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El mercado de Sonora (Distrito Federal)

Entrar al mágico mercado de Sonora significa sumergirse en un espacio de magia, esperanzas, deseos y anhelos tejidos entre murmullos, pasos, risas y pregones de vendedores.

Heredero de la vieja tradición de los mercados prehispánicos, el mercado de Sonora nos remite a experiencias ya olvidadas y evoca en nosotros un México que poco a poco vamos perdiendo.

Fundado hace cerca de 50 años, inició su actividad al mismo tiempo que los nuevos mercados de Jamaica y la Merced; ya lo largo de todos estos años ha cumplido una función primordial en la vida de la Ciudad de México: la de ayudar a la curación del cuerpo y del espíritu de muchos citadinos.

El mercado se ubica en la colonia Merced Balbuena, en una zona de tradición comercial, cerca de la vieja estación de bomberos; ahora, rodeado de ejes viales, ha perdido parte del encanto que tenía el llegar a él por calles y callejones saturados de la esencia del México Viejo.

EL DESPERTAR DEL SÁBADO: DÍA MOVIDO EN EL MERCADO

La mañana del sábado es especialmente movida; las calles que lo rodean se encuentran llenas de camiones, camionetas y otros vehículos. El mercado se expande hacia las áreas del estacionamiento, hacia los callejones, invade espacios donde los gritos, las voces y los ruidos se entremezclan con la música y el crepitar de los variados puestos de antojitos. Durante la mañana se expenden frescos nopales y elotes de Milpa Alta, macetas y tierra de Xochimilco, así como hierbas medicinales provenientes de Puebla, Morelos y el Estado de México.

El mercado de Sonora cuenta con una amplia nave en la que se encuentran los puestos fijos, sección que ha crecido en respuesta a una demanda cada vez mayor de ciertos productos.

En sus bulliciosos pasillos se venden los más variados productos. Son especialmente llamativos los dedicados a los juguetes tradicionales: graciosos trompos, juegos de té para que las niñas «aprendan desde chiquitas», carritos, camiones, matatenas y baleros de esos que ya «no se encuentran», cunas y cochecitos para bebés, cristalinas canicas y dulces muñecas; objetos que ofrecen juegos que educan y que quizá se recrearán en la vida adulta. Junto con los juguetes tradicionales de madera, trapo y barro aparecen los de plástico, que poco a poco desplazan a los añejos disenos modificando el gusto y creando modas.

En otros puestos encontramos loza de Guanajuato, platos para el pozole, jarros atoleros, juegos de café con sus jarras de gracioso pico, platones para los postres tradicionales y tazas para el chocolate. También aquí la modernidad irrumpe y sustituye la loza por el vidrio y el barro por termo crisa; además de los cambios en las formas, ya que los gustos evolucionan.

Una sección muy especial es la de los disfraces, trajes que muchos niños han soñado tener: amarillos y emplumados atavíos de pollito con sus caritas de cartón y amarillos picos de cartulina. Calurosos vestidos de perro o conejo con los que los niños se convierten en protagonistas de dulces historias; hermosísimos vestidos de hada o de princesa que sumergen a las niñas en cuentos con final feliz; bailarinas merecedoras de los mejores aplausos o mariposas de alegres colores y vida efímera. Más sencillos, pero no menos bonitos, son los trajes de «indita» o de «indito» para las fiestas escolares o el día de Corpus. También hay instrumentos musicales: sonajas, panderos y cascabeles, tenabaris para los concheros y maracas de guaje llenas de piedritas.

Tal y como se acostumbraba en los mercados prehispánicos, hay una sección fija de animales vivos. El piar de los pollitos se confunde con los débiles ladridos de perritos y maullidos de pequeños gatos que esperan ansiosos un dueño. También encontramos aves espectaculares: tucanes de enorme pico; guacamayas multicolores; loros que, según los vendedores, hablan «todo» y hasta en «varios idiomas», y graciosos tecolotes. En estos ruidosos pasillos encontramos hámsteres, ratas blancas, gallos, gallinas, patos, conejos y hasta diversas especies de serpientes; además de que es posible conseguir casi cualquier animal con sólo encargarlo. Si lo que uno desea es tener su propio criadero, es posible adquirir huevos de casi todas las aves, incluso pavorreales.

MAGIA Y PLANTAS MEDICINALES

Las dos secciones que han hecho más famoso al mercado son la de plantas medicinales y la de magia; ambas bien diferenciadas, si bien comparten un mismo espacio.

El uso de las plantas medicinales tiene una larga tradición en México. Producto de cientos de años de observación empirica y experiencia compartida, su utilización está estrechamente vinculada a conceptos religiosos y mágicos, además de ser un elemento cnltural que en un país con tantas tradiciones como es el nuestro, constituye una práctica muy arraigada. Tanto los jardines botánicos como los mercados de plantas medicinales han persistido en México, conservando el conocimiento y preservando las especies botánicas.

La enorme variedad de plantas medicinales que encontramos en el mercado nos habla de lo extendida que está la costumbre de utilizarlas. En los pletóricos pasillos donde se expenden, podemos encontrar hojas de aguacate para las inflamaciones, flor de manita para el corazón, flores de jacaranda para el estómago, «tripas de Judas» para los dolores musculares, axocopaque contra el reumatismo, árnica para aliviar los dolores producidos por golpes, manzanilla para los tés, toloache para el amor, y la «cabeza de negro" tan popular en los últimos años porque en ella se encontró materia prima para la obtención de la cortisona; pericón para cocer los elotes y para proteger las casas y los cultivos; flores de buganbilia para la tos, toronjil para los “corajes", y un sinfín de plantas con aplicaciones en todas las ramas de la medicina. En estos puestos también se venden víboras de cascabel, enteras o encapsuladas, las cuales tienen fama de curar el cáncer; zorrillos desecados con los que se prepara un caldo que “fortalece la sangre", estrellas de mar , y cruces de ocote para la buena suerte; trenzas de ajos machos para proteger las casas de las envidias; chupamirtos que se emplean como amuletos y ojos de venado para proteger del “mal de ojo".

Medicina impregnada de magia en la que la intervención de las divinidades se conjuga con la experiencia.

Finalmente llegamos a los puestos que más fama han dado al mercado: aquellos en los que se venden objetos directamente relacionados con las prácticas mágicas. Desde la remota antigüedad, la magia ha sido un recurso muy efectivo para influir sobre el destino y lograr que las cosas resulten a la medida de nuestros deseos. Estos puestos tienen características especiales, y aun cuando en ellos también expenden aigunas plantas, su giro más importante son los amuletos: las herraduras para proteger las casas, las velas y veladoras de todos colores para «trabajos» específicos: verdes, azules, rojas, blancas, amarillas o negras; polvo de oro, sal negra y de otros colores, alumbre, polvos en bellos sobrecitos de diseños antiquísimos, agua de San lgnacio para deshacerse de las personas indeseables, lociones de fuertes aromas y jabones para reforzar el efecto, sobre todo usados para «conseguir novio» o para que la pareja nos ame eternamente. Pero quizá más importantes que los objetos en sí, son las recetas que los vendedores proporcionan según sea el caso y ajustándose a las necesidades del cliente.

Sonora es un mercado versátil en el que se conjugan la tradición y la modernidad, la magia y lo eminentemente práctico, la medicina y la fe; en fin, en él encontramos todos los elementos para hacernos la vida más agradable recurriendo a todos los medios posibles.

Dirección: Av. Fray Servando Teresa de Mier # 419 Col. Merced Balbuena, Delegación Venustiano Carranza.

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