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Acolman, cuna de las piñatas de Navidad

Por: México desconocido

La piñata encontró en Acolman el lugar para convertirse en todo un arte de la Navidad en México. ¡Conoce la historia de las piñatas y su significado!

El Especial de Navidad 2011 de México Desconocido comparte contigo el origen de las piñatas mexicanas. Sean piñatas de 7 picos, piñatas de estrella o piñatas de barro las que más te gusten, Acolman es el lugar predilecto donde comprar piñatas.

De acuerdo con la tradición, las piñatas se originaron en Italia (pignata significa olla), donde hace mucho años, durante la cuaresma, se acostumbraba obsequiar a los trabajadores agrícolas una olla llena de regalos.

Con el tiempo, la práctica de la piñata pasó a España, donde se fijaba el primer domingo de cuaresma para “romper la olla”, como solía decirse. Estas fiestas se denominaban “domingo de piñata”. Según noticias de ese tiempo (el medievo), ni en España, ni en Italia, se adornaba el recipiente de las piñatas. Pocos años después de la Conquista, los misioneros trajeron la costumbre a la Nueva España, pero cambiaron la fecha para los días de otra de las tradiciones mexicanas en navidad: la posada.

Algunos autores atribuyen el origen de los adornos de las piñatas a los chinos, quienes en primavera elaboraban una figura bovina, adornada con papeles policromados y rellena de diferentes semillas; los colores representaban un vaticinio de las condiciones del año agrícola que se iniciaba. Los mandarines golpeaban la piñata con varas hasta romperla, se vaciaban las semillas y el papel se quemaba; los espectadores trataban de obtener un poco de esa ceniza que se consideraba de buena suerte. Se supone que Marco Polo llevó la costumbre descrita a Italia en el siglo XIII. Sin embargo, en Italia no se adornaba la olla y es difícil concebir cómo una tradición china de ese siglo pudo haber llegado al Nuevo Mundo en el siglo XVI, en fecha probablemente anterior al comercio de México con China.

Fue en el Ex convento de San Agustín, Acolman, Estado de México, que hace más de 400 años, la primera piñata vio la luz tal y como se hacen piñatas hoy en día, aunque con algunas variantes que se han agregado a lo largo de tantos años, como su tamaño y su figura. Las más clásicas son en forma de flores, barcos y estrellas. Hay también de frutas o vegetales, payasos y personajes de moda (claro, ya sin la olla como el sustento de su armado).

Aunque en la actualidad, la elaboración de piñatas en México consiste en pegar papel periódico alrededor de la olla y construir el modelo deseado, ya sea con cartoncillo o papel aglutinado, usando engrudo. Luego se cubre el armazón con papel china enroscado, papel ilustre o crepé; largas tiras de multicolor cuelgan frecuentemente de los extremos de la figura para darle todavía mayor lucimiento. A veces se usa la olla directamente, pintándole una cara, una fruta o cualquier objeto que se adapte a la figura redonda.

En tiempos de Navidad, las piñatas se pueden adquirir practicamente en todos los mercados, al igual que en puestos callejeros. Pero la cuna de la piñata, Acolman  (a 40 km al noreste de la Ciudad de México), puede ser un buen lugar para adquirir una piñata tradicional, sobre todo del 16 al 23 de diciembre, cuando se efectúa la Feria de la Piñata, donde se hacen bailes populares y concursos, participan todas las comunidades para premiar la piñata más grande y original. Se realizan carreras de caballos como una costumbre que se remonta desde la etapa de la Revolución. Y se escenifican las posadas, nacidas por cierto, en este mismo lugar.

LA PIÑATA EN LAS POSADAS

Llegado el momento de la posada, la piñata se llena con colación (dulces), cacahuates y frutas de la estación: naranjas, limas, mandarinas, tejocotes, jícamas, cañas y otras. Se elige un lugar apropiado para romperla, de preferencia un jardín o un patio, se amarra con una soga fuerte y se cuelga de manera que pueda ser fácilmente subida y bajada –la rama de un árbol, una argolla, un travesaño-.

Antes de romper la piñata, se acostumbraba que los niños cantaran No quiero oro / ni quiero plata / yo lo que quiero es romper la piñata, sin embargo esta tradición hoy en día está prácticamente en desuso.

Uno o dos hombres fuertes deben tomar la cuerda y elegir al niño más pequeño, se le cubren los ojos con un pañuelo, se le pone un palo en sus manos, se le dan tres vueltas para que pierda la noción de la orientación y enseguida se le hace tocar con él la piñata. Los encargados del lazo suben y bajan la olla para hacer difícil acertar el golpe. Por turno pasan todos los niños que asisten a la fiesta, mientras los demás cantan entres risas:

Dale, dale, dale / no pierdas el tino/ porque si lo pierdes / pierdes el camino / ya le diste una / ya le diste dos / ya le diste tres y tu tiempo se acabó.

Finalmente alguno de los muchachos logra romper la piñata que deja caer una lluvia de dulces y frutas; inmediatamente la chiquillería se abalanza sobre ellos y asegura su botín.

Se ha querido dar un significado moral a la ruptura de la piñata. Según esto, tanto por su vistosidad como por las lujosas golosinas que esparce, representa al diablo quien atrae al hombre con placeres superfluos. La persona vendada sería la fe que es ciega y se encarga de destruir al espíritu maligno; el palo encarna la virtud que vence la tentación para que al final la fe triunfe. Por otro lado, la piñata de estrella con siete picos supuestamente significa los siete pecados capitales. Pero ¿por qué atribuir un razonamiento tan tétrico a un acto que celebra un acontecimiento jubiloso? En Navidad se acostumbra dar y recibir regalos en todo el mundo católico y la piñata con su sabroso contenido es un agasajo para los niños. La olla italiana se daba como aguinaldo a los trabajadores de la hacienda por haber desempeñado bien su labor durante el año. ¿Puede una recompensa justa considerarse algo excesivo y pecaminoso?

 

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