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Los Nacimientos navideños de México

Por: Ruth Lechuga

Una de nuestras expertas nos presenta una mirada al origen de estas tradicionales figuras (antiguamente llamadas belenes) que, de modo artesanal-decorativo, evocan la llegada del Niño Jesús.

Los investigadores afirman que fue San Francisco de Asís quien concibió la idea de poner lo que hoy se conoce como Nacimiento. En los primeros años, éste estaba conformado por un grupo de personas que reproducían en vivo la “adoración de los pastores”: la Virgen, San José, el Santo Niño, los pastorcillos, un burro y un buey se reunían alrededor de una casita de paja, en forma de portal, construida especialmente para el evento, en cuyo interior se colocaba un pesebre. Como probable fecha de este notable acontecimiento se da el año de 1223, aunque muy pronto los seres vivos fueron sustituidos por figuras.

Paulatinamente, la costumbre se extendió a todos los países católicos. Los llamados belenes se instalaron en todas las iglesias en tiempo de navidad, y posteriormente las familias empezaron a colocar Nacimientos en sus propias casas para solaz de chicos y grandes.

En México se encuentran pinturas y retablos con escenas de la Natividad y la Adoración de los Pastores y Reyes que datan de finales del siglo XVI, pero, no hay evidencia anterior al XVIII. En un principio se incluían pocos personajes: la Virgen, San José y el Santo Niño, conjunto que se conoce como misterio;luego, poco a poco, la imaginación de los mexicanos agregó, además de los Santos Reyes y los pastores, diversos animales, toda clase de representaciones religiosas y una variada vegetación. 

En un delicioso relato, madame Calderón de la Barca describe un Nacimiento que presenció en 1840 en casa de una familia acomodada en la Ciudad de México: La escena era muy bonita: había plataformas cubiertas de musgo, instaladas alrededor de todo un cuarto, donde se dispusieron grupos de figuras de cera que representaban principalmente pasajes del Nuevo Testamento, aunque algunas veces empezaban con Adán y Eva en el paraíso: estaba la Anunciación, los Reyes Magos, los pastores, la huída de Egipto. Había árboles verdes y árboles frutales, pequeñas fuentes que proyectaban transparentes columnas de agua, y rebaños de ovejas y un pequeño pesebre [...] Todo estaba brillantemente iluminado y adornado con flores y guirnaldas. Aproximadamente de la misma época data la descripción de un Nacimiento narrada por Antonio García Cubas, quien relata que las colinas estaban formadas por piedras de mina con brillantes cristalizaciones. El autor critica la mezcla de plantas de todos los climas, cubiertas de escarcha blanca, simulando nieve, y de animales de todas las regiones del mundo.

Otra narración del siglo XIX es la de Ramírez Aparicio, donde nos habla detalladamente de un Nacimiento en el Convento de la Encarnación. Estaba compuesto por gran cantidad de escenas que representaban, según palabras del autor, "un curso de historia sagrada, expresado con muñecos de barro y de cera en una superficie plana de algunos metros".

Los Nacimientos actuales son parecidos a los descritos en el siglo pasado, y su colocación sigue siendo todo un acontecimiento en donde participa la familia entera. Tradicionalmente se pone el día 16 de diciembre, fecha de la primera posada. Por lo general, el Nacimiento se coloca en un rincón de la sala -aunque todavía existen personas que ocupan todo un cuarto, sobre una mesa o plataformas a diferentes alturas; algunas veces sirve de base un lienzo encolado, pintado de verde, con el que se forman colinas y valles, y toda la superficie se cubre con heno y musgo. Como prolongación hacia arriba se pone en ocasiones una cartulina o un lienzo azul, con nubes pintadas o hechas de algodón, todo coronado con el brillante cometa que guió a los Reyes Magos en su camino.

Piedritas y arena pegadas simulan rocas y veredas. De los cerros suele bajar un río, hecho con papel lustre plateado, que desemboca en un lago simulado con un espejo, en donde habitan garzas, patos y peces. Además de los clásicos buey y burro al lado del pesebre, se encuentra una rica fauna compuesta por borregos, guajolotes, gallos y gallinas, reses, caballos, chivos y perros, al igual que una variedad de pájaros multicolores entre los árboles. La flora suele ser tan variada como incongruente: junto a los magueyes y nopales hay palmeras, pinos, helechos, árboles frutales y flores de todas clases. Tanto las plantas de climas tropicales como las del desierto están cubiertas por copos de nieve simulados ya sea con talco, algodón, bolitas de unicel u otros materiales. Las casitas están distribuidas en el paisaje, y en el centro se encuentra el portal, en cuyo interior se ubica el pesebre.

Además de los personajes obligatorios, pueden incluirse, según el gusto de cada familia, escenas bíblicas y laicas, y casi nunca faltan Adán y Eva a punto de comerse la manzana prohibida. Pero también a veces hay grupos que relatan acontecimientos posteriores al nacimiento de Jesús, como el palacio de Herodes y el sacrificio de los inocentes, el milagro de los panes, las samaritanas entre otros. San Miguel y San Gabriel son personajes frecuentes; así mismo hay músicos, tlachiqueros, vendedores de refrescos o tacos, toda clase de tipos, reminiscencias de los siglos pasados. Ocasionalmente, un niño muy contemporáneo se mece en un columpio colgado de un árbol; delante de una casa puede haber una señora dando de comer a sus pollos, y es muy frecuente que un grupo de ángeles y querubines cuelgue de lo alto.

Dos figuras casi universales son el ermitaño y el diablo, y uno se pregunta cuál es el papel de estos personajes en el nacimiento de Cristo. Ambos son parte indispensable de las pastorelas (espectáculos o piezas teatrales representados durante el tiempo de Navidad) ,y es muy probable que de ahí se hayan tomado para trasladarlos a los belenes. 

