PUBLICIDAD
Mineral de Pozos, un pueblo fantasma en territorio guanajuatense
PUBLICIDAD
Ranking
Newsletter de México Desconocido México Desconocido en Facebook México Desconocido en Twitter México Desconocido en Google+ México Desconocido en YouTube México Desconocido en Flipboard RSS de México Desconocido
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Las haciendas azucareras de Morelos

Ruinas de un esplendor desmoronado de manera abrupta, imponentes volúmenes constructivos que resisten la acción del hombre y los elementos naturales, acueductos que surcaron plantaciones, ahora integran el paisaje urbano. Estos son algunos vestigios de las haciendas azucareras en el estado de Morelos, pero algunas de ellas se han conservado por iniciativa de sus actuales dueños.

Los conocedores del tema no se ponen de acuerdo en el número de haciendas que llegó a haber en el estado a principios del siglo XX, ya que mientras algunos aseguran que fueron 37, hay quien se aventura a afirmar que su número superó las cincuenta. Lo cierto es que el sistema de haciendas pasó a ser en Morelos, como en gran parte del país, el núcleo fundamental de la producción, la economía y el control político.

La hacienda es heredera directa de la sociedad feudal y la encomienda, con la salvedad de que la hacienda, en su periodo final, gozó los beneficios de las innovaciones tecnológicas del siglo XIX. La vertiginosa caída que experimentó este sistema durante la Revolución obligó al grupo triunfante a modificar -de forma pero no de fondo- las relaciones sociales de producción. La enorme acumulación de poder y dinero que gozaron los hacendados a finales del XIX y principios del XX fue uno de los factores que provocaron el movimiento armado, que en Morelos alcanzó su nivel más alto de organización.

En el porfiriato, las haciendas alcanzaron su apogeo. Los promedios de extensión oscilaban entre las diez mil y las cien mil hectáreas; incluso una, la de Luis Terrazas, en Chihuahua, alcanzó las 400,000 hectáreas. En Morelos la extensión no fue tan grande, a excepción de las propiedades de Luis García Pimental, cuyas haciendas de Santa Clara, Tenango y San Ignacio, totalizaban poco más de 68,000 ha. Sin embargo, por la abundancia de ríos y manantiales, los terrenos morelenses ofrecían una fertilidad asombrosa, mucho mayor que los terrenos en el norte del país, y con la ventaja de tener el mercado de la Ciudad de México a menos de 100 km. de distancia; por lo tanto, Morelos se convirtió rápidamente en el principal productor de caña a nivel nacional. La renovación tecnológica que experimentó esta industria a partir de 1880 produjo un crecimiento enorme.

Los métodos antiguos de producción de azúcar fueron empleados en la Nueva España y el México independiente por espacio de por lo menos 300 años. Un primer avance sustancial se dio a mediados del siglo XIX con la introducción de la variedad de caña habanera (Saccharum otahitense) en sustitución de la variedad criolla (Saccharum oficianarum), mucho más fácil aquélla de moler en los ingenios. Otro cambio fundamental fue el uso del vapor en lugar de las caídas de agua para accionar los molinos, lo que incremento de manera significativa la cantidad de caña triturada.

Procesadores de efecto múltiple y evaporadoras al vacío, para controlar mejor el calor y el proceso de cristalización de las meladuras; básculas, grúas y trenes de mulas, para facilitar la medición y el transporte de la caña desde el campo al ingenio y del ingenio a la estación del ferrocarril, fueron algunos de los instrumentos que ayudaron en gran medida al desarrollo de las haciendas azucareras. El otro aspecto que aceleró tal desarrollo fue la apropiación de los mejores terrenos de siembra y la monopolización del agua, en detrimento de las comunidades.

John Womak Jr., entre otros historiadores, describe el acontecimiento que llevaría a la confrontación final entre hacendados y pueblos en el estado de Morelos: la muerte del gobernador Manuel Alarcón (15 de diciembre de 1908) y la elección del candidato porfirista, Pablo Escandón, apoyado por los hacendados.

Ante ese candidato, de gustos refinados y educado en Inglaterra que respondía a los intereses de los hacendados, los campesinos de Morelos postularon al suyo: Patricio Leyva, hijo del general Francisco Leyva, héroe local de la Guerra de Intervención y con gran influencia popular en todo el estado. Entre los hombres que apoyaron a Leyva estaba uno que los hacendados también conocían y por quien se disputaban sus servicios de insuperable domador de potros: Emiliano Zapata.

No vamos a entrar al interminable laberinto de los acontecimientos revolucionarios, tema para incontables estudios que aún se siguen elaborando. Sí mencionaremos, empero, el importantísimo papel de las haciendas como sitios de combate, cuarteles provisionales, almacenes de armas y centros de producción, incluso en los periodos más intensos de la lucha. Contra la idea generalizada, no fueron los zapatistas quienes destruyeron la mayor parte de las haciendas, sino la furia incontenible del general Pablo González (émulo de Juvencio Robles, el incendiario), quien rabiaba por acabar con todo lo que oliera a rebeldía, incluyendo las haciendas mismas que en el periodo más intenso del zapatismo (1915) los campesinos trabajaron para sí, en coordinación con las comunidades.

