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Historia de la Bandera de México (Segunda parte)

Por: Angel Gallegos

Te presentamos un recorrido por las enseñas que han marcado la historia y evolución de nuestro lábaro patrio (el más hermoso del mundo), desde la época del Batallón de San Blas hasta nuestros días.

5. Bandera del Batallón de San Blas


Famosa por pertenecer al batallón que defendió heroicamente el Castillo de Chapultepec, el 13 de septiembre de 1847, esta bandera resulta curiosa por mostrar, primero, el color verde de su composición a la extrema derecha en lugar de su tradicional ubicación a la izquierda, justo al lado del asta de donde siempre debe pender. En segundo lugar, se advierte el águila real (ya presente desde las banderas de Iturbide, en 1823), pero viendo de frente, con las alas extendidas y devorando ferozmente una serpiente. Finalmente, debajo de la rapaz ave se nos presenta la leyenda “Batallón Activo de San Blas”, indicando con ello, la pertenencia de este lábaro a este grupo militar que con “más pena que gloria” la defendió hasta el último momento en lo alto del “Cerro del Chapulín”.

Tras un acuerdo entre los gobiernos de México y Estados Unidos, el 13 de septiembre, pero de 1950, un importante grupo de banderas, estandartes y gallardetes que habían sido tomados por las fuerzas norteamericanas durante la guerra de intervención fue devuelto a nuestro país. Tras ser restaurados, estos testimonios de la defensa de nuestros soldados por nuestro territorio forman parte de las colecciones que hoy se exhiben en el Museo Nacional de Historia con sede en el estupendo Castillo de Chapultepec.


6. Bandera del Imperio de Maximiliano


Una vez que el ejército francés se hizo de la ciudad capital (el año de 1863) llegó a México un personaje cuya historia fue verdaderamente trágica: Maximiliano de Habsburgo.

Acompañado de su esposa, Carlota, este caballero, descendiente de buenas cunas europeas -francesa por un lado y austriaca por el otro-, intentó gobernar en un país sumamente dividido, y en el que sólo era apoyado por el grupo político conservador que recién había logrado la expulsión del presidente Juárez y todo su gabinete.

Instaurando un débil imperio, de infame duración, de su paso por el país sólo se recuerdan algunas buenas intenciones del improvisado emperador: la reorganización de un Museo Nacional, la traza de la avenida más bonita de la Ciudad de México (el Paseo de la Reforma, esto para conectar al Castillo de Chapultepec con el centro de la capital), y la presentación de una bandera de poca o nula trascendencia para la historia de México. Este lábaro, que mantuvo los colores básicos en el orden tradicional, tuvo como elemento diferenciador la inclusión del símbolo del águila devorando a una serpiente, pero dentro de un estilizado marco que más bien evocaba los escudos de armas de las familias y cortes europeas, coronado éste con el símbolo inequívoco del recién instaurado segundo Imperio (una corona grande y refulgente). Tras la muerte del emperador Maximiliano, fusilado al pie del Cerro de las Campanas, en Querétaro, su bandera también pasó poco a poco, a los archivos de la memoria olvidada dando paso, inmediatamente después, a nuevas versiones de la bandera nacional que estarían por venir…


7. Bandera de la época de don Porfirio Díaz


Tras la muerte del presidente Juárez, un personaje ya conocido, militar de grandes glorias durante la época de la intervención francesa, aparece nuevamente en escena. Su nombre: Porfirio Díaz.

Luego de una serie de levantamientos, el general Díaz logró hacerse del poder; eliminó primero a sus adversarios y luego se mantuvo en la silla presidencial durante casi 30 años. Durante esas tres décadas que duró el gobierno (más bien su dictadura) del famoso don Porfirio, entre los muchos cambios que pudo aplicar (en todos los ámbitos de la vida nacional), estuvo la presentación de un nuevo lábaro patrio.

A grandes rasgos esta enseña era muy similar a la que actualmente conocemos, pero con el águila viendo de frente, devorando a la serpiente, y luciendo parada sobre un abundante nopal. Como rasgo distintivo, esta bandera presentaba su escena central semi rodeada con una corona de laureles (muy al estilo de las culturas clásicas) como señal de triunfo y victoria.

Con el inicio de la Revolución organizada por Francisco I. Madero, y su posterior derrocamiento, el presidente Díaz tuvo que conformarse con ver desde el exilio (en Francia) cómo su bandera era sustituida por otra similar pero con el rostro del nuevo símbolo de la democracia. Pocos años después (aunque esto ya no lo pudo saber el general Díaz, pues la muerte se le atravesó en el camino), un congreso apostaría por generar un nuevo lábaro patrio que, con el tiempo, cautivaría el corazón de propios y extraños...


8. Bandera actual


En 1916, el presidente Venustiano Carranza expidió un decreto (fechado el 20 de septiembre) en el que se ordenaba que el escudo (ya oficializado como nacional) volviera a aparecer en las banderas. Sin embargo, en este modelo, el águila se encontraría viendo de perfil (como ya había sucedido antes con algunas enseñas de mediados del siglo XIX), con sus alas en actitud de ataque y devorando la ya famosa serpiente de cascabel…, como símbolo del lugar exacto donde los aztecas fundarían su ciudad México-Tenochtitlan. A este emblema sólo se le agregaría una leyenda que lo enmarcaría: Estados Unidos Mexicanos.

La bandera de México se mantuvo así hasta la emisión de un decreto del presidente Gustavo Díaz Ordaz, fechado el 17 de junio de 1968, en el que se hacía pública la “Ley sobre las características y el uso del Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales”. Desde entonces, nuestro lábaro luce orgulloso sus colores y su poderoso escudo -plásticamente mejor diseñado y dibujado- provocando en muchos, mexicanos o no, el sentimiento de tener ante sus ojos, ondeando al mínimo contacto con el aire… ¡la bandera más bella del orbe!

 

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Para saber más sobre la historia de la Bandera de México, visita:
Historia de la Bandera de México (Primera parte)

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