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Guerrero, el pueblo del jaguar

Por: Samuel Villela Flores

De la larga noche de los tiempos emergieron sus rugidos, que han de haber asombrado y atemorizado a más de uno. Su fortaleza, su agilidad, su piel manchada, su sigilosa y peligrosa acechanza por las selvas mesoamericanas, han de haber infundido en los pueblos primigenios la creencia en una deidad, en un ente sagrado que tenía que ver con las fuerzas telúricas y con la fertilidad de la naturaleza.

Los olmecas, cuya enigmática presencia en Guerrero aún no ha sido del todo esclarecida, lo plasmaron en pinturas rupestres, en monolitos y en múltiples representaciones cerámicas y pétreas. Su carácter mítico se proyecta hasta nuestros días, en que su figura se recrea en una de las producciones mascareras más abundantes del país, en las danzas, en las ceremonias agrícolas de algunos pueblos, de la región de La Montaña, en los top6nimos de varios pueblos, en tradiciones y leyendas. El jaguar (pantera onca) se ha convertido, así, con el devenir del tiempo, en un signo emblemático de los guerrerenses.

LOS ANTECEDENTES OLMECAS

Un milenio antes de nuestra era, por el mismo periodo en que la llamada cultura madre florecía en la zona metropolitana (Veracruz y Tabasco), otro tanto sucedía en tierras guerrerenses. El descubrimiento, hace tres lustros, del sitio de Teopantecuanitlan (Lugar del templo de los tigres), en el municipio de Copalillo, vino a confirmar el fechamiento y la periodicidad que ya se atribuía a la presencia olmeca en Guerrero, a partir de los hallazgos previos de dos sitios con pintura rupestre: la gruta de Juxtlahuaca en el municipio de Mochitlán, y la cueva de Oxtotitlan en el municipio de Chilapa. En todos estos sitios la presencia del jaguar es ostensible. En el primero, cuatro grandes monolitos presentan los típicos rasgos atigrados del más depurado estilo olmeca; en los dos sitios con pintura rupestre encontramos varias manifestaciones, de la figura del jaguar. En Juxtlahuaca, en un paraje ubicado a 1 200 m de la boca de acceso a la gruta, está pintada una figura de jaguar que aparece asociada a otra entidad de gran significación en la cosmogonía mesoamericana: la serpiente. En otro lugar dentro del mismo recinto, un gran personaje ataviado con piel de jaguar en manos, antebrazos y piernas, así como en la capa y lo que parece el taparrabo, se presenta erguido, imponente, ante otro personaje arrodillado frente a él.

En Oxtotitlan, la figura principal, representando a un gran personaje, está sentada sobre un trono en forma de boca de tigre o monstruo de la tierra, en una asociación que sugiere la vinculación de la casta gobernante o sacerdotal con las entidades míticas, sagradas. Para el arqueólogo David Grove, quien reportó estos vestigios, la escena ahí plasmada parece tener un significado iconográfico relacionado con la lluvia, el agua y la fertilidad. También la denominada figura l-D, dentro del mismo sitio, reviste singular importancia en la iconografía de ese grupo prehispánico: un personaje con rasgos típicamente olmecas, de pie, se encuentra detrás de un jaguar, en la posible representación de una cópula. Dicha pintura sugiere, según el autor ya citado, la idea de una unión sexual entre el hombre y el jaguar, en una profunda alegoría de los orígenes míticos de ese pueblo.

EL JAGUAR EN LOS CÓDICES

De estos primigenios antecedentes, se continuó la presencia del jaguar en múltiples figurillas de lapidaria, de procedencia incierta, lo cual llevó a Miguel Covarrubias a proponer a Guerrero como uno de los sitios de origen de los olmecas. Otro de los momentos históricos importantes en que se ha plasmado la figura del jaguar ha sido en la temprana época colonial, dentro de los códices (documentos pictográficos en que se registró la historia y cultura de muchos de los actuales pueblos guerrerenses). Una de las referencias más tempranas lo constituye la figura del guerrero tigre que aparece en elLienzo 1 de Chiepetlan,donde pueden observarse escenas de combate entre tlapanecas y mexicas, que precedieron a la dominación de la región de Tlapa- Tlachinollan por parte de éstos. También dentro de ese grupo de c6dices, el número V, de manufactura colonial (1696), contiene un motivo heráldico, copiado de un documento oficial español, con la representación de dos leones. La reinterpretación del tlacuilo (el que pinta los códices) plasmó dos jaguares, pues en América no se conocían los tigres, en un claro estilo indígena.