Innumerables son las acciones heroicas, los crímenes, las traiciones, las anécdotas que guardan los muros enmohecidos de las haciendas azucareras. La de Chinameca arrastra el estigma de ser el sitio donde el coronel Guajardo le tendió el cuatro a Emiliano Zapata; la de Tlaltizapán, ser el lugar donde fusilaron a Otilio Montaño, en un proceso que aún no ha quedado bien claro. La hacienda de San Carlos es el sitio donde el abuelo de quien esto escribe, general Benigno N. Zenteno, fue colgado después de un combate contra tropas del mismo Guajardo.

A nadie ha de extrañar que después de cuatro siglos de existencia, de múltiples guerras de intervención y de liberación, de incontables historias de bandoleros, políticos, hacendados, peones sometidos, esclavos africanos, mujeres violadas, revolucionarios, aventureros y personajes de las más inverosímiles y contrastantes facetas, los ecos de los fantasmas todavía se escuchen durante las noches por las construcciones semiderruidas de los cascos, despertando temor en el pueblo y recreando las más ricas y subyugantes leyendas.

Una simple revisión de la historia de algunas haciendas nos revela que la de Temixco funcionó como campo de concentración de japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, antes de convertirse en molino y procesadora de arroz; la de Casasano, aún activa, se erigió sobre y junto a unas ruinas arqueológicas; la de Buenavista, cuyos arcos han sido utilizados como muros de vivienda, fue convertida en despepitadora de arroz del ejido. La de San Carlos guarda la historia pintoresca de un matón que borracho acostumbraba dispararle a la veleta en forma de gallito que se encuentra sobre la torre de la iglesia, hasta que la bala de un vecino agraviado por el fanfarrón puso fin a tan inútil y despreciable existencia.

Actualmente algunas de las antiguas haciendas azucareras han sido rescatadas y acondicionadas como hoteles de diferentes categorías, o bien sus instalaciones pueden alquilarse para la celebración de eventos diversos, como convenciones o bodas. Entre las primeras recomendamos la de San Gabriel de las Palmas, un precioso hotelito de lujo; la de San Carlos, con sus bellísimos jardines, que se alquila para bodas, lo mismo que la de Chiconcuac; y entre las segundas están las de Cocoyoc, que además de tener todo lo necesario para la celebración de eventos, cuenta con un campo de golf; la de San José de Vista Hermosa, un hotel muy propio para planes familiares, y la Hacienda de Cortés, antiquísimo edificio clasificado como patrimonio nacional es ideal para toda clase de eventos en sus tres amplios jardines, patios, salones para sesionar y un auditorio para 300 personas.

________________________________________________

CÓMO LLEGAR:

Hacienda Santa Clara (Ex Hacienda de Montefalco, hoy Escuela Femenina de Montefalco).

Ex Hacienda de Montefalco s/n. Jonacatepec, Morelos

Hacienda de Tenango.

Jantetelco, Morelos

Tomar la Autopista México - Cuautla vía Oaxtepec, o bien la Carretera Cuernavaca - Cuautla vía Cañón de Lobos, continuar por la Carretera Cuautla - Izúcar de Matamoros y en el crucero de Amayuca desviarse a la izquierda recorriendo 3 kms. a Jantetelco.

http://haciendadetenango.com/

Hacienda de Chinameca

Ciudad Ayala, Morelos

Saliendo de la ciudad de Cuernavaca por la autopista núm 138 hasta Yautepec, ahí toma la carretera estatal núm 2 y poco antes de llegar a Tlaltizapán, desvíate por la carretera estatal núm 9, en el km 20 se encuentra la Hacienda de Chinameca, que se distingue por su inconfundible chimenea de ladrillo con la inscripción “Tierra y Libertad”.

Ex Hacienda San Carlos

Yautepec, Morelos

Desde la ciudad de Cuernavaca toma la carretera Núm. 180 en dirección a Yautepec, ubicada a 27 kilómetros al este.

Ex Hacienda de Temixco

Temixco, Morelos

Carretera Federal Mexico Acapulco Km. 85

Col. Centro

Hacienda Casasano

Cuautla, Morelos

Hacienda San Gabriel de las Palmas

Amacuzac, Morelos

Kilómetro 114, carretera Federal México-Acapulco

Ex hacienda de Antonio Chiconcuac

Xochitepec, Morelos

Sigue la Carretera Libre Cuernavaca - Xochitepec, o bien la autopista Cuernavaca - Acapulco. Salir en la caseta de Tepetzingo, dar vuelta en U, en el crucero de Tepetzingo seguir hacia la derecha y en el crucero de Chiconcuac dar vuelta a la izquierda.

Hotel Hacienda Cocoyoc

Cocoyoc, Morelos

Carretera Federal Cuernavaca-Cuautla Km. 32.5

http://www.cocoyoc.com.mx

Ex Hacienda San José de Vistahermosa

Puente de Ixtla, Morelos

Carretera Alpuyeca - Tequesquitengo Km. 7

Tomar la Autopista o la Carretera Libre a Acapulco, en Alpuyeca tomar la desviación a Xoxocotla - Tequesquitengo

Hotel Hacienda de Cortés

Plaza Kennedy 90, Col. Atlacomulco Jiutepec, Morelos

Compartir

ComScore
IASA Comunicación