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A diferencia de la herbolaria medicinal del centro y sur del país, la del norte es mucho menos conocida. En buena parte esto se debe a que los pueblos mesoamericanos contaban con fuentes pictográficas, códices y pinturas murales, así como una rica tradición oral, y después durante la Colonia, con cronistas y científicos como Motolinia, Sahún, Landa, Nicolás Monardes y Francisco Hernández, entre otros. Los grupos del norte, en cambio, eran nómadas y ágrafos, por lo que no dejaron testimonios de su medicina, la cual por lo demás, era menos avanzada.
Fue durante el periodo novohispano que misioneros jesuitas, primero y franciscanos y agustinos, después, además de exploradores quienes con sus crónicas, informes, relaciones y relatos legaron valiosa información de lo que encontraron, vieron y se enteraron acerca de la herbolaria autóctona.
En tiempos más recientes, las investigaciones arqueológicas, etnográficas y antropológicas realizadas en la región contribuyeron con datos de suma importancia para el conocimiento de esta flora específica. Es importante destacar que la mayoría de las medicinas de origen vegetal eran conocidas y utilizadas mucho antes de la llegada de los españoles. De tal manera que los botánicos y naturistas europeos (religiosos y laicos) se encargaron de ordenarlos, sistematizarlos y, sobre todo, de divulgarlos.
Por fortuna, entre los misioneros que evangelizaron la región había auténticos naturalistas, y a ellos se debe mucho de lo que hoy se conoce sobre su flora medicinal, ya que la estudiar las plantas del norte las clasificaron de manera sencilla. Así, había plantas útiles y plantas nocivas; las primeras se dividían, a su vez, en alimenticias, medicinales, alucinógenas y de ornato. En tanto, las nocivas se utilizaban para envenenar puntas de flechas, o el agua de arroyos, estanques y esteros para cazar y pesca, respectivamente.
La clasificación de las plantas medicinales que realizaron los jesuitas era muy simple: castellanizaban su nombre indígena, la describían someramente, determinaban el terreno donde crecía y la parte que se utilizaba, así como la forma en que se administraba y, por último, qué enfermedades curaba. Estos religiosos realizaron numerosas descripciones de plantas medicinales, reunieron herbarios, sembraron huertos y jardines, investigaron sus propiedades, recogieron y enviaron muestras al protomedicato de la ciudad de México y de España, las distribuyeron e incluso las comercializaron. Pero también hicieron traer plantas medicinales de Europa, Asia y África que se aclimataron a la región. De este ir y venir de plantas proviene el cúmulo terapéutico herbolario que se emplea en la actualidad en la región, con gran aceptación popular.
Con la siguiente exposición se cubre la totalidad de nuestra rica y única (por lo original) herbolaria; sirva esto para llamar la atención hacia nuestros recursos herbolarios, a su conocimiento y difusión, en un momento tan crucial para identificarnos más con nuestros orígenes, en especial ahora que la globalización puede ser la llave para que los humanos de todo el mundo compartamos lo mejor de nosotros, pero que también puede ser el inicio de la desaparición de saberes locales donde únicamente persistan los más hegemónicos; de ser así estaremos perdiendo una gran oportunidad de conocer las diferencias o variantes culturales, que es el más rico legado de la humanidad. ___________________________________________
Ve al catálogo de plantas:
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Otras zonas donde se practica la herbolaria:
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