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| Texto: Luis Romo Cedano () |
Desde la carretera federal 45 (Fresnillo-Durango) Sombrerete no nos parecía más que otro pueblo zacatecano común y corriente. Pero conforme nos fuimos acercando a su centro histórico vino un grato desengaño. Nuestra idea era conocer un poco la región. En la lista, Sombrerete era sólo una parada más. Pero muy pronto nos percatamos de que era una muy buena base de operaciones y, además, de que para conocerlo a cabalidad necesitaríamos, cuando menos, un par de días. Sombrerete es un ejemplo clásico del que “tiene más quien ha tenido y no tiene...”. Su pasado virreinal es deslumbrante. Hace 450 años llegó a ser uno de los lugares minerales más ricos de la Nueva España y desde entonces, con cada nueva bonanza, los tesoros del subsuelo dejaron atrás una robusta cauda de tesoros sobre el suelo. Un primer vistazo Los tres platos fuertes De camino a Chalchihuites Finalmente, tras 52 kilómetros desde Sombrerete llegamos a Chalchihuites, una ciudad que si bien es más modesta en dimensiones y arquitectura, también tiene lo suyo. Nos detuvimos primero a la entrada del poblado en un monumento raro por su temática: la Persecución Religiosa en México, que marca el lugar donde fueron martirizados, en agosto de 1926, los ahora santos David Roldán, Luis Bátiz, Salvador Lara y Manuel Morales. Después, en el centro descubrimos varios edificios porfirianos interesantes: la parroquia basílica menor de San Pedro Apóstol, el mercado (que es un raro conjunto de arcadas) y la casa Reveles, toda una elegante mansión con delicados relieves y balaustrada de cantera. Detrás del mercado entramos al Santuario de Guadalupe, una iglesita que parece no tener nada, pero que alberga un grupito muy apreciable de óleos virreinales. El enigma de Altavista Como Sombrerete y Chalchihuites, Altavista hizo fortuna también con la minería, sólo que mil años antes. En las cercanías se cuentan por centenares los restos de pequeñas minas donde se extraía cuarzo, hematita, pirita, entre otros minerales. Aparte, fue un centro de comercio entre Mesoamérica y los rumbos del noroeste de México y suroeste de Estados Unidos. Pero cuando ya recorrimos la zona arqueológica, nos cautivó la otra faceta de esta ciudad fantasma. Altavista fue también un observatorio astronómico. Según los arqueólogos, fue construida ahí para marcar el sitio “donde el sol da vuelta”, en su recorrido anual por el firmamento, es decir, en el Trópico de Cáncer. En uno de sus lados tiene un grupito caótico de raros muros llamado Laberinto. Los investigadores ya han descubierto cuál fue su propósito: los muros, al menos un par de ellos, cierran la visión y la enfocan sobre la aguda cumbre del Picacho, un cerro que se levanta más allá de Chalchihuites. ¿La razón? Es sobre el Picacho que sale el Sol durante los equinoccios. Eso no fue todo. Junto al Laberinto pudimos gozar con el espectáculo de uno de los recintos más extraños de toda la arquitectura mexicana: el Salón de las Columnas. Es un espacio de unos 20 metros por lado con 28 gruesas columnas, unas perfectamente cilíndricas, otras semicónicas y otras más con una suerte de pedestales cuadrangulares que en su momento debieron haber sostenido un techo. Su aspecto actual, sin embargo, es verdaderamente desconcertante. Fue este el gran finale de nuestra excursión, uno muy acorde para todo este raro país desconocido de minas y grandes edificaciones en el norponiente de Zacatecas. Dónde dormir... Hacienda Grande Posada La Noria Dónde comer... Restaurante María Josefina Restaurante Bar Venecia Cómo llegar Desde Sombrerete son 52 km por camino estatal pavimentado rumbo a Chalchihuites. El camino a Altavista sólo está asfaltado hasta la mitad, pero el resto del camino es transitable por todo vehículo en cualquier época del año. Fuente: México desconocido No. 375 / Mayo 2008 |

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