Periódico mexicano fundado a fines de 1841 y cuya creación respondió a las severas restricciones con que el gobierno había sujetado a la prensa y a la instauración de un Nuevo Congreso Constituyente que le devolvió el poder a Antonio López de Santa Anna en septiembre de ese año.
Cuando el Diario del Gobierno acusó al congreso de “retroceder al tiempo
de la anarquía”, el gobierno reprimió a los liberales: el 4 de junio de
1842 dictó una circular desconociendo los fueros en delitos de imprenta;
y en julio Juan B. Morales, magistrado de la Suprema Corte y miembro
constituyente, sufrió prisión por un artículo sobre organización del
ejército publicado en las páginas de El Siglo Diez y Nueve.
Morales
había venido publicando en su periódico su famosa serie de artículos
satíricos antigobiernistas “El Gallo Pitágorico”.
Cuando en
noviembre de 1842 subió Nicolás Bravo al poder, dejó sin garantías a la
prensa, su gobierno fue, sin embargo, breve pues el 18 de diciembre de
ese mismo año, según lo establecido en el plan de San Luis Potosí, una
Junta Legislativa suplantó al Congreso. El principal periódico opositor a
este hecho fue El siglo Diez y Nueve con un resultado previsible: a
principios de mayo de 1843 fueron aprehendidos Mariano Otero, Gómez
Pedraza, Riva Palacio y Lafragua acusados de sedición. Fueron mantenidos
un mes en incomunicación.
Sin embargo, transcurridos unos meses,
Santa Anna fue derrocado y sustituido por Joaquín de Herrera, de ideas
moderadas. Este gobierno fue apoyado por los siguientes periódicos: El
Monitor Constitucional, La Unión nacional, El Defensor de las Leyes y El Siglo Diez y Nueve.
En 1845, este periódico republicano
reaccionó violentamente ante la idea que Tagle y otros conservadores
hábían propuesto par el país: volver a la monarquía. El Siglo Diez y
Nueve (que había sido sustituido momentáneamente por el Memorial
Histórico y transformado en marzo de ese año en El Republicano, aunque
luego volvería a tomar su nombre), El Espectador, la ReformayDon
Simplicio, bisemanario satírico redactado por Ignacio Ramírez, Guillermo
Prieto y otros jóvenes liberales, acaudillaron el bloque
antimonarquista, engrosado por multitud de otros panfletos y
publicaciones.
Para el año de 1851 El Siglo Diez y Nueve se había
transformado en un órgano del Partido Puro (liberal)- merced a un
oportuno cambio de redacción en la que figuró Francisco Zarco- e invitó a
la totalidad de la prensa a participar en la discusión razonada de las
modificaciones a la ley fundamental que había propuesto Mariano Arista,
ya que el congreso se ocupaba de la política exterior del país.
Fue
así como El Siglo Diez y Nueve evolucionó a la oposición y sufrió los
ataques de El Constitucional, periódico oficial, y La Esperanza. Francisco
Zarco, redactor en jefe de El Siglo Diez y Nueve fue perseguido a pesar
de ser miembro del Congreso.
La vida del periódico comenzaba a
acortarse: el 22 de septiembre de 1852 se publicó un decreto de Arista
para prohibir que se escribiera en la prensa cosa alguna que directa o
indirectamente favoreciera a los sublevados de la revolución de Jalisco,
o que criticara en cualquier forma a las autoridades. El Siglo Diez y
Nueve apareció en blanco ese día y al siguiente y el gobierno tuvo que
rectificar y volver sobre sus pasos. La prensa de la provincia y la
capital comentó agria y desfavorablemente el incidente.
Un año
después el 25 de abril se expidió la Ley de Lares, sobre libertad de
prensa, la más opresiva que había conocido el país y su efecto fue
total: en provincia sólo subsistieron los periódicos oficiales y El Siglo
Diez y Nueve se transformó en un simple periódico de anuncios y
noticias.






