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Los hábitos y las órdenes religiosas de la Nueva España

Por: Ma. Del Consuelo Maquivar

Al revisar las costumbres de la Nueva España podríamos afirmar que "el hábito sí hace al monje". Aquí te presentamos información en torno al uso del hábito de las diferentes congregaciones religiosas durante aquel periodo.

Si prestamos atención al significado que dan los diccionarios a la palabra “hábito”, se lee que es un símbolo exterior de la actividad espiritual; la forma visible del hombre interior. Por otro lado, se afirma que no es sólo un atributo exterior, extraño a la naturaleza del individuo que lo lleva, sino que expresa su realidad esencial y fundamental.

Según estas palabras, se entiende que las vestimentas que utilizan las diversas órdenes religiosas, así como las personas del clero secular, además de que son un elemento unificador para quienes lo llevan dentro de una comunidad, en buena medida también identifican sus ideales espirituales, que generalmente están relacionados con su origen, con las personas que fundaron cada congregación y con las reglas que los sustentan.

La historia de la Iglesia refiere que desde los primeros tiempos del cristianismo hubo quienes se alejaron a los desiertos a llevar una vida de austeridad y oración. Vivían aislados, vestían pobremente con túnicas talares (vestiduras que llegaban al talón) y muchas veces habitaban en cavernas, por ello son nombrados ermitaños, anacoretas o eremitas.

Más adelante surgieron hombres que, impulsados por ideales religiosos semejantes, decidieron agruparse para vivir en comunidad, como San Benito de Nursia, quien en el siglo V, junto con sus discípulos fundó en Montecasino una congregación que sirvió de modelo para muchas más. Aunque todavía no puede hablarse de una regla común que los rigiera, puede decirse que el santo italiano organizó la vida de su comunidad de tal manera que, además de cumplir con los oficios religiosos, se dedicaban a desarrollar tareas que les permitían subsistir en el interior de su monasterio.

Entre las fundaciones que siguieron el ejemplo de los monjes (del griego mono que significa solo) benedictinos están los monjes del Císter de San Bernardo de Claraval y los cartujos fundados por San Bruno. Este tipo de organizaciones monásticas tuvo mucho auge en Europa durante la llamada Edad Media, distinguiéndose algunos por su vida austera y su clausura absoluta.

Posteriormente con San Francisco de Asís, en el siglo XII surgió una nueva forma de vida religiosa: las órdenes mendicantes, que se caracterizaban por vivir de la limosna y llevar un tipo de vida mixta, ya que además de predicar la palabra de Dios vivían en comunidad. De allí viene el nombre de “frailes”, pues se mezclaban con la gente para cumplir con su ministerio. En general, estas congregaciones se obligaban a cumplir con tres votos: pobreza, castidad y obediencia.

Algunas de estas órdenes religiosas, que son nombradas por la Iglesia como “clero regular”, crearon la rama femenina, llamada “segunda orden”, y aceptaron a seglares que, viviendo en el mundo, simpatizaban con los principios espirituales de la fundación que admiraban; a éstos se les agrupó en la “tercera orden” y se les llamó terciarios.

Cada orden religiosa era identificada por su vestimenta o hábito,por los diversos elementos que lo constituía, como tipo de túnica, escapulario, capucha, capa, cinturón o cordón. Muy importantes fueron los colores de cada indumentaria, quegeneralmente están relacionados con los ideales del fundador y con sus tareas evangelizadoras. Asimismo, cada congregación tenía su divisa o escudo con significados diversos, los que suelen aparecer en el hábito o en los diversos objetos que utilizan para su ministerio.

LOS HÁBITOS RELIGIOSOS DE LA NUEVA ESPAÑA

Vale la pena mencionar, en primer lugar, que es a través de los variados testimonios que han llegado a nuestros días, como grabados, pinturas y esculturas del período virreinal, como podemos conocer cómo vestían y qué símbolos identificaban a las diversas órdenes religiosas que trabajaron durante los tres siglos de la dominación española.

Resulta imposible, en tan breve espacio, hablar de todas las órdenes religiosas que arribaron a la Nueva España, por lo que recordaremos aquí sólo algunas de ellas, como las que llevaron acabo la magna tarea evangelizadora entre los pueblos indígenas, durante la segunda mitad del siglo XVI.

LOS FRANCISCANOS

Doce seguidores –al igual que los doce apóstoles de Cristo– de San Francisco de Asís llegaron a estas tierras en 1524, a escasos tres años de la caída de la gran Tenochtitlan, para iniciar la evangelización sistemática de la población indígena. Este hecho ha quedado perpetuado en una interesante pintura mural que se encuentra en el claustro del convento de San Miguel Arcángel, en Huejotzingo, Puebla. En ella se ven los doce frailes, con sus respectivos nombres, encabezados por fray Martín de Valencia vistiendo sus hábitos característicos: túnica talar de anchas mangas, sujeta a la cintura por un cordón que, a la vez que simboliza el voto de castidad, recuerda su voto de pobreza.

