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Atotonilquillo, en el agua caliente (Guanajuato)

Por: Federico Vargas Somoza

La región del Bajío es rica, entre muchas otras cosas, en vestigios históricos, cuya presencia indica la importancia que esta zona tuvo en el desarrollo socioeconómico y cultural de nuestro país.

De entre estos vestigios sobresalen los de las antiguas haciendas agro-ganaderas que se encuentran diseminadas por todo el fértil territorio abajeño, y de las cuales constituye un buen ejemplo el casco de la ex hacienda de Atotonilquillo, en el actual municipio de Manuel Doblado, en Guanajuato.

Ubicada en el lado sur de la carretera Manuel Doblado-Arandas, esta hacienda tuvo su origen en una merced de tierras que en 1613 hiciera el virrey marqués de Guadalcázar al bachiller Diego de la Rosa, quien un año después decide venderlas a Pedro Calderón. A los pocos días de haber adquirido estos sitios para ganado menor, Pedro Calderón los dona al Colegio Jesuita de Valladolid, junto con otros que el mismo Calderón comprara, posteriormente, con ese mismo fin.

De esta manera los jesuitas se fueron haciendo de una enorme cantidad de tierras, ya que en los años subsecuentes continuaron recibiendo donaciones, como las que les hicieran Pedro de Cuéllar en 1615 y Gerónimo de Aranda en 1617, además de que los mismos sacerdotes le compraron a Esteban de Anda algunos sitios y caballerías en 1650, con lo que hasta ese año sumaban ya 22 sitios para ganado menor y 9 caballerías. Por otra parte, en 1653 los jesuitas solicitan a doña Catalina de Castilla que les rente 19 sitios más, entre los que se encontraban los de “La Concepción”, “Piedra Gorda”, “El Paso del Licenciado”, “La Loma del Macho” y “San Cristóbal”.

Bajo la acertada administración de los sacerdotes, la ya conocida hacienda de Atotonilquillo llegó a tener un gran desarrollo, por lo que extrañó mucho que en abril de 1703 fuera vendida a la famosa y adinerada Mariscala de Castilla, doña Juana de Luna y Arellano; a partir de entonces Atotonilquillo pasó a engrosar la lista de bienes de la familia de doña Juana, hasta que, hacia 1770, la relatoría de poseedores de la hacienda nos muestra a Pedro Luciano de Otero como su propietario. Éste era dueño, además, de la mina de Valenciana y de las haciendas de San José del Comedero y de la de Santa Guadalupe de la Cueva.

Mientras estuvo en poder de Pedro Luciano de Otero, Atotonilquillo llegó a crecer aún más con la anexión de las vecinas haciendas de Ayo el Grande y Milpillas. Al morir De Otero, en 1788, todos sus bienes pasaron a ser administrados por su hermano Manuel Antonio de Otero, quien locamente aficionado a las empresas mineras comenzó a despilfarrar el dinero de su difunto hermano, motivo por el que María Francisca Sánchez Dovalina, viuda de Pedro Luciano, le retira los bienes y le confía la administración a su nuevo esposo, José Antonio del Mazo.

A la muerte de María Francisca en 1793, Del Mazo decide rentarle la hacienda de Atotonilquillo a Manuel Ignacio García, con la consigna de que construyera una presa y un molino de trigo. En el tiempo que estuvo rentada, a la hacienda se le construyó la amplia casa y la bella capilla que se conserva hasta nuestros días, así como varias trojes y otras dependencias.

Entre los actuales habitantes del lugar existe la idea de que la capilla y la casa fueron construidas por el insigne arquitecto guanajuatense Eduardo Tresguerras, y de que José Antonio Torres, ilustre caudillo insurgente mejor conocido como el “Amo Torres”, fue administrador de la hacienda antes de que se iniciara la lucha independentista, aunque de esto no existen datos que lo confirmen.

En nuestros días, el propietario del casco de Atotonilquillo, don Salvador León Oñate, mantiene en muy buen estado la mayor parte de la construcción y permite que todo aquel curioso que se detenga en la finca, visite el interior de la casa si lo desea. La capilla del lugar todavía ofrece servicios religiosos el último jueves de cada mes, y a unos cuantos metros al poniente, sobre la misma carretera, se puede disfrutar de un buen chapuzón en lo que en tiempos de bonanza fue el baño termal del hacendado, el cual aún se conserva en magníficas condiciones. Cabe aclarar que el nombre de la hacienda es de origen náhuatl y se debe a este pequeño manantial de aguas termales, ya que se traduciría como “en el agua caliente” (de atl, “agua”, totonilli, “caliente” y co, “locativo”).

SI USTED VA A ATOTONILQUILLO

De la ciudad de León, Guanajuato, se toma la carretera núm. 37 que conduce a Manuel Doblado, y a unos 12 km de distancia se llega a la ex hacienda de Atotonilquillo, la cual cuenta con un pequeño balneario termal y una que otra tienda de abarrotes; los demás servicios se pueden encontrar en Manuel Doblado.

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