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Franz Mayer, el coleccionista

Por: Roberto Bolado

Hombre bondadoso y trabajador metódico, antes de morir, este personaje decidió donar toda su colección de artes aplicadas a un museo como agradecimiento al pueblo de México que lo acogió siempre como uno de los suyos. ¡Conoce su biografía!

Su existencia fue un ir y venir. Viajero empedernido que después de verse rodeado por amigos que lo visitaban y comían en su casa, pasó los últimos días de su existencia muy triste y casi en soledad, así cuenta Rosa Castro, quien como cocinera trabajó con él hasta el día en que falleció, el 25 de junio de 1975. La noche antes, el último deseo de Mayer fue que le prepararan un atole de maíz natural, que mucho le gustaba como tantas cosas mexicanas; en la madrugada entraría en estado de coma.

Pero, ¿Quién fue Franz Mayer?


Nacido en 1882, era originario de Manheim, Alemania, desde donde llegó al México inestable de 1905. Aunque no tuvo el mejor de los recibimientos quedaría el flechazo, el enamoramiento de estas tierras y su gente fue a tal grado, que no obstante tener que irse por los riesgos que entonces representaba vivir en el país, en 1913 regresó para permanecer definitivamente sin importarle que todavía la vida era un poco agitada e incierta la seguridad.

Un apasionado de las plantas


Mayer amaba profundamente a las orquídeas, cactus y azaleas, de las cuales tuvo una gran colección. Para él trabajó el jardinero Felipe Juárez, quien se encargaba de mantener bien cuidado el jardín de la casa y de que no le faltara su famoso clavel. Pues según cuenta Felipe, todas las mañanas antes de irse a trabajar Mayer lo seleccionaba personalmente para lucirlo en la solapa de su traje. Le gustaba que las plantas estuvieran lo mejor atendidas, por lo que eran varios los jardineros contratados para mantenerlas en su máximo esplendor.

Una vida en común

En 1920 el coleccionista se casa con la mexicana María Antonieta de la Machorra. Vivieron unos años viajando y disfrutando de la buena vida que siempre le gustó a Mayer y a quienes lo rodeaban, hasta que de improviso vino la tragedia y su esposa murió dejando solo a Pancho, como le decían sus amigos. Fue éste su único matrimonio.

Don Pancho tenía un gran sentido del humor, como lo demuestran tantas fotografías alIado de sus amigos y de su esposa; le encantaba retratarse disfrazado, haciendo bromas y muy sonriente. Era un maniático de los objetos bellos y como "la curiosidad es la madre del conocimiento”; fue brillante, astuto para los negocios, y tuvo en sus manos una gran fortuna, la cual invirtió en el arte, en la colección de objetos que fueran bellos para la vista, pero de gran utilidad. Se centró en las llamadas artes aplicadas o artes decorativas, que abarcan los objetos que el hombre produce para su uso cotidiano con un fin funcional, aunque con una fuerte intención estética.

Un museo sin museografía


Mayer podía pasar horas enteras admirando las más reciente adquisición de su colección, toda su casa era como un museo sin museografía, con un cuadro de José de Ribera en la pared, al lado un bargueño, especie de cómoda típica del Renacimiento español, luego piezas de platería: el atril sacro, la mitra, el copón; cuadros de Francisco de Zurbarán, Ignacio Zuloaga,. Lorenzo Lotto, Bartholomeus Bruyn, el viejo. Talavera poblana por aquí y por allá, cerámica de España o China; más cuadros, ahora de Juan Correa o Miguel Cabrera, sin que pudiera faltar ese hermoso llamado El paseo de los melancólicos, de Diego Rivera. Y así podríamos seguir descubriendo las maravillas que poseyó en su residencia de Paseo de La Reforma, en Las Lomas, desde donde todos los días prefería ir caminando hasta su trabajo en el centro para hacer algo de ejercicio – mientras, su chofer lo iba acompañando desde el coche-,pues desde joven amó los deportes.

Tras la imágen


Otra de sus pasiones fue la fotografía. Era un gran admirador de Hugo Brehme y de Weston, a tal grado de coleccionar el punto de vista de los fotógrafos que admiraba. Muchas de las fotos que existen tomadas por Mayer son similares a las tomadas por Hugo Brehme, por ejemplo.

También podemos hablar del gran acervo de su biblioteca, en la que destaca la enorme colección de ediciones deEl Quijote,alrededor de 739. Libros incunables comoCrónica de Nuremberg;sobre la historia del mundo desde la creación hasta finales del siglo XV, así como miles de catálogos de subastas en el extranjero. Franz Mayer era una persona que si adquiría un tapiz o un mueble en Nueva York -tenía agentes que todo el tiempo le compraban obras en diversos lugares del mundo- también se hacia de libros para saber más acerca de ellas. Asimismo, adquirió una infinidad de piezas de anticuarios de la ciudad de México, Puebla y Guanajuato. Su colección de textiles es una de las más importantes del país por la variedad y objetos que la conforman, alrededor de 260 piezas m entre los siglos XV al XX. En cuanto al mobiliario son impresionantes los 742 objetos que llegó a juntar con una gran variedad de orígenes.

Un visionario


Franz Mayer logró reunir para la posteridad objetos susceptibles de perderse, a los que nadie daba la importancia que se merecían y agruparlos de manera que pudieran servir para el estudio, por lo que ocupa un lugar muy importante en la reelaboración del arte mexicano, no obstante las obras procedentes de todo el mundo. Por ejemplo, en la colección de escultura se muestra una combinación de lo europeo con lo novohispano, con obras maravillosas como la Santa Ana triplex y el imponente Santiago Matamoros.

Cabe mencionar que el propio coleccionista alemán fue quien creo el fideicomiso y un patronato para que no se perdiera la gran colección que fue enriqueciendo durante casi toda su vida. Hasta después de muerto se hizo el Museo “Franz Mayer”, ubicado donde antiguamente estuvo el Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, inmueble del que en algún momento se hicieran cargo las Hermanas de La Caridad y que en la segunda mitad del siglo XIX destinara el emperador Maximiliano a la atención médica de prostitutas, hasta que en el siglo XX se convirtió en el Hospital de La Mujer.

La construcción actual pertenece en su mayoría al siglo XVIII, con múltiples adaptaciones y reconstrucciones realizadas en épocas posteriores. Ahora alberga una de las colecciones de arte más importantes de México. Después de creada la institución se han adquirido otras piezas que han enriquecido tan maravillosa colección, pero ya no al estilo de cómo lo hacía Franz Mayer, el coleccionista.

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