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En 1920, un nuevo tipo de mujer

Por: Mar

La transición de un siglo a otro parece funcionar como un pretexto para el cambio. El inicio de una nueva época nos da la posibilidad de dejar todo atrás y empezar de nuevo; sin duda, es un momento de esperanza.

La explicación de la evolución de la historia siempre se nos es dada por siglos y parece estar dividida por éstos. La idea de progreso se construye con la comparación de épocas y el siglo parece ser el periodo de tiempo justo para estudiar una serie de fenómenos y así poder dar sentido a nuestro comportamiento.

El principio del siglo que terminamos o estamos por terminar es una época en la que el cambio es inminente y la moda, como siempre, refleja el carácter que está adoptando la sociedad. Se gasta más dinero en diversión y ropa. La ostentación y la extravagancia se rigen por un relajamiento en las cuestiones políticas y las grandes fiestas ocupan la mayor parte del tiempo en todos los niveles sociales.

En cuestión de moda los años veintes son la primera gran ruptura con la tradición femenina de faldas largas, vestidos incómodos y cinturas ajustadas por inhumanos corsets. La figura femenina en forma “S” de años anteriores no se usa más. Se trata de escandalizar, de hacerse presente en un mundo dominado por hombres. La forma femenina adquiere un aspecto cilíndrico, dando paso al modelo característico de esta época, el de talle largo, a la altura de las caderas sin marcar la cintura.

La ruptura no es sólo en la moda. La mujer se percata de su situación con respecto al hombre y no le agrada, y es así como empieza hacerse presente en ámbitos en los que no era bien visto que una mujer realizara actividades que estaban destinadas a los hombres, como los deportes; se puso de moda jugar tenis, golf, polo, la natación, incluso los diseños de trajes deportivos fueron muy peculiares y atrevidos para la época. Los trajes de baño eran vestidos pequeños, pero a partir de ahí se empezó a cortar tela sin parar hasta llegar a la diminuta ropa de playa de nuestros días. De hecho la ropa interior también sufre cambios; los complicados corsets se irán transformando en corpiños y surge el brassiere con diferentes formas.

La mujer empieza a salir a la calle, a desempeñar actividades donde el libre movimiento se hace necesario; el largo de las faldas y vestidos paulatinamente se va acortando hasta los tobillos, y en 1925 se lanza a las pasarelas la falda a la altura de las rodillas. La indignación de la sociedad masculina llega hasta el extremo de que el arzobispo de Nápoles se atreve a decir que un terremoto ocurrido en Amalfi era la demostración del enojo de Dios por haber aceptado las faldas cortas en el guardarropa femenino. El caso de Estados Unidos es similar; en Utah fue propuesta una ley que multaría y encarcelaría a mujeres por usar faldas de más de siete centímetros y medio arriba del tobillo; en Ohio, la altura permitida de la falda era menor, no subía más allá del empeine. Por supuesto, estas propuestas de ley nunca fueron aceptadas, perolos hombres, al verse amenazados, lucharon con todas sus armas para impedir la sublevación de las mujeres. Incluso las ligas que detienen las medias, recién descubiertas por la nueva altura de la falda, se convirtieron en un nuevo accesorio; las había con piedras preciosas y llegaban a costar hasta 30 000 dólares de aquella época.

En las naciones afectadas por la guerra la presencia de las mujeres en las calles era similar, pero las razones eran otras. Mientras que en muchos países la necesidad de cambio era por cuestiones sociales, los derrotados tenían que enfrentar la devastación. Había que reconstruir desde los edificios y calles hasta el alma de sus habitantes. La única forma era salir a hacerlo, las mujeres lo hicieron y el cambio de su vestimenta se volvió una necesidad.

El estilo con el que se puede definir esta época es parecer lo más andrógino posible. Junto a la forma cilíndrica donde se escondían las curvas femeninas –en algunas ocasiones llegaban a vendarse el busto para tratar de ocultarlo–, estaba el corte de pelo. Por primera vez la mujerdeja atrás las largas cabelleras y los complicados peinados; surge entonces una nueva estética de lo sensual. El corte, llamado garçonne (muchacha, en francés) junto con atuendos totalmente masculinos les ayuda a crear ese ideal erótico basado en lo andrógino. Junto al corte de pelo se diseñan sombreros acordes con la nueva imagen. El estilo cloche adoptaba formas siguiendo el contorno de la cabeza; otros más tenían ala pequeña, por lo que era imposible usarlos con el pelo largo. Un dato curioso del uso del sombrero era que la pequeña ala les cubría parte de los ojos, por lo que tenían que caminar con la cabeza en alto; esto sugiere una imagen muy representativa de la nueva actitud de las mujeres.

En Francia, Madeleine Vionet inventa el corte de pelo “al bies” del sombrero, lo que empieza a influir en sus creaciones, que serán imitadas por el resto de diseñadores.

Algunas mujeres menos rebeldes optaron por no cortarse el pelo, pero lo peinaban de una manera que sugería el nuevo estilo. No era fácil distinguir una mujer de un colegial, a no ser por el llamativo lápiz labial rojo y las brillantes sombras en los párpados. El maquillaje se tornó más abundante, con líneas más definidas. Las bocas de los años veintes son delgadas y en forma de corazón, efectos que se lograban gracias a nuevos productos. Es también característica la delgada línea de las cejas, haciendo hincapié, en todos los sentidos, en una simplificación de las formas, tanto en el maquillaje como en los estilos de los diseños que contrastan con lo complicado de las formas del pasado.

