí mismo te la asan. ¡Imagínate ese olor! También hay chorizo, longaniza y otros cortes. Te lo dan en una canasta con enormes y delgadas tortillas de maíz, hechas a mano, por supuesto, y se puede comer en unas mesitas que están ahí junto. El puesto de Legumbres Michelle te da lo único que podría hacer falta: salsas de todas, aguacate y ensaladas. ¡Una comida completa y apenas era mediodía!

Saliendo del mercado pasamos a la iglesia de San Juan de Dios, la primera catedral que tuvo Oaxaca, que casualmente estaba de fiesta, así que nos tocó una procesión. Tan sólo en el centro de esta ciudad hay 29 iglesias, no capillas, iglesias. Esto es impresionante. La suma a nivel de estado es de mil y muchas de ellas son verdaderos tesoros de diferentes épocas y estilos arquitectónicos.

Cacao en la venas

Las regiones que produjeron cacao fueron en las que se desarrollaron importantes centros ceremoniales como Veracruz, Tabasco, Chiapas, Morelos, Guerrero, Michoacán y por supuesto, Oaxaca. El cacao estaba presente en cada aspecto de su vida, ya que aparte de ser alimento, se usaba como medicina y sus semillas fueron utilizadas como monedas en el sistema de trueque.

El centro huele a muchas cosas ricas, entre ellas, a chocolate. Por eso nos metimos a uno de los lugares donde se puede ver cómo muelen el cacao con canela, almendra y azúcar. Lo especial de este lugar, Chocolate el Mayordomo, es que puedes pedir tu mezcla según para que vayas a utilizarlo, para el mole, para repostería, para tomarlo con agua, con leche, en fin, así vimos a las personas sentadas en banquitas esperando su pedido, frente a esos aromáticos molinos. También venden sus productos en diferentes presentaciones y se puede degustar en pasta (aún calientita) y en malteada. Todo delicioso.

Después los portales nos invitaron a sentarnos para tomar un refrigerio y disfrutar de la música que nunca falta a cualquier hora del día y la noche. Los oaxaqueños tienen vena artística para todo. Platicamos un ratito con el señor Luis Arellano, natural de la Mixteca, de San Pedro Teozacoalco. Él toca la trompeta frente a los portales desde hace varios años y lo hace estupendamente. Se pasa un rato muy agradable tomando una cerveza, observando a la gente que disfruta de la plaza principal, buscando la sombra de sus hermosos laureles de la india.

No se siente uno aún en Oaxaca, si no va al Templo de Santo Domingo de Guzmán, conjunto arquitectónico monumental realizado por los dominicos (de 1555 hasta la segunda mitad del siglo XVIII). Sin duda es una de las más bellas muestras del barroco en México. La mejor hora para tomarle fotos es a partir de las 17:00 horas hasta el anochecer, ya que está bellamente iluminado.

Cocina abierta

Ya teníamos varias horas en Oaxaca y aún no habíamos probado las tlayudas. Era imperdonable. Nuestros anfitriones nos recomendaron el restaurante La Capilla, en Zaachila, a 25 minutos de la ciudad. Es uno de esos lugares que agradeces que existan. De verdad. Es tan cómodo, relajado, agradable y diferente. El tema principal es la cocina abierta. Es decir, tú ves cómo te preparan tu platillo, en una cocina tradicional oaxaqueña, con sus hornos, comales, grandes ollas de barro con los siete tipos de mole. Todo en un espacio enorme con mesas de tronco de árbol y bancas que invitan a convivir con los demás comensales. La bienvenida se da con mezcal, la primera va por cuenta de la casa. Ahí vimos cómo hacen la tortilla utilizada para las tlayudas, y luego cómo eran embadurnadas del famoso asiento, que es manteca de cerdo no refinada con trozos de fritura de chicharrón y carnitas de cerdo. Ya después se le agrega quesillo, aguacate y salsa. O si se quiere algo más completo, puede ponérsele lo que se quiera: tasajo, chorizo, entre otras delicias.

En este restaurante campestre que tiene ya 30 años, hay muchos platillos, pero pedimos el Platón Especial la Capilla que tiene tasajo, costilla, cecina, viuces (víceras de puerco), chile relleno, chorizo, carne frita, memelitas, chapulines, quesillo, salchicha roja, manitas en vinagre, chicharrón y frijoles. Mucho de esto, resultado de la aportación hispánica en la cocina regional. ¡Como para un regimiento! Fueron tan amables que querían que probáramos más platillos, pero nos fue imposible, por obvias razones.

Al regresar a la ciudad tuvimos que caminar un buen rato para hacer bien la digestión, cosa que fue por demás apacible. Por la noche le recomendamos recorrer las calles peatonales que adquieren nueva vida, sobre todo los fines de semana.

