PUBLICIDAD
Mineral de Pozos, un pueblo fantasma en territorio guanajuatense
PUBLICIDAD
Ranking
Newsletter de México Desconocido México Desconocido en Facebook México Desconocido en Twitter México Desconocido en Google+ México Desconocido en YouTube México Desconocido en Flipboard RSS de México Desconocido
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Templos y conventos de Querétaro

Por: Carlos Puga Villarino

Los templos y conventos de Querétaro,fundados con el fin de fortalecer el espíritu de quienes estuvieron al frente de la tarea evangelizadora en la región, dan cuenta del esplendor de su pasado. ¡Conócelos!

Recorrer sin rumbo fijo los callejones de la ciudad Querétaro es la mejor forma de acercarse al alma de esta ciudad colonial. Entre las plazas y los jardines que enmarcan señoriales casonas heredadas del virreinato, el camino nos conduce por anónimos rincones y escondidos patios, que nos muestran el auténtico Querétaro.

Durante las primeras décadas del periodo colonial Querétaro fue una de las ciudades más opulentas e importantes de la Nueva España, ya que marcaba el límite de lo que llamaban el mundo civilizado: para los colonizadores, más al norte tan sólo existía la barbarie, y por ello consideraron necesario en la localidad fundar templos y conventos donde se fortaleciera el espíritu de laicos y religiosos. Franciscanos, carmelitas descalzos, jesuitas y dominicos no se hicieron esperar y llegaron a Querétaro para dar inicio a la conquista espiritual de la región, conocida con el nombre de Tierra dentro. De esa época datan la mayoría de los numerosos templos y conventos que pueblan la ciudad y que aún hoy en día nos hablan del esplendor de su pasado.

Querétaro siempre ha sido considerado un lugar estratégico por la distancia que lo separa de la ciudad de México. Durante las guerras de Reforma y la Intervención francesa, fue escenario de continuas batallas entre liberales y conservadores, sufriendo las terribles consecuencias. En ese tiempo se perdieron grandes monumentos, así como valiosos tesoros artísticos; muchos templos fueron demolidos y sus cimientos arrasados, mientras que sus altares barrocos de madera dorada fueron arrojados al fuego. Ya en la era porfiriana se restauró la mayor parte de los templos, tratando de respetar en el interior el estilo de la nueva época; asimismo, se construyeron plazas, jardines, mercados y nuevos edificios que vinieron a ocupar el lugar de los templos y conventos asolados.

Aunque el estado volvió a ser escenario de grandes batallas durante la Revolución, sus edificios y monumentos no sufrieron tantos destrozos como en el siglo pasado, gracias a lo cual, hoy en día, aún podemos disfrutar de su belleza.

Para apreciar Querétaro hay que conocerlo, y para eso lo mejor es comenzar por la Plaza de Armas, punto de partida y encuentro de los diversos andadores. Estos empedrados caminos, accesibles únicamente a los peatones, comprenden la parte más antigua y entrañable de la población y le imprimen al centro una personalidad única y bien diferenciada. Los callejones y rincones que conservan viva la historia de la urbe y poseían nombres tan evocadores como “la Calle de Bimbo” por las numerosas bifurcaciones que tenía, o “el Callejón del Ciego”, han sido restaurados y convertidos en lugares llenos de luz y color.

Saliendo por el andador 5 de Mayo llegamos al Jardín Zenea, un agradable y verde espacio que sirve de marco al templo y ex convento de San Francisco. La construcción de este impresionante conjunto se inició alrededor de 1548, aunque el primer edificio, de apariencia sobria y sencilla, fue demolido a mediados del siglo XVII. El convento actual es obra del arquitecto Sebastián Bajas Delgado y se llevó a cabo entre 1660 y 1698. El templo se finalizó a principios del siglo XVIII. La portada del templo está coronada por un reloj, bajo el cual se aprecia un relieve en cantera rosa del apóstol Santiago, imagen que hacen referencia a la aparición del apóstol y a la fundación de la ciudad. El templo, rematado por una triple torre de cantera y una cúpula recubierta de azulejos de Talavera, fungió como catedral durante dos siglos, época en la cual se realizaron sus retablos de estilo neoclásico, que contrastan enormemente con el desbordamiento barroco de otras iglesias.

