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Portales. / Nicolás Triedo -
Detalle del Palacio municipal. / Rafael Doniz -
Plaza principal. / Nicolás Triedo -
Tumba en el panteón de Comala. / Nicolás Triedo -
Fuente en Comala. / María de Lourdes Alonso -
Máscaras fabricadas por artesanos locales. / María de Lourdes Alonso
Comala: la fortuna de existir
Sólo 8 kilómetros separan a Comala (cuyo nombre significa en lengua náhuatl “El lugar de comales”) de la bella ciudad de Colima. La paz que se respira en este apacible y bonito pueblo se complementa con la estampa del coloso que tiene a sus espaldas: el magnífico Volcán de Fuego. En 1988, se declaró al centro histórico de Comala como Zona de Monumentos Históricos, nombramiento que incluye algunos de los edificios más importantes.
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Los habitantes autóctonos de Comala, de origen purépecha, fueron conquistados por los españoles en el siglo XVI y puestos bajo la encomienda de Bartolomé López. El café de la región comenzó a ser explotado en 1883 por una primera hacienda de San Antonio, levantada por el alemán Arnoldo Vogel. En 1910 las haciendas se vieron beneficiadas por la construcción del ferrocarril Colima–Lumber, que también sirvió para transportar la madera de la sierra.
Lo típico
La gente de aquí se distingue por sus trabajos artesanales tallados en madera, especialmente caoba y parota, para muebles y objetos ornamentados. Pero también dedican su tiempo para la elaboración de máscaras para las danzas autóctonas, sombreros de palma estilo Colima, los comales, los chiquihuites y sobre todo los huaraches llamados “cactli”, distribuidos casi por todo el país.
Plaza principal. El clima en la región es cálido como su gente, pasear por sus calles bajo la sombra de las palmeras y los almendros es un agasajo, sentir el viento y disfrutar de la plaza es una experiencia sin igual. Frente a ésta, se alza el elegante edificio neoclásico del siglo XIX, la Parroquia de San Miguel Arcángel, construcción de aspecto colonial, armoniosamente ubicada muy cerca de la presidencia municipal.
Ya en la Plaza Principal es difícil no sentarse alrededor del quiosco y disfrutar de las fuentes y de los placeres naturales que enmarcan a este bello Pueblo Mágico y místico, que al igual que las letras de Juan Rulfo se han quedado suspendidos en el tiempo.
Ex Hacienda de las Nogueras. Otro lugar de relevancia es la Ex hacienda de Nogueras, construcción del siglo XVII, dedicada a la caña de azúcar. Hoy alberga un Museo, un Centro Cultural y un Ecoparque. El museo fue instalado por Alejandro Rangel Hidalgo, se exhiben objetos artísticos y pinturas de este artista colimense. Del edificio aún es posible contemplar elementos originales y reconstruidos como la chimenea y la capilla.
Fiesta guadalupana. Cada 12 de diciembre, el folclor se hace presente con bailes, peleas de gallos, corridas de toros, jaripeos y carros alegóricos, y con el llamativo color de los fuegos artificiales nocturnos. Los habitantes usan la ropa tradicional como los indígenas de Colima.
Para aquellos que el beber y el comer representa un placer, Comala es un buen lugar para saborear bebidas como el ponche obtenido del mezcal de maguey, la tuxca y algunos licores de frutas que en la zona son abundantes, sobre todo el tamarindo, la zarzamora, la ciruela, el coco, la guayabilla y otras propias de los climas templados.
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