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Fin de semana en Hidalgo

Por: Beatriz Santos Pruneda

¿No se te antoja pasar unos días en el bosque? Te presentamos una nueva forma de practicar el turismo alternativo, y de pernoctar en una cabaña -con total seguridad-, en el poblado de Apulco, Hidalgo. ¡Te encantará!

Nuestra vista en el mapa se detuvo en Hidalgo, por su cercanía a la Ciudad de México y porque tiene una zona boscosa muy agradable. El invierno nos despertó el deseo de una larga caminata entre pinos y tal vez, hasta hacer una fogata  por la noche. Pero, ¿ dónde? Buscando un poco, encontramos un tríptico de la Asociación de Haciendas y Casas Rurales y después de una llamada, nos recomendaron Santa Cecilia, que prometía una cabaña amueblada en un entorno excepcional y atención personalizada de los propios dueños.

Viernes

20:00 hrs. Aunque nos costó un poco de trabajo y mucha paciencia salir de la ciudad por la tarde, valió la pena, pues después de hora y media de carretera, llegamos a Apulco, un pequeño poblado donde hay una ex hacienda con el mismo nombre. Guillermo, el dueño de Santa Cecilia, nos recomendó que pasáramos primero por aquí, ya que hay un paquete que consiste en alojamiento y vuelo en globo al otro día. Así que después de instalarnos en nuestras habitaciones, la propia dueña, Noemí Domínguez, nos dio un pequeño tour por su antigua y bien cuidada propiedad. Terminamos platicando en la enorme cocina, al calor del fogón, y después de cenar nos fuimos a dormir.

Sábado

6:00 hrs. Nos levantamos muy temprano, ya que los viajes en globo deben hacerse en las primeras horas de la mañana, cuando el viento está en calma (12 a 18 kilómetros por hora).

Nos trasladamos a un campo de fútbol donde son los despegues. Ahí, mientras inflan los globos, la anfitriona nos ofreció jugo, café y galletas; dando pequeños sorbos y disfrutando del amanecer, vimos cómo tomaba forma el gigante aerostático de 250 kilos.

7:00 hrs. Fue muy emocionante el despegue, y en pocos minutos ya estábamos envueltos por un remanso de paz. Íbamos nueve amigos y apenas deseamos hablarnos. Sobraban las palabras. Sólo intercambiábamos sonrisas. Lo especial de este vuelo fue adentrarse a la barranca de Santa Clara. La canasta rozaba las copas de los árboles y la luz jugaba entre las ramas, mientras pasábamos entre la bruma, arriba de un riachuelo y tomábamos rumbo indefinido. El experimentado operador nos fue explicando un poco acerca del pilotaje del globo y nos dio mucha confianza. Como traen radios de alto alcance, se comunican con el equipo de tierra y les van diciendo el posible lugar de aterrizaje. Ellos se adelantan y si pueden, piden permiso a los dueños del terreno. Así, tocamos tierra casi casi, mágicamente. Mientras platicábamos nuestras impresiones, el globo ya estaba guardado y listo para ser remolcado.

9:00 hrs. De vuelta a la Ex hacienda Apulco fuimos directo al comedor, donde nos esperaban unas diez cazuelas de ricos guisados, tortillas recién hechas, café de olla y pan dulce. ¡Nos sentimos más vivos que nunca! Y apenas comenzaba nuestro fin de semana.

10:30 hrs. Después de despedirnos de Nohemí y de sus 11 hermosos perros, partimos ahora sí a Santa Cecilia. En 15 minutos ya estábamos en un sendero boscoso que prometía mucho. La casa está a final del camino. Los ocres y el olor a pino nos dieron la bienvenida. Sonrientes, fuimos presentados a toda la familia, que serían nuestros anfitriones por el resto del fin de semana.

11.30 hrs. Después de instalarnos en la cabaña aledaña a la casa, nos dimos una ducha y salimos a dar un recorrido por la propiedad. Después nos separamos. Unos nos quedamos a tomar una terapia de relajación y otros prefirieron hacer senderismo por la zona, que por cierto, es sumamente segura. Las dos actividades fueron muy relajantes. La terapista nos dio a elegir entre reiki, masaje anti estrés, reflexología y flores de Bach.

