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Los arrecifes artificiales de La Paz. Un año después.

Por: Gustavo D. Danemann

Algunas dudas acerca de la creación de estos arrecifes artificiales eran: ¿en qué medida y por cuánto tiempo las estructuras de hierro servirán como hábitat marino?

El 18 de noviembre de 1999 el carguero chino Fang Ming realizó su último viaje. A las 13:16 hs de ese día el agua comenzó a inundar sus bodegas, llevándolo en menos de dos minutos a su nueva morada a 20 metros de profundidad, frente a la isla Espíritu Santo, en la Bahía de La Paz, Baja California Sur. Para siempre alejado del sol y del aire, el destino del Fang Ming sería convertirse en un arrecife artificial. Un segundo carguero, de nombre LapasN03, siguió el camino de su predecesor al día siguiente. De esta forma culminó un proyecto que demandó a la organización conservacionista Pronatura más de un año de gestiones y arduo trabajo.

Un año después de la creación del arrecife, un grupo de biólogos y entusiastas del buceo deportivo decidimos realizar una inspección al Fang Ming y al LapasN03 con el fin de evaluar en qué forma habían respondido el mar y sus criaturas a la presencia de estos nuevos habitantes marinos.

ARRECIFES NATURALES Y ARTIFICIALES

La expedición fue programada para el sábado 11 de noviembre de 2000, pocos días antes del primer cumpleaños de los arrecifes artificiales. Las condiciones del mar eran buenas, aunque el agua estaba un poco turbia.

En nuestro recorrido hacia el Fang Ming navegamos cerca de algunas de las numerosas áreas arrecifales de la Bahía de La Paz. Algunas son de tipo coralino, es decir, se forman por el crecimiento de diversas especies de coral. Otras áreas arrecifales están constituidas por rocas. Tanto los corales como las rocas proporcionan un sustrato duro para el crecimiento de algas, anémonas, gorgonias y almejas, entre otros organismos marinos, y a la vez son utilizados como refugio por gran variedad de peces.

De la misma forma, los barcos hundidos (conocidos como pecios) suelen cubrirse de algas y corales, tanto que en ocasiones la forma original del barco es apenas reconocible. Si las características del área del hundimiento son favorables, con el tiempo el pecio albergará una multitud de peces, funcionando como un verdadero arrecife. Éste es el caso del pecio Salvatierra, transbordador hundido hace tres décadas en el canal de San Lorenzo (que separa a la isla Espíritu Santo de la península de Baja California) y que en la actualidad es un próspero jardín submarino.

La diversidad de vida marina hace de los arrecifes (tanto naturales como artificiales) lugares favoritos para la práctica del buceo y la fotografía submarina. En algunos casos son tantos los buceadores que visitan un arrecife que éste comienza a deteriorarse. Por descuido, es fácil quebrar una rama de coral o desprender una gorgonia, mientras que los peces más grandes nadan hacia áreas menos visitadas por el hombre. Uno de los objetivos que se persiguen con la creación de arrecifes artificiales consiste en brindar a los buceadores una nueva opción para sus buceos, que permita reducir la presión de uso y los impactos negativos sobre los arrecifes naturales.

RECORRIDO POR EL FANG MING

Llegamos a las inmediaciones de Punta Catedral, en la isla Espíritu Santo, alrededor de las 10 de la mañana. Utilizando la ecosonda y un posicionador geográfico, el capitán del barco localizó rápidamente al Fang Ming y ordenó arrojar el ancla sobre el fondo arenoso a un lado del pecio. Preparamos nuestro equipo de buceo, cámaras fotográficas y pizarras plásticas para realizar anotaciones, y uno a uno entramos al agua desde la plataforma trasera del barco.

Siguiendo el cabo del ancla nadamos hacia el fondo. Pese a que el mar estaba en calma, bajo la superficie la corriente enturbiaba un poco el agua impidiéndonos en un principio ver el pecio. De repente, como a los cinco metros de profundidad, comenzamos a distinguir la enorme silueta oscura del Fang Ming.

Quizá una de las experiencias más emocionantes para un buceador sea visitar un barco hundido; ésta no fue la excepción. Rápidamente se dibujó ante nosotros la cubierta y el puente de mando del pecio. Sentí latir mi corazón rápidamente ante la emoción de semejante encuentro. No tardamos mucho en percibir que todo el barco se encontraba rodeado por enormes agrupaciones de peces. Lo que hace un año era una mole de hierros oxidados, ¡se había convertido en un maravilloso acuario!

