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Como vestían los que llegaron

Por: México Desconocido

Mucho se ha dicho del aspecto que presentaban los indios cuando los españoles llegaron a las costas de Yucatán. Bernal Díaz del Castillo mencionaría que vestían camisas de algodón y “masteles”, mantas angostas con las que cubrían “sus vergüenzas”.

Los guerreros llevaban trajes acolchados que les llegaban a las rodillas para repeler las flechas, a los que los hispanos llamaron “armas de algodón” y que adoptaron muy pronto en sustitución de las pesadas armaduras metálicas que vestían los europeos.

En lo que respecta a lo que los indios vieron del atuendo de los primeros conquistadores, las constan- cias escritas y pictográficas son muy escasas. Es oportuno señalar que la conquista de las tierras americanas no fue, en un principio, una empresa militar. Los soldados que formaban parte de la tropa eran civiles que nunca habían portado uniformes, y muchas veces tuvieron que costear sus propios avíos. De ahí que sus atuendos fueran no sólo heterogéneos, sino también anticuados; las armaduras, por ejemplo, databan del siglo XV y estaban ya en desuso en Europa. Pocos expedicionarios tenían recursos para proveerse de un caballo y una armadura, que, por otra parte pesaba excesivamente y carecía de ventilación. Las cotas (mallas de cuero con piezas metálicas) se oxidaban fácilmente, resultando inapropiadas para recorrer los agrestes terrenos de la recién nacida Nueva España.

Además de las “prendas defensivas”, el grueso de la tropa, como el resto de los españoles vestía jubón (camisa larga que llegaba a las rodillas) y calzones cortos, –hasta la mitad de los muslos– de los cuales salían las medias que les cubrían los pies y las piernas. Calzaban alpargatas y se dice que no se despojaban de sus atavíos ni para dormir. Los soldados de alto rango usaban además capas de vivos colores y se cubrían la cabeza con gorras, boinas y sombreros adornados con plumas, joyeles o medallas. En las ocasiones solemnes portaban túnicas largas abiertas por el frente y se adornaban con anillos y cadenas de oro.

Con el paso del tiempo, ya pacificado el virreinato empezaron a llegar regularmente naves de España y en ellas soldados bien ajuareados. Hernán Cortés pronto trajo un pie de cría de ovejas, así como un telar de pedal, que de inmediato los nativos aprendieron a usar. También con Cortés vino un sastre y varios más con Pánfilo de Narváez; éstos formaron su propio gremio al igual que lo harían después los zapateros, sombrereros, juboneros y bordadores, entre otros. Desde un principio, los conquistadores reconocieron la habilidad manual de los indios.

Hacia la segunda mitad del siglo XVI, el atuendo masculino cambió drásticamente en Europa. Bajo la influencia de la aparente austeridad de Felipe II se pusieron de moda los trajes negros con gorguera o gola (adorno de cartón forrado con tela que ocultaba el cuello) impecablemente blanca, así como los sombreros de copa pequeña y las medias también negras, de lana o algodón. Fue entonces cuando se generalizó el uso del borceguí, calzado de cuero muy suave.

La sobriedad de las prendas europeas de aquellos años no fue observada con rigor en la Nueva España. El colonizador era, además, un gran derrochador; mientras que en España el monarca prohibía las medias de seda por ser demasiado costosas, en la Nueva España llevaban ostentosas prendas de ese material “hombres oficiales mecánicos y criados ... y mujeres de la misma calidad y enamoradas y solteras ...” Ya en 1529 fray Juan de Zumárraga denunciaba la ostentación y el despilfarro que caracterizaba a los “nuevos ricos”.

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