Más maíz y la bebida de los dioses

Para continuar esta experiencia gastronómica salimos de la ciudad rumbo a Santa María el Tule, el tradicional paseo dominguero de quienes viven cerca de ahí. Además de tener el ahuehuete con el diámetro del tronco más grande del mundo, tiene un mercado de antojitos muy recomendable donde probamos las memelas y la barbacoa.

Después nos fuimos al mercado de Tlacolula, algarabía pública, más que tianguis, es una fiesta indígena. No sabíamos ni para dónde voltear. Hay tanto que ver, oler, sentir, comprar… Ahí probamos por fin el tejate, bebida de los dioses y preferida por los oaxaqueños. Un detalle que nos gustó es que lo sirven en jícaras, donde se bebe más fresco. Está preparado con maíz, cacao, flor de cacao y almendra de mamey. Todo va tostado y molido. Al igual que otras bebidas oaxaqueñas, el aguamiel se sirve de un recipiente aparte. Al primer trago se siente un sabor extraño, para el tercero ya comienzas a disfrutarlo. En el puesto nos contaron que esto se hace a diario, ya que se agria de un día para otro. Los clientes no dejaban de llegar y mejor nos fuimos a buscar un lugar en la placita a la sombra de los árboles, junto con muchos locales que hacían lo propio.

Mezcal y chapulines

Para tomar muy buen mezcal nos fuimos a comer a otro restaurante en la carretera Oaxaca-Itsmo, en el entronque del crucero Mitla-Matatlán. Se llama Rancho Zapata. También te dan la bienvenida con bebida representativa de la entidad, el mezcal Benevá, 100% natural. Tiene una carta muy extensa y deliciosa con creaciones muy propias, como la sopa Monte Albán que es un potaje de frijoles, epazote, arroz y cebolla. Pruebe el queso fresco tapizado de chapulines, buenísimo para botanear con el mezcal de la casa. La excelente atención y la vista de la sierra hacen de la estadía en este lugar memorable. ¡Se va la tarde entera!

Nueva cocina oaxaqueña

Ya para terminar con nuestro viaje, buscamos a Alejandro Ruiz, el chef del hotel y restaurante Casa Oaxaca para que nos platicara su experiencia como innovador y precursor de esta nueva corriente oaxaqueña. Hace diez años que comenzó su carrera como chef y ahora es quien en cierta forma dicta las tendencias culinarias de su comunidad. Oriundo de Zimatlán, fue a dar hasta Berlín para extraer todos los secretos de las grandes cocinas gourmet. Amante de su tierra, usa todos los productos regionales con creatividad, pero sobre todo, con mucho respeto y amor. Mientras platicábamos con él, nos ofrecieron unos taquitos hechos con jícama ultra delgada rellenos de chapulines, huitlacoche y quesillo con salsa de miltomate; chile de agua relleno de ceviche con mango bañados en salsa de maracuyá; un filete de huachinango con mermelada de tomate, salsa de limón y alcaparras; y para terminar la degustación nos ofrecieron unas costillitas de cordero con puré de chayote y plátano.

Además de poder paladear las creaciones de Alejandro en Casa Oaxaca –hotel, restaurante y café, todos en diferentes direcciones-, si se es huésped del hotel, tiene la posibilidad de tomar clases de cocina oaxaqueña de uno y dos días con él, cosa que se nos hizo por demás divertida e interesante. El hombre no para y nosotros no parábamos de sorprendernos por lo mucho que Oaxaca sigue y sigue ofreciendo al visitante mexicano y extranjero, que busca de nuevas formas de disfrutar de ciertos destinos como éste que como dijimos, tiene de todo, pero que siempre es bueno regresar y vivir nuevas experiencias, no sólo la cultural o arqueológica, también ahora el turismo culinario ha dado paso a una nueva forma de viajar y de convivir con la gente local que es la que al fin y al cabo la que le da ese valor agregado a los paseos. Una sonrisa, una receta, una explicación de cómo y dónde crece cierta planta que ves en tu plato, se aprecia más que una estadía en una gran cadena internacional, sin duda alguna.

Dónde dormir

Hotel Casa Oaxaca
García Vigil 407, Centro Histórico.
Tel.: 01 (951) 514 4173

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Contactos

Chocolate Mayordomo de Oaxaca
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El estado de Oaxaca ofrece una de las cocinas más exquisitas de todo el país. Disfruta, en este singular recorrido por mercados, locales y restaurantes, del inigualable sabor de sus platillos típicos más representativos.

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8 cosas que comprar en Oaxaca

México Desconocido

Enero 17, 2012

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