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Compendio de paisaje colonial (Querétaro)

Digamos que el estado de Querétaro, considerando su extensión, tiene pocas poblaciones, pero eso sí con mucho sabor, y sabor colonial por cierto, que es su distintivo, motivo de disfrute y de fama.

Digamos que el estado de Querétaro, considerando su extensión, tiene pocas poblaciones, pero eso sí con mucho sabor, y sabor colonial por cierto, que es su distintivo, motivo de disfrute y de fama. Visitar Querétaro es como leer un buen libro de arte colonial, es recrearse con información condensada pero relevante, que deja al final un sabroso panorama de aquella etapa de nuestra historia. En Querétaro se concentra un buen compendio de construcciones, paseos, calles, productos, costumbres, actividades y paisajes heredados de antes del siglo XIX. Fácil de recorrer por ser un estado pequeño y por la utilidad de su red carretera, en Querétaro una población invita a conocer a la siguiente y esa a las demás, porque en todas hay algo atractivo. Tanto en los Valles Centrales como en el Sur del estado, en el Semidesierto o en la Sierra Gorda, las cuatro regiones en que suele dividirse su territorio, en fin, en sus dieciocho municipios, se encuentran desde los más pequeños pueblos hasta grandes ciudades modernas. Ciudades, hay que destacarlo, preocupadas de que el progreso no sustituya su sabor y riqueza colonial, sino que convivan y se lleven bien, para beneficio de pobladores y visitantes.

Al ver los trabajos de remozamiento del Centro Histórico de la capital del estado, patrimonio cultural de la humanidad por decreto de la UNESCO y orgullo de México por decreto de nuestras conciencias, o al observar el arreglo que se ha hecho de iglesias y plazas, como las de Cadereyta y de Bernal, se nota el interés por mostrar al mundo las riquezas queretarnas.

Tequisquiapan, San Juan del Río y, por supuesto, la esplendorosa ciudad de Querétaro, son eje de la afluencia turística de la entidad, junto con la Ruta de las Misiones de la Sierra Gorda. Pero más allá de las poblaciones cercanas a la autopista, arteria aorta del estado, hay que meterse, sin temor a la decepción, a las planicies queretanas y luego a su sierra en busca de gratas sorpresas.

Por la serpenteante carretera 120 que trepa a la sierra, por ejemplo, se encuentra uno a Vizarrón, con sus canteras de un mármol que adornó calles y casas como en ningún otro lugar; al llegar a Cadereyta aparecen cactáceas de fantásticas formas en su mundialmente célebre jardín botánico, y no menos atractiva es la escenografía de película hecha ciudad que es Bernal, por sólo mencionar lo que de momento llega a la memoria.

Curiosidades hay muchas, todavía guardadas entre las calles de sus pequeñas comunidades que invitan a pueblear. Si se topa usted con Tolimán, por ejemplo –con San Miguel Tolimán, porque hay tres pueblos con el mismo apellido indígena–, sus capillas oratorio otomíes lo transportarán al pasado virreinal: 65 valiosas reliquias de aquellos siglos que pocos conocen, en este pueblo donde las tortillas de fiesta, por cierto, se pintan de colores.

Querétaro es así, lleno de sorpresas y de rincones disfrutables, como sus caminables, muy caminables poblaciones. ¿Qué tal una paseadita bajo el sol de la tarde entre las tejas y los adoquines de Tequisquiapan o en medio de la tranquilidad de Amealco? Usted pone la fecha, que al fin Querétaro está cerca de todos.

Fuente: Guía México desconocido No. 69 Querétaro / mayo 2001
 

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