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La comida sonorense, sabiduría gastronómica

De naturaleza salvaje y sensibilidad artística, los platillos de la tierra yaqui son un sentido homenaje a la antigua ciencia de interpretar los signos del tiempo para lograr el mejor sazón.

Seguramente las raíces de la gastronomía sonorense las encontraremos en los productos de la caza, la pesca y la recolección, cuya principal virtud fue la de proveer de energía a los primeros pobladores de este territorio, que ya fuera en los valles, en la costa, en la montaña o en los límites del desierto, supieron integrarse al paisaje e hicieron de su vida cotidiana una cita constante con las señales de la naturaleza.

Tal vez esta sea la principal herencia que hoy puede rescatarse en los pasillos de la comida sonorense: la sabia selección de los productos a partir de las particularidades de la geografía y el clima.

Carne, pescado, trigo, maíz, son en cierto modo la base en la que se sustentan los platillos de la mesa sonorense. El ganado vacuno y porcino sustituyeron a las piezas de caza, y el trigo disputó la supremacía al maíz, y es así que el menudo sonorense, tan distinto al del Altiplano, se acompaña con tortillas de harina de trigo y pan birote.

Algunos de sus platillos preferidos, como las chivichangas y la machaca, nacieron evidentemente a la orilla de los caminos, durante la difícil jornada de los misioneros que dejaron su impronta en un territorio redescubierto con la fuerza de los mitos y el encuentro con la realidad.

Es domingo, y en la vieja casona construida sobre la línea de los sueños, en la antigua Ciudad de los Portales, el olor de las arracheras invade la humedad de la tarde mientras disfrutamos de las chivichangas de frijol y queso, del caldillo, de un sabroso y nutritivo plato de gallina pinta, del caldo de queso, y de otros platillos como el menudo, el puchero, el hígado encebollado, el estofado y una enorme variedad de pescados. Evidentemente se trataba de una lección. Mi compañero, recién llegado del D.F., que apenas y daba crédito, se volteó hacia mí todavía impresionado por el excelente sabor de la gallina pinta, y asintió con la cabeza cuando le dije: "ya ves, aquí no sólo se come machaca con huevo".

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