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Los impresionantes diablos de Teloloapan (Guerrero)

Entre bramidos y bufidos corre por las calles la manada de diablos aterrorizando con sus descomunales máscaras.

Los tronidos de sus chicotes se escuchan por las calles y los niños huyen al paso de las criaturas forradas de cuero y con cabezas llenas de otras cabezas animales, de cuernos encimados, de greñudas crines y agudos colmillos... cabezas llenas de la fantasía colorida de este desconcertante México.Entre bramidos y bufidos corre por las calles la manada de diablos aterrorizando con sus descomunales máscaras. Los tronidos de sus chicotes se escuchan por las calles y los niños huyen al paso de las criaturas forradas de cuero y con cabezas llenas de otras cabezas animales, de cuernos encimados, de greñudas crines y agudos colmillos... cabezas llenas de la fantasía colorida de este desconcertante México.

CONCURSO DE HABILIDAD Y VISTOSIDAD

La tarde del 16 de septiembre las calles de Teloloapan, Guerrero, se llenan de diablos que acompañados por la euforia cumplen con la costumbre anual de participar en el concurso donde han de lucir sus trajes y su habilidad para tronar en el aire los largos chicotes, con movimientos rápidos adelante y atrás, y hasta hincados o “con la zurda”.

Frente al palacio municipal los diablos desfilan, entre 20 y 30 actualmente, y los jueces califican el atuendo para premiar al más original y vistoso.

La cuera, prenda de cuero de venado curtido que cubre el cuerpo completamente, es la base del vistoso traje que llega a costar hasta 15 000 pesos. Una piel de animal que cubre la espalda, guantes gruesos y botas son el complemento, pero todo lo opaca la espantosamente bella máscara de madera de colorín, hasta 20 kg de peso y 80 cm de altura, con cuernos y muchas figuras talladas en la misma madera que sobresalen y la saturan al máximo: serpientes, cabezas humanas, fauces de felino...

DIABLOS PATRIOTAS

Durante las tardes de la semana siguiente al 16 los diablos acostumbran recorrer las calles en tropel, entre gruñidos y corretizas que aterran a los niños, y los fuertes chasquidos de sus chicotes.

Según la tradición, los diablos de Teloloapan tuvieron origen patriótico, en la guerra de Independencia, relevante en el estado de Guerrero, ya que a siete kilómetros se encuentra Acatempan, población donde se encontraron el jefe del ejército insurgente, Vicente Guerrero, y el del ejército realista, Agustín de Iturbide, el 10 de marzo de 1821, con lo que comenzó el fin de la guerra de Independencia.

Se sabe que uno de los colaboradores más cercanos de Vicente Guerrero, el audaz e inteligente Pedro Ascencio Alquisiras, ganó varios combates entre 1818 y 1820, en parte por conocer bien las tierras guerrerenses y en parte por sus estrategias militares y ataques inesperados.

Cuenta la tradición que a uno de los seguidores de Ascencio, José Atanasio, oriundo de Tierra Caliente, en una de sus ocurrencias se puso la cuera que usan en su región para protegerse de los arbustos espinosos, y una máscara que talló en madera y decoró con cuernos de toro y crines de caballo. Completó su espantoso atuendo con un chicote tejido por él mismo y así se divirtió con sus compañeros de batalla en un momento de descanso.

En una ocasión en que Pedro Ascencio decidió tomar para el ejército insurgente la población de Teloloapan, resultó emboscado y sitiadas sus tropas por parte de los realistas. Un cerco de soldados impedía salir a rebeldes y población aunque fuera por alimento. Entonces, inspirado en el disfraz de diablo de José Atanasio, se le ocurrió a Ascencio vestir a su tropa con trajes similares. Las mujeres del pueblo, libres de la sospecha de los realistas, proporcionaron la madera de colorín para tallar las máscaras y corrieron el rumor de que el demonio rondaba Teloloapan. Muchos realistas lo creyeron.

Así, una noche, la aparición repentina de los diablos distribuidos por el pueblo sorprendió y asustó a los guardias enemigos, quienes cayeron bajo las balas de los insurgentes y éstos pudieron romper el cerco.

Después de celebrar el triunfo en la plaza de Teloloapan, los “diablos” regalaron sus máscaras a los jóvenes del pueblo, quienes cada año recordaron el acontecimiento el día del inicio del movimiento de Independencia.