En el folio 26 del Códice Azoyú 1 aparece un individuo con máscara de jaguar, devorando a otro sujeto. La escena aparece asociada a la entronización del señor Serpiente de Turquesa, por el año 1477.

Otro grupo de códices, de Cualac, reportados por Florencia Jacobs Müller en 1958, fue elaborado a finales del siglo XVI. En el centro de la lámina 4 encontramos a una pareja. El varón lleva una vara de mando y se encuentra sentado sobre una cueva, que tiene asociada la figura de un animal, un felino. Se trata, según la investigadora, de la representación del lugar de origen del señorío de Cototolapan. Como es común dentro de una tradición mesoamericana, encontramos ahí la asociación de elementos cueva- jaguar-orígenes. Al pie de la escena general en ese documento aparecen dos jaguares. En el Lienzo de Aztatepec y Zitlaltepeco Códice de las Vejaciones,en su porción superior izquierda aparecen los motivos del jaguar y la serpiente. En el Mapa de Santiago Zapotitlan, de confección tardía (siglo XVIII, basado en un original de 1537), aparece un jaguar en la configuración del glifo de Tecuantepec.

DANZAS, MASCARAS y TEPONAXTLE

Como resultado de esos antecedentes histórico-culturales, la figura del jaguar se va amalgamando y confundiendo con la del tigre, por lo cual ahora sus varias manifestaciones reciben el nombre de este felino, aun cuando en el fondo subyace la imagen del jaguar. Hoy día, en Guerrero, dentro de las múltiples expresiones de folclor y cultura en que el felino se manifiesta, la persistencia de formas dancísticas en las cuales la presencia del tigre sigue siendo patente, es indicadora de esa raigambre.

La danza del tecuani (tigre) se practica en casi toda la geografía del estado, adquiriendo algunas modalidades localesyregionales. La que se practica en la región de La Montaña es de la llamada variante Coatetelco. Recibe también el nombre de "Tlacololeros". La trama de esta danza se da en el contexto de la ganadería, que ha de haberse arraigado en Guerrero en la época colonial. El tigre-jaguar aparece como un animal peligroso que puede diezmar al ganado, por lo cual Salvador o Salvadorche, el hacendado, encomienda a su ayudante, Mayeso, la caza de la bestia. Ya que éste no logra matarla, acuden en su auxilio otros personajes (el viejo flechero, el viejo lancero, el viejo cacahiyel viejo xohuaxclero). Al fallar también éstos, Mayeso llama al viejo rastreo (con sus buenas perras, entre las cuales está la perra Maravilla) y a Juan Tirador, quien trae sus buenas armas. Finalmente logran darle muerte, con lo cual se conjura el peligro para los animales del hacendado.

En esta trama se puede advertir una metáfora de la colonización española y el sometimiento de los grupos indígenas, ya que el tecuani representa las potencias "salvajes" de los conquistados, que amenazan una de las tantas actividades económicas que eran privilegio de los conquistadores. Al consumarse la muerte del felino se reafirma la dominación del español sobre el indígena.

Dentro del extenso ámbito geográfico de esta danza, diremos que en Apango los látigos o chirriones de los tlacoleros son diferentes a los de otras poblaciones. En Chichihualco, su indumentaria es un tanto diferente y los sombreros van cubiertos de zempalxóchitl. En Quechultenango la danza recibe el nombre de “Capoteros”. En Chialapa recibía el de “Zoyacapoteros”, en alusión a las mantas de zoyate con que los campesinos se cubrían de la lluvia. En Apaxtla de Castrejón “la danza del Tecuán es peligrosa y atrevida pues se trata de pasar una cuerda, cual equilibrista de circo y a gran altura. Es el Tecuán que atraviesa bejucos y árboles cual si fuera un tigre que regresa con la panza llena del ganado de Salvadochi, el rico de la tribu” (Así somos, año 3, núm. 62, 15/IV/1994).

En Coatepec de los Costales se baila la variante que llaman de Iguala. En la Costa Chica, entre los amuzgos y pueblos mestizos se baila una danza parecida, donde también participa el tecuani. Trátase de la danza llamada "Tlaminques". En ella el tigre se trepa a los árboles, a las palmeras y a la torre de la iglesia (como también sucede en la fiesta de Teopancalaquis, de Zitlala). Hay otras danzas donde aparece el jaguar, entre las cuales se encuentran la danza de los Tejorones, oriunda de la Costa Chica, y la danza de los Maizos.