En esta pintura no se aprecia el color de la vestimenta debido a que fue ejecutada en los tonos grises típicos de estos trabajos murales; sin embargo, por otro tipo de testimonios sabemos que los franciscanos en México, debido a su extrema pobreza, utilizaron diversas clases de telas para su hábitos por lo que los colores variaron de los grises a los diferentes tonos de café. En su Historia Eclesiástica Indiana, fray Jerónimo de Mendieta señala: “Y todos ellos pasaban esta desnudez, que fue muy grande en aquellos principios; porque los frailes que a la sazón venían a España no usaban más ropa que la que traían vestida, y aquella se les acababa en poco tiempo, y no había sayal, ni de qué hacer, si no eran mantas de algodón teñidas de pardo”. Por otro lado, también se vistieron de color azul por la gran devoción que tuvieron por la Virgen María.

LOS DOMINICOS

También llamados Predicadores, fueron fundados por el español Domingo de Guzmán en el siglo XI y se distinguieron, al igual que los franciscanos, por su labor evangelizadora. El nombre de la orden se deriva de un sueño que tuvo la madre del santo cuando estaba encinta: vio a un perro (can) que llevaba en el hocico una antorcha, lo cual interpretó como que el hijo que llevaba en sus entrañas era portador de la “luz de Dios” con la que iluminaría y salvaría a quienes lo escucharan, por lo tanto se ha interpretado que los dominicos son “los fieles perros de Dios”.

Su hábito se compone de una amplia túnica ceñida por una correa de la que pende un rosario, un escapulario (tira de tela que se mete por la cabeza para cubrir pecho y espalda) que cae hasta los tobillos, esclavina (capa pequeña que cae a la altura de los hombros) con amplio capillo o capucha, todo esto de color blanco, y para salir, una amplia capa con esclavina de color negro. La tradición dominica cuenta que el hábito fue inspirado por la Virgen María a uno de los frailes; encuanto a los colores, el blanco recuerda la castidad de los frailes y el negro su vida de penitencia, tal como se aprecia en la imagen de San Jacinto de Polonia.

Los dominicos llegaron a la Nueva España en 1526 y se distinguieron por su amplia labor entre los indígenas de Oaxaca y Morelos. Justamente en este estado, en la población de Talquiltenango, en los muros de su convento dejaron testimonio de su presencia en una magnífica pintura mural que representa a su fundador y a algunos santos y santas de su orden.

En el retrato de Ramón Casaus Torres, quien fuera juez calificador del Santo Oficio en la Nueva España, puede apreciarse su hábito dominico. De igual forma, las monjas dominicas visten con los mismos colores; y al igual que la rama masculina, el escudo que las distingue lleva una cruz rematada en flores de lis con los colores de la orden.

LOS AGUSTINOS

Aunque llevan el nombre de San Agustín, el gran teólogo y Doctor de la Iglesia del siglo IV, quien después de su conversión fundó una comunidad en el desierto, en el norte de África, la orden fue fundada tiempo después en la Edad Media, y sus seguidores se inspiraron en sus escritos.

Por disposición del papa Alejandro IV, el hábito que los identifica es de color negro, de amplias mangas, con capillo y esclavina. Llevan una correa del mismo color cuyo extremo libre cuelga por delante y al igual que el cordón franciscano, esta correa se convirtió en un símbolo de la orden.

Los agustinos arribaron a la Nueva España en 1533 y se distinguieron por sus monumentales construcciones conventuales, como las que aún pueden admirarse en los estados de Hidalgo, como el de Actopan, en cuyas pinturas murales se destacan los santos de la orden vistiendo sus hábitos característicos. Notable es el relieve que muestra a la Virgen María entregando simbólicamente el cinturón de la orden a San Agustín y a su madre Santa Mónica, en alusión al poder de intercesión que tienen los santos.

En el retrato del agustino Gaspar de Molina y Oviedo puede observarse cómo solía pintarse a este tipo de personajes que, aunque habían logrado cierto rango dentro de la Iglesia, se retrataban con el hábito de la orden y sobre él, la indumentaria de su dignidad eclesiástica.

LOS JESUITAS

La Compañía de Jesús fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1540 para defender a la Iglesia Católica del grave cisma que habían provocado las ideas de Martín Lutero, por ello a los jesuitas se les considera como los máximos representantes de la “Contrarreforma”. El nombre de esta congregación fue escogido por el santo de Loyola y sus primeros seguidores, quienes decidieron utilizar el nombre de “compañía” encabezada por un “general”, como si fueran verdaderos soldados en lucha por defender al catolicismo; para su escudo decidieron utilizar las siglas del nombre de Jesús en latín, esto es I.H.S. Su vestimenta es diferente a la de las otras órdenes regulares ya que no usan hábito, sino una sotana negra cerrada al frente, como los clérigos, y ceñida por una faja.

