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La fundación de Aguascalientes

En la región de la actual Aguascalientes existieron diversos asentamientos de grupos indígenas pertenecientes a los chichimecas; debido a la naturaleza nómada de la mayoría de éstos, se sabe que sólo ocupaban algunas áreas temporalmente para cazar y recolectar frutas, aunque es factible que consideraran esas regiones como territorio propio, pues en 1530 a la llegada de los exploradores españoles enviados por Nuño de Guzmán al mando de Cristóbal de Oñate, éstos fueron recibidos hostilmente. De cualquier forma las incursiones conquistadoras descubrieron manantiales de aguas termales y yacimientos minerales.

Aunque cinco años después de aquella fecha los españoles ya habían empezado a ocupar la región y de hecho se consideraba que ésta formaba parte del reino de la Nueva Galicia -hoy Jalisco-. No fue sino hasta 1568, debido a la beligerancia de los chichimecas, en que el virrey Enríquez de Almanza ordenó reforzar los asentamientos con guarniciones con el objeto de proteger mayormente el tráfico de mercancías entre Zacatecas y la ciudad de México.

El principal de esos asentamientos se encontraba en Aguascalientes y fue fundada por siete intrépidos colonos hacia 1565, entre los que se recuerdan a don Juan Montero, don Alonso de Alarcón y don Jerónimo de la Cueva, quienes soportaron los frecuentes ataques indígenas.

La fundación oficial de la ciudad se efectuó el 22 de octubre de 1575 con el nombre de la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes, confirmada mediante una Cédula Real autorizada por Felipe II y declarada por el doctor don Jerónimo de Orozco, quien entonces fungía como presidente de la Real Audiencia, canciller de Guadalajara y gobernador de la Nueva Galicia. En 1712, mineros procedentes de Guanajuato edificaron la Villa de Asientos de Ibarra, misma que fue adquirida y explotada por los jesuitas hasta la fecha de su expulsión del país. En 1771 se declara la Villa del Valle de Huejúcar y en 1786 junto con Aguascalientes forman parte de Zacatecas. Finalmente en 1857 el territorio se convierte en el estado libre y soberano de Aguascalientes. La estructura urbana de la ciudad representa un buen ejemplo de aquellas que requirieron adaptarse a los accidentes del terreno, ya que la topografía imposibilitaba la formación de una retícula característica de otras ciudades coloniales.

Los monumentos que por su valor histórico le han dado fama a la ciudad son el Palacio de Gobierno, localizado en el costado sur de la plaza principal, cuya construcción se inició en 1665; funcionó como edificio de cabildo, aunque se sabe que la estructura original fue destinada para la residencia del mayorazgo de Ciénega de Mata o de Rincón, edificada por el cura Pedro Rincón de Arteaga. Le sigue la Catedral, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción y considerada como el templo más viejo de la ciudad, ya que se encuentra en el lugar donde se fundó una capilla en 1575, quizás remodelada posteriormente, pues su portada principal se ornamenta con elementos de estilo barroco salomónico. Su interior posee un bello retablo del siglo XVIII y algunas pinturas del prolífico artista oaxaqueño Miguel Cabrera. Es importante mencionar la barroca iglesia del Rosario.

Ubicado en uno de los barrios más antiguos de Aguascalientes, el llamado Triana, está el templo del Encino construido entre 1773 y 1796, en el que se venera a un Cristo negro que según la tradición se apareció en el centro de un tronco de encino que se iba a convertir en leña.

Sobre la calle de Venustiano Carranza se localiza la Casa de la Cultura, edificio del siglo XVII que fuera utilizado como casa particular y posteriormente como convento de monjas. Hacia la parte norte de la ciudad está el templo de San Diego, concluido en 1647 y que aloja al famoso Camerín de la Virgen. Las consejas populares mencionaban que bajo el altar de este templo se encontraban los túneles, conocidos como catacumbas, que eran usados como escondites en la época revolucionaria; hacia el oeste, la calle Venustiano Carranza desemboca en el bellísimo jardín de San Marcos, concluido en 1847 y que hoy día es el símbolo distintivo de Aguascalientes; a su extremo poniente se levanta el templo de San Marcos, inaugurado en 1763 y en cuyo interior está la hermosa pintura titulada "La adoración de los reyes al niño Jesús", ejecutada en el siglo XVIII por el pintor José de Alcíbar.

Por último, hacia el noroeste de la ciudad, se encuentra el templo de Guadalupe, construcción del siglo XVIII de estilo barroco que destaca por el peculiar tono rosa de la cantera que la forma. En los alrededores de la vieja Aguascalientes, se pueden visitar las localidades de San José de Gracia, Pabellón de Hidalgo y Tepezahua, en donde se pueden apreciar algunos vestigios de arquitectura civil y religiosa de regular importancia.

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