Asociada a la danza del tigre y a otras expresiones folclóricas del tecuani, se dio una producción mascarera dentro de las más abundantes del país (junto con Michoacán). Actualmente se ha desarrollado una producción ornamental, en la cual el felino sigue siendo uno de los motivos recurrentes. Otra expresión interesante asociada a la figura del tigre es la vigencia del teponaxtli como instrumento que acompaña procesiones, rituales y eventos correlacionados. En los pueblos de Zitlala, cabecera del municipio del mismo nombre, y Ayahualulco -del municipio de Chilapa- el instrumento tiene labrado, en uno de sus extremos, una cara de tigre, lo cual -reafirma el papel simbólico del tigre-jaguar en eventos relevantes dentro del ciclo ritual o festivo.

EL TIGRE EN LOS RITOS AGRÍCOLAS

La Tigrada en Chilapa

Aun cuando se efectúa dentro del periodo en que empiezan a realizarse ritos de aseguramiento o fertilidad por la cosecha (primera quincena de agosto), la tigrada no aparece muy vinculada al ritual agrícola, aunque es posible que en sus orígenes sí lo haya estado. Culmina el día 15, día de la Virgen de la Asunción, que fue la patrona de Chilapa durante parte del periodo colonial (la población se llamaba originalmente Santa María de la Asunción Chilapa). La tigrada se viene realizando desde hace mucho tiempo, tanto que las personas mayores de Chilapa ya la conocieron en sus mocedades. Hará una década que la costumbre empezó a decaer, pero gracias al interés y la promoción de un grupo de chilapeños entusiastas, interesados en la preservación de sus tradiciones, la tigrada ha cobrado nuevos bríos. La tigrada empieza a finales de julio y se prolonga hasta el 15 de agosto, en que tiene lugar la fiesta de la Virgen de la Asunción. El evento consiste en que grupos de jóvenes y adultos, vestidos de tigres, deambulan en manadas por las principales calles del poblado, vacilando a las muchachas y espantando a los niños. A su paso van emitiendo un bramido gutural. La conjunción de varios tigres en grupo, la fuerza de su atavío y sus máscaras, a lo cual se agrega su bramido y que, en ocasiones, arrastran una pesada cadena, ha de resultar lo suficientemente imponente para que muchos niños se aterren, literalmente, ante su paso. Los mayores, displicentemente, sólo los acogen en su regazo o tratan de decirles que son lugareños disfrazados, mas la explicación no convence a los pequeños, quienes tratan de huir. Tal parece que la confrontación con los tigres es un trance difícil por el que han pasado todos los niños chilapeños. Ya mayorcitos o envalentonados, los chamacos "torean" a los tigres, haciendo un ulular con su mano en la boca y provocándolos, azuzándolos, al gritarles: "Tigre amarillo, cara de zorrillo"; "Tigre manso, carita de garbanzo"; "Tigre sin cola, cara de tu tía Bartola"; "Ese tigre no hace nada, ese tigre no hace nada". La tigrada va alcanzando su clímax conforme se acerca el día 15. En las cálidas tardes de agosto puede verse por la calles del poblado a bandas de tigres correteando a los jóvenes, quienes corren desaforadamente, huyendo de ellos. Hoy día, el 15 de agosto se lleva a cabo una procesión con carros alegóricos (carros vestidos, les llama la gente del lugar), con representaciones de la Virgen de la Asunción y contando con la presencia de grupos de tigres (tecuanis) venidos de poblados aledaños, para tratar de exhibir ante la población una gama de las diversas expresiones del tecuani (los tigres de Zitlala, de Quechultenango, etc.).

Una forma parecida a la tigrada es la que se lleva a cabo durante la fiesta patronal en Olinalá el 4 de octubre. Los tigres salen por las calles a corretear a niños y muchachas. Uno de los eventos principales es la procesión, en la cual los olinaltecos llevan cargando unas ofrendas o arreglos donde destacan los productos de la cosecha (chiles, sobre todo). La máscara de tigre en Olinalá es diferente de la de Chilapa, y ésta, a su vez, es diferente de la de Zitlala, o de la de Acatlán. Puede decirse que cada región o poblado imprime un sello particular a sus máscaras de felino, lo cual no deja de tener implicaciones iconográficas en cuanto al porqué de esas diferencias.

Fuente: México desconocido No. 272 / octubre 1999

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