Dentro de esta vasta costa se encuentran algunas playas cuyo principal encanto es la soledad y su naturaleza intacta. A varias de ellas es complicado acceder, pero a algunas, por el contrario, son fáciles de llegar. Entre éstas destacan las playas del Ejido Eréndira, a unos 124 kilómetros al sur de la ciudad de Ensenada.
Su gente es hospitalaria y recibe bien a sus pocos visitantes. Aunque viven de la pesca, complementan sus ingresos con actividades agrícolas y comerciales, y de vez en cuando actividades turísticas.
La belleza de su costa y la tranquilidad de su vida han hecho que algunos bajacalifornianos y californianos de las grandes urbes hayan construido casas de campo para refugiarse del creciente estrés fronterizo, pero no son muchos y su presencia no ha alterado en nada la vida apacible de la comunidad.
Cuando estuve explorando la costa de Baja California, no tardé mucho en descubrir el mar de Eréndira, y pronto se convirtió en uno de mis más importantes refugios para descansar y disfrutar del mar con mi familia.
En general la costa del Pacífico de Baja California tiene un mar violento y frío, peligroso. No abundan las playas seguras donde nadar. Y aunque la visión de este océano suele transmitir serenidad y paz, se le debe mirar con respeto. La costa de Eréndira no es la excepción y el mar revienta aquí con gran furia entre sus playas y acantilados. Sin embargo, uno de los aspectos que hace posible bañarse en estas playas, sobre todo los niños, es que tiene un frente rocoso que encierra algunas pozas que están bien protegidas de dicha furia y permiten jugar con seguridad en el agua. Acampar ahí es una delicia. Yo lo he hecho muchas veces en compañía de mi familia.
Además de bañarnos, hacer castillos y jugar con las olas, otra gran diversión es pescar, aunque hay que hacerlo con cierto cuidado. Igualmente lo es observar cómo se estrellan las olas contra las piedras, originando explosiones de mar y espuma que llegan a saltar muchos metros. Parte de la diversión es ponerse en el límite del alcance de esta agua violenta, ya que uno tiene que correr para no ser empapado.
Las playas de Eréndira tienen su historia… A pocos metros de donde siempre acampamos se encuentra un importante sitio arqueológico, que consiste en un abrigo rocoso que fuera utilizado por los antiguos indígenas de la región desde hace por lo menos 10,000 años. Ahí los indios se reunían por temporadas para consumir productos del mar, principalmente moluscos como almejas, caracoles, lapas, adulones, choros (mejillones) y otros. Fue tanto el tiempo en que vinieron regularmente a este sitio, que hay una acumulación de conchas de ocho metros de espesor, el cual fue datado recientemente por un grupo de arqueólogos canadienses en la edad señalada. Mis hijos se fascinan con las historias sobre las formas de vida de estos indios, y cómo fueron ellos los primeros humanos en la península.
Otras historias que les relato es cómo pasaron frente a esta playa los primeros navegantes europeos, enviados por el virrey Antonio de Mendoza, en el año de 1542. Me refiero a la navegación de Juan Rodríguez Cabrillo, quien pasó por aquí en septiembre de dicho año, al mando de dos carabelas, que si las comparamos con los modernos buques actuales, tendrían más parecido a una cáscara de nuez flotando. Pero eran personajes de otro temple, osados, quienes tuvieron el privilegio de dar a conocer estas tierras a Europa.
Otro gran tema durante los largos ratos de charla y convivencia que regala este lugar es el de historia natural, ya que aquí hemos visto pasar ballenas, delfines, lobos marinos, parvadas de pelícanos y gaviotas, además de toda la maravilla de vida que hay dentro de las pozas, llenas de anémonas, cangrejos, lapas, caracoles, pececillos y otras cosas maravillosas. Estos son algunos privilegios de las playas de los confines de México.
Sobra decir que aquí no existen los servicios turísticos, por lo cual uno debe ir bien preparado y dispuesto a convivir con lo natural. Ese es otro regalo invaluable para sus hijos que guardarán en la memoria y en el corazón por siempre.
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Cómo llegar... Desde la ciudad de Ensenada toma la carretera Transpeninsular No. 1 en dirección sur, hasta llegar al pueblo de San Vicente, ubicado a 124 kilómetros de esta ciudad. De San Vicente, toma un camino que te llevará hasta Eréndira, a tan solo 20 kilómetros hacia el oeste.
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