Viaja al norte del estado de Sonora y sorpréndete al descubrir importantes vestigios de las culturas que habitaron este territorio durante la época prehispánica.
Estar en el Cerro de Trincheras es volver a nacer. Energía electromagnética poderosa, paisaje, memoria activa. El tiempo se hace espiral, caracol. Baña nuestros estresados esqueletos de fuerza milenaria, que los abuelos del periodo prehispánico tardío, bien supieron descifrar y revertir en su cotidianidad.
Tallaron conchas hasta convertirlas en ranas y decorar así cuerpo y alma. Construyeron casas mirando al norte, desafiando al mismo desierto; se cubrieron de terrazas donde cultivaron y festejaron, dichosos de vivir cerca de los dioses y lejos de la guerra; entre ceremonias y mucho trabajo buscaron la paz. Significó una reconstrucción geográfica, un intento de armonizar vida y muerte, sueños y supervivencia, y lo lograron. Gracias a las bondades del río Magdalena y al acomodo de enormes rocas volcánicas, mujeres y hombres del periodo prehispánico tardío, decidieron edificar lo que se conoce como Cerro de Trincheras, en el poblado del mismo nombre hacia el norte del estado de Sonora.
Controversia
Para Mac Gree (1898) y Huntington (1912) es una fortificación o campo agrícola terraceado. Para Tower (1945) y Robles (1973), un centro de distribución especializado en la manufactura e intercambio de concha trabajada. Para Di Peso (1979, 1983), una aldea fortificada, protectora de la producción de estos ornamentos a cargo de mercaderes mesoamericanos… Investigaciones de los últimos 30 años avalan la hipótesis que considera al Cerro de Trincheras una entidad socio-política, Randall McGuire y Elisa Villalpando respaldan este modelo.
Una isla de anillos en el mar de arena
Lo que sí queda claro es que fue un centro de importancia regional entre el 1300 y 1450 a.C., poseedor de observatorios astronómicos, recintos rituales, plazas, estructuras ceremoniales y una población de más de mil habitantes. Cultivaron maíz, calabaza, algodón y agave como alimento, fibra para tejido y cestería; gustaban de engalanarse con anillos, brazaletes y cuentas, finamente trabajados en concha. Vivían en unidades familiares que incluían al menos una casa de ramas y lodo, una ramada y en ocasiones un cuarto pequeño, siempre circular. Entramaron todo lo necesario para existir encima del mundo, interconectaron áreas de cultivo, festejo, ceremonia de elite, ciencia, defensa. Prácticos, sensibles a los regalos de la naturaleza, construyeron esta monumental fortaleza. Las terrazas con muros se localizan en la parte más alta, 3 metros de altura con piedras encimadas sin cementante; a diferencia de las terrazas de 10 a 100 metros de largo, rellenas de tierra, y de las terrazas angostas, ubicadas en la parte baja, con altura de 10 y 20 cm, concentradas en grupos de diez a veinte. Novecientas terrazas tejen el cerro. Estos hombres construyeron cuartos circulares, cuadrangulares y de geometría variable, anillos de piedra, una represa, muros y veredas; se gobernaron más lúdicamente que belicosos y constituyeron el principal conjunto arquitectónico de los cerros de trincheras que se conocen en Sonora y el sur de Arizona.
Centros de energía que hoy nos esperan
- La Cancha. Se encuentra en la base de la ladera norte del Cerro de Trincheras. Rectangular con paredes de piedras apiladas en 51 metros de largo y 13 de ancho. Algunos investigadores señalan que el sitio funcionó como espacio para el juego de pelota, otros apuntan que fue corral. Las excavaciones indican que a la mitad de La Cancha construyeron una estructura circular con muros y techos de materiales perecederos; de superficie plana y limpia de piedras funcionaba como lugar de ceremonia y un numeroso grupo participaba en diversas actividades: danzas, ejercicios, rituales masivos y representaciones teatrales; su ubicación de perfecta visibilidad frente a cientos de terrazas, convertía al cerro en un excelente anfiteatro.
- El Mirador. Peculiar complejo arquitectónico por su privilegiada posición al centro de la cara norte, permitió a sus habitantes observar y controlar los movimientos y actividades realizadas en toda el área. Aquí se encontró la mayor cantidad y variedad de cuentas de concha y piedra, anillos decorados y pendientes, cerámica, puntas de proyectil, una pipa y huesos de animales. Lugar de acceso restringido donde se guardaban bienes exóticos, como la Cerámica Chihuahua usada en intercambio. Desde El Mirador la vista se pierde por todo el pueblo de Trincheras, sujeto entre dos líneas, la férrea y la huella del río, cuando corría todo el año, con laguna incluida y que murió a finales del xix por el bombeo intensivo del manto acuífero.