Sobre la cubierta pudimos observar una espesa alfombra de algas, interrumpida solamente por corales y anémonas que ya contaban con varios centímetros de longitud. Entre los peces identificamos pargos, burritos, ballestas y cornetas, además de los bellísimos peces ángel. Uno de mis compañeros alcanzó a contar una docena de pequeños juveniles del pez ángel de Cortés en tan sólo unos pocos metros de cubierta, prueba de que el pecio está, en efecto, funcionando como sitio para el refugio de peces arrecifales en sus primeras etapas de vida.

Las aberturas efectuadas a ambos lados del casco del barco nos permitieron penetrar en su interior sin utilizar nuestras lámparas. Previo a su hundimiento, el Fang Ming fue preparado cuidadosamente para eliminar cualquier elemento que pudiera representar un peligro para los buceadores. Se retiraron puertas, fierros, cables, tubos y mamparas en donde un buceador pudiera atorarse, en todo momento penetra la luz del exterior y es posible divisar una salida cercana. Las escaleras, escotillas, bodegas y sala de máquinas del carguero presentan un espectáculo lleno de magia y misterio, lo cual nos hizo imaginar que en cualquier momento encontraríamos un tesoro olvidado.

Saliendo por una abertura en el extremo posterior del barco, descendimos hasta el lugar donde se encuentran las hélices y el timón, en el punto más profundo del pecio. El casco y la pala del timón están cubiertos de madreperlas, almejas productoras de perlas que fueran objeto de una intensa explotación en esta región desde la época de la Colonia. Sobre la arena nos sorprendió una gran cantidad de conchas de madreperla vacías. ¿Qué podría haberlas matado? La respuesta a esta pregunta la encontramos justo debajo del timón, donde observamos una pequeña colonia de pulpos que tienen a las almejas como parte de su dieta preferida.

Después de 50 minutos de recorrer el Fang Ming, el aire de los tanques de buceo había mermado considerablemente, por lo que consideramos prudente comenzar el ascenso. En las pizarras figuraba una larga lista de peces, invertebrados y algas, que comprobaba que, en tan sólo un año, la creación de este arrecife artificial había sido todo un éxito.

BUCEANDO EN EL LAPAS N03

Indudablemente, los resultados de nuestro primer buceo fueron mucho más de lo que habíamos esperado. Mientras comentábamos nuestros hallazgos, el capitán levó el ancla y dirigió la proa del barco hacia la punta este del islote Ballena, a escasos dos kilómetros de punta Catedral. En ese lugar, a unos 400 m del islote, se encuentra el segundo arrecife artificial que planeábamos inspeccionar.

Una vez ubicado el barco en posición, cambiamos los tanques de buceo, preparamos las cámaras fotográficas y rápidamente nos arrojamos al agua, que aquí estaba bastante más clara debido a que el islote protege el área de la corriente. Siguiendo el cabo del ancla llegamos sin problemas al puente de mando del LapasN03.

La cubierta de este pecio se encuentra a unos siete metros de profundidad, en tanto que el fondo arenoso está a 16 m bajo la superficie. Este carguero tiene sólo una bodega que se extiende a lo largo del barco y que se encuentra abierta en toda su longitud dándole al barco el aspecto de una enorme tina de baño.

Al igual que lo observado en nuestro buceo anterior, encontramos al LapasN03 tapizado de algas, pequeños corales y nubes de peces arrecifales. Mientras nos acercábamos al puente de mando alcanzamos a percibir una sombra penetrando por la escotilla principal. Al asomarnos fuimos recibidos por un mero de casi un metro de longitud, que curiosamente observaba las burbujas que salían de nuestros respiradores.

El recorrido por el LapasN03 fue bastante más rápido que el del Fang Ming, y tras 40 minutos de buceo decidimos subir a la superficie. Éste había sido un día excepcional, y mientras disfrutábamos de una deliciosa sopa de pescado, el capitán dirigió nuestro barco de regreso al puerto de La Paz.

EL FUTURO DE LOS ARREFICES ARTIFICIALES

Nuestra visita a los arrecifes artificiales frente a la isla Espíritu Santo comprobó que, en poco tiempo, lo que fueran barcos inservibles se transformaron en un refugio para la vida marina y un sensacional lugar para la práctica del buceo deportivo.

Ya sea con fines de conservación y turismo (como son los casos del Fang Ming y del LapasNO3), o bien con el propósito de generar puntos de concentración de peces para mejorar el rendimiento de las pesquerías, los arrecifes artificiales representan una opción que puede beneficiar a las comunidades costeras no sólo de Baja California sino de todo México. En todos los casos, será necesario preparar los barcos adecuadamente para prevenir cualquier impacto ambiental negativo; como ha sucedido en la Bahía de La Paz, la naturaleza responderá generosamente a estos cuidados.

Fuente: México desconocido No. 290 / abril 2001

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