PUBLICIDAD
Mineral de Pozos, un pueblo fantasma en territorio guanajuatense
PUBLICIDAD
Ranking
Newsletter de México Desconocido México Desconocido en Facebook México Desconocido en Twitter México Desconocido en Google+ México Desconocido en YouTube México Desconocido en Flipboard RSS de México Desconocido
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Los eternos tejedores de Santa María Ixcatlán (Oaxaca)

Por: Édgar Mendoza García

Pueblo chico pero de gran tradición e intenso colorido, donde la vida camina sin prisa, donde abundan las fiestas y muchas veces se confunde la magia con la religión cristiana, creando un sincretismo que ha fundido a lo largo de los siglos un crisol de costumbres muy propias.

 Aquí todavía el tiempo es cíclico; cada año se repite lo mismo: el trabajo en el campo, las cosechas buenas o malas, las lluvias, el canto de las aves y las fiestas de los santos.  Sin duda Ixcatlán es un pueblo único, porque es el último sobreviviente del grupo étnico ixcateco.

En la época prehispánica y en los primeros años de la Colonia contaba con más de 8 mil habitantes hablantes de ixcateco, su territorio era mayor y existían otros pueblos de su mismo tronco hoy desaparecidos: San Juan Viejo, Santiago, Santa Cruz, Nopala, San Miguel Nopalapa, San Jerónimo y Tecopango. Todos fueron abandonados, probablemente debido a sequías, grandes epidemias y al trabajo forzado a que fueron sometidos por el encomendero Rodrigo de Segura, quien los mandaba a las minas donde la mitad resultaban muertos y los demás huían para no sacar el oro; así lo manifiesta suRelación geográficade 1580.

Algunos de estos pueblos se congregaron en Santa María Ixcatlán y otros emigraron a regiones vecinas donde fueron finalmente absorbidos por la cultura de esos lugares. En la actualidad Ixcatlán conserva rasgos culturales que la distinguen de las comunidades vecinas —chochos, mixtecos, mazatecos y nahuas—. Sin embargo, el ixcateco, lengua tonal de la familia lingüística otomangue, solamente hablada en esta parte del mundo, se encuentra a punto de extinguirse. Sólo dos o tres ancianos la hablan y pocos la entienden; es una pena que las nuevas generaciones no se interesen por fomentarla y así se pierda otro idioma más del acervo de nuestro México. 

ETERNOS TEJEDORES DE PALMA     

La vida cotidiana de los ixcatecos está ligada desde tiempos remotos a un elemento natural de gran valor simbólico: la palma, planta que abunda en sus montañas y la que hasta hace unas décadas era utilizada en casi todas sus actividades. El recién nacido recibía un petate de palma y este mismo era la mortaja que lo transportaba al otro mundo al morir. Quién no recuerda la frase: “ya se petateó fulanito”.  Hoy la palma es ocupada de mil formas: en el techo de las casas para sujetar la cerca, para atar los animales, para jugar y dormir sobre un petate, lo mismo que para encender y alentar el fuego, para guardar las semillas o cubrirse del sol bajo el inseparable sombrero.  El tejido de palma forma parte de la cultura ixcateca.

La mencionadaRelación geográficaapunta: “los tratos de estros naturales son de ordinario hacer petates y tejerlos, y la seda, aunque pocos hacen tenates a manera de cestillos”. Otro documento de 1777 dice: “sin otros árboles en todo el camino que encinos y palmas silvestres de que naturales dentro de unas cuevas o cavernas subterráneas [...] forman esteras o petates y sombreros en este Santa María Ixcatlán”.  La palma se obtiene en las montañas cercanas a la población. Existen cuatro variedades: blanca, amarilla, ixcateca y montañera, las cuales se distinguen por su color, tamaño y maleabilidad. Para traerla van con su burro, cortan el cogollo de las palmeras,, al regresar la tienden al sol durante dos o tres días, luego se raya con un cuchillo y, si se quiere, se tiñe con fuesina.    

El tejido de este material tiene gran importancia en la economía del ixcateco. La mayor parte de la población se dedica a esta actividad artesanal que realizan en cuevas, lugares excavados en el patio de la casa. Este espacio mantiene una temperatura húmeda y adecuada para conservar blanda y suave la palma al momento de tejer. En la cueva se reúne la familia por la tarde para elaborar sombreros y comentar los acontecimientos del día, aunque hasta este singular espacio ha llegado la modernidad: ahora tiene luz eléctrica y grabadora para escuchar música; los de mayores ingresos tienen televisión. Pero al fin y al cabo, esto no les impide tejer con sus diestras manos. Una vez terminados los sombreros son vendidos en tiendas locales o a comerciantes foráneos; de esta manera obtienen lo indispensable para sus necesidades prioritarias, pues el precio del sombrero es bastante bajo. Este artículo es transportado a Petlalcingo y Tehuacán donde se plancha y se le da el acabado; de ahí será vendido en distintas partes de la República y en el exterior. 