EL BUEN DON FIDEL

Pilar de la tradición diablera, don Fidel de la Puente Fabián dedicó 55 años de su vida a elaborar estas máscaras y a promover los diablos de su amado Teloloapan. Respetado y querido por todos, al fallecer en el año 2000 heredó el privilegio y compromiso a su hijo Fidel, experto en el manejo del chicote, muchas veces ganador del concurso y quien también elabora máscaras y promueve a los diablos.

Las máscaras de diablos de Teloloapan se encuentran entre coleccionistas y museos de varios lugares de México y del mundo. Máscaras que salieron por decenas de las manos hábiles de don Fidel para asombrar deleitando a mucha gente, a quien nunca se negó a venderlas: “Las máscaras las hago yo” –decía–, “el dinero no”.

CAJITAS, FRUTEROS Y CANCIONEROS

“Agua que corre bajo o entre las rocas”, significa Teloloapan, población bajo la cual hay corrientes de agua que han sido exploradas por los lugareños en una serie de cavidades subterráneas, manantiales y resumideros.

Las construcciones modernistas y uniformes han desplazado en su mayoría a las casas antiguas tradicionales de Teloloapan, con muros gruesos y techos de teja.

El pequeño museo local muestra algunos objetos relacionados con los diablos, con las danzas y con la historia de la población.

En el mercado se consiguen los panquecitos de harina de arroz llamados cajitas, el atole de frijol y las gorditas de maíz con piloncillo, antojos regionales. Famoso en Teloloapan es el mole, del cual hay 18 fábricas que lo mandan a varios lugares del país.

De las minas de la región aún funcionan algunas, como la de Tehuixtla, de la que se extrae plata, oro, cobre, zinc y otros minerales.

Ligera y suave es la madera del árbol regional techonquelite, con textura muy similar a la del unicel, que moldea con lija don Genaro Zaragoza –quizá el último artesano de esta madera– para hacer coloridos fruteros muy tradicionales de esta ciudad donde surgió el famoso trío “Los Cancioneros del Sur”.

SI USTED VA A TELOLOAPAN

Saliendo de la ciudad de Taxco tome la carretera federal núm. 95 hasta Iguala; de aquí seguir por la carretera federal núm. 51 rumbo a Ciudad Altamirano. Teloloapan se encuentra a 60 km de Iguala, ciudad que cuenta con todos los servicios.

Fuente: México desconocido No. 307 / septiembre 2002

Entre bramidos y bufidos corre por las calles la manada de diablos aterrorizando con sus descomunales máscaras. Los tronidos de sus chicotes se escuchan por las calles y los niños huyen al paso de las criaturas forradas de cuero y con cabezas llenas de otras cabezas animales, de cuernos encimados, de greñudas crines y agudos colmillos... cabezas llenas de la fantasía colorida de este desconcertante México.

CONCURSO DE HABILIDAD Y VISTOSIDAD

La tarde del 16 de septiembre las calles de Teloloapan, Guerrero, se llenan de diablos que acompañados por la euforia cumplen con la costumbre anual de participar en el concurso donde han de lucir sus trajes y su habilidad para tronar en el aire los largos chicotes, con movimientos rápidos adelante y atrás, y hasta hincados o “con la zurda”.

Frente al palacio municipal los diablos desfilan, entre 20 y 30 actualmente, y los jueces califican el atuendo para premiar al más original y vistoso.

La cuera, prenda de cuero de venado curtido que cubre el cuerpo completamente, es la base del vistoso traje que llega a costar hasta 15 000 pesos. Una piel de animal que cubre la espalda, guantes gruesos y botas son el complemento, pero todo lo opaca la espantosamente bella máscara de madera de colorín, hasta 20 kg de peso y 80 cm de altura, con cuernos y muchas figuras talladas en la misma madera que sobresalen y la saturan al máximo: serpientes, cabezas humanas, fauces de felino...

DIABLOS PATRIOTAS

Durante las tardes de la semana siguiente al 16 los diablos acostumbran recorrer las calles en tropel, entre gruñidos y corretizas que aterran a los niños, y los fuertes chasquidos de sus chicotes.

Según la tradición, los diablos de Teloloapan tuvieron origen patriótico, en la guerra de Independencia, relevante en el estado de Guerrero, ya que a siete kilómetros se encuentra Acatempan, población donde se encontraron el jefe del ejército insurgente, Vicente Guerrero, y el del ejército realista, Agustín de Iturbide, el 10 de marzo de 1821, con lo que comenzó el fin de la guerra de Independencia.

