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Bordados para la Virgen de la Caridad (Tlaxcala)

Por: Araceli B

El silencio cubre la plaza de la iglesia y una paciente espera se vive alrededor, la quema del copal perfuma con su fuerte aroma el ambiente y más allá el repique de las campanas nos recuerda que es la fiesta del pueblo para venerar a su Virgen de la Caridad.

Es el 14 de agosto en Huamantla, Tlaxcala, día en que se realizan los preparativos para festejar por la noche a la Virgen de la Caridad. La celebración goza de fama por la tradicional forma de concebir la fiesta: tapetes de flores en las calles, peregrinación con la Virgen en la madrugada, danzas prehispánicas, espectáculos culturales, la feria y la “humantlada”. Así es la fiesta de Huamantla, colorida y espectacular, donde ritos tradicionales se mezclan con creencias católicas españolas.

En el atrio de la iglesia hay mucho movimiento pero con un silencio casi ritual. Algunos traen y llevan flores, semillas, frutas, anilinas, aserrín y demás materiales para diseñar los tapetes.

El señor José Hernández Castillo, “el Cheche”, cronista de la ciudad, nos recibe en su casa. Las paredes del patio están tapizadas de esculturas en yeso, son las manos de diferentes personas que datan de 1832 a la fecha.

El señor Hernández nos cuenta parte de la historia del pueblo mostrándonos las copias de códices antiguos. Ahí aparecen los combates entre aztecas y otomíes; entre Hernán Cortés y los indígenas, así como los diferentes recorridos hasta la fundación de Cuauhmantlan, el lugar de los árboles juntos. Además de los otomíes, aquí se formaron diferentes grupos, entre ellos el náhuatl.

Se dice que la forma de caridad cristiana, allá por el siglo XVII, fecha en que llega al pueblo la imagen de la Virgen de la Caridad, se extendió entre los vecinos al unir los actos de culto, como recibir alimentos y ayuda de diferente tipo. A estas obras de misericordia las conocieron como “vamos a la caridad”, y por eso la Virgen de la Asunción devino Virgen de la Caridad, que por más de 300 años se ha venerado en la ciudad.

La fiesta se celebra con los llamativos tapetes floreales que se extienden en las calles por donde pasa la Virgen. Es una tradición prehispánica que expresa el gusto de los indígenas por las flores, como se ve en los códices, donde los guerreros en lugar de armas llevan flores.

“El Cheche” nos lleva a conocer a su hermana Carolina, quien ha seguido la bella tradición de confeccionar los vestidos que la Virgen luce cada año.

La señorita Caro habla poco y sonríe ante nuestras preguntas, explicándonos su dedicación al bordado de los vestidos: “Es una labor que inicié en 1963. La Virgen en aquel entonces tenía sólo el vestido de gala y el de diario. Propuse a algunas compañeras hacerle su vestido en seda blanca con canutillo de oro, y así continuamos por todos estos años la tradición”.

Cada aniversario la señorita Caro, junto con otras mujeres, ofrecen su trabajo de confección, mientras que el vestido es donado por una o varias personas, en algunos casos es una ofrenda por un milagro de la Virgen.

“Yo tuve un problema de fractura en la columna –continúa la señorita Caro–, los doctores me dijeron que no volvería a caminar. Tiempo después me tomaron unas placas y me dijeron que los huesos ya estaban llenos de cartílagos. Desde entonces prometí a la Virgen bordarle sus vestidos.”

Los vestidos se bordan con canutillo de oro importado de Alemania, y cada vestido lleva alrededor de medio kilo de oro; las telas son de raso o seda blanca, la hechura toma alrededor de tres meses, y en ella participan 12 personas que trabajan a turnos por las mañanas y las tardes.

Los diseños de los vestidos se basan sobre todo en los códices de Huamantla. Tenemos el ejemplo del vestido de 1878, en el que aparecen magnolias o yoloxóchitl, que los otomíes ofrendaban a la diosa Xochiquetzal. El vestido del 2000 está basado en el jubileo y en el lienzo que Carlos V entregó en 1528 a los huamantlecos, en él aparece el símbolo de Huamantla, con la abundancia de árboles, flora y fauna, con las casitas otomíes y náhuatl, la serpiente, el venado, los magueyes y las cinco palomas representando los cinco continentes.

En su libro Las lunitas, Elena Poniatowska dedica a Caro y a las demás mujeres algunos fragmentos aludiendo que en cada puntada de bordado se escapa una oración. Caro sonríe y nos dice que las sesiones son muy divertidas porque alrededor del bastidor se platica y se cuentan chistes, dándole color a esta labor basada en el amor y la fe.

El 13 de agosto, el sacerdote baja a la Virgen de su nicho y la ofrece a las bordadoras para que, apartadas y en silencio, la limpien y cambien su vestido para dejarla lista para la fiesta. Se evitan los aceites para limpiarla, y siguiendo el consejo de un escultor utilizan jugo de tomate verde. Las mujeres realizan esta actividad teniendo el privilegio de estar dos horas con ella procurándole su devoción.

En el pasado, la cabellera de la Virgen no era muy agradable, por lo que alguien donó el cabello y con los años se hizo tradición. Por lo común, el cabello es donado por las niñas que eligen una fecha para cortárselo.

En un futuro se abrirá el museo de los vestidos, en los que se leerán retazos iconográficos de la historia mestiza de Huamantla.

En la madrugada del 15 de agosto, al finalizar la misa, la salida de la Virgen a la calle es espectacular: fuegos de artificio iluminan el cielo, la valla de niñas vestidas de blanco se alinean a lo largo de los tapices; la gente se acerca cada vez más al paso del carro alegórico donde va la Virgen. Los fieles han esperado horas para admirarla, la emoción es indescriptible, la imagen parece cobrar vida, hermosamente vestida, con los brazos abiertos. La Virgen se aleja y la gente va detrás con los cirios encendidos en las manos, caminando sobre las alfombras de flores.

La noche se hace menos brillante y más silenciosa, destacando a lo lejos el resplandor de las luces y de un pueblo que hace suya la tradición de festejar.

MITOS Y LEYENDAS

Varios son los mitos y leyendas alrededor de los milagros de la Virgen. Muestra de ello son los ex votos que dan fe de la invasión norteamericana, la batalla de Porfirio Díaz contra Lerdo de Tejada, las invasiones durante la Revolución, sobre todo la del coronel Espinoza Calo, quien nunca pudo tomar Huamantla. Se cuenta que al entrar las tropas del coronel se sorprendieron al ver en las azoteas, en los balcones y en las rejas de las casas a mujeres vestidas de blanco apuntándoles con fusiles, las caballerías retrocedían, atacaban por otro lado y volvían a encontrarse con las mismas mujeres. Dicen que era tan sólo una visión, un milagro de la Virgen que protegía a su pueblo.

En otra invasión, un Jueves Santo, trataron de envenenar el agua echando cianuro a los manantiales, pero en ese momento aparecieron enormes olas que venían de la montaña arrastrando árboles y animales, forzando la retirada de los atacantes.

Se cuenta que en la madrugada del 16 de noviembre de 1876, Porfirio Díaz pidió a la Virgen que lo ayudara a combatir, prometiéndole que si ganaba la batalla, le ofrendaría una palma, una corona y una aureola de oro. Ganó la batalla, y ya como presidente llevó sus ofrendas a la Virgen.

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