LOS CHIQUIHUITES: ARTESANÍA MULTICOLOR     

Aparte de los sombreros —ixcateco y copabaja—, se hacen otros objetos. Entre los más llamativos se encuentran los chiquihuites, mejor conocidos en la región como tenates, los cuales se visten con diseños policromos y despiden un agradable olor a semillas, tortillas y pan.  Los tenates sobresalen por su gran utilidad y colorido. Se hacen para cada actividad con diferente forma, tamaño y color; los hay para llevar el nixtamal por la mañana, para conservar frescas las tortillas por la tarde, también se utilizan para levantar la cosecha, juntar el frijol y recoger la mazorca; algunos se usan para transportar la comida al campo y otros más para meter el sabroso pan de fiesta. Uno de los artesanos que más destaca en la fabricación de tenates es don Pedro Salazar, hombre recio de campo y de gran creatividad, quien con su inigualable talento da forma a bellas figuras en los cestos de palma: aves, flores, animales, caballo y jinete, el escudo nacional y nombres de personas. Don Pedro es todo un artista, se dedica desde hace años a elaborar tenates y tapetes de palma. Además de campesino es músico, toca guitarra y percusiones en la cada vez más pequeña banda de su comunidad. 

FESTIVIDADES IXCATECAS     

A lo largo de todo el año se celebran varias fiestas en Santa María Ixcatlán entre las que sobresale la del cuarto viernes de Cuaresma, fecha en que se venera a un milagroso Cristo negro, conocido como el “Señor de las tres caídas”. Al santuario donde éste se encuentra acude una multitud de devotos a manifestar su fe. Los creyentes llegan principalmente de Veracruz, Puebla y de comunidades de la Cañada y la Mixteca oaxaqueña. Por un día este singular poblado se convierte en la capital y centro de fe de estas regiones.    

En Santa María Ixcatlán se preparan con mucha anticipación para recibir a los peregrinos, los cuales después de cumplir la manda, asisten cada año y algunos toda su vida. La mayoría de ellos se hospedan en casas particulares y ahora son compadres además de buenos amigos. Hace 20 años, llegar a este santuario era una verdadera epopeya, sólo accesible a pie, o a lomo de una buena mula desde Tecomavaca, lugar por donde pasa el tren México-Oaxaca. Sin embargo, las nuevas brechas de terracería que entroncan con Cuicatlán en la Cañada y Coixtlahuaca en la Mixteca, propiciaron que el arribo fuera más cómodo, pero al mismo tiempo terminaron con “la fleteada”, es decir con el transporte de arriería que se practicaba desde la época colonial.  Otra fiesta interesante en donde aflora el sentimiento místico de sus antepasados es la de la Virgen de la Natividad, patrona de Ixcatlán, la cual se lleva a cabo el 8 de septiembre de cada año. Ese día lo más atractivo es la Danza de los Santiaguitos, el jaripeo y los bailes. 

Es tradicional el Día de Muertos. Se adorna el altar con papel cortado, se ofrenda comida, frutas, pan y mezcal. Las celebraciones navideñas no se quedan atrás: el 25 de diciembre se baila la Danza de los Pastores, mientras en la casa de la madrina se sirve chocolate, mole, arroz, pan y tepache. Los días 26 y 27 se organiza un torneo conocido como “Descabezada de Gallos”. Después comenzará otro año, donde la festividad de la Candelaria y el Carnaval darán inicio a un nuevo ciclo, amén de bendiciones de casas, levantadas de cruz, bodas y bautizos; un ciclo que revitaliza las costumbres del pueblo ixcateco; una vida que gira en torno al trabajo del campo, la elaboración de sombreros de palma y la veneración al “Señor de las tres caídas”. 

SI VAS A SANTA MARÍA IXCATLÁN     

Esta comunidad se encuentra en los límites de la Cañada y la Mixteca; entre la autopista núm. 150 y la carretera federal núm. 135 (Tehuacán-Oaxaca).  Santa María Ixcatlán por el momento carece de casi todos los servicios; no existen restaurantes ni hoteles, pero en cambio, los afables ixcatecos ofrecen su generosa hospitalidad.

Compartir

ComScore
IASA Comunicación