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Michoacán y sus pueblos de artesanos

Por: Georgina Luna Parra

Al recorrer los encantadores pueblos de Michoacán se reconcilia uno con la vida; sus habitantes, seres humanos sencillos. A diario crean con sus manos obras de arte, producto de su fantasía, de su herencia ancestral y de las técnicas tradicionales.

Los materiales los proporciona la naturaleza de su entorno, a la cual cuidan y respetan.  Los artesanos trabajan en el taller familiar, y aunque venden sus productos no es el ingreso económico la única motivación, es la costumbre, la tradición de siglos. A los michoacanos, en especial a estos artistas, los caracteriza una gentileza, una dignidad, que reconforta a los visitantes. Cada pieza que elaboran tiene un pedazo de su alma, que guarda los secretos profundos de su raza, transmitidos de generación en generación. 

La Región Lacustre y la Sierra se distinguen por la alfarería. En Patamban se decoran cántaros, platones y poncheras con finos dibujos de petatillo, y en San José de Gracia piñas-cántaros de pastillaje, que convierten el barro en un verde añoso vidriado. Las gigantescas ollas de barro de Cocucho se parecen a los recipientes bíblicos que contenían aceite o vino. En Tzintzuntzan hay cántaros redondos y lozas decoradas con peces, aves y soles.

En Santa Fe de la Laguna se hacen, en barro negro principalmente, piezas para usos ceremoniales, como sahumerios, candelabros, ollitas y platos. Las “chondas” y grandes cazuelas se encuentran en Zinapécuaro. En Capula, la loza decorada con puntillaje presenta en cada pieza un jardín silvestre de florecitas y animalitos. Las piezas de Ocumicho son de ornato, con personajes y temas surrealistas, de fantasía mitológica: diablos, ángeles, serpientes y calaveras rodean a los santos; el barro aquí es moldeado y pintado con colores chillantes. En Paracho y Ahuiran se producen instrumentos musicales; del conocimiento ancestral de las maderas, las técnicas y la música salen a diario guitarras, violines, arpas, contrabajos, vihuelas y charangos. 

Con las suaves maderas del nopalillo, del aguacate o del limoncillo, se tallan máscaras, santos, nacimientos, alhajeros, bateas, molinillos y cucharas en Tócuaro, Uruapan, Charapan, Zacán, Aranza, San Juan Nuevo y Cherán, cuya calidad compite con la ingeniosa juguetería: ajedreces, sonajas, matracas, pajaritos y rehiletes de Tzintzuntzan y Rancuátaro.

Los artesanos de Cuanajo, Pátzcuaro, Opopeo, Pichátaro y Erongarícuaro hacen muebles tallados con figuras de aves y de flores y las famosas columnas de la casa tarasca. El trabajo de maque o de laca, técnica de grandes maestros desde los tiempos prehispánicos, se aplica con finos dibujos en bateas, arcones de madera o bules. Los lugares más destacados en esta artesanía son Pátzcuaro y Uruapan. Las piezas son dignas de museo por su belleza y complicada técnica, hecha con productos naturales.

Los purépechas fueron grandes maestros de la metalurgia y la orfebrería, y hoy destacados artistas continúan esta herencia. En Santa Clara del Cobre, al fundir y martillar este metal en cada taller, se produce todo un espectáculo de luz y sonido. De ahí salen ollas, jarras, platones o campanas. A cual más bella son las joyas mazahuas de Tlalpujahua. En Cherán la joyería tiene gran acento índigena. En Uruapan y Huetamo se trabaja la orfebrería en oro, y de Pátzcuaro son famosos los collares y las arracadas de pescaditos, con cuentas rojas y bolitas labradas. 

Con fibras vegetales como el tule o la chuspata se hacen petates, muebles, aventadores, cuerdas, ayates y canastas en la Región Lacustre y en Tierra Caliente. Los elegantes sombreros michoacanos, de copa baja y ala ancha, son famosos en Huetamo y Sahuayo. Tzintzuntzan se distingue por las imágenes religiosas finamente realizadas con panicua, que es la espiga del trigo. Trasteros, jaulas que parecen catedrales, jinetes, chiquihuites o canastas, todos de carrizo, se hacen en Capacho o en Irancuátaro.

Artes ancestrales como la plumaria se siguen practicando en Tlalpujahua; en Uruapan se hacen las mantas o cambayas; en Tarécuaro, el guanengo es a base de grecas indígenas en punto de cruz; el rebozo tradicional purépecha, pintado de azul añil, es de Paracho y Ahuiran.  Estos artistas anónimos, como se ve, nos dan la esencia de la mexicanidad, su trabajo es una tarea de vida. Lo que tienen y toman lo transforman y nos lo ofrecen. Es el arte de los pueblos de Michoacán. Fiestas y ferias ¡las encuentra todo el año!    

Son incontables las fiestas que se celebran en Michoacán para honrar a los santos patrones de cada pueblo. Es famosa la Velación de los Muertos la noche del 1º de noviembre en Pátzcuaro, Janitzio y pueblos aledaños, como Tzintzuntzan, e Ihuatzio, etc. La fiesta de Nuestra Señor de la Salud en Pátzcuaro, en diciembre. El Domingo de Ramos en Uruapan, que inicia ocho días antes, donde se lleva a cabo el concurso más importante de artesanías a nivel estatal. La fiesta del 25 de julio, día de Santiago Apóstol, en varias poblaciones del estado, como Tangancícuaro, Capula y Carapan.

El Festival de la Raza Purépecha en Zacán, en octubre, con concursos depirecuas (cantos purépechas), música y danza, o las Pastorelas de febrero en Tócuaro, que inician el último día de enero y culminan el 2 de febrero. Y las celebraciones de Semana Santa en todas las regiones michoacanas.

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