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Flores silvestres, colores que iluminan el camino

Por: Salatiel Barragán

El diario ajetreo de nuestras presionadas vidas citadinas, pocas veces nos permite admirar la sencilla belleza de las flores silvestres; otra cosa más que perdemos y que nos aleja de nuestro origen y sustento: la naturaleza.

El diario ajetreo de nuestras presionadas vidas citadinas, pocas veces nos permite admirar la sencilla belleza de las flores silvestres; otra cosa más que perdemos y que nos aleja de nuestro origen y sustento: la naturaleza.  Cuando la primavera y el verano transforman la verde monotonía de las veredas y los caminos bordeados por la vegetación, es posible apreciar una amplia gama de colores en árboles, arbustos, enredaderas y principalmente en las plantas herbáceas.

Sin embargo, el diario ajetreo de nuestras vidas pocas voces nos permite admirar la sencilla belleza que exhiben las flores silvestres que crecen en los soleados campos, y en casi cualquier ambiente. 

La riqueza biológica actual es producto de un largo proceso evolutivo que tiene principio con las primitivas y sencillas algas verde-azules productoras de oxígeno, que aparecen hace 3 500 millones de años; éstas a su vez originaron las plantas terrestres, cuyos restos fósiles más antiguos tienen poco más de 400 millones de años.

 Esa vegetación, desarrollada en sitios húmedos y a lo largo de las costas, la formaron helechos y licopodios creadores de extensos bosques de un verde carente de los colores de las flores actuales. Es hasta hace unos 200 millones de años cuando en la superficie terrestre comienzan a aparecer las primeras flores producto de una larga evolución; entonces entran en escena factores como la polinización por insectos, y las plantas desarrollan una espectacular variedad floral para atraerlos. 

Todas las flores han de polinizarse para producir semillas fértiles; en unos casos lo hacen por sí mismas y en otros son las aves, los insectos, los murciélagos o el viento los que se encargan de hacerlo. Si son los insectos los encargados, la planta tiene flores fragantes o de notorios colores que los atraen.  Más de la mitad de las plantas que existen actualmente se clasifican como fanerógramas (plantas con flor) o angiospérmas (plantas con semillas encerradas): son la forma superior más variada y difundida, y su éxito se basa en múltiples factores, donde el más importante es la flor.   

DIFERENTES PIGMENTOS COLOREAN LA VIDA VEGETAL  

Las características como el tamaño y la forma de la hoja, la altura y el grosor del tallo, el número de semillas o los colores de la flor están determinadas por el material genético contenido en los cromosomas del interior celular, pues aunque microscópica, la célula es una compleja fábrica química que, impulsada por la luz solar, realiza la fotosíntesis mediante la clorofila, un pigmento básico de color verde que transforma esta energía en alimento.

Sin embargo, la clorofila es sólo uno de los miles de pigmentos presentes en las flores y los frutos, que participan en las reacciones químicas de cada planta. La función de estos colorantes aún no ha podido explicarse plenamente. Se supone que ayudan a atraer insectos y demás animales para favorecer la fecundación y la dispersión de las semillas; quizá por eso la clorofila es el único pigmento que se encuentra en muchas flores que son polinizadas solamente por el viento.   

En la naturaleza es posible apreciar los diferentes cambios de aspecto de muchos frutos, que antes de madurar son verdes (lo cual indica que contienen clorofila). No obstante, unos colores pueden enmascarar a otros como el amarillo y el azul que al mezclarse crean un verde. Así, dependiendo de la proporción de carotenos y clorofilas que contienen, las hojas presentan colores que van del amarillo al verde oscuro. En otoño muchas hojas amarillean por la ausencia de clorofila; tal es el caso de las hojas de los bosques r templados que por procesos de oxidación en sus células más viejas cambian a un color amarillento.

Los carotenoides también absorben luz para la fotosíntesis y son los que dan sus brillantes colores a flores y frutos; químicamente son más estables que la clorofila ya que se ubican en los cromoplastos de la célula, y se dividen en dos grandes grupos (carotenos y xantafilas) que poseen tonalidades que van del amarillo pálido al rojo brillante. Se ha identificado casi un centenar de carotenoides diferentes.   

AZULES Y VIOLETAS: COLORES QUE ABUNDAN EN EL MUNDO VEGETAL

 En los vegetales un importante grupo de colorantes es el que forma las antocianinas, cuyos matices van del rosa pálido hasta el púrpura brillante. Dichos colorantes antociánicos, de tonos encendidos, se encuentran disueltos en la savia celular y requieren de una gran intensidad luminosa y muchos azúcares para formarse, por lo que son mucho más notables después de periodos de días luminosos y noches frías.

Sin embargo, estos pigmentos varían fácilmente por factores como la acidez; por ejemplo, existen especies que por la mañana tienen flores rosas o rojas debido a que el suelo torna ligeramente ácida la savia celular, y por la tarde son de color azul dado que su savia se vuelve un poco más alcalina. Con base en esto y mediante una buena selección genética, pueden conseguirse hermosos colores, y así lo han hecho los cultivadores de violetas africanas que producen ejemplares de todo el espectro de colores antociánicos, que en muchos casos deben su coloración a un pigmento denominado violanina. 

