Visto desde el cielo, Tabasco es pura vida: todo verde bañado en agua. En tierra, ese universo al natural posee un embrujo especial, no importa cuantas veces se visite, siempre hay un nuevo lugar por descubrir
Enclavado en medio de la selva, rodeado de montañas y valles, enmarcado por dos ríos y poseedor de una arquitectura colonial tradicional, Tapijulapa sorprende, al tiempo que impregna de paz al visitante. Para descubrirlo hay que salir de Villahermosa, por la carretera 195 y recorrer alrededor de 90 km hacia el municipio de Tacotalpa, en la zona de la sierra, donde la lluvia perpetua no se convierte en un impedimento, sino en una atmósfera de misticismo y contacto con la naturaleza.
En la región de la sierra hay que enfrentarse con las carreteras dotados de espíritu aventurero, pues algunas son hostiles, sobre todo las que bordean altas montañas. Cualquier signo de irritabilidad por lo accidentado del camino se disipa cuando te introduce a la selva tropical y conduce a bellos ríos, cascadas, grutas y al destino final, un pueblo enclavado en la selva que hechiza a primera vista.
Es uno de esos lugares donde al llegar, los niños rodean al visitante pidiendo dulces y ofreciendo un sinfín de amenidades.
Por calles empedradas
Sus calles son estrechas y adoquinadas, marco perfecto para las casitas tradicionales: todas blancas con cenefa roja a juego con los techos a dos aguas de teja igualmente roja y fina herrería en puertas, ventanas y balcones, éstos últimos, decorados con macetas de coloridas flores.
En la parte más alta del cerro, se ubica el templo dominico Santiago Apóstol, construido a finales del siglo XVII, desde donde se deja ver el poblado en todo su esplendor, rodeado por valles y montañas, embellecido por la confluencia de los ríos Oxolotán y Amatán y por la uniformidad y tradicionalismo de su arquitectura.
Una larga sucesión de escalinatas invita a descender al corazón del pueblo, dejarse extraviar por los callejones y curiosear por los talleres de los artesanos que trabajan el tejido de mimbre. Con él hacen todo tipo de objetos: diademas, sombreros, lámparas, cestas y hasta muebles de diseños complicados y muy estéticos. En los talleres también se alcanzan a ver objetos decorativos en madera tallada, no cabe duda que es un pueblo de artistas, por su calidad en el trabajo y por las manifestaciones culturales que se encuentran a cada paso.
A ritmo regional
Al recorrer las calles me invadió una inmensa tranquilidad, tomé un respiro y me pasó por la mente que no necesitaría más para ser feliz, que una confortable casa con vista a los ríos y una actividad artística que me libere del agitado ritmo urbano.
Mis planes futuros se interrumpieron con la música tradicional que salía de una casona. La puerta estaba abierta, como parece ser la costumbre de todos en el pueblito, por lo que subí las escaleras siguiendo la melodía. El ritmo de pronto se hacía acompañar por fuertes zapateadas y me encontré con una clase de danza regional. Niños de todas las edades presumían un movimiento corporal tan estético, que me hizo salir algo apenada de la Casa de Cultura, donde se brindan diferentes clases de arte. El balcón de allí es uno de los lugares más privilegiados del pueblo, pues es testigo de la fusión de los dos protagonistas de Tapijulapa, los ríos Amatán y Oxolotán. La unión de ambos es notoria por la diferencia de colores que cada uno presenta, azul por un lado y verde por el otro. No hay que perderse un paseo en lancha o moto acuática por los ríos.
Justo a orillas de la colindancia de estos ríos, los habitantes han armado una construcción de unos 30 metros para saciar la sed de adrenalina de sus visitantes, una base de tirolesa que llega a la copa de un árbol y que cruza los ríos. La experiencia es la mejor manera de comenzar a calentar motores, pues la adrenalina no falta en los alrededores de Tapijulapa.
5 Básicos de Tapijulapa
• Comprar cestería.
• Probar las tortas de iguana y el pozol.
• Aventarse en la tirolesa.
