Texto: Gabriel Núñez Gómez
Fiesta, religión, danzas, música de violines y voces del pasado, costumbres, comida típica, máscaras...el carnaval ha comenzado.
De origen simbólico y ritual, el carnaval celebrado en las comunidades indígenas de la zona totonaca en el norte de Veracruz es una de las festividades más representativas de la República, durante el cual los habitantes oran por las cosechas, la salud y el bienestar de la comunidad.
Estudios iconográficos de esta zona muestran que la cultura totonaca contiene elementos de las culturas nahua y otomí, además de una importante influencia africana. Con respecto a ella hemos descubierto que las comunidades otomí y totonaca utilizan para sus fiestas de carnaval máscaras y muñecos cuyo origen estético y simbólico se remonta a los antiguos fetiches del Congo, a través de los cuales expresan sus pensamientos míticos, casi intactos a pesar deI incesable paso deI tiempo.
EI carnaval de Ias comunidades indígenas deI norte de Veracruz, como son Solteros de Juan Rosas, Arroyo Florido y Ojite de Matamoros, es una de las fiestas más importantes del año que tiene lugar en el mes de febrero. Aunque las danzas varían de una región a otra, los carnavales tienen aspectos en común.
En Ojite de Matamoros (pueblo localizado en el municipio de Coxquihui, con un porcentaje totonaca de 20% y el resto de mestizos) los danzantes, que siempre son hombres, se disfrazan de mujeres, curas, médicos y jorobados para representar Ia lucha entre españoles e indígenas mexicanos. Los protagonistas principales son: "La dama" y "EI Marqués" que personifican a Ia Malinche y a Cortés, "EI apache" que representa a los indios mexicanos y "EI diablo". Los danzantes se visten siempre en una misma casa y mantienen oculta su identidad hasta el fin del carnaval. Durante los quince días de fiesta, los danzantes o "Hue-Hues" andan de casa en casa pidiendo trabajo para que les den a cambio algún pollo, pato o gallo para el día deI "cierre deI carnaval" o "corta-gallo", pero también bailan en Ias caIles deI pueblo y sacrifican aves. Después de Ia muerte de "EI Marqués" en Ia representación, toda Ia comitiva se va a Ia iglesia deI pueblo y ahí los danzantes muestran su identidad. Ai siguiente día se cocinan los animales sacrificados y se hacen tamales para que coman los "Hue-Hues".
En Arroyo Florido (comunidad ubicada en el municipio de Coatzintla) la fiesta está dedicada al diablo, considerado como el dueño de todos los bienes terrenales. Igualmente conocido como “El otro” lo representan con ídolos y máscaras de madera. La fiesta comienza cuando, al ritmo de sones y huapangos, los danzantes ya vestidos y cubiertos sus rostros con máscaras que representan hombres hacen Ia ofrenda inicial compuesta por pollo cocido sin sal, tortilla, café, cañita y tabaco. En el transcurso de Ia celebración, los danzantes van de choza en choza ofreciendo su danza; cada día le hacen una ofrenda a "EI otro", lo alimentan, le dan de beber y fumar, todo para estar en paz con él durante todo el año. AI final deI carnaval, lejos de Ias chozas, se hace una ofrenda con máscaras de ídolos y todos los participantes se retiran danzando, al tiempo que el curandero les hace una limpia con canita y ortiga para dejar atrás todos los males. Las máscaras se dejan ahí toda Ia noche y al amanecer son recogidas y guardadas para el siguiente año.
En el pueblo de Solteros de Juan Rosas el carnaval se celebra durante cuatro días, finalizando el martes anterior al miércoles de ceniza. Inicia con una ceremonia de ofrenda de Ias máscaras Ilevadas por los danzantes para obtener protección, y tiene lugar en Ia casa deI primer capitán deI carnaval, donde el curandero de Ia comunidad da de comer y de beber a Ias máscaras. En Ia mañana deI día siguiente "EI diablo" -el personaje principal- recorre Ia comunidad invitando a todos - niños y adultos- a que participen de esta fiesta amenizada por un trío de músicos acompañados de violín, jarana y guitarra huapanguera. Las personas salen de sus casas disfrazadas de "Viejos y Damas", y junto con "EI diablo" danzan de casa en casa para finalizar el 15 de febrero por Ia noche con un juego tradicional conocido como "Cuelga de los viejos".
La riqueza cultural y espiritual de los pueblos indígenas es un legado deI cual todos los mexicanos debemos estar orgullosos; conocer su pensamiento y forma de actuar es indispensable para comprender el presente, que no es otra cosa sino el producto de Ias culturas de nuestro hermoso pasado.
Entender los fenómenos rituales que han permanecido como enlaces culturales entre Ias poblaciones afromestizas, Ia mezcla de culturas que ha dado origen a los actuales grupos étnicos, preservar sus costumbres y admirar Ia belleza de sus tradiciones es imprescindible para reencontramos a nosotros mismos.
Fuente: México en el Tiempo No. 5 febrero-marzo 1995
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