- La Plaza del Caracol. En el extremo oriente de la cima; lugar especial de muros de metro y medio de altura, en espiral, de 18 por 8 metros, como concha abierta a los astros. Usado para ceremonias exclusivas y centro administrativo de carácter restringido. Por sus dimensiones y difícil acceso se cree que no toda la comunidad participaba en los rituales de este espacio sagrado. Aquí culmina la ruta, pero comienza otro viaje visual, la inmensidad todavía virgen del lado sur entre bruma y cerranía.
Final de un comienzo
“La muerte es temporal”, parece decir el mensaje forense de los restos hallados en el cerro. Colocados sobre anteriores cremaciones como esculturas en movimiento, posturas que dan esa sensación de estar activos los cuerpos, no como nuestras muertes extendidas y en reposo. Cuando eran dos, los disponían frente a frente, mirándose eternamente. Estos entierros de cuerpos flexionados y semiflexionados marcan una continuidad cultural en el tratamiento mortuorio de estos grupos del desierto sonorense, en correspondencia al periodo de agricultura temprana.
Vivieron entre terrazas y murieron en su cerro, hasta que decidieron desintegrar el núcleo y separarse, en familias, 150 años después.
Viaje a la semilla
El lugar es el ejemplo de vida comunitaria para el hombre moderno atrapado en trincheras de desconfianza y miedo. Vale la pena acudir a este espacio sagrado, ahora a disposición de todos. Dejemos la cabeza de razón y prejuicios a un lado, caminar, caminar la ruta del Cerro de Trincheras revitaliza, ordena.
De compañeros de viaje encontrará al famoso palofierro durante el recorrido, mezquites, ocotillo (usado en la construcción de jacales en las unidades habitacionales) y los torotes: prieto y el “papelito”, llamado así por la textura de su corteza. Los juanitos (roedores chicos) y las ardillas siempre alertas, le servirán de guía. Aparecerán, no por arte de magia, y sí gracias a las manos de los antiguos pobladores, curiosos petrograbados, zoomorfos casi todos; hay uno, en el cerrito del sureste, de figuras antropomorfas único en la región.
Abierto al mundo
Después de tanta historia acumulada en hallazgos, investigaciones y descubrimientos ocurridos desde hace 100 años y que todavía no terminan, la isla en el mar de arena, develará parte de su misteriosa energía al público durante 2010; se terminaron de colocar las cédulas del sendero interpretativo; estacionamiento y módulo de servicios sanitarios están listos. La totalidad del Proyecto Institucional Trincheras culmina en el 2012, contempla museo, hotel y otras sorpresas.
3 consejos oportunos
1. Déjese consentir por el atardecer del cerro en plena Plaza del Caracol.
2. Contemple en El Mirador la inmensidad norteña, entre cerros y bruma.
3. Camine por La Cancha despacio y con pisada honda, comprobará después que su cuerpo está revitalizado gracias al reciclaje bioenergético tan poderoso en la zona.
Reconocimiento internacional a una mexicana
El premio “Víctor R. Stoner Award 2009” otorgado a investigadores con trayectoria que acercan su trabajo al público, lo obtuvo por primera vez una mexicana, la arqueóloga Elisa Villalpando Canchola, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, quien lleva 30 años desentrañando los secretos del Cerro de Trincheras. Actualmente trabajan junto a Elisa los jóvenes arqueólogos Silvia Ivet Nava Maldonado, Carlos Gruz Guzmán y Sandy Cruz Navarro.
Para no olvidar
En los años cuarenta del siglo pasado llegó el ferrocarril al pueblo de Trincheras. Raudos y veloces se lanzaron al montonal de piedras que había en el cerro para utilizarlas en la construcción de la vía férrea, arrasando con los primeros metros y parte de La Cancha sufrió el saqueo. Fue la intervención de Edmundo Sierra Márquez, presidente municipal de aquel entonces y defensor del sitio, lo que detuvo la destrucción de las terrazas; supo frenar a tiempo la barbarie y cuidar el legado de nuestros antepasados, héroe anónimo para recordar.
Cómo llegar
Desde Hermosillo se llega por la carretera Núm.15 hacia el norte, rumbo a Nogales; en Santa Ana a 164 km de Hermosillo, se toma al oeste la carretera federal Núm. 2 dirección Caborca, en el Km 43 está la desviación a Trincheras. Si está en Puerto Peñasco, se toma hacia el norte la carretera federal Núm. 8, desde Nogales la internacional Núm. 15 hacia el sur y en Santa Ana, la desviación a Caborca.