A un lado del Nacimiento se encuentran los Santos Peregrinos, que durante las noches anteriores al 24 de diciembre encabezan la procesión de las Posadas; este grupo lo conforman la Virgen montada en un burro, San José y un ángel. Junto con sus trajes de la época, la pareja sagrada usa un sombrero, prenda indispensable en el pensamiento mexicano para andar en el campo.

El pesebre permanece vacío hasta la noche del 24, y es entonces, durante la última posada, cuando el Santo Niño se coloca en su lugar. Frances Calderón de la Barca cuenta que en la posada a la que asistió en 1840, la figura del Niño se encontraba en brazos de un ángel, de donde la tomó un sacerdote para ponerla en el pesebre. Actualmente es llevada por dos jovencitas de la familia en una canasta o lienzo; se cantan villancicos y canciones de cuna, y después el Niño Jesús es acostado en el pesebre, donde permanece hasta el 2 de febrero. Es muy común que el tamaño del Niño sea desproporcionadamente grande en comparación con los demás personajes. 

La costumbre anteriormente relatada difiere de algunas tradiciones locales. Por ejemplo en ciertos barrios de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el Santo Niño desaparece en la última posada, y luego aparece al mes en una casa diferente, acontecimiento que se celebra con una tamalada. Así, el hecho se repite y mensualmente se organiza una fiesta en la casa donde se encontró, hasta que el Niño regresa a su domicilio original el 24 de diciembre del siguiente año. 

En Suchitlán, Colima, el día 1 de enero el Niño es vestido por personajes de la pastorela y es llevado a la iglesia a cofradar, simbolizando la presentación de Jesús en el templo. Acompañado de cantos y alabanzas, es después regresado a su cuna.

En Ixcatlán, también en Colima, la noche del 24 el Santo Niño se encuentra en el atrio del templo custodiado por unas personas nombradas especialmente para ello. De repente, aparecen los xayacates, individuos enmascarados que tratan de distraer a los vigilantes con cohetes, lumbres, etcétera para, en un descuido, robarse al Niño. Con excepción de un solo año, siempre lo han logrado. En el transcurso del día 25 el Niño reaparece en su lugar, y los xayacates derriban unas varas de caña de maíz adornadas con fruta, que permanecen tiradas.

Las figuras del siglo XVIII eran de cera o de madera; con frecuencia se hacían medias tallas, es decir que sólo se esculpían cara y extremidades; las imágenes se vestían con ropa de ricas telas, cosidas y bordadas por monjas o señoras y jovencitas de la casa. También las había de marfil, importadas en el Galeón de Manila, o de barro estofado en oro procedentes de Guatemala. Las ricas minas de plata igualmente proveían material para algunas figuras. 

En el siglo XIX se descubrió la plata pella, una amalgama de plata y mercurio que produce una pasta maleable. Luego de modeladas, las piezas eran quemadas para eliminar de ellas el mercurio y dejarlas porosas y ligeras; posteriormente se pulían y casi siempre eran pintadas con vivos colores. El gusto por lo europeo, sin embargo, hace que en el siglo XIX se importen muchos Nacimientos, principalmente de Francia e ltalia. En nuestros días, las figuras son generalmente de barro o de madera tallada, mas también las hay de cera exquisitamente esculpidas, procedentes de Salamanca, Guanajuato, y de Jacona, Michoacán; otras representaciones de cera son hechas en moldes, principalmente en Guanajuato y Puebla

Las piezas de barro más utilizadas vienen de Tlaquepaque, Jalisco; las hay de un acabado muy fino y decoradas a pincel. La dinastía de los Panduro destaca en esta rama produciendo desde hace varias generaciones bellos Nacimientos y toda clase de figuras, incluidos los tipos.

A partir del siglo pasado y hasta mediados de 1940 se instalaba en la Plaza de la Constitución (DF) una gran vendimia de todo lo necesario para los Nacimientos y las Posadas, tianguis que actualmente se encuentra en las calles de Morazán.   

En el marco del programa de La Secretaria de Educación Pública “Confites y Canelones: Diciembre en la Tradición Popular", el Museo Nacional de Artes e Industrias Populares convocó a partir de 1984 a un concurso nacional de Nacimientos. Con este aliciente, los artesanos -tanto indígenas como mestizos y hasta citadinos- han creado Nacimientos y misterios de todos los materiales imaginables: palma, hoja de maíz, popote, tule, flores de siempreviva, jícaras labradas, hojalata, plomo, alfeñique, laca, vidrio, cartón, papel, hueso, trapo, plastilina, incluidos el chile y el unicel.

Así mismo, los materiales clásicos como la cera, la madera y, sobre todo, el barro, experimentaron un gran auge y se utilizaron en muchos lugares donde antes no se hacían Nacimientos. A pesar de la ocasional participación indígena en los concursos, la costumbre de poner Nacimientos, al igual que todo el ciclo navideño, es esencialmente mestiza. Esto se debe seguramente a su introducción tardía en México, cuando ya se había instalado un sistema de castas muy marcado, por lo que la tradición de los Nacimientos sólo tomó arraigo en ciertos grupos de la población.

Hasta la fecha, y a pesar de la propaganda comercial de la figura de Santa Claus, en muchos hogares mexicanos cada año los Nacimientos clásicos, cuidadosamente envueltos, son sacados de su caja para conmemorar la Natividad (hoy casi siempre junto a un árbol de Nöel), manteniéndose así esta costumbre iniciada, según algunos investigadores, por San Francisco de Asís.

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