Vista del Jardín Zenea en la ciudad de Querétaro. Foto: Rafael Doniz

El majestuoso conjunto formado por el templo y convento por el templo y convento no sobrevivió intacto a la Reforma, ya que en tiempos del gobernador liberal Benito Zenea perdió su atrio y sus capillas, que fueron convertidos en la Plaza de la Constitución y el actual Jardín Zenea. El soberbio convento es hoy en día sede del Museo Regional de Querétaro, el cual posee una de las pinacotecas virreinales más notables del país, además de diversas salas de exhibición dedicadas a la historia de México.

Frente al templo de San Francisco nace una de las arterias más importantes de la ciudad, la calle Madero, donde se encuentran algunas de las iglesias y mansiones más notables de Querétaro. En la esquina con la calle Guerrero se levanta el templo y ex convento de Santa Clara. El Real Convento de Santa Clara de Jesús fue fundado alrededor de 1606, cuando el virrey don Juan de Mendoza concedió el permiso a don Diego de Tapia para edificar el claustro de religiones franciscanas, con el fin de alojar a su hija monja. La construcción se inició poco después y quedó terminada en 1633. Durante la Colonia fue uno de los conventos más grandes e importantes de la Nueva España, pero en la actualidad sólo quedan la iglesia y un pequeño anexo, ya que buena parte de él fue destruido durante la guerra de Reforma. Cuando se inició la guerra de Independencia sirvió de prisión a doña Josefa Ortiz de Domínguez. En el interior del templo se pueden apreciar sus hermosos retablos tallados, el coro, desde donde las monjas asistían a los oficios, separado del resto del conjunto por una reja, y las soberbias puertas de hierro forjado del púlpito y el vestíbulo.

Templo de Santa Clara en la ciudad de Querétaro.

En la esquina de Melchor Ocampo con Madero se ubica el templo y ex convento de San Felipe Neri. La construcción del oratorio de San Felipe se inició en 1786 y se terminó en 1805. Ese mismo año recibió la bendición de don Miguel Hidalgo y Costilla, quien ofició la primera misa. En 1921 fue declarada catedral por el papa Benedicto XV. El templo está construido con piedra de tezontle y sus retablos son de cantera. La fachada es un buen ejemplo de la transición entre el barroco y el neoclásico. Su portada está considerada como una de las últimas obras barrocas de la ciudad y en ella se pueden admirar diversos elementos decorativos, como los capiteles de las columnas y los medallones. Por su parte, la nave del templo es sobria y austera, es decir, completamente neoclásica. El ex convento alberga en la actualidad al Ministerio de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, conocido con el nombre de “Palacio de Conín”, en memoria del fundador de la ciudad.

A dos cuadras de la catedral, en la esquina de Ezequiel Montes y General Arteaga, se localiza el templo y es convento de Santa Rosa de Viterbo. El templo muestra el máximo esplendor que alcanzó el barroco en Querétaro, el cual se manifiesta tanto en su exterior como en su interior. En la fachada podemos apreciar los portales gemelos característicos de los conventos de monjas, y los arbotantes con volutas, que tan sólo poseen una función decorativa. En el interior resaltan el púlpito con incrustaciones de marfil, concha nácar, carey y plata, el órgano y la nave hermosamente tallados en madera. En la sacristía se encuentra uno de los retratos más famosos de la pintura novohispana, el de la hermana Ana María de San Francisco y Neve, atribuida al maestro José Páez.

Interior del templo de Santa Rosa Viterbo.

El convento se inició en 1670, cuando una pareja católica construyó algunas humildes celdas en su jardín para que sus tres hijas pudieran comienza y llevar a cabo su vida espiritual. Más tarde, don Juan Caballero y Ocio encargó construir más celdas y una capilla. Las monjas dedicaron su vida a la educación y en 1727 se le concedió el nombre de Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo. En 1867 el convento fue cerrado y se utilizó como hospital hasta 1963. Hoy en día ha vuelto a ser un centro educativo y los chicos vuelven a poblar sus pasillos y sus aulas.

