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El fascinante mundo de las arañas

Por: Luis F. Cari

En cualquier lugar, a cualquier hora, las arañas pueden aparecer para recordarte que, a pesar de su diminuto tamaño, son capaces de crear increíbles tejidos que pueden llegar a soportar ¡hasta el impacto de una bala!

Estábamos en Morelos, la noche se instalaba ya -con esa forma rotunda que tiene de hacerlo, y sus habituales ruidos- a nuestro alrededor. No había, pues, tiempo que perder, debíamos acampar de inmediato.

Comenzamos a armar nuestras tiendas de campaña -éramos un pequeño grupo de jóvenes excursionistas-, luego de haber nadado en las aguas del río Tlaltizapan lo suficiente como para desear el descanso. Ya nos disponíamos a dormir cuando, de repente, nos vimos invadidos por cientos de arañas tan negras como la noche.

Aterrados, nos parecieron más grandes de lo que eran; vimos cómo avanzaban sin arredrarse ante nada, dirigiéndose con obstinación hacia el este. Siguiendo esa dirección andaban por encima de las mochilas, las botas, las tiendas de campaña y los sacos de dormir, como si obedecieran a una voz única de mando. Como pudimos y saltando entre ellas, recogimos nuestras pertenencias y huimos en una gran estampida hasta llegar a la plaza del pueblo.

Esa experiencia nada envidiable hizo que despertara en mí una gran curiosidad por los arácnidos y comencé a documentarme. Ahora sé que existen especies de arañas más sociables que otras y que en época de reproducción se juntan en gran número hasta parecer verdaderos enjambres.

Generalmente temidas -algunas veces hasta con irrefrenable terror-, las arañas que podemos encontrar en patios, jardines y hasta en el interior de nuestras casas, son por lo general inofensivas y realmente útiles al hombre. Su alimentación consiste en devorar grandes cantidades de insectos dañinos como moscas, mosquitos, cucarachas y hasta artrópodos como los alacranes, entre otros muchos. Sin embargo, no es fácil para la mayoría de las personas aceptar o sentir simpatía por las arañas; más bien nos inspiran miedo aunque estemos en presencia no de una tarántula, sino de una araña de jardín. ¿Por qué les tememos incluso a las más pequeñas? Las razones probablemente tienen sus raíces en el comportamiento instintivo de nuestra especie; es decir, reflejan parte de la conducta más animal y, por lo tanto, la menos racional que poseemos. Pero ese rechazo instintivo puede llevar a convertirse en lo que se conoce como aracnofobia o miedo enfermizo e incontrolable hacia los arácnidos.

Las arañas en la historia

Las arañas -como los anfibios, lagartijas, lagartos y serpientes- han estado injustamente asociadas a actividades como la brujería, los hechizos, los maleficios, etc. Estas prácticas son tan comunes en la conducta humana que no resulta raro encontrar, en los más viejos libros de medicina-brujería, recetas curativas o maléficas en las que figuran como ingredientes alguna parte del cuerpo de un arácnido, o a éste completo incluyendo su telaraña.

Los antiguos mexicanos de lengua náhuatl las llamaban tócatlen singular, totocame en plural, y a la telaraña le decían tocapeyotl. Distinguían diversas especies: atócatl (araña acuática), ehecatócatl (araña de viento), huitztócatl (araña espinosa), ocelotócatl (araña jaguar), tecuantócatl (araña fiera), y tzintlatlauhqui (detzintli, trasero y tlatlauqui, rojo). Es decir, “la de trasero rojo”, la que hoy conocemos como viuda negra o araña capulina, (cuyo nombre científico es Latrodectus mactans); y que, efectivamente, tiene una o varias manchas rojas o naranja en la cara central de su redondo y columinoso o pistosoma.

También existe un pueblo: Xaltocan, que significa “lugar donde hay arañas que viven en la arena”. Otras representaciones de arácnidos las podemos encontrar en el Códice Borgia, en el Códice Fejérvári-Mayer y en el Códice Magliabecchiano. Una simbolización muy interesante aparece en el cuauhxicalli de piedra volcánica negra (recipiente para corazones sacrificados), en donde la araña está asociada a criaturas nocturnas como un tecolote y un murciélago.

Como vemos, las arañas estaban muy ligadas a la mitología de los antiguos mexicanos y un ejemplo precioso es el expuesto por el gran mexicanista Eduard Seler: “el dios que viene del cielo se ha dejado caer en una telaraña...” Sin duda alguna se refiere a la ehecatócatl, o araña del viento, perteneciente a esa especie de arácnido que viaja valiéndose de las mismas telarañas.

La mayor parte de los arácnidos son de hábitos nocturnos, y esto fue advertido certeramente por los antiguos mexicanos. ¿Por qué preferirán tener mayor actividad por la noche? La respuesta parece radicar que en la obscuridad evaden más fácilmente a sus enemigos naturales y no se exponen a elevadas temperaturas, que podrían deshidratarlas y matarlas.

Telarañas a prueba de bala

Si hablamos de la obra de estas incansables tejedoras, hemos de decir que los hilos de las telarañas son más fuertes y flexibles que cables o hilos de acero del mismo diámetro.

