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La Pesca de la Sardina. Milenaria ceremonia en Tapijulapa, Tabasco

Por: Roberto Porter Núñez

La villa de Tapijulapa, nombre que en lengua zoque significa “lugar de cántaros”, se encuentra a 80 km al sur de Villahermosa, Tabasco, en la confluencia de los ríos Amatán y Oxolotán.

Rodeado por altas montañas y cordilleras, selvas milenarias y abundantes ríos, este pintoresco pueblo de arquitectura estilo colonial cuenta con numerosos atractivos naturales a los que se agrega una festividad de origen prehispánico: la ceremonia de la pesca de la sardina, que año con año sus habitantes realizan en el interior de una caverna de aguas sulfurosas.

Cuando llegamos a Tapijulapa, en la madrugada del Domingo de Ramos, vemos poco movimiento en las calles. Se supone que debíamos unirnos a una procesión a las seis de la mañana, pero nos informan que la ceremonia tendrá lugar a las nueve, así que aprovechamos para visitar el templo de Santiago Apóstol, construido en lo alto de un cerro por los dominicos a finales del siglo XVII. Si bien la iglesia es muy sencilla, desde el atrio se tiene una vista magnífica de Tapijulapa y sus alrededores. Un par de horas después las angostas calles del pueblo están atestadas de vehículos y cientos de visitantes se dirigen al embarcadero para abordar las lanchas que los llevarán río arriba, otros al puente colgante de Tapijulapa para emprender una caminata de 40 minutos, y algunos más en vehículo hacia el puente colgante de Arroyo Chispa. Todos con un destino común: la cueva de las Sardinas –tuguiback, en zoque–, donde se celebrará el ritual.

Nosotros seguimos la última ruta y pronto estamos en las inmediaciones de Villa Luz, hermoso paraje arbolado bautizado así por el célebre gobernador Tomás Garrido Canabal, quien lo convirtió en sitio de descanso y esparcimiento en la década de 1930. Ahí admiramos la casa que mandó construir en 1933 –dotada con telégrafo, teléfono y una pista de aterrizaje–, así como las albercas de aguas azufrosas, cascadas y manantiales que circundan el lugar. Cerca de mil personas se hallan en la explanada frente a la cueva y siguen llegando más. El lugar cuenta con un estrado de madera, equipo de sonido y sillas para invitados especiales. El Ayuntamiento de Tacotalpa –organizador del evento– ha previsto la llegada de varios miles de visitantes y la policía municipal custodia la entrada de la cueva. Como es natural, a lo largo del camino no faltan los vendedores de comida, aguas frescas y los conjuntos musicales que amenizan la mañana con alegres melodías.

Los ritos en cavernas son parte de la herencia religiosa legada por las culturas del México antiguo, que consideraban a las cuevas como entidades sagradas donde moraban los dioses. Todavía hoy, al igual que los zoques de Tapijulapa, miles de indígenas en México y Centroamérica realizan peregrinaciones y ritos a cenotes, grutas y cuevas. A las 10:30 se escucha música de tambores y flauta. Entonces aparecen doce hombres y tres músicos ataviados a la usanza indígena, con pantalón y camisa de manta, sombrero y pañuelo. Cada uno porta una cesta con flores silvestres y velas, y un envoltorio de hojas de platanillo que contiene el barbasco que se empleará para pescar [el barbasco (Paullinia mexicana) es una planta que contiene rotenona, toxina natural que inhibe el oxígeno en los tejidos, ocasionando que los peces se emborrachen]. Al frente avanza el patriarca o mayordomo, personificado por el hombre más viejo, quien lleva una urna con copal, el aromático incienso americano que se obtiene de la corteza de un pino. Los hombres suben al estrado de madera y la Danza de las Sardinas es ejecutada con movimientos en círculo.

La danza es una festividad completamente pagana que incorpora las velas como único elemento del catolicismo, y su propósito es eminentemente propiciatorio, puesto que solicita de la divinidad pesca abundante, lluvias y buena cosecha. Ubicado al centro, el patriarca saluda a los dioses de la tierra, del agua, de la luna y de la lluvia. Cuando cesa la música el patriarca pide a los espíritus que moran en la cueva su venia para entrar con una plegaria en zoque, que en español dice así: Buenos días abuelo, buenos días abuelo, buenos días abuelo. Recibe nuestro saludo y escucha lo que te venimos a pedir: nuestras familias tienen hambre, nuestros hijos tienen hambre, y en el nombre de Dios y el agua, y en el nombre del sol y de la luna, y en el nombre de nuestra madre tierra, danos nuestro pescado. Déjanos entrar a tu casa para tirar la cueza en tu arroyo. ¡Muchas gracias abuelo, muchas gracias abuelo! En tu nombre traemos nuestras ofrendas con todo nuestro corazón.

Una vez que los participantes sienten que el permiso ha sido otorgado entran a la cueva en actitud solemne y depositan en las escaleras las ofrendas. Luego caminan 20 m hasta llegar a la parte más honda del arroyo y extraen de los envoltorios la cueza –mezcla de barbasco molido con cal, cuyas propiedades narcóticas adormecen a las pequeñas sardinas–, que arrojan en grandes puñados al agua. En pocos minutos la mezcla surte efecto y la pesca da comienzo, permitiéndose la entrada al público, que acude con canastos, cernidores, bolsas de malla y otros utensilios para atrapar a las aturdidas sardinas (Poecilia mexicana) que se encuentran casi en la superficie y arracimadas en las orillas del arroyo. Familias enteras –hombres, mujeres y niños– participan con entusiasmo, recorriendo el caudal subterráneo en busca de una buena pesca. Por supuesto, no faltan los grupos de adolescentes que festejan bulliciosamente sus capturas y uno que otro inesperado chapuzón, ni los que prefieren pescar en solitario en las zonas más alejadas de la galería, desafiando la oscuridad con una vela. Al mediodía se suspende el suministro de electricidad y los visitantes abandonan la cueva. El último en salir es un anciano de rostro sereno y andar pausado que lleva colgado del hombro un morral lleno de pececillos color plata. La expresión de sus ojos lo dice todo: ¡muchas gracias abuelo!

SOBRE LOS ZOQUES

Con tres mil años de historia, los zoques son el grupo étnico más antiguo de Tabasco. Apegados a su tierra, forma de vida y tradiciones, los zoques consideran que el mundo es sagrado por ser obra de Dios y parte fundamental de la existencia humana. En Tapijulapa viven de la agricultura, la pesca y el trabajo artesanal de la madera y el mimbre. Su lengua nativa está casi extinta.

SI VAS A TAPIJULAPA

Saliendo de Villahermosa tome la carretera federal núm. 195 hasta llegar a Teapa-Tecotalpa (13 km) y en el entronque continúe a la derecha hasta Tapijulapa (25 km). En Tapijulapa una lancha puede llevarlo de Villa Luz. Camine 1.5 km y estará en la casa del gobernador Garrido Canabal; tome la desviación a la derecha para ir a la cueva de las Sardinas.

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