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Explorando la Sierra Norte de Oaxaca

Por: Liberto Ler

Sin apuro, un grupo de jóvenes nos internamos en las entrañas del bosque. No supimos si fue la soledad, la vegetación, o los animales que salían a nuestro paso, lo que nos hizo sentir extasiados en esta porción de tierra.

Día 1


Llegamos al poblado de Ixtlán de Juárez, donde realizamos los últimos preparativos de nuestra expedición y alistamos nuestras mochilas. Ahí comenzó oficialmente nuestro primer día de caminata. Fue cuando nos internamos en la frescura de los bosques de coníferas de pinos y encinos. Después de tres horas de ascenso, llegamos a nuestro primer campamento en lo alto del cerro de Pozuelos, el punto más alto sobre los 3,000 metros que alcanzaríamos durante el recorrido. Por cierto, lo bueno de contratar un servicio de expedición es que durante los cuatro días nos acompañaron porteadores de la región, quienes nos apoyaron en todo momento y los guías se lucían diariamente preparando deliciosas comidas. Después de descansar un rato, durante la tarde ascendimos a lo alto del Pozuelos para disfrutar de un espectacular atardecer, donde las accidentadas serranías se suceden unas detrás de otras, corriendo entre ellas un espeso mar de nubes.


Día 2


Durante la mañana levantamos el campamento, desayunamos e iniciamos un día más de caminata por el camino Real, el cual nos internó en el mágico bosque de nubes, donde la vegetación comienza a ser más espesa y abundante, los árboles están cubiertos de musgos, líquenes, bromelias y orquídeas. Después de tres horas, paramos para tomar un refrigerio y descansar para continuar otras dos horas más hasta el próximo campamento, conocido como La Encrucijada, donde hicimos palomitas, mientras nuestros guías prepararon un suculento fondue, que acompañamos con vino tinto. Todo lo disfrutamos como nunca, sería el ambiente, el bosque, la noche, o tal vez saber que nos encontrábamos a días de la civilización más cercana.


Día 3


Para el tercer día, ya éramos expertos en armar y desarmar las tiendas de campaña. Después de desayunar, nuestros pasos nos llevaron dentro de un mundo perdido, en el corazón del bosque mesófilo. Durante todo el día caminamos a lo largo de una arista o vertiente que marca la frontera natural entre las planicies del Golfo de México y el Océano Pacífico, desde donde es posible ver cómo llegan las espesas nubes cargadas, con toda su fuerza, y se van desvaneciendo al pasar del otro lado de la sierra, que es más caliente. Es un fenómeno único.


Estas nubes son precisamente las que dan origen al "bosque de nubes", científicamente conocido como bosque mesófilo Oreomunnea mexicana, considerado como uno de los más antiguos del mundo por su similitud con restos fósiles de bosques que datan de hace más de 22 millones de años. Son los más ricos en especies vegetales en el ámbito nacional y forman parte del área de bosque nubloso más grande en Centroamérica y Norteamérica (incluyendo el Caribe). Estudios recientes realizados vía satélite revelan que éste es uno de los mejor conservados del mundo y es el hábitat de numerosas especies, muchas de ellas endémicas, tal es el caso de las salamandras de la familia Plethodontidae; 13 especies de reptiles, 400 especies de aves, dos de ellas endémicas, y 15 en peligro de extinción. A nuestro paso encontramos coloridas mariposas, pues esta zona es considerada como una de las tres con mayor riqueza de especies en el ámbito nacional, como la Pterourus, también endémica de la región. En cuanto a los mamíferos, es hogar del venado, jabalí, tapir, mono araña y cinco especies de felinos, donde figuran el ocelote, puma y jaguar.


Impactados por tanta riqueza y después de cinco horas de caminata, llegamos a nuestro último campamento, situado en Laguna Seca, donde una vez más nuestros guías nos dejaron impresionados con su habilidad culinaria de alta montaña, deleitándonos con un excelente spaghetti a la boloñesa, ensalada César y rodajas de chorizo y salchichón estilo argentino, asados en la fogata.


Día 4


En este día el viejo camino Real nos llevó ahora al bosque tropical, del frío de la montaña pasamos al calor húmedo, donde la naturaleza nos volvió a sorprender con helechos arbóreos de 14 metros de altura y con uno de los árboles más grandes del mundo, el Chiapensis, situado después del Eucaliptus de África y la Sequoia de Estados Unidos.


Para refrescarnos, tomamos un baño en las cristalinas pozas del río Soyalapa (que junto a muchos otros forman el Papalopan). Finalmente, después de un par de horas, regresamos a Ixtlán y de ahí, a una hora y media, llegamos a la ciudad de Oaxaca, donde dimos fin a este magnífico recorrido. Un lugar único en el mundo, digno de visitarse y conservar.


Un camino con historia


Esta ruta se convirtió, después de ser el hilo conector entre Monte Albán y los pueblos de los valles de Oaxaca con las culturas que habitaban las planicies del Golfo de México, en el camino real utilizado por los conquistadores españoles, quienes después de haber fundado la Villa Rica de la Veracruz se internaron en territorio zapoteco, donde fueron derrotados en tres ocasiones por los feroces guerreros. Finalmente lograron su cometido y el camino se convirtió en la ruta principal y puerta de entrada y salida entre el Puerto de Veracruz y los valles de Oaxaca, donde la ambición llevó a los conquistadores a caminar durante días con sus pesadas armaduras cargando el oro y preciosos tesoros provenientes del saqueo de Monte Albán y ciudades aledañas.


Otras riquezas


La Sierra Norte de Oaxaca, también conocida como Sierra de Ixtlán o Sierra Juárez, está ubicada al norte del estado. La milenaria cultura zapoteca ha habitado esta región desde tiempo inmemorial, ellos han cuidado y protegido sus ancestrales bosques, siendo hoy un ejemplo para todo el mundo de conservación y protección de la naturaleza. Para la gente de Ixtlán, los bosques y las montañas son lugares sagrados, ya que de ellos depende su propia subsistencia. Hoy, gracias a los esfuerzos de los indígenas zapotecas, se encuentran protegidas 150,000 hectáreas de tierras comunales.


¿Qué llevar?


Es indispensable llevar el mínimo de equipo y ropa, ya que se carga durante el recorrido. Disponer de una camisa de manga larga, una camiseta, un pantalón ligero, de preferencia nylon, una chamarra o sudadera de polartec, botas para caminar, impermeable, un poncho, sleeping bag, colchoneta, artículos de aseo personal, linterna, navaja, cantimplora, plato, taza y cuchara.


Es muy importante que no haga este recorrido sin guías profesionales, ya que es muy fácil perderse en la sierra.

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