Las necesidades de los nuevos tiempos propiciaron el invento de accesorios que hacían más práctica la feminidad, como las cigarreras y los perfumeros en forma de anillo. “Para tenerlo siempre a la mano en caso de necesidad, puede guardarse ahora el perfume favorito en unos anillos expresamente construidos con ese destino, y que contienen un minúsculo frasquito en su interior”. Es así como la revista El Hogar (Buenos Aires, abril 1926) presenta este nuevo producto. Otros accesorios importantes son los largos collares de perlas, las bolsas compactas y, bajo la influencia de Coco Channel, la joyería convertida por primera vez en un objeto de moda.

El hartazgo de las formas rebuscadas hace que en la moda se busque lo sencillo y lo práctico. La pureza de la forma en oposición al pasado, la necesidad de cambio a partir de la masacre de la primera gran guerra, hizo que las mujeres se dieran cuenta de que había que vivir el presente, pues el futuro podía ser incierto. Con la segunda guerra mundial y la aparición de la bomba atómica se acentuaría este sentido de “vivir al día”.

En otro orden de ideas, es importante decir que las casas de diseño, como “Doucet”, “Doeuillet and Drécoll, que crearon la gloria de la belle epoque, al no poder responder a las nuevas demandas de la sociedad, o tal vez por oposición al cambio, cerraron sus puertas dando paso a nuevos diseñadores como Madame Schiaparelli, Coco Channel, Madame Paquin, Madeleine Vione, entre otros. Los diseñadores estaban muy cerca de la revolución intelectual; las vanguardias artísticas de principios de siglo marcaron un dinamismo excepcional, las corrientes iban en contra de la academia, es por esto que fueron tan efímeras.

El arte se traslapaba con la vida cotidiana porque se servía de ésta para crear. Los nuevos diseñadores estaban íntimamente ligados con estas corrientes. Schiaparelli, por ejemplo, formaba parte del grupo de los surrealistas y vivía como ellos. Cuentan los cronistas de moda que como era muy fea comía semillas de flores para que la belleza naciera en ella, una actitud muy propia de su época. Fue acusada en repetidas ocasiones de “llevar al apache al Ritz” por incluir en el vestuario de las clases altas diseños de la clase trabajadora. Otra famosa, Coco Channel, se movía en el círculo intelectual, y tenía como íntimos amigos a Dalí, Cocteau, Picasso, y Stravinsky. Las cuestiones intelectuales sepermeaban en todos los ámbitos y la moda no era la excepción.

La difusión de la moda corrió a cargo de dos importantes medios de comunicación, el correo y la cinematografía. Los nuevos modelos eran impresos en catálogos y mandados a los pueblos más remotos. Multitudes ansiosas esperaban la revista que traíaa su casa la metrópoli, como por arte de magia. Podían estaral tanto de la moda y también adquirirla. El otro medio, mucho más espectacular fue el cine, donde las grandes personalidades eran los modelos, lo que constituyó una excelente estrategia publicitaria, ya que el público se identificaba con los actores y por lo tanto trataba de imitarlos. Tal era el caso de la popular Greta Garbo que marcó toda una época en el cine.

Las mujeres mexicanas de principios de la segunda década del siglo XX se distinguían por su apego a las tradiciones y a las reglas impuestas por sus mayores; sin embargo, no pudieron mantenerse al margen de los cambios sociales y culturales que trajo consigo el movimiento revolucionario. La vida rural se transformaba en urbana y los primeros comunistas hicieron su aparición en el escenario nacional. Las mujeres, sobre todo las más informadas y las de más recursos económicos, sucumbieron al encanto de la nueva moda, que para ellas era sinónimo de libertad.Frida Kahlo, Tina Modotti y Antonieta Rivas Mercado encabezan la lista de las muchas mujeres jóvenes que, en sus diversas actividades, emprendieron luchas sin cuartel contra el convencionalismo. En lo que respecta a la moda, Kahlo se hizo eco de los muralistas, empeñados en rescatar lo auténticamente mexicano; a partir de la popularidad de la artista, muchas mujeres empezaron a vestir trajes tradicionales, a peinarse con trenzas ylistones de colores y a adquirir joyería de plata con motivos mexicanos.

En cuanto a Antonieta Rivas Mercado, perteneciente a una clase acomodada y cosmopolita, desde muy niña manifestó tener un espíritu rebelde contrario a los prejuicios. A los 10 años, en 1910, se hizo cortar el pelo al estilo Juana de Arco y a los 20 “adoptó la moda Chanel como quien toma el hábito que corresponde a una convicción interior. Le calzaba admirablemente esta moda de elegancia sobria, de comodidad estudiada e inadvertida, que siempre había buscado. Ella, que no era mujer de formas acentuadas, llevaba a la perfección esos vestidos rectos que olvidaban los senos y las caderas, y liberaban al cuerpo con las telas jersey que caían sin escándalo en una silueta nítida.

El negro se volvióasimismo su color favorito. También en esa época se impuso el pelo a la garçonne, de preferencia negro y engominado a la Valentino” (Tomado de Antonieta, de Fabienne Bradu)

La moda de los años veintes, no obstante su aparente superficialidad, es símbolo de rebeldía. Estar a la moda se consideraba importante, pues era una actitud femenina frente a la sociedad. El siglo XX se caracterizo por lodinámico de las rupturas y los años veintes fueron el inicio del cambio.

Fuente: México en el Tiempo No. 35 marzo / abril 2000

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