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Los árboles en la Ciudad de México

Por: Manuel Sarmiento Fradera

Un deleite escuchar a las personas mayores narrar lo maravillosa que fue la ciudad de México

Un deleite escuchar a las personas mayores narrar lo maravillosa que fue la ciudad de México

Es hace algún tiempo: pequeña, con el cielo azul (de ahí “la región más transparente del aire”), rodeada de campos de cultivo y bosques; de aquellos momentos en que mis padres y abuelos iban de día de campo a las Fuentes Brotantes de Tlalpan, que estaban totalmente fuera de la ciudad, cuando ir a Xochimilco era toda una excursión.

Sin duda, uno de los aspectos que más cambia en las ciudades con su crecimiento es el paisaje y la vegetación: sólo las personas mayores pueden recordar a Coyoacán como un tranquilo pueblo con fresnos centenarios, de los cuales quedan algunos tristes ejemplares ahogados entre el cemento; o del característico paisaje de Xochimilco, con miles de ahuejotes apuntando al cielo, inmortalizados por la magia del cine mexicano; y cómo olvidar los ancestrales ahuehuetes de Chapultepec, de los que únicamente quedan algunos, o la tragedia del árbol de “la noche triste”, que fue capaz de vivir durante siglos, pero no de subsistir a la modernidad. 

Pocas cosas naturales sobreviven hoy en las grandes ciudades; sin embargo, todas tienen en mayor o menor medida jardines, parques y árboles en las calles que tenazmente se aferran a la vida en nuestras sufridas banquetas y camellones. La capital de México no es la excepción; los que habitamos en la ciudad más grande del mundo aún podemos disfrutar de algunas zonas arboladas. 

Desde tiempos ancestrales, los árboles así como los parques y jardines han formado parte sustancial de nuestra cultura, ya que somos herederos de una gran tradición de cariño hacia las plantas; por ello existen numerosos lugares para disfrutar una agradable tarde en compañía de los amigos, un sitio para que los pequeños lo pinten de colores con sus incansables juegos y corretizas o un espacio de reflexión e intercambio de las interminables historias de los abuelos. 

Los parques, y en especial los árboles, han sido y serán agentes de vital importancia en el mejoramiento ambiental y la recreación. Aunque éste sea actualmente un tema de moda, desde los inicios de la Colonia existió esa preocupación. De hecho, ésa fue la idea que dio origen al parque más antiguo de América: Chapultepec, creado como tal en 1530 “para la recreación del pueblo”. No pasaría mucho tiempo antes de que los árboles fueran utilizados nuevamente a favor de la salud, en este caso muy cerca del centro (en aquel entonces Chapultepec estaba en las afueras de la ciudad). Fue necesario plantarlos para limpiar y desecar un terreno insalubre, en el cual se formó la Alameda en 1592. Al principio fueron álamos, de ahí su nombre; pero no pudieron desarrollarse bien, por lo que dos años después fue necesario sembrar fresnos, que siguen siendo los prevalecientes hasta la fecha.   

En las ciudades, los árboles son bienes valiosos que requieren cuidado y mantenimiento. Representan para muchas personas el último elemento cotidiano de la naturaleza, además de que trabajan las 24 horas del día para mejorar nuestro ambiente y calidad de vida. Agregan belleza a nuestro alrededor, sensaciones de paz, armonía y relajamiento. Inclusive está comprobado que personas enfermas cuya habitación tenga vista hacia un jardín o hacia la copa de algunos árboles, se recuperan más rápidamente.  Por ello, mucho antes de que tal hipótesis se comprobara, un gran número de centros de salud se ubicaban entre jardines, de los cuales sólo quedan algunos ejemplos como el Sanatorio Español, en la actual colonia Irrigación. 

Como prueba de la importancia de la vegetación, en todas las épocas los alcaldes han tratado de dejar un testimonio de su preocupación por lograr que la ciudad tenga más y mejores áreas verdes. Los ejemplos son numerosos; uno de ellos relata que el emperador Maximiliano extendió el entonces Paseo de la Emperatriz (hoy Paseo de la Reforma) hasta las puertas de Chapultepec, considerando una gran plantación en dicha vía, la cual fue completada por el presidente Sebastián Lerdo de Tejada, quien dio a esa avenida la magnificencia que la ha caracterizado.

