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El pueblo Pima: tras la huella de sus ancestros (Sonora)

Por: Alejandra Platt

En los límites de Sonora y Chihuahua, donde el paisaje serrano apenas descubre el rastro de los hombres, habitan en comunidades pequeñas los pimas bajos, descendientes del grupo indígena que antiguamente ocupó un gran territorio irregular, desde el sur de Sonora hasta el río Gila. Durante el proceso de conquista y colonización, éstos quedaron separados de sus hermanos, que encontraron en el desierto su refugio.

El aislamiento en que han vivido estas comunidades es muy grande; sin embargo, en 1991 llegó a vivir con ellos el padre David José Beaumont, quien después de empezar a conocerlos y aprender su forma de vivir, alcanzó a ganarse su confianza.

El padre David se estableció en Yécora, Sonora, y desde ahí visitó casa por casa los poblados de Los Pilares, El Kipor, Los Encinos y La Dura. La gente fue compartiendo con él sus costumbres, su historia, su tiempo, sus alimentos; y fue de esta manera como pudo darse cuenta que parte de sus tradiciones y creencias se habían perdido.

En ese entonces fue a visitar a los yaquis y mayos de Sonora y a los pimas de Chihuahua para conocer sus costumbres y así estar en capacidad de ayudar a los pimas de Maycoba y Yécora a rescatar las suyas. Los mismos pimas le decían al padre que ellos tenían danzas, cantos, ceremonias, ritos, que ya no recordaban. Entonces formó un equipo de pastoral indígena para buscar a todos aquellos que guardaban en su memoria acontecimientos del pasado, y fueron tras las leyendas que mostraran el camino para volver a comenzar y rescatar su cultura ya olvidada.

A partir de las figuras representadas en las cuevas que existen en los alrededores, en las que el venado aparece de manera reiterada, los mismos ancianos asociaron estas imágenes con una danza que aseguran se practicaba entre sus antepasados. Ahora, las mujeres pimas están aportando a su centro ceremonial indígena la Danza del Venado como algo muy especial.

LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE BORJA DE MAYCOBA

La iglesia antigua de Maycoba fue fundada con el nombre de San Francisco de Borja en el año 1676. Sus primeros misioneros fueron jesuitas. Ellos, además de su tarea evangelizadora en la región, introdujeron el ganado y diversos cultivos, y enseñaron técnicas agrícolas al pueblo pima.

Hacia 1690 hubo una rebelión de los tarahumaras contra los españoles; quemaron las iglesias de Maycoba y Yécora y en sólo dos semanas las destruyeron. No se sabe si las volvieron a construir o si se quedaron en ruinas, pues eran tan gruesas las paredes de adobe que no se desbarataron completamente. La parte menos dañada se siguió utilizando por los padres jesuitas hasta 1767, cuando fueron expulsados de la Nueva España y las misiones pimas pasaron a manos de los franciscanos.

RECONSTRUCCIÓN DE LA NUEVA IGLESIA

Desde que el padre David llegó a Maycoba, lo que más le pedían los pimas era reconstruir la iglesia. Para realizar este proyecto debió viajar varias veces para recabar ayuda económica de la Comisión Federal de Electricidad, el INI, el INAH, Culturas Populares y autoridades de la Iglesia católica, así como conseguir el permiso de construcción y que los arquitectos vinieran a verla.

La iglesia antigua fue edificada por las manos de los pimas en 1676; los adobes fueron hechos por ellos mismos. De ahí el padre David logró que la volvieran a construir los actuales pimas. Se hicieron cerca de 5 mil adobes como los anteriores con el mismo proceso de antaño, para levantar una primera parte del santuario. Se tomó la forma original de la fundación y de ahí se siguió la reconstrucción: igual tamaño y grosor de las paredes de cerca de dos metros de ancho, con una altura de tres metros y medio. El esfuerzo de estos pimas como albañiles fue intenso, sobre todo porque ellos querían su iglesia de vuelta en este siglo, donde gran parte de sus tradiciones estaban a punto de extinguirse.

