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Las primeras misiones de Baja California

Por: Leonardo Sep

Las misiones, primeras piedras del sueño californiano, paradigma de la prosperidad del mundo occidental, permanecen en gran parte desconocidas.

Las misiones, primeras piedras del sueño californiano, paradigma de la prosperidad del mundo occidental, permanecen en gran parte desconocidas.

Considerada una isla durante mucho tiempo, la región resultó un horno calcinante para los primeros europeos que osaron visitarla. En latín se refirieron a ella comocallida fornaxy de ahí se derivó el nombre de California. En la segunda mitad de sigloxvise descubrió que se trataba de una península, y a las tierras encontradas al norte se les llamó la Alta California.

Tras la guerra mexicano-estadounidense de 1848 los invasores no sólo se apropiaron del territorio norcaliforniano, sino también del nombre original que en justicia le correspondía a la península que conservó México, la cual contaba con mayor historia y tradición.

En octubre de este año se celebrarán tres siglos de colonización de las californias. En ese mes, pero del año 1697, se fundó la primera misión en el lugar ahora conocido como Loreto, Baja California Sur.

En 1535 Hernán Cortés realizó una exploración importante a las costas de la península, pero él y sus marineros sólo se interesaron en recolectar perlas y en partir para no volver. Debió transcurrir siglo y medio para que otros forasteros llegaran a establecerse en esas costas agrestes, habitadas por a nómadas y casi siempre hostiles. Esos hombres valientes no eran conquistadores ni marinos, sino humildes misioneros.

Aquella región menospreciada, la última frontera, el México ignorado, ahora se ve irrumpida por la modernidad y un auge turístico sin precedentes a imagen y semejanza de su contraparte estadounidense. Mientras tanto las misiones, primeras piedras del sueño californiano, paradigma de la prosperidad del mundo occidental, permanecen en gran parte desconocidas. De una veintena que existieron sólo se conservan nueve en pie.

LORETO

El 25 de octubre de 1697, el padre jesuita Juan María de Salvatierra, fundó la primera misión, bautizada con el nombre de Nuestra Señora de Loreto, en honor de la popular Virgen de su natal Italia. La misión se limitaba a una modesta carpa, pero la obra de evangelización entre los indígenas permitió empezar un templo de piedra en 1699, que aunque ahora es una discreta capilla lateral de la misión, es la construcción más antigua de las californias.

La enseñanza del catecismo a los aborígenes fue difícil, hasta que a los frailes de Loreto se les ocurrió invitarlos a comer. En inmensas ollas que aún se conservan, se preparaba una especie de pozole que hacía más grata la doctrina, según nos explicó la directora del Museo de las Misiones, Estela Gutiérrez Fernández.

Asimismo nos comentó que con motivo de los 300 aniversario de la Misión de Loreto, se pretende efectuar obras de conservación en todas ellas, así como en la parte vieja del puerto de Loreto, de cuyas casas antiguas de madera se conservan apenas media docena.

SAN JAVIER

El sacerdote de Loreto, Isaac Villafaña, viaja en su camioneta alrededor de tres veces al mes por un peligroso camino, entre montañas, que conduce a la misión de San Javier, ya allí no vive religioso alguno. Viajar a este pequeño pueblo es trasladarse al pasado y ver casas típicas de adobe y palma. El campanario, los ornamentos en cantera y los tres retablos barrocos de esta misión fundada en 1699, dignos de una ciudad, sorprenden en un sitio tan remoto y despoblado.

MULEGÉ

La única batalla en donde los mexicanos hicieron correr a los estadounidenses en la guerra de 1847 fue en Mulegé. En ese año la misión local, fundada en 1705, ya estaba abandonada, pues lo jesuitas fueron expulsados de la Nueva España en 1768.

Santa Rosalía de Mulegé se construyó cerca de un río y de la costa del Mar de Cortés. Es la más sobria y austera de las misiones. Al visitar Mulegé resulta interesante conocer también el Museo Comunitario situado en la antigua cárcel.

SAN IGNACIO

En un oasis ubicado casi al centro geográfico de la península, donde abundan las palmeras con dátiles, está el pueblo de San Ignacio. Gracias a la actividad constante y al apoyo de los fieles es la misión mejor conservada. Sus retablos, esculturas y muebles son originales del sigloxviii.

SANTA GERTRUDIS

La misión de Santa Gertrudis está en el estado de Baja California, a diferencia de las cuatro anteriores que se encuentran en Baja California Sur.

Establecida en 1752, Santa Gertrudis, es una recia construcción cuyos muros, bóvedas y portada lucen un precioso trabajo de cantera. Abriga una colección de piezas coloniales importantes y el campanario es muy original porque está separado del templo.

El padre Mario Menghini Pecci, nacido en Italia pero con 46 años de trabajar en la península, consiguió dinero y apoyo técnico para la restauración del templo de esta misión.

Primero debió fundar junto con algunos ciudadanos bajacalifornianos, una asociación civil llamada Mejibó A.C., término que es un grito de euforia de los indígenas cochimíes. Después consiguió ayuda de la paraestatal Exportadora de Sal, S.A. y del gobernador de Baja California, Héctor Terán.

SAN BORJA

Cien kilómetros al norte de Santa Gertrudis, en Baja California, en lo que casi es un bosque de cactáceas, donde abundan las pitahayas y las choyas, y sobresalen los cardones y cirios de hasta nueve metros de altura, está la misión de San Borja.

Fundada en 1762 fue la última de las misiones construidas en la península. Tiene la particularidad de que ahí se conservan ruinas de adobe del templo original, a pocos metros del templo de piedra construido por los dominicos tras la salida de los jesuitas; el cual es austero pero de importante sobriedad.

Debido al abandono la bóveda de San Borja se deformó y perdió su curvatura, por lo cual podría caerse si no es reconstruida. El sacerdote Mario Menghini, quien funge ahora como delegado episcopal para la restauración de las dos misiones bajacalifornianas, nos explicó que este recinto nunca ha sido restaurado y que el presupuesto para la obra es de un millón 600 mil pesos, pues requiere de cuidadosas reparaciones. No obstante, San Borja es de las misiones favoritas entre los viajeros por su originalidad y belleza.

DE ENTRE OTRAS MISIONES

En Baja California Sur sobreviven otras tres misiones; La Paz y Todos Santos, en las poblaciones de los mismos nombres, han perdido su aspecto antiguo debido a absurdas intervenciones modernizadoras, por lo que tienen poco interés. En cambio, San Luis Gonzaga, fundada en 1740 se encuentra en estado original, conservando su carácter autóctono y es la más pequeña de todas.

Las misiones de Baja California son verdaderos tesoros que pueden volver a brillar pero se requiere de un gran cuidado y trabajo para lograrlo.

Fuente: México desconocido No. 248 / octubre 1997

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