Pero quizá la muestra más elocuente sea la realizada por Porfirio Díaz, ya que durante su mandato fueron reforestadas todas las calles y plazas, y dio a la ciudad de México una de sus épocas mejor arboladas.  A los citadinos nos gusta la vegetación. En cualquier oportunidad nos lanzamos hacia las áreas verdes bosques o cualquier rincón con matas en busca de tranquilidad y un poco de aire limpio. En efecto, los árboles absorben eficientemente grandes cantidades de contaminantes y polvo (un parque arbolado de 1 ha = 10 000 m2es capaz de retener hasta 50 toneladas de polvo); además, generan grandes cantidades del vital oxígeno, son capaces de reducir el ruido y disminuir la velocidad del viento, por lo que constituyen un gran remedio contra las temidas tolvaneras que durante años azotaron a la capital. 

En este siglo se han realizado esfuerzos para tratar de darle a la población más y mejores zonas arboladas. Así, se creó en 1917 el primer parque nacional: el Desierto de los Leones, seguido de algunos otros que los capitalinos aún disfrutamos, como Fuentes Brotantes en Tlalpan o el Parque de los Remedios, en la hoy zona conurbada del Estado de México. 

Cuando uno va a un parque nota una mejoría en el ambiente: el aire es más fresco y el calor de la calle prácticamente desaparece; está comprobado que los árboles mejoran el clima y el ambiente en las ciudades, ya que amortiguan los cambios entre el día y la noche, dan frescura y sombra en la época calurosa y evitan que la temperatura baje excesivamente en invierno al bloquear los vientos fríos. Adicionalmente, aportan una gran cantidad de humedad ambiental a nuestras resecas metrópolis. Por ejemplo, un solo pino adulto es capaz de evaporar hasta 40 litros de agua al día, y un árbol de hoja ancha, como un fresno adulto, puede llegar a aportar a la atmósfera hasta 200 litros diarios. 

Cuando llueve, las áreas verdes absorben grandes cantidades de agua y ayudan a la recarga de los mantos freáticos, tan importantes para abastecimientos del vital líquido; sin árboles, la cantidad de agua que se iría al sistema de drenaje sería mucho mayor y, probablemente, no se daría abasto. 

La vegetación en las ciudades es un elemento de mucha importancia para el bienestar y sin embargo, la mayoría de las grandes poblaciones en nuestro país tiene pocos árboles. ¿Cuántos son necesarios para tener un ambiente sano? Se podría contestar que mientras más existan, mejor, pero en un sitio urbano no siempre se cuenta con el espacio necesario, además de que algunos se van muriendo y es necesario sustituirlos.. Un caso célebre de renovación del arbolado fueron las acciones realizadas en Coyoacán y Reforma en 1983-1984, las cuales permitieron, además de cambiar árboles muertos, dar muestra de una expresión artística urbana, al convertir en magníficas esculturas los troncos ya sin vida de fresnos centenarios.   

En cuanto a número, la onu recomienda un mínimo de 12 m2 de área verde por habitante para poseer un ambiente aceptablemente sano, tanto física como mentalmente. Pero esa proporción rara vez se cumple; en la ciudad de México se calcula una superficie de 3 m2de área verde por habitante, con lo cual el déficit es muy notable.  No cabe duda de que los árboles deberían ser cuidados y venerados como grandes benefactores de la comunidad; no obstante, estos amigos del ciudadano sufren diversos problemas para vivir en los asentamientos urbanos.

Al realizar campañas de plantación se sabe de antemano que cerca de la mitad de los árboles sembrados no llegará a la etapa adulta y que su promedio de vida será de 35 años. Los que sobreviven al vandalismo, sequía, accidentes y tantas otras calamidades, lamentablemente sufrirán maltratos como si fueran algo nocivo: tendrán heridas, roturas, podas mal hechas, pintura, clavos y hasta varillas en su tronco, y correrán con suerte si no son atropellados o golpeados por un automovilista; adicionalmente crecen, por regla general, en un suelo de mala calidad y compactado, sufren sequías o inundaciones con agua que en muchos casos va mezclada con aceite, gasolina, basura y gran colección de sustancias dañinas. Pero sin duda la peor agresión que sufren es la indiferencia y descuido de las personas que viven cerca de donde crecen.   

ÁRBOLES Y CONTAMINANTES  

Es bien sabido que los árboles retiran contaminantes de la atmósfera, pero ¿qué tan eficientes son?  Tomando como ejemplo el caso del área metropolitana de la ciudad de México, con un cálculo optimista de un árbol de más de 4 años por habitantes —es decir, 18 millones de árboles—, en un año esa cantidad de árboles retiran aproximadamente 73 898.3 toneladas de contaminantes.

Además, esos árboles producen cerca de 53 479.1 toneladas de oxígeno al año. De todo lo anterior se puede resumir que una hectárea de árboles produce el oxígeno necesario para que 36 personas respiren cada día, y absorbe el CO2que produce un automóvil al circular cerca de 40 000 kilómetros.

 Fuente  México desconocido No. 259 / septiembre 1998 

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