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El fascinante mundo de los murciélagos en Agua Blanca, Tabasco

Por: Roberto Porter Nu

En este lugar, al caer la tarde, tiene lugar un espectáculo sorprendente: de la boca de la cueva emerge una columna formada por miles de murciélagos que vuelan con extraordinaria precisión.

En las cavernas de Agua Blanca, al caer la tarde, tiene lugar un espectáculo sorprendente. De la boca de la cueva emerge una columna formada por miles de murciélagos que emiten agudos chillidos y vuelan con extraordinaria precisión. Ni uno solo golpea contra las ramas y bejucos que cuelgan en la entrada; todos actúan al unísono elevándose como una nube negra hacia el crepúsculo.

La fantástica escena dura cerca de cinco minutos y preludia el despertar de innumerables criaturas que habitan la selva, entre ellas, los murciélagos, uno de los animales más fascinantes, asombrosos y menos conocidos por el hombre.

Los murciélagos son los únicos mamíferos voladores de la Tierra y los más antiguos; su origen se remonta al Eoceno, periodo de la era Terciaria que duró de 56 a 37 millones de años, y están clasificados en dos subórdenes, Megachiroptera y Microchiroptera.

En el continente americano habita el segundo grupo, en que se incluyen los murciélagos mexicanos, con un tamaño de pequeño a mediano, con alas de 20 a 90 cm de extensión, un peso de cinco a 70 gramos y hábitos nocturnos. Todas las especies de este grupo disponen de la capacidad de ecolocalización y en algunas el sentido de la vista y el olfato está desarrollado en mayor o menor grado.

Por las características climáticas y bióticas de nuestro país, el número de especies mexicanas es alto: 137 distribuidas mayormente en las regiones tropicales y subtropicales, aunque las hay también en zonas áridas y desérticas. Esto significa que poseemos casi una quinta parte de las 761 especies existentes en el mundo.

La ecolocalización, sistema ideal
Muchas personas creen que los murciélagos son una especie de ratón volador, y aunque su nombre significa ratón ciego, no son ni lo uno ni lo otro. Son mamíferos, es decir, animales de sangre caliente con el cuerpo cubierto de pelo y que amamantan a sus crías. Los hay de todos los tipos, pequeños y medianos, con hocicos alargados y puntiagudos, de cara chata y nariz arrugada, con orejas cortas y ojos pequeños, pelaje sedoso e hirsuto, de color negro, marrón, gris y hasta anaranjado, según sea la especie y el tipo de comida que consumen. No obstante sus diferencias, todos comparten una característica que los hace únicos: su sistema de ecolocalización.

Cuando los murciélagos vuelan disponen del sistema de sonido más avanzado del mundo, superior por mucho a cualquiera utilizado por aviones de combate; esto lo logran mediante chillidos que emiten durante el vuelo. La señal viaja por el espacio, rebota contra los objetos sólidos y regresa a sus oídos en forma de eco permitiéndoles identificar si es una roca, un árbol, un insecto o un objeto tan imperceptible como un cabello humano.

Gracias a ello y a sus alas, que en realidad son manos con dedos largos unidos por una delgada membrana de piel, se desplazan sin problemas por el aire a través de espacios muy reducidos o en campo abierto, donde alcanzan velocidades hasta de cien km por hora y alturas de tres mil metros.

Al contrario de la creencia popular, los murciélagos son animales muy dóciles e inteligentes, que conviven con nosotros casi a diario, lo que podemos comprobar al verlos en los parques, cines, jardines, calles y plazas de la ciudad cazando insectos en la oscuridad. Están muy lejos de ser las criaturas terroríficas y sedientas de sangre que la ficción ha hecho de ellos, y para demostrarlo sirvan los siguientes datos.

De las 137 especies mexicanas, 70% son insectívoros, 17% se alimenta de frutas, 9% de néctar y polen, y del restante 4% –que se compone de seis especies– tres se alimentan de pequeños vertebrados y las otras tres son los llamados vampiros, que se alimentan de la sangre de sus presas y atacan primordialmente a las aves y el ganado vacuno.