13:00 hrs. Una sorpresiva lluvia nos hizo resguardarnos en la sala familiar, nada más propicio para platicar y tomar un aperitivo. Aunque es poco común, el concepto de tomar los alimentos precisamente en el comedor de los dueños es verdaderamente agradable. Te atienden como al mejor de sus amigos y te olvidas del mesero y qué elegir en el menú. Los platillos salen directamente del recetario de la señora de la casa, Ceci. Todo nos resultó delicioso.

16:00 hrs. Todavía teníamos algo de energía, así que probamos las bicicletas de montaña. El Corredor Turístico de la Montaña se localiza en la parte noreste del estado de Hidalgo. Es la región denominada Comarca Minera por sus 500 años de explotación interrumpida y la conforman los municipios de Mineral del Chico, Mineral del Monte, Huasca de Ocampo, Omitlán de Juárez, Acaxochitlán, Epazoyucan, Cuautepec de Hinojosa y Calnali, en la sierra huasteca. Lo más cercano a Santa Cecilia es Acaxochitlán, un pequeño pueblo que visitaríamos el domingo. El pedaleo estuvo muy bien. Después de descansar un rato, nos convencieron para dar un último paseo por el bosque, la meta era conocer una pequeña presa, a unos cuantos kilómetros de ahí. El sol caía y el ambiente era apacible, tanto que se nos fue el tiempo. El viento fresco nos alertó que teníamos que regresar, como no había luna, fue totalmente a oscuras. Fue la caminata más divertida de nuestra vida como adultos. Con lodo hasta las rodillas y varios tropezones, llegamos a la casa para cambiarnos y cenar.

20:00 hrs. Esta zona tiene un clima muy cambiante. En un solo día puedes tener todas las estaciones del año, así que considere vestirse en capas y llevar al menos dos pares de zapatos muy cómodos o tenis. Las noches por lo regular son frescas y en invierno son realmente frías, pero con una chamarra de pluma es más que suficiente.

Guillermo, Ceci y los niños ya estaban preparando todo para la fogata. Y entre historias, hamburguesas y bombones se nos fue la velada hasta que nos fuimos a descansar.

Domingo

9:00 hrs. Parecían incansables nuestros anfitriones. El desayuno estaba listo y la mesa perfectamente dispuesta desde temprano. Nos ofrecieron tamalitos de Acaxochitlán, frijoles refritos, crujientes buñuelos y un formidable pan dulce. Fue tanto nuestro entusiasmo, que ofrecieron llevarnos a la panadería, en donde por cierto,  elaboran el pan en un enorme horno de leña y cuando van niños de campamento a Santa Cecilia, los llevan para que hagan su propio pan para la comida.

10.30 hrs. Salimos al pueblo de Acaxochitlán, a 5 kilómetros de la casa, para dar una vuelta por su tianguis dominical. ¡Había de todo! La ropa hecha por los indígenas es muy bonita. Compramos algunas blusas de algodón bordadas con vivos colores, queso fresco, longaniza, palo azul (pedazos de tronco que se ponen en una jarra de agua y son buenos para los riñones), molotitos de papa con salsa verde; y Victoria, nuestra pequeña nueva amiga, hasta compró una pareja de cotorros. Por supuesto, no nos olvidamos de pasar a la panadería y llevamos varias bolsas, incluso compramos una “cuelga” para una amiga. Es una gran empanada rellena de queso que cortan en lugar del típico pastel de cumpleaños. Se las recomendamos.

11.30 hrs. A 15 kilómetros están las Cascadas de Chimalapa. No son las caídas de agua más impresionantes que hayamos visto, pero es un paseo muy agradable y el lugar es muy apacible.

13:00 hrs. Volvimos por nuestras maletas y Guillermo nos convenció para que nos fuéramos ya comidos. No nos hicimos del rogar. De camino a la ciudad comentamos lo agradecidos que estábamos con la familia que nos abrió las puertas de su casa y nos enseñó una nueva forma de viajar, disfrutando de la naturaleza de una forma muy singular. Regresamos con nuevos amigos, sin duda.

¿Conoces el estado de Hidalgo? Cuéntanos tu experiencia... ¡Comenta esta nota!

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