Sí, por increíble que parezca, se descubrió hace muy poco que por lo menos una especie de arácnido de las selvas de Panamá tiene una telaraña tan fuerte que, sin romperse, resiste el impacto de una bala. Esto ha motivado la realización de acuciosas investigaciones, las cuales permitirán la fabricación de chalecos antibalas posiblemente más ligeros y, por lo tanto, mucho más cómodos que los actuales.

Arañas mariguanas

Los estudiosos de los insectos o entomólogos han hecho rigurosas investigaciones para tratar de explicarse si las arañas hacen sus telas siguiendo cierta metodología. Han encontrado que tal orden existe, y que las arañas no sólo toman en cuenta la posición del sol y los vientos dominantes; también calculan la resistencia de sus telas y la resistencia de los materiales sobre las que éstas irán ancladas, y hacen caminos de seda no pegajosa para poder trasladarse sobre aquella destinada a sus presas.

La curiosidad de algunos científicos aracnólogos los ha llevado a realizar las más bizarras investigaciones, como someter a algunas especies de arañas al humo de mariguana. El resultado fue la elaboración de telarañas totalmente informes al afectarse -bajo los efectos de la droga- el patrón de tejido que sigue cada especie.

Miles de especies de arañas

Las arañas pertenecen a la clase de los arácnidos y al orden Araneidos. Actualmente se conocen aproximadamente 22,000, de las cuales dos: la viuda negra y la violonista son las más venenosas y las podemos encontrar en todo el mundo.

La capulina (Latrodectus mactans), la violinista (llamada así porque tiene sobre su prosoma un diseño parecido a un violín) y la reclusa parda (Laxosceles reclusa) producen unas toxinas tan potentes que se les ha considerado las más peligrosas del planeta, incluso de la capulina se afirma que su veneno es 15 veces más potente que el de la víbora de cascabel.

Los venenos de estas arañas atacan el sistema nervioso y, por lo tanto, se denominan neurotóxicos, son gangrenantes o necrosantes. Es decir, ocasionan el rápido deterioro de los tejidos, causando gangrena y destrucción de las células de sus presas; asimismo, el veneno de la capulina es neurotóxico y el de la violinista es necrosante.

El amor entre las arañas es cosa de vida o muerte para los machos

En el grupo de las arañas las hembras son, generalmente, de mayor tamaño que los machos; tienen la rara costumbre de convertir su apetito sexual en alimentario, una vez terminada la cópula. Esto significa que consumado el lance amatorio, se devoran a su pareja sin cargo de conciencia alguno.

Por esta razón muy entendible, en algunas especies, el macho tiene la previsora y sana costumbre de atar a la hembra con lazadas de hilo de telaraña; de esta forma puede efectuar la cópula con la debida propiedad, y sobrevivir a la aventura amorosa sin tener que llevar a cabo una humillante y precipitada huida.

La araña posee un saco llamado receptáculo seminal, en éste recibe y conserva vivos, durante mucho tiempo, a los espermatozoides con el fin de inseminar sus óvulos conforme vaya siendo necesario. La mayoría guarda celosamente los huevecillos fecundados hasta que nacen de ellos pequeñas arañas que, después de 4 a 12 sucesivas mudas de piel, alcanzarán el tamaño adulto y continuarán con el ciclo vital de la especie.

La duración de la vida de las arañas es variable y depende de la especie. Las tarántulas, por ejemplo, llegan a vivir hasta 20 años, las violinistas viven de 5 a 10, las capulinas de 1 a 2 años y medio, y otras tan solo una temporada de pocos meses.

Tarántulas en peligro de extinción

Curiosamente las arañas más grandes, tarántulas y mígalas, son las que se encuentran en mayor peligro de extinción. Mucha gente en cuanto las ve las mata, y también se les caza con la finalidad de venderlas como mascotas a personas ignorantes de que su afición por los animales “raros” o “exóticos”, puede lograr que muchas especies desaparezcan.

Las arañas son animales artrópodos (animales de patas articuladas) de la clase de los arácnidos, que se caracterizan por tener el cuerpo dividido en dos partes: cefalotórax y abdomen u opistosoma, cuatro pares de patas en el cefalotórax, y unos órganos (llamados hileras) colocados en el extremo del abdomen que secretan una substancia sedosa en forma de hilo. Con ésta tejen una red llamada tela de araña o telaraña, la cual usan para atrapar a los insectos de que se alimenta, y para desplazarse colgándose de ella.

Tienen varios pares de ojos y ocelos (ojos poco desarrollados) y un par de apéndices frente a la boca, llamados quelíceros.

Estos apéndices terminan en un gancho en el que desemboca una glándula venenosa; asimismo, tienen otro par de apéndices detrás de la boca, llamados pedipalpos, con numerosos órganos sensitivos.

Poseen un par de pulmones o sacos pulmonares unidos a redes de canales respiratorios llamados tráqueas, que se comunican al exterior por medio de los denominados estigmas: orificios con tapas, que abren y cierran para realizar su función respiratoria.

Para conseguir su alimento rodean a la presa con la telaraña; ya inmóvil, se dedican -sin peligro alguno- a chuparla con su estómago succionador hasta vaciarla.

Después de digerirla, excretan los residuos de la víctima que consisten básicamente en guanina y ácido úrico, y que expulsan en forma seca a través del ano.

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