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Malinalco. Lugar de la flor del zacate (Estado de México)

Por: Claudia S

Cuenta la leyenda que el dios Huitzilopochtli abandonó a su hermana, Malinalxóchitl (“Flor de Yerba”), debido a sus facultades malignas de hechicería y aprovechando que ésta dormía por la noche en medio del bosque.

Al despertar, enfurecida por el abandono de su hermano, tomó a su gente y se marchó a otro lugar en el que finalmente se estableció: Malinalco, “lugar de la flor del zacate”.

A sólo hora y media de la ciudad de México, enclavado en un valle rodeado de montañas y ríos, en una zona de clima semitropical y tierra fértil de donde brotan en abundancia toda clase de frutos, se encuentra Malinalco, mágico destino del Estado de México.

Entre el misticismo prehispánico que aún se percibe y la riqueza colonial heredada, Malinalco revela constantes sorpresas a quien lo visita.

Recorrer sus calles empedradas (por las que todavía transitan burritos cargados de leña y paja) delineadas por casas de adobe y algunas residencias de estilo mexicano que imprimen un risueño toque con sus coloridas fachadas y techos de teja roja, es un placer que nos transporta a nostálgicos tiempos.

Su plaza central es un festín para los sentidos, pues allí encontrará todo lo que es típico de la región. Las artesanías elaboradas por los lugareños, como utensilios de barro, tejidos y artículos de cuero, piedras y madera talladas, o licores de frutas son una excelente opción para llevarse a casa un trozo de Malinalco.

Aquí también disfrutará de una muestra representativa de la gastronomía del lugar, como el tradicional pan. Canastas repletas de bolillos, pelucas, moños, bisquets, polveadas, borrachos, mestizas y un sinfín de azucaradas y esponjadas creaciones que han perdurado durante siglos, y que aún se preparan a la antigua usanza en hornos de barro con madera de encino y ocote que les da ese incomparable sabor. Destacan también las recetas preparadas a base de trucha y conejo, así como de cecina. Podrá saborear, además, tradicionales antojitos como tacos, tlacoyos, elotes y una amplia variedad de platillos que ofrecen los restaurantes del lugar.

Saltan a nuestro encuentro, como una obligada degustación, las nieves que dejan un dulce sabor de cada visita a Malinalco. Los “sorbetes” de limón, zapote negro, mamey, guanábana, mango y piña se encuentran por doquier en grandes botes de aluminio, que son una tentación para chicos y grandes.

De igual manera, invadiendo las esquinas del pueblo, el pulque producido de manera artesanal por los habitantes de la región sorprende a los turistas con su agridulce sabor y el caluroso trato de quienes lo ofrecen. Su tradicional devoción religiosa, heredada de aquellos monjes de severa disciplina y elevada moral, quienes a través de su evangelización transformaron el mundo de los dioses prehispánicos, se vive intensamente todo el año.

Recuerdo de esa labor evangelizadora es el exconvento Agustino, joya arquitectónica del siglo XVI. Fue construido por la orden de los agustinos, quienes lo fundaron en 1540. Se localiza en el municipio de San Salvador, frente a la plaza principal, y cuenta con capilla y claustro. En sus pasillos aún se aprecian rastros de los bellos frescos que hace más de cinco siglos cubrieron sus paredes, y que fueron pintados por los indígenas bajo la dirección de los frailes.

Pero más allá de este pasado lejano se encuentra otro, el prehispánico, que aunque en su origen se funde lo mítico con lo histórico, es el que marca con mayor fuerza el punto de partida que dio vida a Malinalco. Así se manifiesta desde las tres entradas al pueblo, coronadas con arcos que ostentan los emblemas de los legendarios caballeros águila y tigre.

En 1501 d.C., Ahuízotl inició la construcción del centro ceremonial de Malinalco, sitio en donde se iniciaba a los guerreros de Huitzilopochtli y de Tezcatlipoca –águilas y tigres–, que destacaban por su desempeño en las artes de la guerra.

Su estructura monolítica (monumento tallado en una sola piedra) lo hace uno de los cuatro templos del mundo con esta cualidad. Seis son las estructuras del conjunto arqueológico que pueden apreciarse, y sobresale el Cuacuatinchán, “Casa de los Guerreros Águila y Tigre”, que ostenta en la entrada la boca de una gran serpiente; en su interior se observan tres pieles de águila y una de ocelote esculpidas.

Para llegar a este má-gico recinto prehispánico hay que ascender por el “Cerro de los Ídolos”, a través de una escalinata con más de 400 escalones, por lo que se recomienda llevar ropa cómoda. Desde la cima se aprecia con claridad el pueblo y la abundante y variada vegetación subtropical que rodea al sitio.

Entre el sagrado recuerdo de los guerreros y los piadosos santos que velan por el pueblo, entre sus olores y sabores, ya sea en la claridad de la mañana o en sus cálidos atardeceres, Malinalco es un refugio que se vuelve recuerdo en medio del presente, nostalgia y alegría, un lugar con una magia difícil de olvidar.

SERVICIOS

Uno de los mejores hoteles de Malinalco es el Marmil; cuenta con asoleadero, alberca y cancha de frontón. Otra opción es un área vacacional con cabañas, restaurante, alberca, cancha de tenis y áreas verdes.

Después de haber agotado las opciones de antojitos que se ofrecen en la plaza y el día de mercado, la variedad de restaurantes en Malinalco es muy amplia, y destacan El Cardenal, cuyas especialidades son el filete Malinalco, la trucha cheff y el pollo relleno de queso de cabra; Las Palomas; La Tentación, y Los Pericos, entre otros, todos en los alrededores de la plaza principal. Si lo que desea es tomarse una cerveza o cualquier otro aperitivo, se recomienda El Enjambre, donde además podrá escuchar buena música.

Las habilidades de los artesanos de Malinalco son un alarde de creatividad, muestras de ello las hallará en El Alebrije, pero si busca trabajos originales, como artículos rústicos, antigüedades y muebles, acuda a Casa Mía.

Además de lo anterior, le recomendamos visitar el criadero de truchas ubicado cerca del centro de Malinalco, donde practicará la pesca y disfrutará su pescado preparado con recetas propias de la región.

Para los aficionados al deporte de los bastones, el Club de Golf Malinalco es un gran atractivo. Cuenta con 18 hoyos y está a sólo 15 minutos del pueblo.

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