Las flores pueden ser muy bellas, y aunque varíen de color o de forma todas comparten un plan estructural similar encaminado a un mismo propósito: producir la semilla. Sus pétalos ofrecen formas y colores muy diversos y están mejor adaptados en flores polinizadas por animales; en ellas la clorofila verde ha sido sustituida por otros pigmentos más resistentes, pues los insectos y las aves prefieren los colores vistosos.

En general, los pigmentos blancos y amarillos corresponden a las flores más sencillas y los rojos, púrpuras y azules corresponden a las flores más evolucionadas. Bajo esta premisa, complicadas formas de flores han evolucionado como resultado de la adaptación al medio y a la polinización; muchas especies producen esencias aromáticas que atraen a los insectos; otras almacenan el néctar en su sección central abierta y cualquier animal puede polinizarlas. Algunas son más evolucionadas como sucede con diversas especies de orquídeas, que a veces adaptan su aspecto a determinado insecto y tienen unos pétalos, un tamaño, una forma y un olor, que, por evolución paralela o adaptación mutua, semejan verdaderos insectos.   

UN LARGO RECORRIDO POR EL TIEMPO: HASTA LA PERTURBACIÓN ACTUAL  

 Resulta difícil saber en qué momento de la Edad de Piedra el hombre adquirió conocimientos sobre las plantas, aunque por lo que se conoce de las sociedades extintas, rurales y urbanas, el conocimiento de las propiedades de las plantas debe ser bastante antiguo. Hoy sabemos que las plantas, además de proporcionar aromas, flores y belleza estética en el hogar, son la base alimentaria de los organismos vivientes. Asimismo, han sido básicas para los pueblos de todos los tiempos, no sólo como alimento, sino también por su valor medicinal y económico (ropa, armas, utensilios, colorantes y cobijo, entre otros aspectos). 

Cabe destacar que la gran riqueza vegetal del planeta, calculada en unas 300 000 especies, continúa siendo el sustento fundamental de la vida humana. Aunque en México es difícil estimar con exactitud su número, puede deducirse que entre todos los grupos vegetales suman alrededor de 30 000 especies, de las cuales casi 30% son endémicas.    Esta diversidad se debe en parte al gradiente vegetal que inicia desde la duna costera hasta el bosque mesófilo de montaña, pasando por el más importante ecosistema: la selva tropical siempre verde, que se desarrolla en regiones con abundante provisión de agua y altitudes variables.

Nuestro país cuenta con una privilegiada ubicación geográfica y una variada orografía en donde abundan cadenas montañosas, zonas semiáridas y planicies costeras que multiplican y combinan los climas secos, fríos, cálidos, templados, semihúmedos y húmedos que, unidos a las características del suelo y la temperatura, propician condiciones ecológicas únicas, que a su vez determinan la existencia y la distribución de las especies vegetales. 

No debemos perder de vista que la flora cumple diversas funciones por ser gran modificadora ambiental: reduce la radiación solar y disminuye las temperaturas extremas; transfiere humedad del suelo al aire por transpiración, aporta humus al sustrato; es la fijadora de la energía solar que la clorofila capta y convierte en energía química en la célula, y de muchas maneras transforma el medio e indirectamente determina los organismos que pueden habitar en él. También proporciona casi todos los elementos necesarios para la vida, tales como carbono, hidrógeno, oxígeno, fósforo, nitrógeno, magnesio, calcio, sílice y nutrientes escasos como zinc, azufre, hierro, cobre, potasio, manganeso, molibdeno y boro, requeridos en cantidades mínimas para el metabolismo de la biota, y que temporal o permanentemente se encuentran en el suelo o en la atmósfera. 

Por ello, es tiempo de hacer una reflexión sobre el patrimonio natural que se va perdiendo debido a factores como la urbanización, que ha provocado que día tras día una mayor proporción de la población se aleje de las actividades relacionadas directamente con el mundo vegetal. Los avances de la tecnología han cambiado las costumbres de cada persona; se ha perdido el contacto con las plantas y los conocimientos botánicos primordiales se han vuelto confusos.

Con este alejamiento físico y mental cada día mayor, se ha olvidado que las plantas fueron punto de partida de nuestra cultura.  En la actualidad, por desinterés, por las ocupaciones, las presiones económicas o las tendencias políticas, se ha olvidado la responsabilidad de ser custodios de una enorme riqueza biológica de valor incalculable para nuestro país, y un mundo donde muchos de los recursos naturales están en situación crítica; ahora lapsos cortos pueden significar la desaparición de todo un cúmulo de especies que han evolucionado durante más de 3 000 millones de años.

Sólo cabe reconocer que todos nosotros tenemos dentro la reminiscencia de una vida más sencilla, y tal vez aún sea posible lograr el aprecio material, estético y espiritual mostrado por culturas tan antiguas como la tolteca, la maya o la mexica, que en su cosmovisión comprendieron el inmenso significado que lo vegetal tiene para la vida.   

Fuente  México desconocido No. 220 / junio 1995

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