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La herbolaria en los mercados tradicionale

Por: México Desconocido

Entre los mexicas, cultura de la que mayor información tenemos, el tianguis(del náhuatl,tianguiztli) era el espacio donde se reunían un día a la semana 1os productores de sitios aledaños al lugar del establecimiento físico, para vender, comprar e intercambiar.

La medicina tradicional constituye un conjunto de conocimientos y prácticas generadas dentro de la población, transmitidos de generación en generación desde la época de las sociedades prehispánicas, creadoras de grandes ciudades y centros ceremoniales, de una economía, una organización social y una religión complejas, que también desarrollaron una tecnología capaz de lograr la supervivencia y el crecimiento de la población. El comercio para las culturas prehispánicas fue una actividad económica de la mayor importancia, desarrollada por la mayoría de los pueblos, en sus distintos niveles -local o interregional-, fortaleció su economía, promovió el intercambio de conocimientos y propició difusión de rasgos culturales entre las diversas comunidades.

Entre los mexicas, cultura de la que mayor información tenemos, el tianguis(del náhuatl,tianguiztli) era el espacio donde se reunían un día a la semana 1os productores de sitios aledaños al lugar del establecimiento físico, para vender, comprar e intercambiar sus muy diversos productos. En el mercado se establecían los comerciantes que además de suministrar los productos propios de la región, traían de sus largos viajes exóticos frutos, ricas plumas y pieles de animales, cerámicas e instrumentos líticos de lujo y ceremoniales, piezas de joyería y por supuesto hierbas medicinales.

Con el correr de los años y hasta épocas muy recientes se ha venido designando como mercado al lugar permanente, con edificaciones casi siempre estables donde se pueden adquirir los satisfactores para la vida cotidiana familiar, mientras el vocablo tianguis se ha mantenido para aquellas vendimias semanales que se realizan rotativamente en un día predeterminado en poblaciones, barrios o colonias. En la actualidad estos lugares han sufrido los embates de la modernidad y el predominio de la cultura occidental y han ido perdiendo gradualmente sus esencias originales.

Por fortuna han ido surgiendo otros espacios que son los mercados tradicionales populares, que guardan una rica y abigarrada tradición. Son lugares físicos fijos o temporales en donde se da una fuerte articulación entre las esferas económica, social y cultural, pero también la política y la religiosa generando un rico y colorido lugar de convivencia humana, por excelencia.

En cuanto a la diversidad, México con sus 26, 000 especies, aproximadamente, es uno de los países de mayor riqueza en el mundo, en su inventario están representados prácticamente todos los tipos de vegetación conocidos y su aporte a la herbolaria se calcula -muy conservadoramente- en más de 5,000 especies vegetales con uso medicinal.

El universo de la herbolaria mexicana es infinito. En cada una de las regiones de nuestro país es posible encontrar en los mercados un área donde se conjuntan los puestos especializados en estos productos. Los lugareños son desde luego los clientes habituales que acuden en busca de la sabiduría de los curanderos y conocedores de las virtudes de las plantas y otros elementos que habrán de devolverles la salud, pero los estudiosos de la etnobotánica y aún los viajantes interesados en penetrar en algunos aspectos sustantivos de nuestras culturas habrán de encontrar sorpresas, vivencias y conocimientos sin cuento.

Herbolarios y curanderos, y hasta brujos y resabios de shamanes se asientan ahí al lado de sus costales y cajas de donde habrán de salir las hierbas maravillosas, los amuletos y componentes que habrán de curar no sólo los males físicos sino los padecimientos espirituales y las desazones amorosas. Igual se hallan las flores de árnica, las semillas de zopilopachtli, el anís estrella que los ajos machos que dan la buena suerte, los chupamirtos para atraer al ser amado que las veladoras que usan santeros y otros magos de la bienaventuranza. 

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