En la esquina de Allende y Pino Suárez se encuentra el templo y ex convento de San Agustín. La construcción del templo se atribuye a don Ignacio Mariano de las Casas y se inició en 1731. En la sobria fachada de cantera resaltan la imagen de un Cristo crucificado rodeado de vides y los nichos de la portada, que albergan imágenes de San José, la Virgen de los Dolores, Santa Mónica, Santa Rita, San Francisco y San Agustín. Su cúpula es una de las más hermosas del barroco mexicano, y en ella se pueden admirar ángeles de tamaño natural; la torre del templo nunca se terminó.

El convento fue ocupado por los frailes a partir de 1743, aunque los trabajos continuaron a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII. El claustro del convento es una de las obras maestras de la orden agustina en América y una de las más espectaculares muestras del barroco en todo el mundo. Su fama se debe a la llamativa decoración de los arcos y las columnas que dan al patio interior. De las columnas se desprenden extrañas figuras de piedra, que parecen observar a los visitantes. Las imágenes de la planta baja presentan feroces rostros que, a pesar de todo, logran atraernos y fascinarnos, mientras que las efigies del nivel superior son todas iguales y sus gestos son más serenos. Sobre los arcos hay una serie de objetos entrelazados que forman una cadena que mantiene prisioneras a estas criaturas.

El ex convento de San Agustín acoge desde 1988 al espléndido Museo de Arte de Querétaro. Este cuenta con una colección permanente que incluye obras europeas y mexicanas del siglo XIV, así como una singular colección de pintura novohispana, fundamentalmente religiosa.

El templo de San Agustín, Querétaro.

Un poco alejado del centro de la ciudad se levanta el primer conjunto conventual fundado en Querétaro, el templo y convento de la Santa Cruz de los Milagros. Para hablar de este conjunto hay que sumergirse en la historia de la fundación de Querétaro. Dice la leyenda que en 1531, Fernando de Tapia, cuyo nombre otomí era Conín, dirigía a sus tropas contra el ejército chichimeca en la loma del Sangremal. En medio de la feroz batalla, unos y otros observaron una resplandeciente luz que llamó su atención: en el centro de ésta y suspendida en el aire apareció una cruz de color entre blanco y rojo, y a su lado cabalgaba el apóstol Santiago en un caballo blanco. Con esta milagrosa aparición terminó la lucha y Fernando de Tapia tomó posesión de la región. Los chichimecas se sometieron y pidieron que se pusiera una cruz en la loma del Sangremal como símbolo del milagro que ahí había ocurrido. En ese mismo año se construyó una pequeña capilla a la Santa Cruz y a mediados del siglo XVII se erigieron la iglesia y el convento.

El templo ha sido completamente restaurado y su principal atractivo reside en el interior, donde se encuentra una réplica labrada en piedra de la Santa Cruz que apareció en el cielo el 25 de julio de 1531. También se pueden observar los hermosos retablos de cantera rosa que oscilan entre el estilo barroco y el neoclásico.

El convento de la Santa Cruz es uno de los edificios queretanos que más historia ha visto pasar por sus corredores. Desde 1683 fue sede del Colegio de Misioneros de Propaganda Fide, uno de los colegios para evangelizadores más importantes de América. Uno de los egresados de este colegio fue fray Junípero Serra, quien siendo presidente de las misiones se dedicó a estudiar las condiciones de vida de los pames para aliviar la miseria y el abandono en que vivían.

Cuando iniciaba el movimiento de Independencia, el convento fue prisión del corregidor de Querétaro, don Miguel Domínguez, y unos años después fue tomado por Iturbide para poder dominar Querétaro desde la colina. El tiempo pasó y llegaron los franceses.

Maximiliano de Habsburgo usó el convento como cuartel general y más adelante fue su primera prisión.

Hoy en día se pueden visitar algunas partes del convento: la vieja cocina y su interesante sistema de refrigeración natural, el comedor –antiguamente llamada refectorio--, así como la celda que ocupó Maximiliano; también se conservan algunas pinturas de los siglos XVII y XVIII, y el jardín central, en el que crece un famoso árbol cuyas espinas tienen formas de cruz latina.

Querétaro es, en fin, una fascinante ciudad en la que el arte, la leyenda y la tradición se mezclan a cada paso. Sus templos y conventos atesoran el tiempo y guardan tras sus puertas los secretos de los célebres personajes que forjaron la historia de México.

ComScore
IASA Comunicación