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| Texto: Nidia M. Castro López Lictchi, Iychee, lichi, li chih(según si el mercado es francés, inglés, latino u oriental), son los nombres de la extraordinaria fruta que aportaron los chinos a la fruticultura mexicana a finales del siglo XIX. La precaria situación económica y social que enfrentaba China hace cien años, produjo migraciones importantes de sus habitantes hacia tierras americanas. En aquella época, algunos empresarios de Estados Unidos y México requerían de mano de obra barata para la construcción de vías ferroviarias. Así, en 1900 llegaron a México aproximadamente 500 chinos con contratos temporales, para trabajar en los ferrocarriles, y al término de dichos convenios quedaron en libertad para permanecer en el país. Poco a poco, los chinos se integraron a la vida laboral, aunque no a la social, pues eran rechazados como ciudadanos comunes, y este poderoso sentimiento xenófobo provocó la creación de auténticos guetos. Los chinos demostraron, paulatinamente, su empeño comercial y agrícola, a partir del cual conformaron sólidas compañías. Sinaloa es uno de los estados de la República Mexicana que recibió una gran cantidad de esos nuevos habitantes. Allí establecieron pronto un vínculo entre su inclinación al comercio y su conocimiento de los cultivos en tierras orientales, con propiedades similares a las sinaloenses. Porcentualmente, la agricultura fue la segunda actividad, después del comercio, desempeñada por los chinos en esa entidad durante las primeras décadas del siglo. En tercer sitio estaba la actividad jornalera, y la fruticultura ocupaba el cuarto lugar. Tal interés por la fruta motivó a los chinos a introducir la lichi en ese estado del noroeste de la República, donde el clima, la altura y las propiedades de la tierra resultaban propicias para recibir amigablemente a laLitchi chinensis soon, que significa "delicia de reyes". Cuentan que la primera planta de lichi sinaloense fue obsequiada a don Diego Redo a principios de siglo, como agradecimiento por recibir en su hacienda a trabajadores chinos. De ese primer árbol habrían de surgir muchos más, que ahora alcanzan una altura de casi 35 metros. La fruta tiene gran aceptación debido a su dulzura, fina consistencia y exótica apariencia, aunados a sus pretendidas propiedades afrodisíacas. En Sinaloa, donde hace 30 años empezó a comercializarse, la lichi ha llegado a ser una fruta de consumo generalizado, aunque no popular debido a su alto precio, pues alcanza una cotización de casi cuatro dólares el kilogramo en el mercado internacional. La corta temporada de producción contribuye a su venta. Durante mayo, junio y julio se venden lichis frescas que atentan contra los bolsillos del consumidor común, pero ¡bueno, es sólo una vez al año! Los árboles florecen en febrero. Cuando la temperatura promedia entre 15 y 20ºC, en mayo se pueden obtener hasta dos y media toneladas de lichi por hectárea, o 40 kilogramos por árbol. Pero, cuando a fines de abril o principios de mayo la temperatura sube un poco más, puede perderse hasta el 80 por ciento de la producción; esto encarece aún más la fruta y reduce al mínimo la rentabilidad del ciclo productivo. La producción tiene una corta temporada debido a razones fundamentales como el clima y el tipo de suelo. La cosecha dura tres semanas en mayo, debido a la rápida maduración, y la refrigeración permite conservar las frutas hasta tres meses. El árbol de lichi es siempre verde y presenta un crecimiento denso, dependiendo en gran medida de las abejas para su polinización. Produce frutos en ocho o diez años si se planta por semilla; en tres o cuatro si se siembra acodado aéreo, donde la propia planta extiende raíces a partir de sus ramas exteriores, o por injerto, que es el método más fácil. Un requisito indispensable para el buen crecimiento del árbol es el clima. Requiere temperaturas frías para la floración, de entre diez y doce grados. Crece en un tipo e región subtropical cálido, con lluvias en verano, e invierno seco y sin heladas. El mejor suelo para estos cultivos es una tierra plana media ácida, con alto contenido orgánico y drenaje profundo llamado marga profunda o alubionosa. El fruto mide aproximadamente cuatro centímetros de largo, pesa treinta gramos y está cubierto por una gruesa cáscara con excrecencias. Al madurar, en un periodo de 60 a 90 días, adquiere un color rojo liviano o rosa oscuro. Crece en racimos de cinco a treinta frutos y es de forma ovoide. El principal productor de lichi, a nivel internacional, es India, seguido de Tailandia, Israel y Sudáfrica. Aunque la producción mexicana no alcanza niveles competitivos, puede congratularse por tener uno de los más altos grados de calidad y contenido de azúcar a nivel mundial. Especialmente las lichis que producen las huertas de Eldorado, población cercana a la capital sinaloense, cumplen con el requisito de dulzura y mayor grosor de cáscara que especifican los mercados internacionales. La cosecha de la fruta requiere de un manejo especializado para cortar, limpiar, empaquetar y transportar con delicadeza, sin ayuda de maquinaria, las lichis que, de mano en mano, llegan hasta nuestra mesa. La calidad es precisamente una de las características que México ha mostrado al mundo en sus productos agrícolas, debido a que sus métodos de producción se apoyan en el trabajo directo de los agricultores. La producción frutícola puede ser una próspera actividad en nuestro país, como el ejemplo de las lichis, pues los suelos mexicanos han sido tan ricos como para adoptar variedades de frutas importadas, demostrando su capacidad para producirlas tan buenas o mejores que en su lugar de origen. Las virtudes que la lichi ofrece a la gastronomía internacional también han sido adoptadas por México, pues su dulzura permite una gran cantidad de usos, sobre todo en los últimos años, cuando se ha comenzado a conservar en forma deshidratada, lo que permite su consumo durante todo el año. Por todo ello, esta exótica y casi desconocida fruta merece un lugar en nuestra mesa esta temporada, ya sea como aromatizante, endulzante, ingrediente de postres frescos y en conserva, componente de refrescos y vinos y... si hacemos caso a las versiones paganas, como un perfecto afrodisíaco. Fuente: México desconocido No. 235 / septiembre 1996 |
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