La Compañía de Jesús llegó a la Nueva España en 1572 con el claro objetivo de evangelizar, tal como lo hicieron en el siglo XVII en la región de la California, donde se distinguió el padre Juan María de Salvatierra. También les interesó educar a la juventud novohispana. Es por lo que utilizan el nombre de “colegios” y no de conventos para sus edificaciones, ya que en ellos habitaban maestros y alumnos.

LOS CARMELITAS

Esta orden tuvo su origen en los ermitaños que, siguiendo el ejemplo del profeta Elías, llevaban vida contemplativa en el monte Carmelo, en Palestina. En el siglo XII, la orden emigró a Europa y siguió la regla que había formulado San Simón Stock. Su hábito consiste en una amplia túnica color café oscuro, sujeta por un cinturón cuyo extremo pende de lado; asimismo un escapulario y esclavina con capillo del mismo color. Para salir usan amplia capa blanca y suelen calzar sandalias de cuero.

Las monjas carmelitas visten de igual manera, como aparece en el bello lienzo que representa los “desposorios místicos”, esto quiere decir el momento en el que las religiosas comprometen su vida al servicio del “esposo amado”, que es Jesucristo.

Los carmelitas, llegados a la Nueva España en 1585, se distinguieron por su vida contemplativa de oración, para lo cual construyeron sus conventos en lugares alejados a los que denominaron “Santos Desiertos”, como los bellos ejemplos que aún existen en Tenancingo y en el Desierto de los Leones.

LOS MERCEDARIOS

Esta fundación del siglo XII-XIII, tuvo como principal objetivo auxiliar a los cautivos de los moros, así fue inspirado a San Pedro Nolasco por la Virgen María. Su hábito es todo blanco sujeto por un cinturón; encima un escapulario hasta los tobillos, esclavina y capillo, así como con amplia capa. Sobre el escapulario suele ir el escudo de la orden, que consiste en una cruz de Malta en la parte superior, blanca sobre fondo rojo (emblema de la ciudad de Barcelona), y en la parte inferior, cuatro barras rojas sobre fondo amarillo, de la Casa de Aragón.

Con Hernán Cortés llegó el primer mercedario, que venía como capellán de las tropas, fray Bartolomé de Olmedo; más tarde, a fines del siglo XVI, arribaron los que fundarían uno de los conventos más bellos, del que queda el precioso claustro en la zona denominada precisamente de La Merced.

LAS ÓRDENES FEMENINAS

Como ya se dijo, las órdenes regulares, con excepción de la Compañía de Jesús, tenían la llamada “segunda orden”, que se dedicó especialmente a la educación de las niñas y las jóvenes. En el bello lienzo que se encuentra en el Museo Nacional del Virreinato pueden apreciarse las diversas congregaciones que se establecieron en la Nueva España. Algunas de ellas también se dedicaron al cuidado de los enfermos y a la atención de las mujeres abandonadas. Los hábitos de las monjas eran de los mismos colores de la orden masculina de la cual provenían y solían cubrir la cabeza con toca blanca y velo blanco, si eran novicias, o velo negro si ya eran profesas y ya habían hecho sus tres votos.

Otras más, como las Concepcionistas, habían sido fundadas sólo con el objetivo de recibir mujeres; tal fue el caso de esta orden, creada en España por Beatriz de Silva; vestían de azul y blanco en alusión a su devoción mariana. Esta comunidad fue la primera orden femenina que llegó a la Nueva España en el siglo XVI. Su convento llegó a ser uno de los más grandes de la capital novohispana (aún se conserva el templo) ya que edificaron en su interior celdas particulares en las que se albergaban las monjas y damas seglares, lo cual rompió con la verdadera vida religiosa en comunidad, tanto así que se dice que el convento de La Concepción “observaba una regla que era como un suave yugo religioso”.

Las Capuchinas, al igual que las Clarisas (fundadas por Santa Clara de Asís), fue una de las órdenes femeninas derivadas de los franciscanos. La primera se distinguió por llevar una vida de mayor austeridad y pobreza que siempre se reflejó en su vestimenta.

Para terminar, quiero recordar a las monjas de San Jerónimo, a las que tanto lustre dio nuestra “décima musa”, sor Juana Inés de la Cruz. La fundación de la orden se hizo en 1584. Su hábito era blancoynegro y se distinguieron por su vida de oración y las diversas labores femeninas que realizaban en el interior del convento.

En algunas ocasiones, las religiosas llevaban bellos escudos sobre el pecho con escenas alusivas a la Virgen María, bien fueran pintadas o bordadas. No se sabe a ciencia cierta cuándo y quiénes portaban estos escudos, lo cierto es que siempre han sido motivo de admiración por la delicadeza de los trazos de esta obra miniada que ornamenta la indumentaria religiosa femenina.

 

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