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Las danzas negras de Guerrero

Por: Nicolás Triedo

En el estado de Guerrero podrás ver la cara afromestiza de nuestro México a través de una de las manifestaciones culturales más grandes: la danza. ¡Descúbrela!

La presencia africana en México ha sido largamente ignorada, aunque desde el siglo XVI los negros de origen africano empezaron a llegar como esclavos a varias regiones del país. Congos, bantúes, sudaneses y guineanos fueron arrancados de su tierra y traídos a una nueva donde intentaron reproducir sus patrones culturales, lo cual lograban solamente cuando podían liberarse y vivir como negros libres, entonces conocidos como cimarrones. Muchos pudieron escapar de los ingenios y haciendas que los mantenían cautivos, por lo que fueron perseguidos ferozmente, de modo que debieron recorrer grandes distancias para encontrar territorios deshabitados; en estas diásporas los cimarrones llegaron hasta Guerrero

Otros fueron traídos en las naos de China que desde Filipinas arribaban al puerto de Acapulco y luego reducidos a mercancías o motores de sangre. Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, en la Costa Chica de Guerrero, los antiguos esclavos y sus familias se fueron asentando tras encontrar condiciones similares a las de sus lugares de origen, como el mar, el clima y la orografía.  Los descendientes de aquellos africanos son los afromexicanos que en la actualidad viven en las costas de Oaxaca y Guerrero. De sus ancestros han heredado las historias, cultura, ritmo y hasta su tiempo. 

Actualmente, en la Costa Chica se aprecian manifestaciones culturales propias de la región que tienen sus antecedentes en los primeros africanos llegados aquí. En comunidades como Cuajinicuilapa, Guerrero, y en las fiestas y celebraciones religiosas sorprenden la variedad y particularidad de sus danzas, entre las cuales la de los diablos es probablemente la más potente tanto en lo simbólico como en lo estético debido a la indumentaria y el trance en que caen los danzantes. Mientras, el público participa retando a los diablos, aunque algunos permanecen solemnes y atentos. La artesa es también muy característica. Se trata de un enorme cajón de madera con una cabeza de toro o caballo en uno de sus extremos y la cola en el otro, que los músicos percuten con baquetas también de madera.

En algunos casos los bailarines zapatean sobre la artesa, ellas con hermosos vestidos blancos y ellos simplemente con su atuendo campesino. Son los sones de la costa, profundos y nostálgicos. Propia de la región es la representación de la Conquista, y aunque no es de origen africano, la interpretación afromestiza es diferente y sin duda tiene otro sentido. Sobre todo participan los niños con sus atuendos de época, espadas de madera, armaduras de cartón y telas satinadas de detalles dorados y brillantes; las coreografías de las etapas del acontecimiento histórico están muy bien realizadas. Las familias toman parte en la elaboración de los trajes y los preparativos de la verbena popular, entre ellos, comida, agua fresca y música. El evento suele llevarse a cabo en la plaza principal con la asistencia de todo el pueblo.   

Y entre las manifestaciones culturales de la región destaca la habilidad de las mujeres para llevar los cántaros de agua en la cabeza o un niño en la cadera, así como su extroversión, alegría de vivir y ritmo, que son herencias definitivamente africanas. Se afirma que la influencia del negro en México, tanto en lo biológico como en lo cultural, es determinante en la formación de la identidad nacional. Aunque podemos decir que por su condición de esclavo el negro no pudo reconstruir su ancestral cultura africana, mientras que debido al aislamiento los cimarrones sí lograron conservar algunos de sus rasgos culturales.   

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