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El periodo clásico maya en Chiapas

Por: Roberto García

En la región oriental del estado de Chiapas, donde crece la selva tropical lluviosa, los mayas del periodo Clásico (del año 250 al 900 d.C.) alcanzaron su máximo esplendor con el establecimiento de grandes ciudades que ejercían el control político y económico sobre un amplio territorio. Entre estas ciudades destacan Palenque, Toniná, Yaxchilán, Bonampak y Chinkultic.

Algunos de los elementos propios de la cultura maya del periodo Clásico son la escritura jeroglífica, la construcción de bóvedas que no se basan en el principio del arco y la representación de la figura humana, en la que destacan la cabeza deformada del tipo tabular oblicua y el rostro de facciones suaves, nariz aguileña o recta muy pronunciada, y ojos oblicuos; el cuerpo es esbelto y bien proporcionado y se presenta tanto de perfil como de frente. Asimismo, a través de las inscripciones jeroglíficas sabemos de la precisión de su calendario, de su amplio conocimiento astronómico y de su clara conciencia histórica.

Como todos los pueblos cuya base económica es la agricultura, los mayas poseían un conocimiento preciso de los astros, de las plantas y los animales, y de las complejas ceremonias religiosas.

La arquitectura se caracteriza por sus templos construidos sobre amplias plataformas y basamentos adosados a colinas bajas de roca caliza. Basamentos, templos, plataformas, altares y juegos de pelota se integraron alrededor de grandes plazas y patios para formar complejas ciudades en las que todos los elementos fueron cuidadosamente planificados, ya que estaban relacionados con el pensamiento religioso y con el movimiento de los astros en su ciclo anual.

Tanto los textos jeroglíficos como las imágenes de las deidades y de los personajes de la vida diaria se incorporaron a la arquitectura por medio de la pintura mural o de la escultura realizada a base de estuco y piedra, en escalones, dinteles y lápidas, o bien como elementos asociados a las plazas, como estelas y altares.

El comercio fue otra de las actividades características de las ciudades mayas de Chiapas; así, hemos encontrado, para la manufactura de herramientas: obsidiana procedente de los Altos de Guatemala y del Altiplano central de México, pedernal de la región de Belice y rocas de origen volcánico tanto de los Altos de Chiapas como de Guatemala y Belice. Para los diferentes adornos, como collares, anillos o pulseras, obtuvieron conchas y caracoles del Mar Caribe, del Golfo de México o del océano Pacífico, piedras verdes de Honduras y Guatemala, y ónix de las Montañas Azules de Belice para elaborar finas vasijas.

El complejo y sofisticado mundo del Clásico maya, hacia los años 800 a 900 d.C., entra en una profunda crisis que se refleja en lo político, en lo social y en lo económico, y se transforma rápidamente. Dejan de hacerse las inscripciones jeroglíficas, cesa el comercio y las grandes ciudades son abandonadas. Posiblemente la estructura de poder no fue capaz de dar las respuestas sociales y las llamadas Tierras Bajas del Sur quedaron despobladas durante un milenio, que es el tiempo en que la selva reconquista su espacio.

Palenque se distingue del resto de los sitios del área maya por la calidad de su compleja arquitectura y amplios espacios cubiertos por bóvedas, y por su rica decoración de estuco modelado y amplios tableros escultóricos con inscripciones y representaciones de deidades y personajes importantes. Los edificios más destacados son El Palacio y el Templo de las Inscripciones, con la monumental tumba de uno de los principales gobernantes de Palenque.

Bonampak es notable por las pinturas murales del Edificio I que realzan a hombres y mujeres, como músicos, danzantes, guerreros y seres fantásticos que participan en ceremonias y en una batalla.

Yaxchilán destaca por su localización privilegiada a orillas del río Usumacinta, así como por su arquitectura, pero fundamentalmente por las numerosas inscripciones de sus monumentos escultóricos, lo que hace que posea uno de los registros históricos más importantes del Área Maya.

Toniná, situado en el valle de Ocosingo, sobresale por su monumental conjunto arquitectónico, en cuyos muros se conservan grandes superficies decoradas con relieves modelados en estuco, que se complementan con una escultura realizada sobre piedra caliza.

Chinkultic se desarrolló en el valle de Comitán; es una ciudad de menor complejidad que las anteriores, pero notable por su ubicación, arquitectura y monumentos escultóricos.

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