Se sabe que uno de los colaboradores más cercanos de Vicente Guerrero, el audaz e inteligente Pedro Ascencio Alquisiras, ganó varios combates entre 1818 y 1820, en parte por conocer bien las tierras guerrerenses y en parte por sus estrategias militares y ataques inesperados.

Cuenta la tradición que a uno de los seguidores de Ascencio, José Atanasio, oriundo de Tierra Caliente, en una de sus ocurrencias se puso la cuera que usan en su región para protegerse de los arbustos espinosos, y una máscara que talló en madera y decoró con cuernos de toro y crines de caballo. Completó su espantoso atuendo con un chicote tejido por él mismo y así se divirtió con sus compañeros de batalla en un momento de descanso.

En una ocasión en que Pedro Ascencio decidió tomar para el ejército insurgente la población de Teloloapan, resultó emboscado y sitiadas sus tropas por parte de los realistas. Un cerco de soldados impedía salir a rebeldes y población aunque fuera por alimento. Entonces, inspirado en el disfraz de diablo de José Atanasio, se le ocurrió a Ascencio vestir a su tropa con trajes similares. Las mujeres del pueblo, libres de la sospecha de los realistas, proporcionaron la madera de colorín para tallar las máscaras y corrieron el rumor de que el demonio rondaba Teloloapan. Muchos realistas lo creyeron.

Así, una noche, la aparición repentina de los diablos distribuidos por el pueblo sorprendió y asustó a los guardias enemigos, quienes cayeron bajo las balas de los insurgentes y éstos pudieron romper el cerco.

Después de celebrar el triunfo en la plaza de Teloloapan, los “diablos” regalaron sus máscaras a los jóvenes del pueblo, quienes cada año recordaron el acontecimiento el día del inicio del movimiento de Independencia.

EL BUEN DON FIDEL

Pilar de la tradición diablera, don Fidel de la Puente Fabián dedicó 55 años de su vida a elaborar estas máscaras y a promover los diablos de su amado Teloloapan. Respetado y querido por todos, al fallecer en el año 2000 heredó el privilegio y compromiso a su hijo Fidel, experto en el manejo del chicote, muchas veces ganador del concurso y quien también elabora máscaras y promueve a los diablos.

Las máscaras de diablos de Teloloapan se encuentran entre coleccionistas y museos de varios lugares de México y del mundo. Máscaras que salieron por decenas de las manos hábiles de don Fidel para asombrar deleitando a mucha gente, a quien nunca se negó a venderlas: “Las máscaras las hago yo” –decía–, “el dinero no”.

CAJITAS, FRUTEROS Y CANCIONEROS

“Agua que corre bajo o entre las rocas”, significa Teloloapan, población bajo la cual hay corrientes de agua que han sido exploradas por los lugareños en una serie de cavidades subterráneas, manantiales y resumideros.

Las construcciones modernistas y uniformes han desplazado en su mayoría a las casas antiguas tradicionales de Teloloapan, con muros gruesos y techos de teja.

El pequeño museo local muestra algunos objetos relacionados con los diablos, con las danzas y con la historia de la población.

En el mercado se consiguen los panquecitos de harina de arroz llamados cajitas, el atole de frijol y las gorditas de maíz con piloncillo, antojos regionales. Famoso en Teloloapan es el mole, del cual hay 18 fábricas que lo mandan a varios lugares del país.

De las minas de la región aún funcionan algunas, como la de Tehuixtla, de la que se extrae plata, oro, cobre, zinc y otros minerales.

Ligera y suave es la madera del árbol regional techonquelite, con textura muy similar a la del unicel, que moldea con lija don Genaro Zaragoza –quizá el último artesano de esta madera– para hacer coloridos fruteros muy tradicionales de esta ciudad donde surgió el famoso trío “Los Cancioneros del Sur”.

SI USTED VA A TELOLOAPAN

Saliendo de la ciudad de Taxco tome la carretera federal núm. 95 hasta Iguala; de aquí seguir por la carretera federal núm. 51 rumbo a Ciudad Altamirano. Teloloapan se encuentra a 60 km de Iguala, ciudad que cuenta con todos los servicios.

Fuente: México desconocido No. 307 / septiembre 2002
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