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Cuando se descubrió la Tumba de Monte Albán

Por: Nelly M. Robles García

El descubrimiento de la Tumba 7 en Monte Albán, Oaxaca, el 9 de enero de 1932, es indudablemente un marcador temporal de la arqueología mexicana que significó, entre otras cosas, el inicio de la exploración de la arquitectura: arqueológica monumental en México.

En el contexto social representó un resumen de las condiciones tanto materiales, como! filosóficas de la ciencia de todauna época.   

El hallazgo de la Tumba 7 fue espectacular, sobre todo por la magnífica ofrenda, compuesta por más de 400 piezas de materiales tan variados como oro, plata, cobre, obsidiana, turquesa, coral, hueso y cristal de roca, utilizados como materia prima para realizar collares, pendientes, narigueras, orejeras, pectorales, mosaicos, diademas, cráneos decorados y huesos tallados al estilo códice.  La narración del momento del hallazgo hecha por Alfonso Caso, afirma el carácter romántico y aventurero de los inicios de la arqueología mexicana, y nos hacen envidiarle el hecho de "haber encontrado su tesoro". 

La difusión que se le dio a este magnífico hallazgo trascendió las fronteras nacionales para darse a conocer en todo el orbe. Esta difusión se apoyó en los nuevos avances tecnológicos: la radio, el telégrafo, y los ferrocarriles, medios relevantes de toda una época ubicada entre las dos guerras mundiales.  El ambiente social que se vivía en el mundo de la ciencia arqueológica indudablemente influyó en el éxito de la expedición encabezada por don Alfonso Caso. Testimonio de éste es el telegrama que envió notificando el hallazgo y solicitando a la vez ayuda en los siguientes términos: 

Asunto: descubierta tumba más importante América, enviaré detalles. Urge salgan hoy, si es posible, Marquina, Borbolla y Eulalia Guzmán. C. Alfonso Caso. Arqueólogo. 13 de enero, 1932  El ingeniero Ignacio Marquina pasó a la historia como una pieza clave en la historia de la arquitectura y urbanismo mesoamericanos; a él le debemos el único intento que se ha hecho por recopilar toda la arquitectura prehispánica en una sola obra. Daniel Rubín de la Borbolla fue uno de los primeros antropólogos físicos de México. 

Eulalia Guzmán, la constante asistente profesional de Caso, nos legó, no sólo un entusiasmo innato por el trabajo de campo en condiciones sumamente adversas, sino el ejemplo de que la arqueología no debía ser considerada como una actividad eminentemente masculina. La presencia de Eulalia Guzmán en el mundo de la arqueología de Mesoamérica, y particularmente la de María Lombardo, esposa de Alfonso Caso, en la exploración de la Tumba 7 de Monte Álbán, reivindicaron muy tempranamente la importancia de la participación de la mujer en los equipos arqueológicos. El llamado de Caso a estos renombrados colegas nos permite entender que el mundo de la arqueología de los años treinta en México estaba conformado por un pequeño círculo de prestigiados estudiosos que estaban muy al tanto de los escasos proyectos que se desarrollaban en el momento y que se mostraban además siempre dispuestos para auxiliar al colega que lo necesitara. 

El proyecto de Monte Albán reunió así al equipo más sólido de arqueólogos, arquitectos y dibujantes que se haya dado en la historia de la arqueología mexicana.  Contó entre sus asistentes, además de los ya mencionados a Jorge R. Acosta, Ignacio Bernal, Juan Valenzuela y José Reygadas Vértiz.  Tanto Acosta como Bernal, principales discípulos de Caso, se convirtieron a la postre en representantes de la arqueología mexicana por haber sido los más prominentes restauradores de la arqueología monumental mesoamericana durante toda esa época.   

En el momento del descubrimiento de la Tumba 7, en Monte Albán, el quehacer del arqueólogo era reconocido y apoyado como un verdadero compromiso nacional. Así lo demuestran las constancias de presentación que le eran otorgadas a don Alfonso Caso, mismas que iban dirigidas a las autoridades civiles y militares”...a fin de que se sirvan prestarle la protección y ayuda necesarias para su labor". Esta actitud significa que el arqueólogo llevaba consigo todo el apoyo que podía otorgar el gobierno federal y que además, disponía de importantes presupuestos para explorar, consolidar y restaurar, sin tener que preocuparse por el fin del sexenio presidencial. 

El ejemplo específico de la exploración de la Tumba 7 y el resto de la ciudad prehispánica de Monte Albán trascendió varios sexenios, habiendo durado 18 temporadas anuales. Se inició en el difícil período de la recesión económica internacional aprovechando el hecho de que México era un país no desarrollado, el gobierno federal, en especial el de Lázaro Cárdenas, invirtió durante los años cuarenta, importantes recursos en el desarrollo de centros culturales como Monte Albán, mientras que los países ricos gastaban en armamento y en tecnología de guerra. 

El hecho de haber sido el descubridor del invaluable tesoro de la Tumba 7, obligó a Alfonso Caso a dar una interpretación oficial de su contenido. Atreverse a sugerir tempranamente que el contenido de la tumba era en realidad un enterramiento y una ofrenda mixtecos le acarrearon severas críticas, no sólo entre la población común, sino también en el sector académico. En un ambiente acostumbrado al histórico centralismo azteca, maya y tolteca, ¿cómo podía alguien atreverse a afirmar que una cultura menor fuera capaz de desarrollar tal perfección? Al respecto, Thomas Atole del Museo Británico de Londres consideró a las manifestaciones mixteco-zapotecas como de “...una fuerte y permeable influencia maya primitiva”. 

A través de la radio, los periódicos y aún a través de cartas personales, Caso recibió el rechazo a sus hipótesis, se le calificó de mentiroso y hasta de haber falsificado y traficado con las joyas. Su obstinación por afiliar el tesoro a esa “cultura menor” le costó un largo proceso de descrédito del que sólo su incuestionable rigor académico lo salvó.  Caso repetía entre sus amigos que el descubrimiento de la Tumba 7 se debió a un mero accidente, ya que una vaca hundió su pata trasera en la misma, y por tanto, en el hallazgo no había razón para buscar el mérito científico. La labor del arqueólogo se revela, decía, cuando logra explicar lo que ha encontrado. Esta explicación le tomó a Caso treinta largos años de análisis y estudios, tras los cuales ofreció al mundo las pruebas contundentes del origen mixteco de los vestigios descubiertos. 

Así, debemos entender también que el descubrimiento de la Tumba 7, no únicamente le acarreó a Alfonso Caso fama internacional y renombre científico, también le granjeó una serie de problemas personales. Aunque siempre se distinguió por ser un colega cordial y generoso, la sombra de la Tumba 7 lo aisló en un reto personal que tardó muchos años en resolver.  Las muertes prematuras de sus principales colaboradores lo dejaron solo con el problema; sin embargo, su inquebrantable disciplina científica lo llevó a analizar milímetro a milímetro los detalles de cada pieza y descifrar cabalmente la iconografía mixteca. Así el mundo tuvo que esperar más de tres décadas antes de conocer la real riqueza del descubrimiento.  En su libro El tesoro de Monte Albán, en el que finalmente describe el contenido de la Tumba 7, Alfonso Caso nos enseña, sobre todo, que el valor del hallazgo arqueológico se manifiesta exclusivamente a través del ejercicio científico de la interpretación.   

Fuente: México en el Tiempo No. 23. Marzo-abril 1998

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