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Acolman, cuna de las piñatas en México

Por: México desconocido

De acuerdo con la tradición, en este Pueblo con Encanto del Estado de México nació la costumbre de elaborar estas coloridas artesanías que hoy dan magia y alegría a la Navidad en nuestro territorio.

De acuerdo con la tradición, las piñatas se originaron en Italia (pignata significa olla). Hace mucho años, durante la Cuaresma, en este país se acostumbraba obsequiar a los trabajadores agrícolas una olla llena de regalos a manera de aguinaldo por su buen desempeño durante el año. 

Con el tiempo, la práctica de la piñata pasó a España, donde se fijaba el primer domingo de Cuaresma para “romper la olla”, como solía decirse. Estas fiestas se denominaban “domingo de piñata”. Según noticias de aquellas épocas (la Edad Media), ni en España ni en Italia se adornaba el recipiente de las piñatas. Pocos años después de la Conquista, los misioneros trajeron la costumbre a la Nueva España, pero cambiaron la fecha para los días en los que se realiza otra de las tradiciones mexicanas en Navidad: la Posada.

Algunos autores atribuyen el origen de los adornos de las piñatas a la civilización china, quienes en primavera elaboraban una figura bovina, adornada con papeles policromados y rellena de diferentes semillas. Los colores representaban un vaticinio de las condiciones del año agrícola que se iniciaba. Los mandarines golpeaban la piñata con varas hasta romperla, se vaciaban las semillas y el papel se quemaba; mientras, los espectadores trataban de obtener un poco de esa ceniza que se consideraba de buena suerte. Se supone que Marco Polo llevó la costumbre descrita a Italia en el siglo XIII. Sin embargo, en Italia no se adornaba la olla y es difícil concebir cómo una tradición china de ese siglo pudo haber llegado al Nuevo Mundo en el siglo XVI, en fecha probablemente anterior al comercio de México con China.

Fue en el Ex Convento de San Agustín, en Acolman, Estado de México, que hace más de 400 años la primera piñata vio la luz tal y como se hacen piñatas hoy en día, aunque con algunas variantes que se han agregado como su tamaño y su figura. Las más clásicas son en forma de flores, barcos y estrellas. Hay también de frutas o vegetales, payasos y personajes de moda (claro, ya sin la olla como el sustento de su armado).

En la actualidad la elaboración de piñatas en México consiste en pegar papel periódico alrededor de la olla y construir el modelo deseado, ya sea con cartoncillo o papel aglutinado, usando engrudo. Luego se cubre el armazón con papel china enroscado, papel ilustre o crepé; largas tiras de multicolor cuelgan frecuentemente de los extremos de la figura para darle mayor lucimiento. A veces se usa la olla directamente, pintándole una cara, una fruta o cualquier objeto que se adapte a la figura redonda.

En tiempos de Navidad, las piñatas se pueden adquirir prácticamente en todos los mercados, al igual que en puestos callejeros. Pero la cuna de la piñata, Acolman (a 40 km al noreste de la Ciudad de México), puede ser un buen lugar para comprar una piñata tradicional, sobre todo durante la Feria de la Piñata (13 a 21 de diciembre), donde se hacen bailes populares y concursos y participan todas las comunidades aledañas para premiar la piñata más grande y original. También se realizan carreras de caballos como una costumbre que se remonta desde tiempos de la Revolución Mexicana, y se escenifican las Posadas, nacidas por cierto, en este mismo lugar.

La piñata en las Posadas

Llegado el momento de la Posada, la piñata se llena con colación (dulces), cacahuates y frutas de la estación: naranjas, limas, mandarinas, tejocotes, jícamas, cañas y otras. Se elige un lugar apropiado para romperla, de preferencia un jardín o un patio, se amarra con una soga fuerte y se cuelga de manera que pueda ser fácilmente subida y bajada -la rama de un árbol, una argolla o un travesaño-.

Antes de romper la piñata, se acostumbraba que los niños cantaran No quiero oro / ni quiero plata / yo lo que quiero es romper la piñata, sin embargo esta tradición hoy en día está casi en desuso.

Una o dos personas deben tomar la cuerda y elegir al niño más pequeño. Se le cubren los ojos con un pañuelo, se le pone un palo en sus manos, se le dan tres vueltas para que pierda la noción de la orientación y después le toca pegarle a la piñata. Los encargados del lazo suben y bajan la olla para hacer difícil acertar el golpe. Por turno pasan todos los niños que asisten a la fiesta, mientras los demás cantan entres risas:

Dale, dale, dale / no pierdas el tino/ porque si lo pierdes / pierdes el camino / ya le diste una / ya le diste dos / ya le diste tres y tu tiempo se acabó.

Finalmente alguno de los muchachos logra romper la piñata que deja caer una lluvia de dulces y frutas; inmediatamente la chiquillería se abalanza sobre ellos y asegura su botín.

Se ha querido dar un significado moral a la ruptura de la piñata. Tanto por su vistosidad como por las lujosas golosinas que esparce, supuestamente representa al diablo quien atrae al hombre con placeres superfluos. La persona vendada sería la fe, que es ciega, y se encarga de destruir al espíritu maligno. El palo encarna la virtud que vence la tentación para que al final la fe triunfe. Por otro lado, la piñata de estrella con siete picos hace referencia a los siete pecados capitales.

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