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Fin de semana en Holbox... para nadar con el tiburón ballena

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Por: Lorena Bernal

Acompáñanos a la Península de Yucatán y descubre bajo las aguas del mar Caribe, la espectacular silueta de este pez -el más grande del mundo-, en un fenómeno natural que cada año, tiene lugar durante el verano en el sureste mexicano.

Después de habernos enterado de la posibilidad de nadar con el tiburón ballena (Rhincodon typus ) en la costa norte de la Península de Yucatán, en una isla llamada Holbox, fue imposible desistirnos de hacerlo.

Todo comenzó cuando por unas amistades nos enteramos de la existencia de la pequeña isla, pues únicamente mide 40 kilómetros de largo. Por Internet buscamos la manera más factible de irnos y en la revista México desconocido encontramos información. Por cuestión de tiempo y distancia optamos por volar a Cancún.

Jueves

Una vez en Cancún, tomamos un autobús colectivo que nos dejó en la estación de camiones. La ruta es Cancún –Chiquilá– Holbox. El trayecto, con sus impredecibles paradas en los pueblitos aledaños a la carretera, fue interesante.

En Chiquilá investigamos lo necesario para tomar el tour de nado con el tiburón ballena (la mejor temporada para vivir esta experiencia es entre julio y agosto). Ahí compramos los boletos para el ferry, el medio más común para poder cruzar a la isla. Al subir todo el equipaje es colocado delante de la embarcación al aire libre y uno pasa a una zona techada llena de bancas fijas para sentarse. Al iniciar el viaje, no dudamos en solicitar nos dejaran ir con el equipaje. Fue un deleite. Tuvimos la oportunidad de ver una tortuga marina y distintos peces para nosotros desconocidos. Después de tan sólo 20 minutos, llegamos.

Al bajar nos esperaban varios lugareños en el muelle con sus bicicletas de carga, que te cobran diez pesos, y uno que otro perro callejero. Pareciera como si estos últimos formaran parte del comité de bienvenida, contentos y moviendo la cola a la expectativa de ver quien llegaba. Por supuesto fueron quienes encabezaron la comitiva de turistas desde el muelle hasta la plaza principal. Por fin llegamos al hotel, donde nos dimos un duchazo para aminorar el intenso calor.

Al salir al pueblo, nos percatamos de que está integrado principalmente por pescadores y por una comunidad de italianos, ciertamente considerable para el tamaño de la población. Hay todo tipo de hospedaje ahí. Desde la renta de habitaciones y bungalows, hasta un par de hotelitos no muy grandes, pero con todas las comodidades. Para comer hay varias opciones, principalmente cerca de la plaza principal. Elegimos el restaurante Evelyn, muy famoso por sus pizzas. Es el lugar con el horario más amplio de servicio.

Después corrimos a ver el mar. Nunca nos imaginamos la grandeza del lugar. La claridad y tibieza del agua armonizaba con los distintos matices de turquesa y esmeralda, que se empataban al mismo tiempo con el claro y fino grano de la arena. Simplemente espectacular.

La isla de Holbox ofrece muchos kilómetros de playas vírgenes con arena coralina, por tal característica aun durante las horas altas de sol, es posible caminar por la arena sin quemarse. Este paisaje se junta con la exuberante vegetación de sus manglares. Por lo que no es casualidad que se haya declarado como Área Natural Protegida, la región conocida como Yum Balam. Dicha área es de suma importancia para las más de 30 especies de aves que migran por la ruta transgolfo, tomando la isla como el primer sitio de descanso en tierra firme antes de continuar con su migración a América del Sur.

Fue una verdadera sorpresa descubrir que cuando creíamos que tan sólo íbamos a nadar con el tiburón ballena, terminaríamos pasando unos días en una de las playas más hermosas de México.

Ya era hora de reservar para el día siguiente y así ver de cerca al tiburón ballena o pez dominó, llamado así debido a su pigmentación tan característica, delgadas líneas claras verticales que se alternan con lunares blancos en un fondo oscuro. Ya durante el atardecer, disfrutamos enormemente la caída del sol que pintaba cálidamente el cielo con sus distintos matices rojizos. No pudo haber mejor escenario para una caminata por la playa.

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