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Dolores Hidalgo, una página de la historia de México (Guanajuato)

Por: Ivonne Vargas Hern

Pequeña en tamaño pero enorme por su legado, esta población fue el escenario donde dio inicio del movimiento de Independencia encabezado por don Miguel Hidalgo y Costilla.

Casi siempre que seleccionamos un lugar para descansar y olvidarnos de todo tipo de preocupaciones, escogemos las playas o los centros turísticos de mayor tradición, sin percatarnos de la existencia de pequeños sitios en los que, además de recobrar las energías, nos acercamos a las tradiciones del país, a su gente, a las anécdotas y personajes que lo caracterizan y, en general, a su forma de vida; son espacios donde el tiempo oscila entre el presente y el recuerdo.

Uno de estos sitios es el municipio de Dolores Hidalgo, Guanajuato, importante escenario donde comenzó el movimiento de independencia nacional.

Una sensación de tranquilidad rodeaba la plaza central, en la que manos cubiertas por el intenso sol entretejían con gran destreza varios canastos de distintos tamaños. Contrario a lo que sucede en las grandes metrópolis, desde este punto es posible divisar la mayoría de los edificios; la pregunta es con cuál de éstos empezar nuestro recorrido. Una buena opción era iniciar con los centros religiosos, entre los que destaca La Parroquia, ubicada frente al parque. Según cuenta la historia, desde su atrio el cura Hidalgo convocó a los habitantes para emprender la lucha de liberación de la Nueva España, el 16 de septiembre de 1810.

Su fachada es una de las más imponentes; cada línea converge en un estilo barroco que hábilmente juega con sus formas hasta llegar a los extremos de la ornamentación. La gran altura de sus torres nos hace mirarla de arriba abajo para no perder detalle alguno de la alegoría sobre la muerte de Jesús en la cruz. En la parte central se ubica la Virgen María, en representación de la Dolorosa, patrona del lugar.

En uno de sus campanarios pendía la campana que Miguel Hidalgo hizo sonar como símbolo del surgimiento de una nueva etapa de libertad, y es precisamente este sonido la llamada para visitar otro sitio, no sin antes atender la recomendación de los lugareños de disfrutar del espectáculo de luz y sonido que se realiza los fines de semana en recuerdo de las acciones del cura y su ejército insurgente.

Luego de esta visita decidimos seguir por la calle de Zacatecas hasta llegar al Museo Nacional de la Independencia, otrora cárcel del poblado, de donde Hidalgo liberó a algunos de sus seguidores.

Desde uno de los tres patios que rodean el lugar se vislumbra un espacio dedicado al representante de la música vernácula no sólo de este lugar sino de todo el país: José Alfredo Jiménez. Al momento de mirar sus trajes charros bordados, las partituras y los reconocimientos que recibió, corre por nuestras venas el deseo de escuchar la música de un buen mariachi, acompañado de los amigos y de un tequilita, para hacer eco de la tradición mexicana de interpretar alguna canción por la vida, por las desgracias y, por qué no, hasta por el amor.

Después de concluir este paseo por nuestras raíces, el medio día iluminaba con su máximo esplendor: era el momento indicado de regresar a la plaza y disfrutar de una bebida bien refrescante. Sin embargo, buena sorpresa nos llevamos, pues en lugar de la bebida encontramos más de cien sabores de exquisitas nieves, al gusto de cualquier paladar.

Unos minutos bastaron para finalizar el exquisito barquillo, en tanto admirábamos las demás construcciones que nos rodeaban, como la Casa de las Visitas. A primera vista aparecen cinco balcones sostenidos por arcos cuya forma y decoración hacen pensar en su antigüedad. Así es, el edificio data de 1786; de ahí partió don Miguel Hidalgo a liberar a los presos la madrugada del 16 de septiembre. Actualmente la propiedad pertenece al estado de Guanajuato y recibe a personajes distinguidos, como al presidente de la República o a su representante, que acuden el 15 de septiembre de cada año con objeto de dar el “grito”.

Con el avance del día la temperatura disminuye, y es por lo tanto el momento más indicado para continuar la búsqueda de otros testimonios históricos. No pasaron ni cinco minutos cuando ya estábamos en el Museo de la Casa de Hidalgo.

Sus seis salas resguardan ejemplares de barro vidriado, proclamas a la nación americana, un estandarte de la Virgen de Guadalupe, vestimentas sacerdotales, el primer bando de abolición de la esclavitud y una urna funeraria con los restos óseos de Hidalgo, entre otros muchos objetos históricos.

La casa fue ocupada por el cura en 1804 y después se constituyó en un cuartel de fuerzas contrarias y de bandoleros.

La noche, por su parte, comenzaba a tornarse de un grisáceo místico, las horas se habían esfumado en un abrir y cerrar de ojos, y las carretas de frutas se retiraban. Pero antes de irnos deseábamos adquirir algunos recuerdos del lugar.

Todas las tiendas de artesanía ofrecen distintos objetos para cada rincón del hogar o para el lugar predilecto; lo mismo cofres y pequeños cuadros, que cruces, floreros, portarretratos, tazas, juegos de vajilla, lámparas y un sin fin de artículos elaborados con técnicas y estilos de gran originalidad. Algunos artesanos hacían gala de sus habilidades en barro, mientras que otros hablaban de las bondades de sus piezas en cerámica, o de su herrería artística de acabado colonial.

La calidad con que se realizan todas estas artesanías es tal, que bien valdría la pena llevar a casa cada uno de estos trabajos; sin embargo, la mochila sólo tiene espacio para unos cuanto ejemplares, así que nos decidimos por los objetos de talavera, detallada con flores, y algunos artículos de madera.

La hora de partir es inevitable, pues bien podríamos pasar unos días más entre la amabilidad de su gente, en una noche estrellada y con el ambiente de alegría que florece en las diversas festividades realizadas anualmente: la celebración de Dolores (Semana Santa), la de Nuestra Señora de la Soledad (mayo), la Virgen de Loreto (septiembre) y la Purísima Concepción (noviembre y diciembre), entre otras.

Ya de regreso, las luces de sus templos y el azul marino de la noche irrumpieron en nuestra mente, inmersa en reflexiones sobre los sitios que además de ser fieles testigos de una o varias épocas, son un espacio en el cual es posible encontrarnos con nosotros mismos, en medio de una atmósfera de tranquilidad, belleza, emoción y aventura. Para ello sólo existe un requisito: abrir los sentidos a las voces e imágenes presentes, con la única consigna de empaparnos de sus anécdotas y guardarlas en nuestra memoria histórica.

Cómo llegar a Dolores Hidalgo, Guanajuato
En automóvil o autobús hay que tomar la autopista de la ciudad de México (355 km) con dirección a Guanajuato, en donde puede abordar un camión directo al lugar; o bien, seleccione otras carreteras, como la de Querétaro (102 km), la de Guadalajara (231 km) o la de Morelia (201 km).

Si deseas efectuar el viaje en avión, el aeropuerto internacional de Guanajuato se localiza a 82 km de la ciudad, y tiene varios vuelos a Houston, Dallas, Cuba, Oakland, Los Ángeles, Chicago y McAllen. Dentro del país está conectado con México, Monterrey, Guadalajara, Tijuana, Hermosillo, Acapulco y Puerto Vallarta.

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