Por toda la República
Los murciélagos viven en todo el país y son más abundantes en los trópicos, donde habitan en árboles huecos, grietas, minas abandonadas y cuevas. En éstas últimas se hallan en cantidades importantes, desde algunos miles hasta millones de individuos.

¿Cómo viven en las cuevas? Para averiguarlo y aprender un poco más sobre ellos ingresamos a la gruta de La Diaclasa, en el parque estatal de Agua Blanca, en Tabasco, donde habita una colonia numerosa.

Los murciélagos tienen su refugio en la parte media de la caverna, de la cual se desprende un intenso olor a amoniaco que emana de las deyecciones depositadas en el suelo de la galería. Para llegar atravesamos un túnel bajo y estrecho cuidando de no salpicarnos con un riachuelo de guano. Más allá, a 20 m, el pasaje se abre en una cámara y aparece una visión fantástica y alucinante; miles de murciélagos cuelgan cabeza abajo en las paredes y la bóveda. Aunque es aventurado dar una cifra, estimamos que hay por lo menos cien mil individuos, formando verdaderos racimos.

Debido a que son muy susceptibles a las perturbaciones nos movemos pausadamente al tomar fotografías. Aquí viven murciélagos adultos, jóvenes y por ser primavera muchos recién nacidos. Por lo general cada hembra tiene una cría por camada al año, aunque se han reportado especies que presentan dos o tres; el periodo de lactancia dura de dos a seis meses, tiempo en el cual las madres salen a alimentarse con sus hijos firmemente sujetos al pecho. Cuando el peso de la cría es un impedimento para volar, ellas las dejan a cargo de otras hembras que les prodigan los cuidados necesarios. Un dato asombroso es que al regresar al nido y sin dudarlo, la madre puede encontrar a su hijo entre miles de individuos.

Este hábitat proporciona a los murciélagos descanso, un lugar apropiado para la reproducción y los protege de sus depredadores. Debido a sus costumbres nocturnas, durante el día permanecen inmóviles, dormidos cabeza abajo, aferrados a la roca con sus patas, en una postura que a ellos les es natural. Al atardecer la colonia entra en actividad y salen de la gruta en busca de comida.

Los de Agua Blanca
Estos murciélagos son de la familia Vespertilionidae, que agrupa especies insectívoras que viven 30 años o más. Ésta y otras más desempeñan un papel importantísimo en el mantenimiento de la biodiversidad, ya que se encargan de dispersar grandes cantidades de semillas de los frutos que consumen, polinizan las flores de árboles y plantas que de otra manera nunca darían frutos, como el mango y la guayaba, el plátano silvestre, el zapote, y la pimienta, entre muchos otros. Por si no fuese suficiente, la colonia de Agua Blanca devora cada noche cerca de una tonelada de insectos, lo que contribuye a regular su población en beneficio de la agricultura.

En la antigüedad los murciélagos ocuparon un lugar especial en el pensamiento religioso de las culturas mesoamericanas. Los mayas le llamaban tzotz y lo representaron en urnas, inciensarios, vasos y múltiples objetos, al igual que los zapotecos, que lo consideraban uno de sus dioses más importantes. Para los nahuas de Guerrero el murciélago era el mensajero de los dioses, creado por Quetzalcóatl al derramar su simiente sobre una piedra, en tanto que para los aztecas era un dios del inframundo, descrito en los códices como Tlacatzinacantli, el hombre murciélago. Con la llegada de los españoles el culto a estos animales desapareció para dar lugar a una serie de mitos y leyendas nada edificantes, pero queda una etnia que todavía lo reverencia; los tzotziles de Chiapas, cuyo nombre significa hombres murciélagos.

Nuestro desconocimiento sobre los murciélagos y la destrucción de sus hábitats –las selvas principalmente– representan un riesgo para la supervivencia de estos animales extraordinarios, y si bien el gobierno mexicano ya declaró a cuatro especies como amenazadas y a 28 como raras, hace falta un esfuerzo mayor para protegerlos. Sólo así estaremos seguros de verlos volar, como cada noche, por los cielos de México.

¿Sabías que el murciélago hocicudo mayor (Leptonycteris nivales) ayuda en la reproducción (polinización) del agave tequilero?

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