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El Cárcamo de Dolores en Chapultepec

Por: Ma. Teresa Hernández Yánez

Con la inauguración del Cárcamo, el 4 de septiembre de 1951, culminaba una serie de esfuerzos para traer agua potable a la ciudad de México.

Con la inauguración del Cárcamo de Chapultepec, el 4 de septiembre de 1951, culminaba una ser le de esfuerzos para traer agua potable a la ciudad de México.

El antecedente más remoto data de 1898, y después de dos proyectos más, finalmente en 1942, bajo el régimen de Manuel Ávila Camacho, se inician las obras. Descritas a grandes rasgos, éstas consisten en la captación de las aguas de los manantilales que afloran en las márgenes sur y oriente de la laguna del Lerma y su conducción por gravedad a la cuenca del valle de México.

El Cárcamo, una cámara distribuidora de agua, es un sitio muy singular para realizar un mural, dadas las condiciones de humedad y temperatura del lugar, además de encontrarse en el bosque de Chapultepec. Cabe destacar que por su condición subacuática, los murales del Cárcamo son únicos en el mundo, y su restauración, lo más difícil de realizar. El propio pintor, Diego Rivera, al enterarse de la destrucción parcial de su obra, fue el primero en hacer ”una propuesta de restauración", consistente en sustituir lo pintado al poliestireno por tese las de vidrio, colocadas sobre placas de cemento. A cinco años de haber realizado el mural, Diego Rivera concluía que su experiencia con el uso del poliestireno había sido negativa. Sin embargo en la actualidad, después de 60 años de terminada la obra, puede revisarse esta opinión.

En 1977, el Centro Nacional de Obras Artísticas (CNOA) dictamina sobre el estado de conservación del mural, viéndose ya la necesidad de desviar el curso del agua a fin de interrumpir su paso por el Cárcamo. El proyecto no pudo arrancar, pero hubo algunos intentos posteriores en 1982 y 1986. No fue sino hasta 1990 cuando pudieron llevarse a cabo las complicadas y costosas obras de ingeniería para cambiar permanentemente el curso del agua que llegaba a este recinto, en gran medida gracias al entusiasmo de la licenciada Margarita González Gamlo (entonces representante de la Delegación Miguel Hidalgo), quien re alizó una campaña de recaudación de fondos entre particulares e instituclones oficiales.

Toda esa titánica labor tuvo un sentido: rescatar el maravilloso mundo subacuático pintado por Diego Rivera para rendir homenaje al elemento originador de la vida, pero también a los obreros muertos en la ejecución de la obra de ingeniería, así como a los autores intelectuales, los ingenieros y el arquitecto Ricardo Rivas, constructor del edificio que alberga al Cárcamo.

El tema "el agua, origen de la vida", empieza a generarse pictóricamente en el centro del piso del Cárcamo, con la célula primigen la que en su proceso blológico se desarrol la al formar colon las cada vez más complejas, produciendo bacterías que se desplazan por todo el piso. En el arranque de los muros, especies más evoluclonadas como peces y moluscos aparecen conviviendo en perfecta armonía con la flora subacuática, la cual culmina su evolución con el ser humano: en el muro norte aparece una mujer de raza asiática embarazada y en el sur, un hombre de la raza negroide.

Diego Rivera representa los usos del agua: mitiga la sed, sirve para la higiene, la agricultura y el deporte. Sobre la boca del túnel, dos gigantescas manos entregan el preciado líquido a la ciudad; éstas son el punto de enlace simbólico de la escultopintura del Dios Tláloc que se encuentra en la entrada del recinto, logrando así una acabada integración plástica. Las pinturas adquirían movimiento con el agua que las cubría hasta una altura de dos metros. Llama la atención el hecho de que Rivera, toda su vida apegado a la tradición en cuanto a técnicas y materiales se refiere, se haya aventurado a utilizar en este mural el poliestireno (producto tan poco experimentado), aunque antes en otros murales había incorporado materiales industri ales como el cemento portland, el celotex y los bastidores metálicos que impedían que la pintura se realizara directamente sobre el muro, lo cual los hacía transportables.

A lo largo de su obra, Diego empleó estos materiales únicamente en los soportes, mientras que en la capa pictórica se ciñó a la tradición, con excepción de los murales realizados en el Cárcamo del Lerma donde utilizó el poliestireno. Este material sintético es descrito en diversos documentos como un impermeabilizante al que le habían realizado pruebas de laboratorio, como introducirlo a una cámara de presión que equivalía a someterlo a 40 años de desgaste. Se decía que la cámara había estallado y los colores se mantuvieron intactos. Al parecer, la fantasía de Diego Rivera no estuvo ausente en este caso cuando dijo, además, que los colores fueron tratados con sustancias especiales capaces de eliminar todas las impurezas del agua.

El recinto donde se encuentran los murales tiene una medida aproximada de 5 x 8 m, más 128 m2 del túnel, lo que nos da 272 m2. El túnel, tres paredes y el piso fueron pintados directamente, en tanto que la parte superior de él -donde están los retratos de los ingenieros que participaron en la construcción- está pintada sobre un bastidor metálico. Las rigurosas condiciones ambientales a las que estuvo sometida la obra durante 42 años (contacto directo con el agua, sustancias químicas potabilizadoras, vapor, rayos solares y cambios radicales de temperatura) provocaron la oxidación y pasmado del barniz protector, desprendimientos y pulverización de capa pictórica, así como erosión causada por la fuerza mecánica del agua circulante que actuó en forma de lija.

La superficie a 2 m de altura se cubrió de limo, óxidos y sales que se endurecieron al paso del tiempo. La decoración del piso de la cámara desafortunadamente se perdió en su totalidad, debido probablemente a que en algún momento el piso fue picado para aplicarle impermeabilizante, y ya debilitado, el aplanado fue arrasado por el agua. los trabajos de restauración en los murales del Cárcamo que realizó el equipo de especialistas se resume en los siguientes puntos: a) documentación exhaustiva; b) fotografía general y de detalles antes, durante y al término de la intervención; c) ca las explorator las para determinar el método de trabajo; d) limpieza superficial y profunda; e) desincrustación de óxidos, s ales e impenneabiIizante; f) eliminación de la capa de protección; g) consolidación y reposición de estratos; h) consolidación de p elícu la pictórica; i) r elntegración cromática, y j) aplicación de capa de protección. La decoración del piso perdida se reconstruyó a partir de fotografías y documentos de la época. los materiales cons titutivos de, la obra, por su parte, se somet leron a pruebas de laboratorlo para caracterizarLos. Es interesante seña lar la siguiente paradoja: siendo el tema” el agua, origen de la vida”, ésta acarreo una serie de materiales que al depositarse en la superficie y endurecerse, lejos de dañar la obra en cierta medida la protegieron.

 

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