ANTIGUAS CUEVAS PIMAS

Hay cerca de 40 cuevas en toda la región entre Yécora y Maycoba, donde en épocas pasadas vivían los pimas; allí hacían sus oraciones y sus rituales. Aún hay familias que las habitan. Se han descubierto en ellas restos de huesos, ollas, metates, guaris (petates), y otros objetos domésticos; también entierros muy antiguos, como el de los Pilares, donde vivió una familia numerosa.

Hay cuevas de enorme tamaño, así como pequeñas, donde sólo cabe un cuerpo. Todas son sagradas, porque conservan su pasado. Visitamos tres de ellas: la cueva de la Pinta, donde hay pinturas rupestres. A ésta se llega por el camino de Yécora a Maycoba a 20 km, se entra por Las Víboras a la izquierda (por terracería), después se pasa por los ranchos de La Cebadilla, Los Horcones (30 minutos, cerca de 8 km); al llegar al rancho de Los Lajeros dejamos el carro y anduvimos una hora, entre cerros, planos y bajadas precipitadas. Al día siguiente recorrimos dos cuevas más en el rancho Las Playits: caminando un kilómetro encontramos los restos de un pima muy antiguo y de ahí nos dirigimos a otra finca donde viven Manuel y su esposa Bertha Campa Revilla, quienes nos sirvieron de guías. Caminamos planos y riscos hacia abajo, encontramos una pequeña presa hecha por ellos para el ganado, donde se antoja una buena nadada. Como resulta difícil llegar a las cuevas y se necesita guía, es bueno señalar que Manuel y Bertha tienen un restaurante sobre el río Mulatos, a 26 km de Yécora hacia Maycoba; ellos siempre están ahí, con su rica comida: machaca, tortillas de harina, frijoles sonorenses, queso fresco y de la región de Chihuahua, y la típica bebida llamada bacanora.

TALA DE ÁRBOLES EN LA REGIÓN DE MAYCOBA Y YÉCORA

Desde que empezó la tala de pinos en esta región (estamos hablando de muchos años atrás), se ha notado en los cerros este problema y hasta en la vida de mestizos e indígenas, pues el bosque es la vida de los pimas. Ahora ya se acabaron los pinos y están continuando con un árbol muy preciado en esta región que es el encino, de gran tamaño y extraordinaria belleza. Si la tala continúa, se acabarán los encinos al igual que los pinos, y sólo veremos montañas desérticas y la extinción de mamíferos, aves e insectos. Si se destruyen estos últimos árboles, el futuro del pueblo pima corre peligro; se verán obligados a emigar a las grandes ciudades para conseguir empleo.

LEYENDA PIMA SOBRE LA CREACIÓN DEL MUNDO

Dios primero hizo a la gente muy fuerte y grande, pero esta gente no hizo caso de Dios. Entonces Dios los castigó con agua (el diluvio) y se acabaron. Luego Dios los hizo de nuevo y la gente no hizo caso otra vez; entonces Dios mandó al Sol para que bajase a la tierra. Dice la leyenda que cuando el Sol bajó las gentes se fueron a esconder a las cuevas para protegerse de morir quemados. Por eso la existencia de los huesos en las cuevas. Después hizo la gente de nuevo, que son los actuales pimas, pero dicen ellos que como está el mundo va a pasar lo mismo: el Sol bajará y quemará todo.

SI USTED VA A YÉCORA

Saliendo de Hermosillo, hacia el este, en dirección a Cuauhtémoc (Chihuahua), por la carretera federal núm. 16, se pasa por La Colorada, San José de Pimas, Tecoripa, Tonichi, Santa Rosa y Yécora (280 km). De Yécora a Maycoba son 51 km más por la misma carretera; se hacen 4 horas de Hermosillo a Yécora y 1 hora de Yécora a Maycoba.

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