Noviembre 21, 2008 | 
Ciudad de México
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Los viejos de agua: los ahuehuetes de la ciudad de México

Aún cuando la mayor parte de los cuerpos de agua de la Cuenca de México han desaparecido, quedan como recuerdo, más bien como legado vivo, los ahuehuetes que poblaban sus contornos. Se les puede encontrar en los sitios más diversos, produciendo la sensación de un hallazgo casi arqueológico en medio de la descomunal metrópolis. Los hay por decenas, dentro de propiedades particulares, en camellones, pero sobre todo en plazas y atrios de viejos barrios y pueblos. De ellos es necesario mencionar sólo algunos, que destacan por su belleza desconocida o célebre.

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Personajes célebres
Tristemente, los dos mayores ahuehuetes de los que tengo noticia en la ciudad de México han muerto ya. Aún así, sus troncos perduran como vestigios imponentes que nos recordarán su grandeza durante muchos años más. El primero y mayor, Árbol de la Noche Triste, se ubica a un lado de la Calzada México-Tacuba, en el centro del barrio de Popotla. Detrás de una reja, su silueta tortuosa nos desconcierta hasta que logramos descifrarla: se trata de un enorme tronco hueco, que alcanzó un diámetro de más de 6 metros. Muestra rastros de fuego, ya que en sus últimos momentos de vida, fue quemado, al parecer accidentalmente, por un indigente que se calentaba en su interior.

El segundo, de gran altura, es el Ahuehuete de Moctezuma, también conocido como “El Centinela” o “El Sargento”, que crecía al pie de la ladera sur del Cerro de Chapultepec. Según la tradición, este árbol como muchos otros del viejo bosque, fue sembrado por Nezahualcóyotl, tlatoani de Texcoco, a mediados del siglo XV. Su diámetro de unos 4.5 metros y su altura actual de más de 20, le dan, aún muerto, un aspecto imponente, además de ser el centro de trazo de la Tribuna Monumental y de la Fuente de la Templanza, creando un majestuoso conjunto que hoy se puede apreciar.

Por fortuna, a su alrededor se pueden ver todavía en excelente estado buena cantidad de viejos y espigados ahuehuetes, algunos con troncos de hasta dos metros de diámetro y probablemente más de 30 de alto, formando grupos de algunas decenas, sobre todo al sureste del cerro, en donde el agua proveniente del potente manantial, que ahí existió, los nutrió durante siglos.

Axis mundi
Algunos antiguos barrios y pueblos, conurbados hoy con la ciudad de México, tienen o tuvieron en su centro ahuehuetes, algunos plantados en tiempo inmemorial, conmemorando algún acontecimiento, otros que han estado ahí “siempre”, desde antes de la llegada de los fundadores, marcándoles el sitio preciso a escoger, convirtiéndose en el eje de su mundo. Probablemente el más hermoso de ellos sea el ahuehuete doble de Santa Catarina Azcapotzalco, de más de 4 metros de diámetro y 20 de alto. Ahí, el centro del barrio es el árbol, alrededor del cual se trazaron la plaza, el atrio y la capilla, seguramente sobre restos prehispánicos, haciéndole el espacio necesario para ser admirado sin problema.

En otros barrios de Azcapotzalco, como San Miguel Amantla y Santiago Ahuizotla, varios ahuehuetes crecen en sus atrios. Al sur de la ciudad, en San Pedro Xochimilco, está en una esquina de la plazoleta, árbol y capilla dándose su lugar, mientras que en el cercano San Antonio, un robusto ejemplar invade parte de la calle Madero. Santa Anita, en Iztacalco, los tiene en su plaza, como los tuvo, magníficos, Romita, el pueblo-isla atrapado dentro de la colonia Roma.

Manantiales y ríos
Al suroeste de la capital, al pie de los pedregales de Coyoacán y Tlalpan, el agua brotaba y corría con abundancia, y decenas de ahuehuetes así lo confirman. En el corazón de La Conchita, Coyoacán, existió un gran manantial en donde hace algunos años se estableció el Jardín Frida Kahlo. Dos altos ahuehuetes flanquean su entrada, enmarcando una gran fuente en la que se baña una hermosa mujer de bronce. También en Coyoacán se conserva un espacio excepcional de agua y ahuehuetes: parte del cauce original del río Magdalena, que a su paso por Avenida Universidad, entre las calles Francisco Sosa y Progreso, está enmarcado por unos 30 ejemplares en lo que los especialistas llaman un “bosque de galería”, como los que hubo en varios ríos de la ciudad y los que perduran en muchos cauces de diversos rumbos del país.

Viejos y nuevos jardines
Muy espectaculares resultan también las filas de ahuehuetes que, sembrados en tiempos prehispánicos, delimitaban los espacios sagrados, las calzadas y los jardines: los ahuehuetepantli, “muros de ahuehuetes”. Destaca el de Churubusco, en el cruce de la avenida del mismo nombre con la Calzada de Tlalpan. Dentro de instalaciones del DIF y de un laboratorio farmacéutico, alineados y formando ángulos rectos, unos 20 árboles, todos rozagantes, estimulan la imaginación sobre el aspecto y la función de estos recintos en aquellas épocas. Ya en los límites de la zona metropolitana, otros muros de ahuehuetes perduran en Texcoco y Cuautitlán.

Además de los prehispánicos, algunos jardines modernos, eso sí algo más apretados, cuentan entre sus joyas con uno. Mencionaré sólo dos, ubicados a unos metros de la Calzada de Tlalpan, en dirección sur. El primero, a espaldas de la Estación del Metro Nativitas, se yergue al parecer indiferente a los puestos de tacos y periódicos y al centro comercial que lo rodean, recordando tal vez los viejos tiempos en que la anchísima calzada surcaba las aguas del lago. En Santa Úrsula Coapa, otro gran ahuehuete cubre el pequeño patio frontal de una casa, afortunada, debo decir. La lista puede seguir indefinidamente, pero es tiempo de concluir. Al recorrer atento la capital los irá descubriendo: decenas de tesoros vivientes, testigos de la historia, la pueblan todavía. Junto a ellos, centenarios fresnos, sauces, álamos, pirules y olivos compiten en belleza y antigüedad con los ahuehuetes. De nosotros depende que estas joyas, como todos los árboles de nuestras ciudades, perduren. Retomemos la visión de respeto y veneración que nuestros antepasados le profesaban a la naturaleza, gracias a la cual hoy podamos disfrutar de estos mexicanos gigantes, de los viejos del agua.


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