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La Danza de los Zancudos en Zaachila, Oaxaca

Por: Nicolás Triedo

El origen de la Danza de los Zancudos se encuentra en una promesa que los habitantes de Zaachila hicieran a San Pedro.

Zaachila es una región del Valle de Oaxaca que cuenta con una considerable riqueza cultural, con música y danzas particulares, variada gastronomía y días de mercado de enorme sabor y colorido. El pueblo tiene una bella plaza central, con su quiosco, la presidencia municipal y la iglesia. Hay además una zona arqueológica ubicada a un costado del templo, con vestigios de lo que fuera la gran Zaachila. Capital zapoteca antes de la invasión española, Zaachila fue considerada como una segunda Tenochtitlan, porque al igual que ésta se asentaba en medio de una enorme laguna, aquí llamada Roaló.

En la actualidad la población zapoteca de Zaachila rebasa los 10 mil habitantes, que se dedican básicamente a las labores agrícolas con cultivos temporales de maíz y frijol y plantíos de higuerilla, caña de azúcar y legumbres; la escasa profundidad del nivel freático en la zona permite la extracción de agua para riego, lo que favorece considerablemente la actividad agrícola.Una tradición acendrada en Zaachila es el mercado de plaza que suele recorrer los distintos poblados del Valle de Oaxaca. El mercado de Zaachila se divide en tres sectores: el de leña, donde mujeres y hombres de comunidades aledañas, con sus típicos atuendos indígenas, se reúnen para vender o comprar bultos de leña y de carbón que utilizarán durante la semana.

El ocote, los troncos de otros árboles y la madera cortada aromatizan el ambiente de este tradicional lugar. Al otro lado del pueblo se encuentra el mercado de animales, donde se comercian chivos, cerdos, borregos, cabras, caballos, vacas, bueyes y cebúes. Durante toda la mañana y parte de la tarde la gente se arremolina para encontrar el mejor ejemplar al mejor precio. El tercer sector del mercado se ubica en la plaza principal; allí se encuentra una gran diversidad de artículos y productos típicos de la región, como capirotadas, bocadillos de garbanzo, tortas de nuez, jamoncillos, bolas de tamarindo, pan dulce, etcétera. Sin duda, el mercado de Zaachila es uno de los más típicos del país y poco ha cambiado desde tiempos prehispánicos.

Para los habitantes de la localidad, además de la gastronomía, es de gran importancia perpetuar las tradiciones y las manifestaciones culturales, como la música y la danza. El pueblo está formado por diez barrios: San Pedro, San Pablo, San José, San Sebastián, San Jacinto, Del Carmen, Soledad, La Purísima, La Virgen y el del Niño. Aquí se celebran importantes fiestas patronales con sus calendas y la Danza de los Zancudos, originaria del barrio de San Pedro, uno de los últimos lugares donde aún se practica. Las fiestas de cada distrito se organizan mediante una junta por festejo, la cual se encarga de realizar la misa en honor del santo de cada barrio. Esta junta la integran un presidente, un secretario, un tesorero y los vocales, que pueden llegar a ser más de cien. Las fiestas comienzan en el barrio de San Pedro. En cada una de ellas se ejecuta la Danza de los Zancudos, se ofrecen banquetes y se celebran bailes con la participación de grupos musicales.

El maestro José Mendoza es el capitán de los “zancudos” desde hace más de cuarenta años. Su labor va desde reclutar a los danzantes y de instruirlos hasta fabricar los zancos, que se elaboran con ocotes colorados de más de dos metros de longitud y con una madera para detener el pie, la cual se fija con alambre y mecate. Los jóvenes que se afilian a los zancudos lo hacen por alguna promesa a San Pedro. La edad adecuada para aprender a danzar está entre los 12 y los 14 años. Generalmente les lleva dos meses aprender la danza. Al principio utilizan un cable para sostenerse, hasta conseguir un perfecto dominio y equilibrio sobre los zancos.

Sólo los hombres bailan, usualmente en pareja, por lo que algunos se disfrazan de mujeres y se cubren para no ser reconocidos. Los zancudos pueden bailar por horas, con un ritmo sorprendente, jarabes, danzones y corridos, y durante las danzas llevan canastas de asa cuyo contenido reparten entre los asistentes. Las danzas son acompañadas por bandas musicales, chinas oaxaqueñas y monos de calenda. El maestro Mendoza nos habla del origen de la danza, que asegura data de hace más de cien años: “En un cerro limítrofe entre Jalpa y Zaachila, un anciano se encontró con la aparición de San Pedro. El santo le pidió que construyeran una iglesia con su nombre en el pueblo de Zaachila. Al no cumplirse su designio, San Pedro continuó apareciéndose, hasta que un día fue capturado por los lugareños y encerrado en un pequeño templo por la desconfianza que le tenían.

Unos topiles (guardianes) fueron colocados a la entrada del templo con rifles y machetes para vigilar que no se escapara. Al día siguiente, cuando llegó la autoridad y abrió la puerta, el santo había desaparecido.  “Durante la tarde fue visto nuevamente conversando con el anciano. San Pedro le indicó que era enviado de Dios para proteger al pueblo. Afirmó que faltaban ocho días para su cumpleaños y le pidió que formaran parejas que se montaran sobre unos zancos y bailaran. Una semana después los danzantes con zancos hechos con estacas de carreta, acompañados de un tamborero y mujeres con velas y esencias de copal, llegaron a los pies del cerro donde una semana antes apareciera San Pedro, para complacer los designios de éste. Allí encontraron su imagen, que fue llevada adonde hoy se asienta el barrio, y encomendada al padre, quien inició la construcción del templo”. La pericia, el ritmo y la resistencia de estos danzantes es sorprendente y de gran espectacularidad. Los zancudos de Zaachila son invitados año con año a la Guelaguetza de Oaxaca y a otros festivales de danza en el país.

SI USTED VA A ZAACHILA Partiendo de la ciudad de oaxaca, tome la carretera núm. 190 y a 15 km, aproximadamente, llegará a Zaachila. Una vez ahí no olvide preguntar por los zancudos, pues con suerte le tocará una demostración de estos singulares danzantes.

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