• Callejonear de noche.
• Relajarse y disfrutar de la vista de los ríos Amatán y Oxolotán.
Aunque se antoja mantenerlo en secreto, Tapijulapa es un pedazo de Tabasco para compartir.
Sabor provinciano
Lo mejor que tienen los restaurantes aquí es ese sabor casero, el olor a tortillas de coco y una salsa deliciosa, que hay que tratar con respeto pues es algo picosa. Entre los platillos típicos de la región destacan el pejelagarto, una especie exótica con cuerpo de pez y hocico de lagarto; tortas de iguana, pan de plátano, dulce de papaya con zapote, el chocolate y el pozol, una bebida hecha con masa de maíz y cacao molido, que según cuenta la leyenda, quien la prueba se somete al embrujo de regresar continuamente a Tabasco.
No deje de visitar
Kolem Jaá. Como parte de la selva media del sureste mexicano, entre cascadas, montañas, cavernas y ríos, a 3 kilómetros de Tapijulapa, está el centro ecoturístico de Kolem Jaá, la visita obligada para los amantes de la naturaleza y las emociones fuertes. Su nombre, que en lengua chol significa: la grandeza del agua, es un tributo a sus cascadas y aguas termales, esparcidas en sus 27 hectáreas, hábitat de más de 200 especies de aves, 500 variedades de plantas tropicales y 300 distintos mamíferos, insectos y reptiles.
Este lindo jardín botánico natural hace del mínimo traslado un momento de esparcimiento, aunque no hay mucho tiempo para la contemplación, pues ofrece un sinfín de actividades. Cuenta con un canopy de 480 metros de largo y 35 de alto y brinda todas las facilidades para practicar ciclismo de montaña, cabalgata, espeleología, descenso en el río Oxolotán, rappel en cascadas, safaris fotográficos, senderismo y tirolesa.
Reserva Ecológica de Villa Luz
Si uno camina durante 20 minutos saliendo del límite de Kolem Jaá, que nunca se sabe dónde empieza y dónde termina, se llega a esta reserva bañada por el agua de manantiales sulfurosos que crean interesantes formaciones de yeso y azufre, además de una extraña biodiversidad de peces ciegos e insectos que bien podrían proceder de otro planeta.
Villa Luz es considerada por los indios zoques como una zona mística donde habitan los espíritus de los dioses de la naturaleza. Si se tiene la oportunidad de recorrerla con un guía, la experiencia es más completa, pues siempre “el primo del amigo” tuvo encuentros con duendes. Personalmente sí les creí, la energía del lugar es vibrante y todo se puede esperar.
Entre sus numerosas y hermosas cascadas, grutas y exuberante vegetación, vive la Cueva de las Sardinas, también colmada de agua sulfurosa de azul intenso e imponentes tragaluces. El lugar es escenario del ritual de origen prehispánico que se realiza año con año en Semana Santa. La tradicional ceremonia de la pesca de la sardina está dedicada a Chaac, dios de la lluvia, y guiada por los viejos del pueblo de Tapijulapa, quienes solicitan permiso a la cueva para entrar, realizan una ofrenda y una danza para que después se pesquen las sardinas.
Ex convento de Oxolotán
A unos 45 minutos de Tapijulapa, enclavado en la sierra, está el único testimonio de la época colonial en Tabasco con interesantes detalles arquitectónicos. Fue construido de 1550 a 1560 por una orden de dominicos que había llegado de la provincia de los Predicadores de San Vicente de Chiapas. En la actualidad una de sus naves es un museo que expone óleos de la época colonial, escultura de madera estofada y arte-objeto religioso.
Tiene una atmósfera interesante, proveniente de su antigua historia, la belleza arquitectónica que conserva y el afán de la naturaleza de comerse la construcción entera. Por todas las grietas crecen hierbas y por todos los resquicios se introduce la luz del sol.
El territorio tabasqueño guarda celoso, rincones donde un halo de paz se fusiona con la magia de la tradición, todo rodeado por naturaleza virgen.






